Hay harta
mención de “modernidad” que repiten por repetir quienes creen que eso mismo es
modernidad.
Por la Historia,
lo contemporáneo es la actualidad, mientras que la modernidad es una edad anterior.
Quisiera
saber dónde, cómo y cuándo aterriza o acuatiza todo eso que “se pone de moda”.
No hablo de otra cosa, sino de esas palabras y frases sirviendo para excusar cualquier
barbaridad por sobre la previa contemplación y análisis racional de las mismas,
y en su propio sentido si de “Educación Moderna” se trata.
Al empezar
con el ejercicio docente la moda fue que repita la palabra “constructivismo” y
el paquete que este contenía. Ni siquiera se dejó añadirla al conocimiento,
sino repetirla y desterrar, enmudeciendo, sobre cualquier otro anterior término
pedagógico porque ya no era “moderno”. La imposición fue severa, brusca y
amenazadora. Imagino, siendo este el propósito para no dar opción al menor
análisis. Entonces, si de buscar razones se trata acerca del por qué anda mal
en peor la educación escolar, he aquí una razón.
La
ansiosa modernidad educativa no se alcanza desterrando los conceptos anteriores;
menos, obligando severamente, bajo castigo, a que el profesorado no participe,
sino a que sólo haga y diga lo que otros creen que es modernidad educativa, sumamente
desentonada con las distintas realidades de un trabajo en aula.
Hoy en
día se trabaja más y se logra poco o nada. Pues, abunda el papeleo en el que un
sinnúmero de “verbos”, sí o sí, hay que acomodar y reacomodar, aún resulte un
palabreo de oraciones que otros interpretan como moderna pedagogía. Se insiste en
un modelo ceñido a enlistar una, y cada vez en aumento, más, y demás, hasta
donde el papel aguante; y, ya que éste aguanta, se sigue creyendo que la
educación “va rumbo a la nota más alta”, como decía un slogan ministerial.
Para
quienes practicamos la pedagogía acrecienta la preocupación que todo siga en un
andar vuelto una criticable divulgación y manoseo de términos como resultado de
un mal enfocado modelo pedagógico que aún el profesorado no procesa, ni define,
sino sólo copia y repite. Si de citar un caso se trata, puedo referirme a la
evaluación cualitativa. Sin tomarse a consideración, ni análisis, que la mejor práctica
se hace en el Nivel Inicial, la primera orden fue desterrar los números en la
calificación del Nivel Primaria, y empezar a calificar la cualidad sin más
orientación que “cambiar letras por números”. - ¿Moderno? – Pues, no. Entonces,
no es nada moderno que la evaluación cualitativa disfrace la cuantitativa, y
ello puede evidenciarse en el simple hecho de solicitar al profesor cualquier
tipo de prueba donde su evaluación no ha dejado de ser bajo la escala
vigesimal; es decir, de 0 a 20, y de lo que resulte… “cambiarlo por una letra”.
Siguiendo con el caso, hasta este momento no se mira, ni atiende lo que se hace
en el Nivel Inicial… dónde hay un profesorado trome, evaluando cualidad y
permanencia de logros con el uso rúbricas.
A esta
altura de la realidad definitivamente en educación puedo afirmar que la
exigencia de una licenciatura y/o maestría al profesorado no lo hace moderno,
ni a ellos, ni a la educación; menos, de calidad, y ello mientras no sea devuelta
la valoración a la profesión docente cuya maestría se alcanza en el aula, y la
calidad con los logros satisfactorios y competentes de sus aprendices.
