viernes, 22 de noviembre de 2024

Errores Pedagógicos

Es importante evocar lo que aproximadamente algo más de dos décadas atrás se suscitó con aquello de un nuevo modelo pedagógico impuesto dentro del sistema educativo escolar, del mismo que se hizo gala en ese momento con la propaganda de verse sostenida por mejores y actualizadas teorías del aprendizaje, pero en clara alevosía comparativa con el modelo pedagógico – dígasele tradicional – vigente hasta ese entonces, porque también ocurrió el hecho extremo de despotricar contra el modelo tradicional, descalificándolo a un nivel de obsoleto e intentando – a través del recordado y obligatorio “PLANCAD” del año 2000 (Plan de Capacitación Docente) – desterrarlo hasta de la propia memoria del profesorado, bajo el argumento de ser un modelo obstruccionista para la aplicación de la propuesta del nuevo modelo de logro de aprendizajes.

Asimismo, es interesante recordar que, tanto su propuesta como diseño, fue inconsulta; es decir, el profesorado fue tomado de sorpresa, y su imposición degeneró, cualquiera de las posibles buenas intenciones pedagógicas del nuevo modelo, en una desorientación que hasta hoy mantiene, tanto a la tarea educativa de la mayoría de las escuelas públicas como a la labor docente dentro del aula, en inagotables errores pedagógicos.

Desde su aparición e imposición, el nuevo modelo pedagógico se ha visto plagado de ajetreos y de un cúmulo de términos, procesos y acciones pedagógicas, que lejos de advertir no haber generado los aprendizajes esperados durante estas más de dos décadas inmersos en el mismo, se siguen imponiendo con carácter de obligatoriedad en su cumplimiento. Lo que ha conllevado a mutar hacia un modelo pedagógico, no exactamente visto enriquecido por los diversos aportes, ahora hasta de la neurociencia, sino en una entera paradoja sobre lo que pudieran sostener los mismos.       

“Alice es una niña hábil para comprender la transición de las unidades a decenas, y lo evidencia con sus aciertos verbales y por escrito al resolver los ejercicios prácticos de desafío sobre el tema de clase. Sin embargo, la actividad seguida, inmediata y obligatoria es obligarla a dibujar 23 objetos iguales en un tiempo determinado. Ella lo hace con cierto desgano y la profesora ha preferido elogiar a un grupo por dibujar a tiempo, no advirtiendo el desgano de Alice”.

“Carlos enrostra su diploma de participación destacada en el proyecto de emprendimiento a sus compañeros de clase del 5to. Grado de Primaria. Cuatro estudiantes, incluido Carlos, hicieron una ostentosa presentación de cupcakes y se apoyaron de una también ostentosa y colorida gigantografía para leer los ingredientes y preparación. La profesora no se cansó de los elogios y comparaciones al grupo. Mientras tanto, otro grupo de estudiantes observaba su cartulina decorada y escrita a mano, sin haber tenido algún tipo de consideración”.

“Malena, una madre de familia, dice estar agobiada por el exceso de actividades en la escuela de su hija. – Son imparables – menciona. Juana, su vecina, le responde a Malena que no cree sean tantas o más que en la escuela de su pequeño hijo. Ambas empiezan a enlistarlas y concluyen que, no solamente son excesivas, sino repetitivas cada año. Es más, agregan finalmente que son ellas las que terminan haciendo los trabajos, y que cada actividad implican gastos tras gastos, y no ven que aprenden sus hijos con tanta actividad”.

“A Roberto, un padre de familia, lo han citado en el colegio porque su hija – quien cursa el nivel secundario – lleva el cabello suelto. Ella no lo luce desaseado, ni despeinado, solo suelto, pero la obligan a sujetarlo con una cola. Roberto ha dado un vistazo siempre a la presentación de las alumnas a la hora de ingreso al colegio porque es quien moviliza a su hija al colegio, y da cuenta al colegio que su hija no estaría en falta”.

“Luciana, una alumna del 4to. de secundaria de un colegio, le ha dicho a su tía que no le parece justo que en las olimpiadas hayan premiado a todas por igual porque ella, no solo se puso en mente la competencia, sino entrenó y se esforzó para alcanzar un triunfo, el mismo que lo logró”.

“A Juan le piden que señale las partes de su rostro y cuerpo y lo hace sin equivocación. Tiene 4 años. Lo aprendido lo hizo en casa. Está punto de terminar el año escolar y no reconoce ni diferencia su lado derecho e izquierdo de su cuerpo”.

“Sofía, madre de un estudiante de 5to. de Secundaria, lamenta su situación económica que no le ha permitido cambiar a su hijo a una de esas escuelas de mayor exigencia académica. Dice hará el esfuerzo siquiera para matricularlo en una de esas academias preuniversitarias para que empiece de cero porque en ese nivel parece estar académicamente su hijo, y eso que él bastante responsable y esforzado con sus estudios”.      

Lo anterior mencionado, no solamente son unos cuantos ejemplos de lo desconfigurado que está el tal modelo pedagógico, sino que tales ejemplos están vueltos repetitivos y comunes en muchas y distintas escuelas públicas; consecuente y lamentablemente es el estilo pedagógico, conteniendo una narrativa social, que no quieren advertir las autoridades educativas del porqué no se progresa en el sector de la educación pública a través de los aprendizajes. Asimismo, no hay escuela pública que arriesgue variar ese estilo, y ello por temor a la supervisión de la UGEL, ya que siguen dando muestras de tener a cuestas la única consigna de hacer cumplir las disposiciones, directivas u orientaciones pedagógicas sin dudas ni murmuraciones, y satisfacerse con cuanto evento programen y publiquen en redes las escuelas públicas de su jurisdicción.

Son más de dos décadas sin esos resultados de aprendizaje y trascendencia de estos que, a su vez, fueron el sostén y la novedad sobre la aparición e imposición de aquel modelo pedagógico. Académicamente, saben menos los estudiantes; por ende, hacen menos. En lo actitudinal, el profesorado anda prefiriendo evitar cualquier participación en alguna intervención sobre la conducta o comportamiento de los menores porque se ven amenazados también con cualquier posible denuncia en su contra que puede venir del lado de los padres y de su propia institución; entonces, simplemente dejan pasar los sucesos, incluso aquellos que a toda vista son una posible bomba de tiempo hasta en un futuro inmediato.

A ese ritmo y estilo pedagógico parece que las comunidades educativas se han acostumbrado. Cada año es lo mismo con aquello de los pésimos resultados de aprendizaje, pero bien y gracias. Cada año es lo mismo con más y más programaciones de actividades escolares añadidas a las del calendario habitual de celebraciones como lo son: el Día del logro, las ferias de emprendimientos, las ferias de ciencias, los festidanzas, las olimpiadas y un sinfín de tareas grupales y exposiciones asignadas, que se verán publicadas en las páginas de las escuelas, describiendo habilidades y competencias generadas, pero que definitivamente en la realidad siguen dando pie para decir que, ya no solo es el papel y las redes sociales aguantando todo, sino denotando cierta conformidad y satisfacción de las autoridades educativas y el propio profesorado con el hecho de aparentar educar en un mundo educativo de maravillas.

Hay que cambiar esa narrativa social, dándole una real independencia y autoridad a las escuelas públicas para que lleven a cabo su mejor propuesta porque de eso se trata la profesionalización docente y el liderazgo pedagógico. Enmarcado sobre ello el respaldo de las mayores autoridades educativas y del propio Estado para solicitarle y hasta exigirle a los padres de familia el cumplimiento de sus obligaciones, ya sea acompañando la tarea educativa o dejando educar a quienes lo saben hacer.

Ya es hora de advertir el error, y aunque por ahí digan que los resultados de cualquier cambio sobre el mismo no serán inmediatos, habrá que decirles que un día menos es un día más de letargo sucumbidos en los errores pedagógicos.