jueves, 26 de marzo de 2020

21000

Al undécimo día de cuarentena se ha dispuesto 13 días más dentro de casa.
Las reacciones han sido diversas, y con justa razón, porque a cada quien nos toca enfrentarla en condiciones tan distintas, además de las dependientes del factor dinero. Sin embargo, es por cantidad de plata, y también sin ésta, como se suele comúnmente medir la referencia del nivel de pobreza.
He oído decir que a quien tiene dinero le es fácil hablar de pobreza. Lo que no resulta desatinado en su interpretación si oyes pedírseles calma y, aún con un verbo poco florido, lograr distraerlos sobre su propia demanda y así sacárselos de encima a quienes esta emergencia los está enfrentando a peores y graves aprietos que la propia enfermedad del coronavirus.
De la misma forma, tampoco resulta desatinado decir que le sea fácil a cualquier politiquero o ministro de turno hablar de calidad y equidad educativa.
Ahí, como oportuno y mejor ejemplo, está el delicado momento que nos toca vivir, desnudando la crisis de un pueblo cuyo enemigo no es otro sino este mismo e irónicamente por esa calidad y equidad educativa con la que se abandera cada nuevo gobierno cuando dice cómo educa a su pueblo.
En educación 21000 es lo mismo que 1, y ésto en su sentido de la capacidad que tiene ese 1 para amenazar y poner en peligro la salud de cientos y miles con esa personalidad definida por creencias, ideas y pensamientos devenidos de una memoria escasa de información e incapaz de procesar conocimiento y activar las redes neuronales que eviten embargarlo de irracionalidad.
Ahora bien, y bajo este posible argumento del por qué de tan penosas conductas, tal vez 1 no represente mayor atención, pero 21000 no preocupa... ¡Asusta!
Mientras el gobierno no diga ni haga nada al respecto tenemos el derecho a seguir creyendo que se gobierna haciendo creer que se educa.
Mientras quienes pueden decir y hacer algo al respecto no lo digan ni lo hagan tenemos el derecho a seguir creyendo que su egoísmo es tal que convocan a la solidaridad y la unidad, pero consigo mismo para surtirle de combustible al ego.
A los 21000 tal vez la detención, la denuncia penal o la cachetada le pueda servir de lección. Pero, para quienes somos educadores de vocación nos preocupa quiénes le siguen el paso.

viernes, 20 de marzo de 2020

Cuarentena: día 5

Al quinto día de la cuarentena he salido por primera vez de casa para cubrir la falta de algunos víveres de consumo básico y demás.
Previo duchazo, ropa limpia, frasquito de alcohol en gel, mascarilla, gafas y coche de compras, decidí enrrumbar al mercado, no sólo porque el supermercado Metro - a 50 metros de distancia de mi casa - irónicamente se ha distanciado a 200 metros debido a una larguísima fila de gente apostada ahí desde aproximadamente las 6:00 a.m., sino porque encontrar los anaqueles vacíos de lo que la mayoría buscamos como víveres parece no ser más una probabilidad y sí una certeza.
Durante la ida al mercado sorprende que la gente no se mira ni mira como bicho raro a otro portando mascarilla, y lo digo porque anterior a este tiempo muchos suelen ser crueles y despectivos con quien la porta al  caerle encima las miradas, gestos y actitudes poco amables y desconsideradas sobre su salud o prevención que la motiva a usarla.
Por las primeras calles que me conducen al mercado me he topado con tres (03) conocidos desaliñados y guarros extranjeros toxicómanos, y a quienes - en increíble y anómala idea - algunos vecinos por ahí los creen y hasta han adoptado como parte del vecindario y del atractivo turístico del distrito.
En la Plaza Octavio Espinoza, donde se ubica la Bomba Grau N° 16, hay varios bomberos no sé si en entrenamiento, pero sí soltándose bromas entre ellos mientras una manguera contra incedios yace conectada al grifo y, en manos de uno de los bomberos, roceándole agua a unos enormes tapetes tirados en el piso de la plaza. Metros más allá - en la misma plaza - un joven fotógrafo ajusta la mira de su cámara apoyada sobre un trípode para fotografiar un skate board junto a una vieja mochila. Hechos por los que en un momento creí estar en cualquier otro día.
Sigo mi camino y también siguen circulando - de ida y vuelta - uno y otro vehículo particular. Seguramente tienen un "Pase", pero no se necesita mucho ojo ni olfato para observar y deducir que muchos de los vistos están "sacándole la vuelta" a las disposiciones del Gobierno. En fin, yo no hago eso. Mi auto permanece guardado en la cochera desde el día 1, y me desplazo solo y a pie hacia el mercado de la Av. Surco.
Las panaderías tienen gente haciendo colas. Tal vez sea algo común. Pero, no es común lo sean tan alargadas y extendidas hasta las afueras del local. Intuyo que la gente está comiendo más pan o "guarda pan para Mayo". Gracias a Dios con una moneda de 1 Sol aún se compra 6 o 7 panes.
Hay que darle vuelta al parque Raimondi. Está cerrado con una malla y cinta de señalización.
Sigo adelante y en la avenida que conduce directamente al mercado hay gente parada en su puerta conversando con otro. Lo hay también sentada en una silla, mientras un tipo le arroja agua a su moto lineal con un lavatorio de plástico.
Desde aquí, he preferido andar con cuidado por el borde de la pista porque en la vereda - cada 20 pasos - hay excremento.
A punto de llegar, un hombre mayor levanta la voz y reclama la presencia del alcalde, congresistas, ministros o del propio Presidente de la República para darle cuenta de los padecimientos del pueblo. Dice textualmente:
- ¿Dónde están los del gobierno?
- ¿Por qué no vienen acá donde estoy para que vean que no puedo comprar nada con un par de Soles?
- ¡Está bien, no puedo ir a trabajar. Pero, vengan para que también vean que no tengo plata para poder comer mi familia y yo!
- ¡Carajo, sólo saben venir cuando quieren tu voto!
Nada fuera de la verdad aún un tipejo por ahí le haya gritado "viejo loco".
Llegar al mercado invita a tomar conciencia que sin plata no compras nada, y con poca plata debes saber elegir qué y cuánto compras.
Los comentarios de la gente en cada puesto del mercado son cada vez más sonoros en contra del Gobierno porque se le está haciendo difícil a la mayoría de la población armar el menú del día, y faltan 10.
Conforme pasan los días de la cuarentena hay menos con poca plata porque hay más sin plata. Entonces, no es de locos lo que decía aquel hombre. Esta situación no se solucionan con aplausos ni con el disco del Zambo Cavero. Tampoco, con videos de futbolistas pidiendo te quedes en casa.
A quienes tienen esas grandes ideotas habría que pedirles mejores ideas - no en slogans - sino en actos que describan el significado de solidaridad, fuerza, juntos, unidos, Etc.
Al mercado no te dejan entrar sin mascarilla. Vi a una señora ofreciéndolas de todo color, modelo e incluso dijo "reutilizable". Tal vez porque se lava y puedes volverla a usar.
Hay adultos mayores y niños. Pocos, pero los hay andando sin mascarillas.
He donado unas mascarillas a unas señoras para que le dejen ingresar al mercado, así como ayudado con unos víveres a otros. No es mucho. Pero, sería mucho si quienes pueden también quisieran hacerlo.
Tengo listas mis bolsas y debo regresar a mi casa. En ésta me esperan preparados para trasladar los víveres a otras bolsas y "fumigarme" antes de poner un pie dentro de la casa.

viernes, 6 de marzo de 2020

El profesor: ¿merezco C, B, A o AD?

La dura crítica al profesorado está avalada por el propio Estado. Eso es innegable. Sin embargo, salvando excepciones, el profesorado no es tan víctima en este asunto porque ha dado pie a su crítica, y lamentablemente lo sigue dando.
Entonces, comprendería interesarlo por saber cuál sería el resultado de su autoevaluación, la que acorde con el sistema aplicado a los estudiantes, podríamos también sujetarla a la escala del C (en inicio), B (en proceso), A (logro) o AD (logro destacado).
Es por seguro que los resultados de su autoevaluación arrojarían un alto porcentaje, fluctuando entre las escalas del logro y logro destacado, y eso no exactamente por ser real, sino porque tanto se machaca sobre autoestima al punto de desvirtuarse su concepto en una especie de dogma cuya creencia prohibe hasta el mínimo dicho o uso de cualquier término que pudiera interpretarse como reprimenda en contra de la autoestima. Y, a ésto no es ajeno el profesor toda vez que no admite fácilmente un posible error que a la luz pudiera estar desmereciéndolo en su carrera docente.
Pues bien, "perfil" es un término agotado. Para la autoevaluación no basta el clásico perfil. Entonces, se contempla una descripción asertiva, real y pertinente para interesarlo por saber cuánto encaja en lo que su profesión ha demandado siempre y, hoy por hoy, demanda de más.
¿Cuánto encaja? - Sí, cuánto de lo que sabe, hace y es se ajusta y acepta a la dicha de ser llamado maestro de escuela.
Siendo así, quien educa:
- Lo hace por vocación de servicio. Si bien trabaja por una paga o remuneración, jamás condiciona en proporción de ésta su dedicación o entrega a la labor encomendada.
- No es perfecto. Ni llega a ser perfecto por el hecho de que nadie lo es. Sin embargo, lo creen perfecto porque son más las dotes o cualidades las que lo representan. Lo catalogan como ejemplo de vida.
- Luce siempre presentable. Quiere decir interesado en su aseo personal, vestimenta y uso de accesorios, así la mayor ocasión sea el uso de un uniforme. Huele bien. Viste bien. Se lo ve bien. Pero, ni es exagerado ni presuntuoso.
- Saluda. Agradece. Pide por favor. Se preocupa por enseñar a que otros aprendan lo mismo. Su saludo, agradecimiento o solicitud es cordial. No remeda ni lo hace por hacer. Educa.
- Habla con respeto. No grita. Vocaliza. Es pausado, pero no lento. Se lo oye al hablar. Se le entiende lo que habla. Se interesa por darse a entender a quien lo escucha.
- Nunca responde bajo dominio de la ira, desprecio, cólera o indiferencia. Difícilmente pierde los papeles. Se controla. Saber tomar su tiempo antes de actuar. No cae ni resbala frente a provocaciones de la que otros tal vez pudieran esperar una mala reacción. Es conciliador. Sabe disculparse y cuándo hacerlo.
- Jamás toma revancha. No se hace la víctima. Sabe aclarar malos entendidos. Pone énfasis en advertir lo que intenciona decir para evitar lo que se quiera malinterpretar.
- Dice y hace, condiciéndose su decir con su hacer.
- Sabe, y sabe mucho. Más, de su especialidad. Lee. Investiga. Recopila. Aporta. Teoriza su opinión. Lo que lo conlleva a ser persona interesante al poseer información relevante. Pero, no la transmite simplemente, sino sabe darle sentido pedagógico a lo que comunica, integrando en el paquete el añadido de experiencia de vida, opinión y demás, para que sea rico y abundante los elementos que coadyuven a la construcción de cualquier nuevo conocimiento.
- Sabe escuchar. Aconseja. Propicia el acercamiento. No es indiferente. Tampoco pretende hacer vida social. Es confiable. Tiene buen ojo o buen olfato para saber quién pueda estar necesitando un apoyo. Jamás cruza el límite que lo separa de la relación alumno - maestro.
- Es serio, pero no circunspecto o cascarrabias. Es divertido y jocoso sin llegar a ser bufón, comediante o payaso. Sabe cuándo reír. Sabe hacer reír. Sabe cuando ser serio y sean serios.
- Es observador. No se le escapa ni pasa inadvertido cualquier bueno o malo mínimo gesto, palabra o comportamiento dentro o fuera del aula. Corrige lo malo. Alienta lo bueno. Levanta la voz, no grita. Soluciona de inmediato cualquier posible incidente dentro y fuera del aula. No es inquisidor. Trata de ser justo. Invita a la reflexión. Enseña a reflexionar. No amenaza. Sabe advertir las consecuencias de un posible mal comportamiento.
- Es puntual. Acostumbra a llegar con tiempo anticipado al trabajo y a los eventos propios de la labor docente. Toma precauciones para no llegar tarde al trabajo. Se preocupa por justificar una posible tardanza, pese a ser reconocido por su puntualidad. No da espectáculos con el correteo, agitación y desgreño que comúnmente suele ocurrir cuando se está contra el tiempo y se quiere evitar encontrar las puertas cerradas del colegio por estar fuera de hora. No hace del tiempo en tolerancia un tiempo habitual.
- Es responsable. Tiene sus programas, sesiones, registros y materiales ordenados, limpios, bien presentados y al día. No sabe de aquello "fuera de fecha". Cumple con cuanto tiene por hacer. Hace demás.
- Es eficiente y eficaz.
- Colabora. No es sobón. Pide se lo cuente para el apoyo del plan y ejecución de las actividades curriculares y extracurriculares. Acepta roles y encargos. No lo hace todo ni acepta todo. Motiva e insta a sus compañeros y colegas a la colaboración.
- Respeta a su institución. No reniega ni habla mal de su institución. Hace respetar a su institución.
- Tiene buen trato con todos los miembros de la comunidad educativa. Respeta y lo respetan. Es ajeno al cotorreo, chisme o sorna que pueda ir en perjuicio de otra persona; por ende, de la institución. Sofoca o apaga el amago de toda posible situación en desmedro del buen clima institucional.
- Es creativo o intenta serlo. Construye, no destruye. Sus clases son interesantes, novedosas, provechosas y amenas. Planifica. Cronograma. Evalúa. No lo dice todo. Busca la participación de quien está aprendiendo. No amenaza al aprendiz si no responde o lo hace mal. No permite la burla de nadie contra nadie. Quiere escuchar lo que los aprendices saben. Promueve el diálogo y el debate. No pierde el control de la disciplina. Aclara puntos. Incrementa la información. Formula situaciones problemáticas que deban resolverse con el conocimiento previo y el nuevo conocimiento. Improvisa cuando la situación lo amerita, y siempre que sepa lo que hace para llevar a sus aprendices al logro de aprendizaje propuesto.
- Le preocupa saber si hace bien su trabajo. Está predispuesto a aprender de los demás. No es soberbio ni necio. Enmienda el error. Escucha a quien sabe. Aprende de quien sabe. Se capacita, pero sabe que es mejor si se autocapacita. No es egoísta en compartir lo que sabe y hace destacadamente.
- Llama por su nombre a sus alumnos. Intenta habilitar una memoria fotográfica. No tiene preferidos. Estima y tiene bastante consideración con todos sin distinción alguna. Es incapaz de burlarse de un alumno o someterlo a la burla de otros.
- Es humilde y sencillo. Pero, no sumiso ni doblegado. Tampoco altanero o petulante.
- Declara su vocación porque la sostiene de hechos. No dice tener vocación mientras su conducta y comportamiento diga lo contrario.
- Reclama autoridad porque sabe bien como impartirla. No comete abusos. No se excede.

Hasta aquí, ¿en cuánto encaja?
¿Merece C, B, A o AD?