Hay a quienes suele decírseles “no tener sangre en la cara", y ésto frente al cinismo y sinvergüenzura de un mal y frecuente comportamiento que conduce su frecuente mala conducta.
Es cierto que hay de todo en este mundo - entre tanto virtudes y defectos - pero, que su existencia esté vuelta terrible, no sólo al haberse proliferado, sino ascendido hacia las altas esferas del poder, desde donde terribles mentirosos deciden por los demás, haciendo de las suyas bajo especialidad o máster en cinismo y sinvergüenzura, hace bastante rato que a la ciudadanía le llegó la hora de actuar no tanto por el bien propio sino de quienes son el presente y, a la vez, se les dice son el futuro de esta patria.
Para quienes recibimos el encargo de educar a esa niñez y adolescencia - siempre, y al rato, incorporada a la sociedad en rol activo - también hace bastante rato que nos las pasamos sin advertir sobre si se está educando o aparentando educar.
¿Cómo educar y no aparentarlo?
Partamos por considerar que si somos sujetos de la integralidad, y por tanto se nos dice educar integralmente, entonces no basta decirle al aprendiz que “no mienta" o “mentir es un pecado" para lograr no sea un mentiroso, sino abarcarlo pedagógicamente en distintas, y tantas veces puédase, experiencias de aprendizaje de modo tal que su comportamiento vaya guiándose por una conducta de acción y reacción consignada a reparar en escrúpulos, vergüenza y temor que se suelen conjugar en la valorización del respeto y propósito de enmienda.
Otro factor importante a considerar es la atención en quienes secundan las mentiras y las sinvergüenzuras. Mi experiencia en aula hace saber que hay que virar la vista hacia quienes irónicamente ni enterados están que su alentadora y presta colaboración al ejercicio del mal es señal de su desalentadora y desganada inhabilidad para ser si mismos.
Cualquier buen propósito debe obligar a la ayuda, colaboración y auxilio de los demás. Mientras cualquier mal propósito reparar en observación, desatención y negación a ser parte del mismo.
A la escuela pública se la viene maltratando desde hace tiempo atrás. Por ende, a quienes son parte de su accionar.
Hay una desbordada y descarada intencionalidad de quienes suelen mirar siempre de lejos, y siempre de arriba hacia abajo, por hacer creer que la educación en tiempo presente, no sólo es mejor al tiempo pasado, sino que el pasado fue dañino, horroroso y vergonzoso. Pues, hacia este punto habría que virar la atención para ver si los del magisterio despertamos con una autocrítica, ya que nos alcanza la envoltura de quienes hasta se la andan creyendo ser los inventores de lo que otros nos andan inventando. - ¡Por favor, no sigan secundando!
Que a alguien se le ocurra una mentira, digamos es aceptable so pretexto de la imperfección.
Si esa mentira encuentra asidero en quienes la secundan, se torna inaceptable, y no hay aceptación bajo ningún pretexto porque vuelve terrible al mentiroso.
A vista y paciencia de quienes gobiernan, parece haber intención de mal acostumbrarnos a pasar por alto hasta los peores comportamientos y malas conductas. En consecuencia, enfrentando a la escuela con lo que fuera de ésta se dice, hace y actúa. Siendo no exactamente lo mismo al sentido de enfrentarse a la vida.
Lo que no hace un gobierno se lo demanda el Pueblo.
Pero, si un gobierno se plaga de terribles mentirosos y cierta parte del Pueblo los secundan, es que ni el hogar ni la escuela están haciendo lo suyo.
A los chicos hay que saber educarlos, y no aparentar hacerlo.
A los grandes hay que saber castigarlos por lo que no aprendieron de chicos.
Los elogios no son sanos si encubren una mentira.
Los castigos no son insanos si descubren una verdad.
Hasta aquí nadie ha exagerado la nota porque bastante exagerado está haber terribles mentirosos decidiendo por ti, mí y los demás, y haber logrado que por sus intereses y confort, unos contra otros nos demos de sonoros ladridos y gruñidos, así como feroces, voraces y hasta letales zarpazos y mordiscos.
No secundes tan fácilmente lo que otros te digan secundar porque es moderno, “cool", de moda, generacional, “lo que se tiene que hacer", Etc. Advierte antes que tú no eres él o ella, sino tú.








