miércoles, 30 de diciembre de 2020

Terribles mentirosos

Hay a quienes suele decírseles “no tener sangre en la cara", y ésto frente al cinismo y sinvergüenzura de un mal y frecuente comportamiento que conduce su frecuente mala conducta.

Es cierto que hay de todo en este mundo - entre tanto virtudes y defectos - pero, que su existencia esté vuelta terrible, no sólo al haberse proliferado, sino ascendido hacia las altas esferas del poder, desde donde terribles mentirosos deciden por los demás, haciendo de las suyas bajo especialidad o máster en cinismo y sinvergüenzura, hace bastante rato que a la ciudadanía le llegó la hora de actuar no tanto por el bien propio sino de quienes son el presente y, a la vez, se les dice son el futuro de esta patria.

Para quienes recibimos el encargo de educar a esa niñez y adolescencia - siempre, y al rato, incorporada a la sociedad en rol activo - también hace bastante rato que nos las pasamos sin advertir sobre si se está educando o aparentando educar.

¿Cómo educar y no aparentarlo?

Partamos por considerar que si somos sujetos de la integralidad, y por tanto se nos dice educar integralmente, entonces no basta decirle al aprendiz que “no mienta" o “mentir es un pecado" para lograr no sea un mentiroso, sino abarcarlo pedagógicamente en distintas, y tantas veces puédase, experiencias de aprendizaje de modo tal que su comportamiento vaya guiándose por una conducta de acción y reacción consignada a reparar en escrúpulos, vergüenza y temor que se suelen conjugar en la valorización del respeto y propósito de enmienda.

Otro factor importante a considerar es la atención en quienes secundan las mentiras y las sinvergüenzuras. Mi experiencia en aula hace saber que hay que virar la vista hacia quienes irónicamente ni enterados están que su  alentadora y presta colaboración al ejercicio del  mal es señal de su desalentadora y desganada inhabilidad para ser si mismos. 

Cualquier buen propósito debe obligar a la ayuda, colaboración  y auxilio de los demás. Mientras cualquier mal propósito reparar en observación, desatención y negación a ser parte del mismo.

A la escuela pública se la viene maltratando desde hace tiempo atrás. Por ende, a quienes son parte de su accionar.

Hay una desbordada y descarada intencionalidad de quienes suelen mirar siempre de lejos, y siempre de arriba hacia abajo, por hacer creer que la educación en tiempo presente, no sólo es mejor al tiempo pasado, sino que el pasado fue dañino, horroroso y vergonzoso. Pues, hacia este punto habría que virar la atención para ver si los del magisterio despertamos con una autocrítica, ya que nos alcanza la envoltura de quienes hasta se la andan creyendo ser los inventores de lo que otros nos andan inventando. - ¡Por favor, no sigan secundando!

Que a alguien se le ocurra una mentira, digamos es aceptable so pretexto de la imperfección.

Si esa mentira encuentra asidero en quienes la secundan, se torna inaceptable, y no hay aceptación bajo ningún pretexto porque vuelve terrible al mentiroso.

A vista y paciencia de quienes gobiernan, parece haber intención de mal acostumbrarnos a pasar por alto hasta los peores comportamientos y malas conductas. En consecuencia, enfrentando a la escuela con lo que fuera de ésta se dice, hace y actúa. Siendo no exactamente lo mismo al sentido de enfrentarse a la vida. 

Lo que no hace un gobierno se lo demanda el Pueblo.

Pero, si un gobierno se plaga de terribles mentirosos y cierta parte del Pueblo los secundan, es que ni el hogar ni la escuela están haciendo lo suyo.

A los chicos hay que saber educarlos, y no aparentar hacerlo.

A los grandes hay que saber castigarlos por lo que no aprendieron de chicos. 

Los elogios no son sanos si encubren una mentira.

Los castigos no son insanos si descubren una verdad.

Hasta aquí nadie ha exagerado la nota porque bastante exagerado está haber terribles mentirosos decidiendo por ti, mí y los demás, y haber logrado que por sus intereses y confort,    unos contra otros nos demos de sonoros ladridos y gruñidos, así como feroces, voraces y hasta letales zarpazos y mordiscos.

No secundes tan fácilmente lo que otros te digan secundar porque es moderno, “cool", de moda, generacional, “lo que se tiene que hacer", Etc. Advierte antes que tú no eres él o ella, sino tú.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Educación online: no se pise el acelerador

La pandemia encerró a casi todas las personas - entre tantas - a niños y adolescentes en edad escolar, quienes continúan hasta la fecha atravesando la obligada experiencia de "asistir a clases" bajo el encierro en casa. Lo que los hace, en parte, aprendices online.

Sin embargo, con respecto a la experiencia de ser "aprendiz online", adviértase que si ésta fuera un privilegio - aunque así parece serlo - la misma, y como siempre suele pasar, no le alcanza a todos los aprendices de las escuelas públicas del país debido al arrastre - gobierno tras gobierno - de las deficiencias del Estado sobre lo que no es aún una buena y esmerada atención a su derecho a la educación pública de nuestra niñez y adolescencia.

A pesar de ello, y atendiendo a quienes sí pudieran acceder a las clases online, nunca es tarde para marcar la pauta frente a la impronta aceleración del accionar pedagógico porque, haciendo alusión a una anterior propaganda promovida por el propio sector, lo remoto - igualmente a lo presencial - está resultando toda una contradicción a dicha propaganda, cuya lectura real sería: "no todos están pudiendo aprender, y muchos quedándose atrás".

Para quien educa es imprescindible pensar como aprendiz, ésto en el sentido de saber situarse frente a todo lo que es, en sí, un niño o adolescente, de modo tal que su intervención pedagógica no se ciña a satisfacer a otros adultos sino a quienes se colman de espectativas cuando suelen estar frente a sus maestros, así sea por la vía online. Siendo oportuna la ocasión para valorar a quien opta ser o es un profesional de la Educación, ya que he ahí una principal distinción y, a la vez, una marcada diferencia frente a cualquiera de las otras y demás profesiones.

Salvo excepciones, está visto haber trascendido, de la vía presencial a la online, aquello de correr en contra de un tiempo sujeto a cortísimos plazos tanto para "enseñar” como "aprender", ocasionando que, también vía online, se apresuren y hagan uso de aquella antipedagogía del cúmulo de interrogantes y vacíos académicos que creen ser compensados con la exhausta extensión - casi arbitraria - de actividades, tareas y encargos - casi siempre famélicos por su escasa explicación o mal entendidas en su interpretación - pero que se dan por resueltas por quienes creen que la calidad educativa está medida en base  a cuánto se cumplió con el programa. 

Considérese que el encierro del niño y adolescente, no es sinónimo de "tener todo el tiempo libre". Del mismo modo, y consecuentemente, toda la disposición para obligarlo a hacer lo que hasta antes del 15 de Marzo del 2020 siempre se advierte, pero pocos enmiendan.

Definitivamente, el aula y la casa no son lo mismo, empezando por diferenciar que en el aula el rol es único sea estudiante o aprendiz; mientras en la casa ocurre que frente a una cámara es aprendiz y, simultáneamente, hijo (si el padre o madre se haya al lado o vigilante de sus actos), incluyéndose la cercana posibilidad de también ejercer el rol de hermano mayor, menor u otro. Lo que debería ser el punto de partida de cualquier programación porque    quien educa debe estar interesado en saber a quién educa y en qué educa.

Entonces, al profesorado le pediría calma. 

No pise el acelerador porque lo inclusivo es excluyente si su sesión, cual autobús de servicio público, tiene a un pregonero que dice a dónde va, pero no le interesa quién no sube o quién baja antes de tiempo.

No pise el acelerador porque, si este modelo pedagógico se jacta de pregonar su atención a los ritmos y estilos de aprendizaje, sucede que en la realidad no es cierto.

No pise el acelerador porque, si este modelo también se jacta de haber desterrado de la pedagogía lo memorístico, tampoco es cierto... ¿Sí o no?

No pise el acelerador, no sólo porque otro se lo diga pisar, sino porque hay suficiente argumento pedagógico para ir despacio y llegar más lejos.






viernes, 20 de noviembre de 2020

Escuela: ¿del dicho al hecho cuánto más será el trecho?


Se vive en un tiempo presente a causa de otro pasado, y cuyo tiempo futuro es también pasado y presente.

Lo que quiere decir que, si se vive y convive en un presente difícil y casi insostenible -  señalándose a la mala educación pública como factor de culpabilidad - no es porque "todo tiempo pasado fue mejor" sino por la razón causa y efecto. 

Un claro ejemplo podría ser el tintineo y sonoro reclamo de la pérdida de los valores del pasado, como se oye en el presente, y a la Educación, a través de la escuela, obligando al profesorado a la "anotación en el papel" a modo de su plan de recuperación o búsqueda de dicha pérdida. Pues, aquello es vivir engañados en el presente, añorando un pasado que, siendo también presente en su momento, fácilmente se dejó vencer e irónicamente dejó de valorar sus valores y logros ante un aparecido sistema escolar que le dijo no tenerlos o venir haciéndolo mal. 

En el presente, del dicho al hecho en Educación Básica Escolar Pública hay mucho trecho, y ésto es porque en un no muy lejano pasado - siendo el presente en su momento - una rediseñada currícula del sistema escolar se impuso, con obligatoriedad y sin derecho a la crítica u observación, no sólo para convencer al profesorado de que lo hecho en un pasado - más alejado a este presente - era obsoleto (calificativo dado por tales "rediseñadores"), sino también hacer creer que los logros educativos en el futuro - este presente (hoy) - darían que hablar. 

Lo que es cierto, pero sólo en el extremo de dar que hablar porque en el otro - aquel de los logros - es de suponer, y tras casi dos décadas desde la imposición de la dizque nueva, moderna y vanguardista rediseñada currícula del sistema escolar, debiéramos estar frente a un sorprendente, favorable y admirable resultado de logros, callando tanta severa crítica a lo mal educado que somos. 

Ni la pandemia ha servido de ocasión para la pausa de reflexión tanto a los dizque "especialistas" y "consejeros" en educación como al propio profesorado. Por el contrario, y siempre llevada la cosa al extremo, ya se ve, oye y lee, no sólo a muchos creyéndose los personajes más duchos en materia de "la educación remota", sino - y peligrosamente - dando a entender que ésta ha superado a la presencial. 

Considérese que todo tiempo pasado no fue mejor porque el presente no lo sea.

Entonces, lo que la educación - a través de la escuela - debe hacer, y no hace hasta la fecha, es hacer menos para hacer más. 

Es decir, dejar de voluminizar la Carpeta Pedagógica a punto de convertirse, o convertida ya, en un armatoste o mamotreto, aún luzca colorida y decorada presentación. 

Cada vez se la ponen difícil al profesorado, abrumándolo con disposiciones que obligan a la elaboración, uso y aplicación de lo que ya ni siquiera parece resultar en el "papel". 

Hay que hacer más de lo  bien y mejor de ese remoto pasado, añorado por quienes - en su oportunidad - educaron o se educaron, insertándolo en un diseño curricular dispuesto también con lo bueno y mejor de ese pasado reciente que sigue equivocando y haciendo tropezar al profesorado con mucho de tanto y poco de nada de lo que sigue en imposición hasta en demasía. Y, en ocasiones, haciéndolo negar la verdad pese a que la sabe y experimenta toda vez que está frente a sus aprendices. 

Al maestro no se le da tiempo ni espacio sobre lo que es suyo. Se lo obliga a cumplir, bajo vigilancia y supervisión, con disfraz de "acompañamiento". Lo que les permite a unos cuantos - tejiendo la trama - dispararse hasta el año 2036 con lo que hasta hoy no rinde lo esperado. 

El profesorado necesita espacio y tiempo, pero sobretodo libertad para con poco hacer mucho. He ahí la vocación y el despliegue de todas sus capacidades que más tarde perfilan su maestría. Mientras tanto, el Estado, es quien lo acompaña, respalda, fortalece, capacita y le entrega esa libertad - para que en un espacio y tiempo - haga lo suyo. 

¿Cuándo pasará? 


domingo, 15 de noviembre de 2020

¿Cuándo es tarde?

A la tercera no fue la vencida para levantar la voz de protesta y decir:

¡Basta ya de tanta corrupción en este país!

Sobre todo, y ante todo, cuando ya era el colmo sea venida por parte de nuestros propios presidentes, quienes "sí o sí nos representan" porque, dizque son elegidos por la voluntad del Pueblo, confiándoseles los destinos de la Patria y el futuro de su gente como primera autoridad política del país.

Pues, aún así, a la cuarta tampoco fue la vencida.

Sin embargo, al cuarto presidente, y a casi dos años de su mandato, el Congreso - bajo intereses propios o no - lo vacó por permanente incapacidad moral.

¿Hubo en ese entonces lo que hoy hay? 

No. Se dejó seguir lo que sigue. Siendo aquí oportuno detenerse para la reflexión acerca de lo que hoy pasa. 

Desde el preciso momento que, en pleno gobierno, se sabe sobre actos de corrupción de un mandatario, y tras el antecedente vergonzoso y nefasto de los tres anteriores y últimos presidentes señalándoseles en la comisión de tales actos, se hubiese hecho todo lo que hoy se hace para así... ¡Que se vayan todos! 

¿Era anticonstitucional hacerlo ayer? 

¿Es constitucional lo que se hace hoy? 

¿Cuándo es tarde? 

¿Quién pauta su propia Constitución? 

Por dejar seguir lo que seguía, "constitucionalmente", el Sr. Martín Vizcarra se hizo presidente sin haber marchas ni cacerolazos ni demás que pudieran expresar el rechazo porque sobre todo, y ante todo, al último y cuarto presidente también se lo sindicara en actos de corrupción. Y, ya que el argumento - en boca de quienes protestan hoy - es todo cuanto se motiva del amor a la patria, la dignidad, la moral, Etc., entonces ni él ni nadie, con quienes se postulará en la plancha presidencial, debió sucederlo, así haya sido "constitucional" la sucesión en el mando, porque estaba previsto que la continuidad sería más de lo mismo mientras el Sr. Kuczinsky no resida en palacio pero siga alojándose estratégicamente en su gente mantenida inamovible o posicionada en la cúpula del gobierno. Es decir, no se hizo lo que hoy se hace para que la clase política haya llevado al país a un estado de interminable y pestilente corrupción. 

Pero, también se advierte que este último Congreso no fue impuesto ni hizo su aparición de la nada sino fue reciente y "democráticamente" elegido por, dizque voluntad, del dizque también, soberano Pueblo; y, aquí mismo, nadie cogió el cucharón y la cacerola para protestar ni siquiera advirtiéndose entre esta impetuosa masa juvenil - con considerable decisión de voto - para saber por quién no votar ni eligir a fin, de cesar con esa penosa autoliquidación de una repetitiva mala elección de una clase política puesta al frente, en representación y poder para decidir - a sola firma - por todos, y cada uno de los peruanos. 

Los que hoy marchan y protestan a gritos y cacerolazos dirán que no votaron para eligir al Sr. Merino, pero tampoco denotan una pizca de remordimiento o culpa que reconozca no haber hecho nada - en su oportunidad - para que este señor u otros, tan posiblemente iguales a él de lo que hoy se le acusa, ingresen, escalen, confabulen, convengan y lleguen hasta donde han podido llegar, y quiérase o no, representen a los casi 33 millones, y pico, de peruanos constituyendo esta nación. 

Con el Sr. Vizcarra se contaría al quinto, debiéndose tener en cuenta que si el Poder Judicial ha dictaminado 18 meses de impedimento de salida del país es  porque hay mucho pan por rebanar en su caso. 

En cuanto al Sr. Merino, parece que a la sexta ha sido la vencida. Pero, sería grave que tanta marcha y protesta sea vista por motivación personal contra este señor y no contra toda la clase política en ejercicio, y eso se verá si nuevamente al país se lo deja en manos de quien vaya a enumerarse como el posible séptimo de la lista negra. Por eso es importante también advertir de qué filas provienen tantos peculiares personajes, quienes no sólo cambian de camiseta por doquier, sino se las prestan o alquilan sin importar lavarlas antes. 

Es momento de prestarle atención a todo si lo que han dado a entender es que no solamente se quiere la renuncia del Sr. Merino sino... ¡Que se vayan todos!  

Mientras dure lo que hoy pasa, ¿al 11 de Abril se habrá aprendido a votar para elegir a los indicados que por fin hagan algo trascendente y provechoso por este país y su gente?

Téngase cuidado y hágase algo más que diferente a las marchas de protesta porque, así como hoy, tampoco valdrá decir: ¡yo no lo elegí! 

¿Cuándo es tarde?

Tal vez, nunca sea tarde. Pero, se hace tarde si esta juventud, a la que se la enaltece por su logro en la renuncia del Sr. Merino, y quien por ahí le aclaró a la clase política "haberse metido con la generación equivocada", hoy sólo atinara a hacer lo que hoy hace para luego entrar en un período de letargo hasta otra próxima convocatoria.

En tal sentido, que también se oiga a viva voz - además de Merino - otros apellidos que no los representan ni quisieran los representen, no sólo para que preste oídos la clase política, sino la población de que ésto va en serio. 


martes, 10 de noviembre de 2020

"Plancha quemada"

 
Ya que hay tanto lío en boga habría que desacelerar la versión de infortunias opiniones porque, lejos de despertar repentinos y aparecidos ímpetus - cuasi mágicos - de nacionalismo y democracia, lo que están es azuzando la rivalidad dentro de casa entre gentes de un dizque unido y solidario país. Aunque no debiéramos engañarnos con esto último porque aquí prevalece aquella vieja regla lúdica de salvar cada quien su propio pellejo. 

Siempre es lo mismo con eso de no dar cabida a la pausa - llámesele respiración previa - para atender y entender realmente el porqué de las cosas. Entonces, siempre es lo mismo, estar en lo mismo, pese a la cercanía de los 200 años de proclamados patria e independientes del yugo de un conquistador.

En una plancha presidencial se postulan 3 en el orden de Presidente, Primer Vicepresidente y Segundo Vicepresidente, debiéndose atender y entender que se saben y conocen entre sí, comparten un común ideal o visión patriótica y son dignos de ejemplo. Pero, salvo excepciones, es utopía. Al parecer, y desde que la historia no me la cuentan porque la vivo, uno es igual o peor que el otro. Resulta que, sin importarles lo que pudieran saberse de malo, se juntan, postulándose para alcanzar el poder suficiente de, si se vieran descubiertos, y tal cual ocurre en el Centro de Lima, habiéndose desbocado al extremo de vandalismo, hacer aparecer pseudo líderes intentando convencer haber llegado la hora de hacer Patria. 

Un hombre sabido corrupto y elegido Presidente, por supuesto que tiene el aval de quienes lo secundan en el cargo. Si al mismo se lo rechaza porque la mala maña no se le quita, quien lo reemplaza quiérase no sea peor porque... ¡Que tal junta! 

Quisiera yo no me represente fulano, zutano, mengano y perengano, pero en cuestiones políticas ahí están elegidos para - digamos "a sola firma" - decidan por los demás. Pero, no advertimos cómo llegó. Ahí no hubieron colectivos de opiniones, protestas ni rechazos para no dejarlos llegar. Que, el voto de quienes hoy protestan no lo haya elegido, no los libra de culpa porque - digamos sea creíble ese ímpetu nacionalista o democrático - ese mismo hubiese podido no haberlos permitido llegar donde están. 

Entonces, y como es nuestra mala costumbre, no aparentemos ser lo que no somos. 

Aprendamos a serlo.

Enseñemos a serlo.

Intentemos aprender.

Intentemos dejarnos enseñar.

El cambio se asienta en la Educación.

Pero, ¿quién nos habla seriamente de Educación? 

Empecemos por rechazar a quienes nos los han empezado a embutir en pantalla, radio, redes sociales, Etc. como "líderes de opinión" porque ahí sí sería válido decir que ese señor o señora no me representa en opinión ni representará frente a una curul o sillón presidencial. 


jueves, 3 de septiembre de 2020

Somos libres, así de sujetos.

 

Es increíble cuanto de los conceptos que, hacen del hombre una criatura única y superior a todas las demás albergando sobre la faz de la Tierra, se distorsionan en cualidades exacta y opuestamente extremas, ocasionando daño y terror a su misma especie y otras demás; incluso, al lugar que lo alberga.

La evolución del cerebro humano ha distinguido tremenda capacidad en el desarrollo de un cerebro racional por sobre otro límbico y, anterior a éste, otro reptiliano. Sin embargo, aparece en su historial que lo que sabe construir con una mano lo sabe también destruir con la otra.

Para lo que nos toca acá, en este suelo y realidad, parece que la cosa empeora porque, no sólo seríamos la mala imitación de lo que se hace afuera, sino seríamos la peor imitación de eso hecho afuera y, justamente, de malo. 

¿Así de exagerado y negativo?

No, así de real y cierto. Y, ahí está el primer concepto distorsionado que circula en mente de un gran sector de la gente cuando cree que al vaso – conteniendo agua a la mitad de su capacidad – sólo lo debes mirar bajo óptica de “medio lleno” porque de lo contrario estarías calificado de agorero, infausto o derrotista.

Medio siglo atrás Carlo Cipolla, en su obra Educación y Desarrollo en Occidente, expuso que al 2020 – en una aproximación de mi parte – el hombre deberá preocuparse por la búsqueda de “virtudes” y no tanto de conocimiento. Al respecto, lo que sigue desnudando la emergencia sanitaria, no sólo avala lo dicho medio siglo atrás, sino parece no advertirlo – ni querer tampoco hacerlo – quienes están en este momento dirigiendo el destino de todos los peruanos.

Una situación, vista común y corriente, es la del caballero despojado de la caballerosidad. - ¿Qué es eso? - ¿Se come? - ¡Qué anticuado! – Pero, agravada toda vez que a ciertas damas – salvaguardando el respeto y las innumerables excepciones – cierto afán independentista ha descorazonado y desencantado la caballerosidad con el desplante. El caso del despojo está extendido incluso hasta su desarraigo en la señalética de “caballeros” y “damas” por simplemente “hombres” y “mujeres”. Así de extremo.   

Otra sería, por ejemplo, haberse levantado una pancarta para la proclama de una libertad absoluta que también ha extremado el hecho del despojo de los protocolos y el arrojo por la borda de la reserva, cautela o como quiera llamársele – de distintas maneras – a lo que siempre se enmarca y sostiene del denominado respeto en cualesquiera de las ocasiones o momentos de la vida civilizada. Ahí están quienes son capaces de escupir y vomitar lo peores insultos y agravios en contra de otra persona, y al poco rato – sin remordimientos ni mea culpa – pedir una fría y sosa disculpa como si nada hubiera pasado. El caso preocupa porque seguramente hay una mayoría de gente pudiendo – en este preciso momento – estar replicando lo siguiente:

-          ¡Ya se disculpó! - ¿Qué quieres?

-          ¡No es para tanto!

O, en el otro extremo, diciendo:

-          ¡Hay que exterminarlo!

-          ¡Al patíbulo!                                      

Definitivamente, somos libres, así de sujetos. Estamos sujetos a la libertad que también tienen todos cuantos están a tu alrededor. Tu libertad se limita a la libertad del otro, y ese otro también debe darse por enterado que su libertad se limita con la tuya.

En el hogar y la escuela están los cimientos de lo que, así te digan lo que te puedan decir, sabes tú que no es lo correcto. Son los espacios donde se ensaya la libertad, dándose por enterado de la libertad del otro. Entonces, aprendida la lección difícilmente serías capaz de los excesos que, a menudo, nos tienen insoportablemente conviviendo en un mundo distorsionado.

A tanto de malo parece ser que lo bueno es lo extraño. Entonces, y ya que solemos someternos a la venia y presión del grupo social, se hace lo malo para que la mayoría no te diga ser extraño, aunque no sea lo correcto.  

A tanto de malo parece ser que lo cotidiano es lo extraordinario. Entonces, surge la ligereza de catalogar de memorable, trascendental y hasta heroico lo que no es sino la labor o sentido común de las exigencias propias de cualquier actividad.

Cuentan ciertos relatos de investigación que en un país del ártico, en tiempos donde predominaba el analfabetismo en Europa, fue ese mismo uno de los más destacados en instrucción elemental y con el menor porcentaje de analfabetos en su población, puesto que su propio medio climático – haciendo el día corto y las noches largas – tenía a sus habitantes mayor tiempo dentro de casa que fuera de ésta, y aprendiendo más que labores domésticas. Aunque no es exacta la razón climática porque no ocurría lo mismo en la Siberia, si debe destacarse lo que para quienes su posible adversidad fuera su oportunidad.

Pues bien, una emergencia sanitaria ha alejado a nuestra niñez y adolescencia fuera de los recintos de su escolaridad. Entonces, a ellos hay que hacerles saber que, aunque la escuela y sus maestros están a lo lejos, hay mucho por aprender en casa. Mientras a los padres y maestros hay que advertirles que hay mucho más por enseñar que lo cotidiano en el horario de clases.                                        

martes, 25 de agosto de 2020

Educar para la vida. Pero, ¿qué vida?

En cierta ocasión una autora publicitaba su obra que había titulado “Buenos Padres, buenos hijos” porque, no sólo significaba el recojo de su experiencia, según decía ella, sino – al parecer – quería marcar diferencia con otra similar obra ya existente por ahí en el mercado. No habiendo mayor análisis ni reflexión frente a las serias problemáticas que suelen venir tanto del lado de los padres como de los hijos; sobre todo cuando – sino todos – casi todo adulto parece creer haber aparecido sobre este mundo siendo grande y maduro.

El Perú es diverso, y esa diversidad abarca de todo. Es multicultural y multiétnico al punto de parafrasearse que… “quien no tiene de inga tiene de mandinga”.

Entonces, si a conductas y aprendizajes hemos de referir, la obra cumbre sería: “¿Por qué buenos y malos padres e hijos?”

La escuela sigue pasando por alto el aprendizaje de saber Ser. Lo cree implícito. No le otorga tiempo. Y, aunque diga cualificarlo, lo cuantifica porque basta leer los típicos comentarios del profesor en el reporte de los alumnos.  

Si la escuela tradicional fue criticada por sólo hacer para cuánto Saber. La nueva escuela rasguña el Saber, hace nada o poco sobre cómo lograr Hacer y cree que por añadidura surge el saber Ser.

Tal vez, lo rígido, estricto, y en ocasiones severo, de la escuela tradicional puede haber coadyuvado a que se aprenda a saber Ser. Pero, vino por añadidura, así pueda haber incluso recuerdos imborrables en muchos quienes, en un raro o peculiar concepto o idea, agradecen a quien dice fuera malo con ellos en el pasado porque los hizo buenos en el presente.    

Mientras tanto, lo constructivo, holgado, y en ocasiones excesivamente permisivo, de la escuela actual ha extremado los resultados. Todo lo malo es de casa. Y, desde casa, se cree que todo lo malo es de la escuela. Por tanto, hoy el sistema ha puesto en un ring a padres versus profesores. Pero, preocupa que el Estado, no sólo sea quien defina las reglas, sino ose en inclinar la balanza hacia un favorito en el dicho ring. Ahí está quienes andan creyendo que al profesor sólo se lo respeta el 06 de Julio.

Es innegable haber escuelas altamente calificadas con docentes igualmente calificados. Pero, también es innegable haber lo contrario, y más si de servicio público se trata.

Es innegable haber gente buena y mala. Pero, de la buena hay que preocuparnos para sean más los buenos y menos los malos, tal como lo quiso decir el sabio chino Confucio.

Sucede que hay mucha gente mala aparentando ser buena, obnubilando a quienes, no sólo son engañados con suma facilidad, sino suelen adherirse a sus huestes.

Hay que poner atención porque la estrategia de la apariencia está dando resultados como aquel de otorgarles el poder. Entonces, se multiplican y fortalecen. No siendo nada difícil entender el porqué de tanta falacia, felonía, inoperancia, necedad, desvergüenza, desatención, desvalimiento, desgracia, malversación, encubrimiento, robo, asalto, desobediencia, ingratitud, desafuero, agravio, gollerías y cuanto demás está en exhibición en una vitrina que va quedando chica frente al stock y lo surtido de sus productos.

Aunque abatidos, no es una derrota, y la escuela es uno de los frentes que debe hacerle la lucha para no cederle el paso a tanto.

Por otro lado, el hogar – no casa – debería ser su aliado porque lo que no se sepa sobre saber Ser en una se enseña y/o aprende en la otra. Siendo esa la razón del sentido de Primer y Segundo Hogar.  

El hogar educa y será mejor si deja educar.    

Si la escuela educa combate al enemigo.

Si la escuela educa bien hace huir al enemigo.

Si la escuela educa bien y mejor no tiene enemigo.

La escuela, aún vía remota, no debe creer que saber Ser está implícito en lo que active. Debe dedicarle tiempo exclusivo al saber Ser. No exactamente dentro de un horario con horas pedagógicas, sino durante toda su actividad.

Saber ser no se aprende con el parafraseo ni sermones que comúnmente van perdiendo el sentido conforme se alargan o extienden. Tampoco, con una lista ordenada de normas o reglas, así la transcriban decorada en un papelote.

Si les dijera que todo momento es oportuno para enseñar y aprender a saber Ser… ¿cuál no lo sería?

Cada profesión tiene lo suyo. El profesor tiene lo suyo. Si entre profesores cada quien tiene lo suyo esa es la maestría. Entonces, hagan suya la maestría para que eduquen el saber Ser porque en la cosecha se está teniendo una fruta con demasiada cáscara y poco o nada de pulpa y semillas.     

domingo, 16 de agosto de 2020

Bendita memoria

Tremendo error fue desprestigiar a la memoria para sobrevalorar, en afán impositivo, a un modelo constructivista como si no necesitara de la misma.

Desde los sentidos hacia la Corteza Cerebral, los impulsos nerviosos, contenidos de información, recorren su primer tramo para que, a través de la Corteza Endorrinal, sigan inmediata y unidireccionalmente hacia el Hipocampo, situándose en el curso de un circuito neuronal hipocampal – comprendido por  regiones del Hipocampo en sí y el Giro Dentado – donde se describen niveles o etapas del proceso nervioso en su recorrido del CA1 al CA3 (Cuerno de Amón), y ya de salida, active la Memoria de Trabajo o potencie el impacto en las distintas zonas de la Corteza Cerebral para abastecer la evocación del recuerdo, consolidar la Memoria de Largo Plazo o, según los procesos cognitivos en demanda, sea la Memoria de Largo Plazo la actora destacada durante el procesamiento de la Memoria de Trabajo.

Entonces, y en el tratado de la pedagogía, entre Memoria y Aprendizaje subsiste una relación binaria cuya propiedad y clasificación no contempla desprestigio ni sobrevaloración.

A casi dos décadas la escuela viene soportando la erradicación e imposición de un modelo por otro, inflado de sobrenombres pedagógicos, ítems, plantillas, pilotos, acompañamientos, Etc. Y, sobre todo, la ilimitada extensión de planes de programación y evaluación cuyas “rutas” parecen conducir al programador, no sólo a un laberinto de palabras, sino a levitar sobre el terreno.

Si las estructuras de una construcción no están preparadas para soportar más pisos de los que pudiera pretender construirse, pueden hacerse dos cosas: reforzar las estructuras (si el suelo y demás condiciones lo permiten) o pensar en otro terreno donde edificar de acuerdo a los pisos a construir y, de modo inteligente y proyectado, cimentar las bases para futuras ampliaciones.

Si los resultados de la educación pública fueran otros, y fuera evidente la presencia y participación trascendente de esa generación que, dizque construyó sus aprendizajes, dotó sus habilidades, es inteligente emocional y sabe ser, terminaría la nota. Sin embargo, si se vive demandando una mejor educación, ¿por qué será?

Con esto de la educación remota se ha criticado duramente a personajes al frente de una clase sin ser profesor. Lo que, lejos de enfrascarse en el tendido extenso de argumentos a favor o en contra, debiera ser otro motivo más para la reflexión del profesorado, ya que al parecer hay quienes pudieran hacerlo mejor actuando de profesor. No debemos olvidar que la antesala de la crítica es la autocrítica, y empezando por ahí hay muchos pendientes en pausa o espera.

Aprendizaje y memoria por vía remota es el tenor del asunto. Por eso es que la escuela pública está obligada a la constante reflexión de sus actos, planes y acciones, no para “ensayarlos” con los aprendices – en una incesante tira y jala, quita y pone o hace y deshace – como lo hacen otros con la misma, sino dibujar, colorear y avivar la pedagogía que, a diferencia de otros, no la tendrían quienes actúan de profesores.

Es un error pretender la idea de que aquí no pasa nada. Sí pasa. Pero, otro gran error fue haber iniciado el aprendizaje remoto haciendo uso de la Memoria de Trabajo con el agobiante tema del Coronavirus, pudiendo disipar procesos mentales para consolidar una Memoria de Largo Plazo sin fines propiamente destinados a lo que se supone no debe parar sobre la educación de los niños y adolescentes ni en este estado de emergencia sanitaria.

Si la escuela se ciñe a esperar le digan qué hacer, hará poco o nada. Si la escuela se ciñe a romper protocolos e innovar, hará mucho, y de lo bueno.

La iniciativa y la experiencia del profesorado es enriquecedora. Aquello nunca deja de sorprenderme siendo meritorio su reconocimiento. Por lo que la escuela, a través de sus líderes pedagógicos y precisamente bajo estas circunstancias, debe motivar su despertar.

Es otro momento. Es momento de dejar de lado “el papeleo” y liderar la participación de todos los profesores – sin la exclusión del nivel, área o especialidad – para dibujar, colorear y avivar la pedagogía, no sólo en el aprendizaje remoto, sino en este otro momento.

El adulto comúnmente olvida que fue niño y adolescente. Se mira a sí mismo, pero no mira lo que fue. Se impone con una autoridad sobre decisiones o disposiciones que, si recordara ser niño y adolescente, tal vez rechazaría. Sin embargo, no lo recuerdan y se imponen.

La escuela la dirigen adultos, pero debe estar fuera de lo común porque tales adultos son profesores, y serlo obliga a esa maestría por la que sabe, reconoce, simpatiza y compenetra con sus aprendices.

Lo que quiérase SEPAN es de a poco. Pero, eso de a poco con mucho de variedad.

Lo que quiérase HAGAN es de a poco. Pero, eso de a poco con mucho de variedad.

Lo que quiérase SEAN es de a poco. Pero, eso de a poco con mucho de variedad.

¿Cuál es esa variedad?

Justamente todo lo que nos hace ser profesores y no actuar de lo mismo.

sábado, 8 de agosto de 2020

A más de 100 días: ¿terremoto lo remoto?

Desde el 06 de Abril del 2020, fecha del inicio oficial de las clases escolares durante el estado de emergencia sanitaria, lo remoto está de moda. Y, aunque pueda decirse que la moda no incomoda, esta vez al niño y adolescente – en edad escolar – se lo tiene obligado a estar a la moda sin antes advertir si lo incomoda.

Ni siquiera en vivo y en directo – como se suelen avivar las transmisiones remotas – es lo mismo que estar ahí, en carne y hueso, unos y otros, interactuando por ocasión formal e intencional para la enseñanza-aprendizaje o la simple socialización entre pares a través de la conversa, la diversión, el juego y demás posibles ocurrencias propias del transcurrir de los días en la escuela.

Entonces, esta moda si incomoda mientras el sistema escolar no advierta diferenciar el estilo de enseñanza-aprendizaje y el modelo pedagógico entre lo presencial y remoto, cuyo punto de partida serían las consideraciones previas del significado de ser niño o adolescente. Seguido de las circunstancias de una amenaza contra la vida y la salud, provocando, entre tanto, sean distintas las condiciones del usuario de hoy al de ayer, así lo remoto fuese de uso común y corriente.

El niño, sino lo es todo, casi todo es emocional. El adolescente, sino es igual al niño, casi igual lo es de emocional, pero con reserva. Para el caso, en la escuela es donde se genera el otro ámbito de las experiencias de vida, no sólo enmarcadas en la intención formal de la escolaridad, sino informal por cuanto también fuera del aula se desprenden situaciones de enseñanza-aprendizaje en la convivencia escolar.

Un gran error es tratar de repetir, a remoto, lo que se hacía en la escuela, creyendo convencer al niño o adolescente que lo único diferente es que cada quien lo hace desde su casa. Y, tal idea o creencia se ha fijado erróneamente en un gran sector del profesorado sin advertir siquiera en la reincidencia del generador – ahora vía remota – de faltas y tardanzas, desatención, aburrimiento, cuadernos incompletos, tareas mal hechas, lecciones mal aprendidas, clases incompletas, quejas contra el profesor, Etc.

Despertar emociones en el aprendiz es captar intencional y pedagógicamente su atención para convocarlo al aprendizaje. Lo que puede ocurrir en una interacción tanto presencial como remota. Sin embargo, la diferencia recae en la exigencia pedagógica para lo remoto. En este caso, debe empezarse por aprovecharse el alto nivel de curiosidad que despierta la propia tecnología, más si está puesta en una tableta, laptop, celular, radio, pantalla de televisión, ecran o cualquier otro aparato. Luego, y de modo alguno, hacer suya una ecléctica teoría pedagógica del aprendizaje basada en la aplicación de métodos, técnicas y recursos, no para convencer al niño o adolescente que la única diferencia es que alguien está acá y otro allá, sino empezar con la primera lección de enseñanza-aprendizaje de fijar la vista del aprendiz para que el cerebro vea y pueda ver más allá de una simple y fría pantalla conteniendo – también – posibles simples y frías imágenes de alguien o algo allá, en lo remoto, de lejos.

Hay escuelas que se han disparado con una carga horaria y exigencias académicas igual o tan igual a un regular año escolar. Por otro lado, hay escuelas que se han reprimido de su accionar pedagógico y sometido a lo poco o nada provechoso que pudiera estar resultando aprender en casa por medio de la radio o televisión. En el primer caso, no por más se aprende más. En el segundo, no por hacer menos se peca menos.

Para preservar la salud, el 15 de Marzo se nos obligó al encierro, bajo el peso de un castigo por desobediencia y el temor al contagio de un virus de consecuencias fatales. Hoy, aunque la obligación y el castigo casi han declinado, el virus no declina y yace latente en su amenaza. Por lo tanto, no se puede volver a una normalidad viviendo en otra que, quiéralo o no, ha transformado la anterior normalidad en una presente. Es lo que debe entenderse para hacer del presente la normalidad en la que se halle priorizada la educación de los niños y adolescentes en procura de un futuro sin la reiteración de daños y lamentos por causa de la corrupción y actos de barbarie, para ir situándolos en el pasado y no sean vistos y aceptados como en la otra normalidad.

A las autoridades que deciden por la educación de los niños y adolescentes se les exige dar por concedida – en serio – la autonomía de las instituciones educativas para implementar – siquiera por esta vez – el estilo y modelo pedagógico del docente peruano sostenido de sus conocimientos, vivencias y experiencias personales y de campo en lo real de su realidad. Poniéndose a consideración que, así el estilo y modelo no se ciña a la propuesta del Estado, ninguno está dirigido a educar mal o peor porque la motivación pedagógica del maestro será siempre el logro satisfactorio de sus educandos.

Y, a los profesores, para que lo remoto no sea un terremoto, a través de sus instituciones educativas se sirvan elevar a la práctica respuestas distintas al replanteo de las siguientes preguntas:

¿Qué aprender y enseñar?, ¿cuánto aprender y enseñar? y ¿cómo aprender y enseñar, en remoto, a quienes debe empezar por respetar su niñez y adolescencia, bajo circunstancias de emergencia sanitaria, antes de verlos sólo como simples educandos a quién trasladarle un problema y una tarea?                   


miércoles, 5 de agosto de 2020

¿Levántate Perú?

Dos pugilistas se cogen a puñetazos en un ring de boxeo, y uno cae al piso. Inmediatamente, el réferi - en voz alta - empieza con la cuenta regresiva: 10, 9, 8, 7... Al mismo tiempo, todo el público espectador se alborota y grita una ovación al púgil sostenido en pie y, al caído, el imperativo: - ¡levántate! 

¿Cuántos de los que gritan lo hacen por interés de su apuesta? 

Al Perú, hay quienes le repiten el estribillo: - ¡levántate!, entendiéndose que refieren Perú para configurar que nos lo dicen a todos quienes somos este país, incluso quien lo repite. Entonces, lo correcto sería: ¡Levantémonos, Perú! o ¡Perú, levantémonos! Además, si nos piden levantarnos es porque metafóricamente yacemos caídos sobre la lona debido a un macizo y certero golpe propinado por un contrincante o rival.

Sin embargo, y dada la crisis específica en el Perú, lo que deberíamos empezar por entender es que estamos vuelta una población a la que se la distrae con suma facilidad sobre lo que debería captar toda su atención. 

Cuando la historia te la cuentan porque tú no eres parte de la misma es una cosa, y otra distinta es que tú la cuentes porque eres parte en esa historia. 

¿Es el COVID – 19 el otro púgil en el ring? 

No hay mejor estrategia de un gobierno que distraer a la población de la realidad. Lo que no le otorga inocencia a la población de todo lo que pueda ocurrirle de malo.                  

El macizo y certero golpe al Perú no ha sido dado directamente por un rival o contrincante extraterrestre o foráneo en ataque al país. Nos damos de golpes unos contra otros, y cuando eso ocurre se la ponemos fácil a un verdadero enemigo si quisiera darnos la estocada final o golpe mortal porque nos coge debilitados, distraídos, desunidos y rivalizando como enemigos en un país donde suena a sarcasmo cualquier repetitiva frase alentadora o esperanzadora. 

Hay que poner atención a lo permisivo o indiferente que somos tras soportar a las malas autoridades, no sólo culminen su tiempo de gobierno, sino hagan y deshagan a su antojo con la autoridad dada y el manejo de los recursos del Estado. 

Hay que poner atención a lo mal educado que somos, no sólo por un Estado aparentando la reforma de una educación pública de calidad, sino por el desinterés personal de cada quien a superar esa mala educación. 

Hay que poner atención sobre quienes nos los embuten como "caras nuevas", para descubrir si son los herederos, hijos adoptivos, ahijados o compañeritos de universidad  de los mismos malos personajes que gobiernan o han gobernado, pero con otra cara; ya que bastante daño hace que nos sigan gobernando personajes salidos de un mismo círculo de gente con relación de "amiguísimos", “padrinazgo”, “compadrazgo”, “garante – garantizado” o “titiritero – títere”, cuyos intereses sabemos no alcanzan a la mayoría sino sólo a su círculo. 

Hay que poner atención a la búsqueda y propuesta de gente honrada, inteligente y valiente para enfrentar a quienes nos tengan caídos en la lona. 

Hay que poner atención para dejar de copiar y remedar lo que se importa de afuera sin importar que no encaje, no sea compatible o no sirva sino de apariencia. Lo que es peor, convirtiendo a algunos en hábiles imitadores hasta el punto extremo de creer que la idea es propia, haciendo defensa de lo que razonable y calificativamente es necedad. 

Hay que poner atención sobre quienes permanecen en silencio, ya que lo mismo también podría interpretarse como indiferencia a las denuncias o protestas o al dolor de quienes están más que golpeados que otros y caídos en la lona con la cuenta regresiva para declararse su deceso. 

Hay que poner atención a lo que es apariencia y no esencia. Evitando ser parte de los festejos o revienta cuetes de lo que quiere aparentarse cuando dicen haberse reformado la educación pública en pos de su calidad. También, cuando se dice libertad, justicia, inclusivo, sin discriminación, defensor del pueblo, defensor del consumidor, moderno, “cool”, a la vanguardia, pensando en ti, Etc. 

Hay que poner atención al asolapado silencio de la prensa y la propia justicia al no requerir mayor mención pública de las ex autoridades acusadas de corrupción y a quienes en esta emergencia lo que les sobra es la plata mal habida o robada.   

¿Levántate Perú? No.

¡Despierta, Perú, que te están levantando en peso y dejándote calato!


sábado, 25 de julio de 2020

¿Culpa de quién?


Difícilmente se asume la culpa por iniciativa propia - llámesele falta de valentía - ya que la reacción inmediata es negarla hasta en ocasión de la menor posible ocurrencia. Ahí está - por ejemplo - el momento cuando la mamá pregunta a los hijos quién olvidó recoger su plato dejado sobre la mesa después de comer, y la respuesta inmediata es el mutis absoluto o la negativa - de quien se sabe culpable - para asumir valientemente la culpa y decir: - ¡Mamá, ese fui yo! 
Otra cosa es el silencio de los hermanos - no culpables - que no saben del asunto, o - si saben - no quieren delatar al hermano. Pero, si habría que prestarle mayor atención al caso cuando éste alcanza nivel de complicidad o si al hijo no le bastara negar la culpa, acusando a otros de sus posibles malos actos. En cualquiera de los casos... ¡Siempre es tiempo de educar! 
Ayer, dos hombres discutían por si la culpa de lo que nos toca vivir frente al COVID-19 es culpa de la gente o de Vizcarra - así era como se referían al presidente de turno -, y cada quien prefería enfrascarse en una posición que no daba tregua a una pausa para la reflexión razonada. La discusión se tornaba cada vez más picante, con posible demás, y a eso es lo que se llega y avanza – de mal a peor – una discusión cuando el dominio de los pensamientos proviene sólo, y únicamente, del cerebro emocional, anulado el racional. 
Pues bien, habría que partir por entender que todo es causa y efecto, pero en una serie continua e incesante. Es decir, cada cosa podría explicarse, en el tiempo determinado a hacerlo, como el resultado de ese instante en el que la seguidilla razón causa-efecto pudiera describir el porqué de todo cuanto pueda ser y estar ocurriendo de modo natural sobre cualquier asunto de atención en un determinado momento. Advirtiéndose que la capacidad y genialidad del hombre le han dado acceso a su intervención sobre lo natural. Lo que también se explica por razón de causa y efecto. Y, en lo mismo, al posible mérito o culpa y responsabilidad como efecto de la causa. 
Entonces, si nuestra atención es sobre los hechos lamentables que nos toca vivir, es innegable haber culpa; por ende, culpables. 
Sin embargo, y volviendo al principio de cómo inicié este artículo, por falta de valentía nadie viene asumiendo culpa alguna. Habiendo, no sólo quienes niegan haber olvidado recoger el plato dejado sobre la mesa después de comer, sino echar la culpa a otros de hechos de mayor gravedad que van desde romper la vajilla hasta robarle el almuerzo a los hermanos menores. 
Los tiempos de ahora no son los de antes del 15 de Marzo del 2020 porque la independencia de cada quien ha tenido que someterse a la dependencia casi directa del Estado.
Al haberse decretado el estado de emergencia sanitaria a nivel nacional, suspendiendo o restringiendo toda clase de actividad que hasta antes del inicio de la cuarentena podría significar esa mencionada independencia de cada quien, el Estado – representado en el Gobierno de turno – es quien asume. Asume el bienestar básico de cada uno, y a la vez todos, quienes constituimos la Nación. Lo que no ocurrió ni ocurre porque aquí cada quien ha bailado y sigue bailando con su propio pañuelo. Por tanto, se le señala una primera culpa sobre los efectos. Y, ya que la personificación del Estado recae en el Presidente de la República – como su máxima autoridad – por lo mismo es que el Sr. Martín Vizcarra es tan culpable de sus actos como de quienes obran por él ante el efecto de tantos lamentables hechos denunciándose por doquier.
Aquí, debo resaltar que quienes se postulan a los más altos cargos políticos de una nación parece que lo hicieran sólo para ostentarlo – aunque ha subido a primer plano hacerlo para sacarle el máximo jugo al cargo, exprimiéndolo incluso hasta con la menor de las oportunidades y provecho posible, dejándolo seco – no importando siquiera luego pisen los tribunales, o los encierren en una celda, bajo prisión preventiva, acusados de corruptos. Del mismo modo, parece que mientras dicen gobernar, lo hacen cruzando los dedos para que “las papas no quemen” porque gustan de llevársela facilito. Imagino debe funcionar la idea – legada por otros – de que “mientras más alto más fácil”.
Las papas están quemando en este momento donde quien gobierna debe hacer su trabajo. Lo que no lo convierte en “valiente” ni “héroe” ni “el mejor”. Es el Presidente, y como tal debe responder.
El cargo político de Presidente de la República, Premier, Ministro, Presidente Regional, Alcalde, Congresista y demás, exige – más que lucir un buen terno o traje – responder a la altura de los mismos y más allá de lo que pudiera estar redactado en su manual de funciones. Se le exige trascendencia – palabra de un estimado amigo – para que perdure su obra.
No todo es culpa del Presidente. Es culpa de él y todos los demás. Pero, ya que él encabeza esta nación, decir que él no tiene la culpa y, por el contrario, deba elogiarse estar al frente de lo que viene ocurriendo, es más la emoción de alguien que el análisis razonable del caso.
¿Tiene culpa la gente?
Si prohíben salir de casa, bajo advertencia del posible contagio, del encierro temporal en un calabozo o el pago de una multa, claro que tiene culpa directa la gente por haber salido, debiendo asumir el efecto de su desatención u omisión.
Si obligan a mantener la distancia entre una y otra persona, bajo advertencia del posible contagio, claro que tiene culpa directa la gente si se contagió, y mayor culpa si el contagio lo propaga a otros, entre tantos su propia familia.
Si la gente es irrespetuosa, desobediente, vulgar, insolente, indiferente, sucia, mal intencionada y demás, claro que tiene culpa directa la gente de su mal conducta o comportamiento.
Entonces, nadie niega que la gente tenga culpa directa de sus malos actos, y por los mismos deba pagar las facturas del costo de sus culpas. Pero, en el análisis donde se recoge hasta lo que de boca del propio presidente se ha oído, en cuanto haberse desnudado las peores conductas en la gran mayoría de gente, – consecuentemente un pésimo comportamiento como sociedad -, aclárese que lo puesto en evidencia, y que no ha sabido asumir el presidente como culpa, es el resultado de una mala educación de un Estado que educa o debe velar por la mejor educación de su gente.
Sin embargo, no es alentador que, mientras la gente pueda ser culpable de todo cuanto se le pueda imputar en esta emergencia, haya quienes sigan siendo culpables del robo de su educación, salud y demás bienestar.
Pronto habrá que elegir a un nuevo gobierno. ¡Lo mal que elijas si es tu culpa!
¡Siempre es tiempo de educar!

lunes, 20 de julio de 2020

ANTES Y DESPUÉS DEL 06 DE JULIO


Hay un antes y después del 06 de Julio que año tras año no cambia; debiendo cambiar porque hace rato la realidad educativa, no sólo es desalentadora, sino involucra al desempeño docente como parte del problema. Y, ya que el 06 de Julio es una fecha en la que todos los celebrados asumen ser “Maestros”, por lo mismo es que debería ser la mejor ocasión para empezar a reflexionar – salvo excepciones – acerca de que la fecha en sí no discrimina a quienes antes y después del 06 de Julio sólo dictan clases.
El reciente decreto de un estado de emergencia sanitaria, a propósito del COVID – 19, evocó de mi memoria lo ocurrido hace 20 años con el decreto de “estado de emergencia educativo”. Lo que no es alentador, no sólo porque hoy se ha dado muestra de lo mal que se sigue educando, sino porque soy testigo del tiempo transcurrido sin habérsele firmado “el alta” – como paciente sano o restablecido – a la Educación Escolar Pública que se supone fuera declarada en emergencia para liberarla de sus posibles males o padecimientos. Sin embargo, el mal persiste porque no hacen sino prescribirle “fórmulas mágicas”, y además costosas, que no atienden la cura, pero parece sí el bienestar de otros.
El rol protagónico del maestro en la sociedad anda algo deslucido o empañado porque intentan retirarnos de escena, silenciando nuestra opinión sobre lo que justamente – dizque a través de un nuevo estilo de educar – nos estaría convirtiendo en simple repetidores de lo que incluso ya hay quienes se lucen orondos creyéndose los inventores, autores y compositores.
He ahí uno de los males que padecemos porque gran parte de la culpa es nuestra. Nos ganan porque nos dejamos. Nos deslucen porque nos dejamos. Nos callan porque nos dejamos. Nos sacan de escena porque nos dejamos. Nos faltan el respeto porque nos dejamos. Pero, nos dejamos porque entre nosotros mismos no sabemos oírnos. Nos enfrentamos. Nos traicionamos. Nos faltamos el respeto. Nos aprovechamos. Entonces, hacemos exactamente lo que antes y después del 06 de Julio – otra vez, salvo excepciones – no cambia, y deberíamos obligarnos a cambiar.
Podríamos empezar por liberarnos de la idea de la pertenencia momentánea a una organización, sindicato o colegio de profesores. Del mismo modo, del condicionante de las constancias, certificados o diplomas, que vienen funcionando – la mayoría de veces mal entendido – como el estímulo para mostrarle interés a los asuntos concernientes a nuestra labor. Ello, ya que la idea para empezar a cambiar no es la pertenencia ni acumulación de horas de capacitación, sino empezar a buscar para encontrarnos – a través de las redes – en charlas pedagógicas en las que podamos enseñar y aprender de nosotros mismos, vertiendo nuestras experiencias y oyendo la de los demás para que de esa manera podamos ir construyendo el mejor argumento que dé a entender con claridad a esos otros, intentando retirarnos del rol protagónico, que los zapateros de este buen calzado – por la ocasión llamémosla así a la educación escolar pública – somos los maestros de escuela.
Caso curioso es haber por la red social del Facebook abundantes grupos de docentes que irónicamente llegan a decenas de miles de integrantes, pero no integrando ningún propósito pedagógico más allá de la comunicación e información noticiosa. Incluso he llegado a leer opiniones que han servido para concluir que gran culpa de los males de la educación escolar recae en el profesorado, y como siempre valga la aclaración de las excepciones del caso.
Es el momento entonces de cambiar, empezando por juntarnos en un propósito pedagógico de hacer pedagogía, bajo una preliminar autoconfesión sincera de si soy o no soy un ejemplar hombre de bien, ya que tal condición viene siendo nuestra primera tarea siempre que haya autoconfesado no serlo, pero quiera serlo definitivamente.     
Ahí nos vemos!!!