lunes, 27 de abril de 2020

EMERGENCIA "ONLINE" EDUCATIVA


Vayan con cuidado. Sobre todo, cuando no por más se sabe más. Ni por menos se sabe menos.
Hasta hoy son más de 40 días vividos bajo amenaza de un virus altamente contagioso que puede ocasionar la muerte. Frente a ese peligro se ha priorizado la seguridad y conservación de la salud, obligando a toda persona a quedarse en casa sin poder salir hasta que cese el peligro y la amenaza.
Por tanto, no es un tiempo cualquiera, y como tal, tampoco placentero ni especial por más sonidos y colores de optimismo queriéndosele adornar.
Es un tiempo de cuidados intensivos.
¿Se entiende?
Ojalá lo entendieran todos quienes, pese al estado de emergencia, empezaron con la discusión sobre pensiones escolares versus la alternativa de las clases remotas. Específicamente, en el sector de las escuelas privadas. Porque, tanto la motivación de las discusiones como las respuestas en las decisiones – incluidos Ministerio de Educación y dizque “defensores del consumidor” –, no han advertido su error de pensar y actuar bajo un absoluto ADULTOCENTRISMO, olvidándose del tiempo que a todos – incluidos sus hijos y alumnos – toca enfrentar; mangoneando a los niños y adolescentes dentro de ciertas malas decisiones impuestas, o por imponerse, para obligarlos a cumplir hagan lo que parece – más que bien – no hecho a su consideración sino a satisfacción de ciertos adultos.
La educación privada no es gratuita. Tampoco, es igual. Existen serias condiciones y factores, no sólo diferenciando el servicio educativo privado, sino ubicándolo en extremos tan distintos pese a su categoría de escuelas privadas.
La permanencia obligatoria por más de 40 días dentro de casa, sin poder salir de ésta, es excepcional. Consecuentemente, la suspensión de las clases a nivel nacional también lo es. Entonces, si se sabe excepcional también debería entenderse su porqué de tal excepcionalidad.
El inicio de las discusiones sobre el pago o no pago de las pensiones, o cuánto pagar por las clases remotas, no ha sido necesariamente a partir de la motivación de la búsqueda del bienestar de quienes, no con la característica entereza del adulto frente a una emergencia, también se los ha reprimido de lo que les significa sus vidas de niño o adolescente. Por el contrario, y aun pudiendo haber quien lo niegue, pareciera que tenerlos en casa estos días hubiese despertado en ciertos grupos de adultos otras emociones o sentimientos distintos al que debiera primar en esta situación de crisis como lo sería el agradecimiento y la tranquilidad de tenerlos sanos y a salvo en casa.
De las discusiones, lo que de éstas sí se ha desprendido es cierta desesperación de algunos, convertida en otro virus altamente contagioso a otros, por no saber qué hacer con los hijos en casa. Obligando enfáticamente a las escuelas a que se ocupen de un mal entendido tiempo de ocio de los hijos, previamente a negociación del costo de aquello en demanda.
La alternativa de la educación online para niños y adolescentes no es una práctica regular o cotidiana en la escolaridad.
La política educativa promueve el uso de las denominadas tecnologías de la información y comunicación (TICs). Pero, en la práctica, y en la mayoría de las escuelas privadas y públicas, es más un recurso complementario al sistema escolar que se rige por lo presencial.
Las TICs tienen como verdugo a la propia política educativa, ya que no llegan ni alcanzan a todos. Es una realidad desnuda y anterior a lo que también ha desnudado la cuarentena en cuanto a la Educación Básica Escolar en el Perú.  
Sin embargo, y ya que por el Adultocentrismo se han apresurado las cosas respecto a la escolaridad, la alternativa de lo online para ocupar la titularidad de las clases escolares no tendría por qué sobrevalorarse ni tampoco desmerecerse en una discusión donde clara y realmente no todos están en la misma posición ni condición a pesar de decirse escuela privada. De la misma manera, no tendría por qué haber escuelas extremando su aplicación – online – al punto de forzar todo lo que se hacía antes de modo presencial, durante horas y días de la semana, a un modo virtual para justificar el costo o posible poca rebaja de la pensión escolar.
Definitivamente, haberse apresurado ha generado malas decisiones que ya están obligando a pequeños niños a sentarse frente a un computador, y si no lo tuviera frente a un teléfono celular de 7 pulgadas de tamaño, exigiéndole tanto el padre como la escuela su atención durante una jornada casi o igual a la cantidad de horas presenciales y con un mínimo y único descanso.
Hay malas decisiones si se establecen horarios de clases virtuales sin reparar en el hecho de quién acompaña al niño a adolescente en casa. Más, si son las propias escuelas las que saben del alto porcentaje de familias disfuncionales. Asimismo, sin reparar en la poca incidencia de familias con hijos únicos. Siendo más las familias con un mínimo de dos hijos; entre ellos, recién nacidos o infantes quienes demandarían la atención de la madre además del hijo o hijos en clases virtuales. Todo esto, sin dejar de considerar las demandas derivadas del hecho propio de los quehaceres y otras atenciones inmediatas del padre o la madre cuando se tiene a todos juntos en casa.
Hay malas decisiones si el primer contenido a desarrollar fue el coronavirus, ya que por culpa del adultocentrismo las capacidades serán pensar, hablar y soñar coronavirus. Es una lástima que cierto profesorado haya creído que era pedagógicamente oportuno.
Hay malas decisiones si la selección de habilidades, aptitudes y capacidades están forzadas en su desarrollo a través de una interacción que sólo se logra de modo presencial.
Hay malas decisiones si los carteles de contenidos antes no se han depurado porque la pedagogía no funciona si se cree que lo presencial es tan igual a lo virtual, o que aquí nada ha cambiado ni debe cambiar. Lo que no niega que la educación virtual logre los aprendizajes esperados, pero los que se esperaría mediante la educación virtual previo proceso de una clase con mayor exigencia en su elaboración. 
Hay malas decisiones si el medio virtual sirve también para el encargo de recargadas, abundantes y distintas tareas, impresiones y escaneo, devenidas de todas las áreas curriculares posibles que la escuela haya podido incluir.
Hay malas decisiones si el profesorado cree que puede interactuar con los más pequeños como en el modo presencial. Ahí, están vistos los casos en los que profesoras se pasan el tiempo preguntando a uno por uno de sus alumnos mientras son más lo que pierden la poca concentración frente al monitor o pantalla de celular.
Habrá malas decisiones siempre que la escuela no repare en sus posibles malas decisiones durante el modo presencial queriendo repetirlas en el modo virtual.
Si el Ministerio de Educación no pasara por alto la desorientación pedagógica en la que puedan estar incurriendo ciertas escuelas, y siquiera por esta vez dejara de actuar como el primer y mayor enemigo de su propia gente, podría enmendar su mala fama de desorientador pedagógico y poco amigo del maestro.
Si el discurso del Gobierno ha sido que la educación no debe parar, por el mismo habrá que exigirle mayor cuidado en este tiempo de cuidados intensivos. Sobre todo, si dejara creer en la población que no importa la calidad de las clases virtuales sino la cantidad con tal de mantener ocupado a los hijos y se justifique la paga.

lunes, 20 de abril de 2020

"Papá Gobierno"


Hace 36 días de la obligatoriedad de dejar de hacer todo lo que se hacía y guarecerse en un lugar o espacio – no para todos su casa - a fin, no se salga a las calles y evitar la expansión y transmisión de un virus altamente contagioso amenazando matar la vida del hombre en este planeta. 
De ahí la emergencia, debiendo entenderse que el vocablo es exacto para describir el nivel de peligrosidad y atentado en contra de la salud, ya que no hay otro sino uno siguiente el cual sería la muerte. 
No es crudo. Es real. Y, por lo tanto, es el punto de partida para también entender que se ha puesto en prioridad la salud por sobre cualquier otra cosa. Estando ahí la razón del por qué todo, o casi todo, se detuvo. Se paralizó. Dejó de funcionar y está dejando de ser como lo era antes. 
La nación la personificamos todos los peruanos. Somos también quienes cedemos un poder de gobierno y administración de nuestros recursos y riquezas a quien podríamos llamarlo un "Papá Gobierno" porque es quien tiene la custodia de sus hijos y el encargo de velar por el destino de cada uno y todos los peruanos quienes nos constituimos como nación.
El contagioso virus no llegó sin avisar al Perú. Se sabía que éste tenía un boleto de viaje comprado con destino al Perú. Entonces, por ahí se podría empezar a descubrir que el discurso de excusas de “Papá Gobierno” es disonante.
Es natural en la conducta humana el posible nerviosismo ante la incertidumbre de la fecha y hora del vuelo de llegada del COVID-19 al Perú. También, es natural que el estímulo tenga respuesta de reacciones de defensa. Sin embargo, y pese a las funestas consecuencias de su visita en otros lares, parece no haber sido racional la previsión del posible escenario en el Perú, en éste con actores netamente peruanos y bajo su propio guion de la historia.    
Es noticia pública que el virus ni bien pisó suelo peruano, desde ese momento y hasta hoy, tiene a "Papá Gobierno" en un agitado e incesante correteo de un lado hacia otro.  
A medio día hay una señal oficial de información de lo que ese agitado e incesante correteo busca atender, reparar y detener, haciéndose hincapié en el esfuerzo de “Papá Gobierno” frente a lo inédito del asunto. Y, bien por aquello que se diga hacer. Pero, no está bien si no se hace ni llega para todos. Lo inédito no es tanto así de insólito o desconocido porque anteriormente a su llegada al Perú se sabía que este mal visitante es perverso porque viola y rompe cualquier protocolo en casa ajena.
Entonces, y a lo que se desata por acá, allá y acullá en el Perú, ¿quién nos tendría jodidos? – En metáfora, ¿quién nos tiene a muchos agarrados del cuello o contra la espada y la pared? – ¿Lo será directamente el mal visitante? 
La idea de que no hacemos sino tirarle toda la culpa al gobierno es aceptable. Es más, se considera uno de los pensamientos irracionales más comunes que acechan al hombre. Sin embargo, no es absoluta. Para esta crisis, y ésta al haber desnudado y seguir desnudando una lamentable realidad, "Papá Gobierno" no se libra. 
Intempestivamente “Papá Gobierno” nos ha retirado del juego. Ese juego que hasta hace 36 días nos permitía solitos a cada quien sobrevivir de nuestro propio esfuerzo y peculio. Sin estirarle la mano a nadie. Sin pedirle a “Papá Gobierno”. Su razón para estar fuera de juego ha sido la salvaguarda y protección de la salud al haber el alto riesgo de morir sino se hacía.
La salvaguarda y protección en un refugio implica también prever, y valga la redundancia, la salvaguarda y protección dentro del refugio por el tiempo que se nos obligue a permanecer en éste. Por condición natural, y en un primer momento, buscamos sobrevivir sin ayuda, pero aquello cansa y, sobre todo, se agota. Todo gobierno lo sabe. Para eso también se es gobierno. No se es gobierno para presumir del cargo quienes lo integren, sino para Saber, Hacer y Ser Gobierno. Sobre todo, en este momento que conforme han ido ampliándose los días del “Aislamiento Social Obligatorio” las cosas han pasado de posibles o llevaderas a difíciles. Se está complicando el asunto de la sostenibilidad y respuesta económica personal y familiar para más peruanos. Irónicamente aquel discurso presidencial de “todos estamos en ésta”, en su sentido positivo de fortaleza, se ha invertido porque es cierto que “todos estamos, pero jodidos en ésta”.    
Hoy más que nunca es cuando se sabe si lo que se dijo, ofreció y prometió a la nación en cuanto ser un mejor "Papá Gobierno", es una farsa, así el gobierno de turno lo encabece el suplente del titular quien está hoy con arresto domiciliario. 
Hay la mala costumbre de adelantarnos a los hechos en el sentido de homenajear, felicitar, premiar e idealizar, a punto de otorgar categoría de héroe o superhombre, a cualquiera quien lo único empezando por hacer es su trabajo u obligación, y aquello nos tiene pagando las consecuencias. 
La emergencia es sanitaria, pero ha desatado otras emergencias. No exactamente la referida posible pérdida del año escolar – porque como ya se dijo al principio – la prioridad sobre cualquier otra prioridad es la salud. El tema educativo no implica vaya a dejarse de lado sin resolver lo que hoy está en cuestionamiento. Por el contrario, debe irse con calma. Hay que parar con tanto cuestionamiento como si éste ocupara la prioridad que nos ha metido en un refugio para no enfermar, agravar y hasta posiblemente morir.
Sería interesante que esta crisis nos enseñara a reconocer que somos bien boca suelta para las críticas, debates y discusiones, haciéndonos perder – como parece quisieran otros así suceda – el respeto y la dirección de a quién verdaderamente debiéramos exigirle las explicaciones y respuestas satisfactorias del caso.
Educación, empezando por el Estado, es un tema donde cada quien parece jalar agua para su propio molino. Si el asunto es Educación, hay que partir por el deseo de ubicarse en una plataforma común en la que todos los involucrados pudieran pararse de modo tal que no se mire ni las perspectivas sean a veces tan indiferentes con la realidad del otro. Este tema y la propuesta estará considerada en un próximo artículo. 
Hay una emergencia inmediata devenida de la emergencia sanitaria, esa es la desaparición del poder adquisitivo. La poca plata hecha humo porque sorpresiva y bruscamente se nos fue sacado del juego. No se hace nada o se hace poco sin plata. No se compra nada sin plata. No se come sin plata.
Si la emergencia es por salud, por salud tendría obligación “Papá Gobierno” de haber previsto cómo atender la demanda de sus hijos cuando no tuvieran con qué paliar el hambre. No era desconocida ni insólita esta situación desatada. Sin embargo, es doloroso que se sepa haber plata y ésta se destine o quiera destinarse a lo que, por el momento, no es la prioridad que justamente lo obligó a sacarnos de las calles, suspendiendo las actividades que remuneraban siquiera para no tener que mendigar a nadie. 
Los peruanos nos debemos a un Gobierno, y éste se debe a todos los aproximadamente 33 millones de peruanos. No sólo se trata de capacidad para romper el chanchito. Cualquiera lo hace. Tampoco, de excusar la ayuda. Se trata de capacidad para gobernar por su nación.
No se ha convocado a esos casi 33 millones de peruanos para que el discurso de “Papá Gobierno” si contemple a "todos" y "juntos" sin dejar de lado a nadie. Porque quienes no están en ese “todo” y “juntos” son justamente los del gobierno. Tampoco, estarían quienes igual o posiblemente la siguen viendo a fin de mes. Es decir, quienes tienen su plata segura cada fin de mes durante todo el presente año al estar debida y anteriormente presupuestada. También, no están quienes no han paralizado sus actividades comerciales y de servicios, y hoy más que ayer con alta demanda que oferta. Y, desde este punto, es donde también parte la discusión de pensiones, remuneración y servicios de la educación privada.   
¿Dónde anda esa unidad que nos dice caracterizar a los peruanos?
Se ha visto que 33 millones de peruanos pueden gritar un gol y estar enganchados frente al televisor o radio durante 90 minutos. Pero, también se ha visto que cada quien sin importarle el otro. Lo que se oye es el grito, y aquello no significa que estemos realmente unidos.  
En este tiempo, y por el tipo de crisis, no una crisis de bancarrota a consecuencia de gobernantes habiéndose levantado el país en peso o haber sido los derrotados en una guerra, las iniciativas particulares o privadas son y deben ser posibles. Pero, éstas no exoneran al Gobierno ni lo suplen de sus obligaciones. 
¿Estamos fregados? – Sí.
¿Podemos salir de ésta? – Sí. Pero, siempre que nos mantengamos alertas para no dejar nos frieguen quienes pudieran o parecieran estar sacando ventaja en esta crisis. También, quienes se quieran excluir del “todos” y “juntos”.
La vida tiene tanto valor que no se le puede cuantificar una estimación monetaria. Entonces, si hoy está en peligro la vida, y no sólo por el contagioso virus sino porque el hambre acecha, no es descabellada la idea de siquiera por esta única vez quien nunca tuvo, quien tuvo poco y quien ahora haya dejado de tener, reciban un mismo bono especial y extraordinario a su nombre para sobrevivir a la cuarentena.        

sábado, 11 de abril de 2020

Versus


Al año 2020, y para lo que nos toca atravesar en esta línea de tiempo, no es otra cuestión sino nuevamente un versus entre seres vivos de mayor evolución: Homo Sapiens vs Homo Sapiens.
Otros, tal vez digan que el versus es entre el Ser Humano y el COVID-19, y es cierto.
Unos más, que el versus es entre El Hombre y La Naturaleza, y también es cierto.
Sin embargo, al haberse puesto en vitrina mundial la exhibición de lo que El Hombre es capaz o hace gala en cuanto a la comisión de otros mayores y grandes males contra sí mismo, no cabe duda que el versus es entre Homo Sapiens, Seres Humanos o El Hombre contra El Hombre.
Mientras tanto, un virus sigue ganando espacio en el lugar de la batalla frente a una incólume Naturaleza expectante por saber, si una vez por todas, el Hombre aprende la lección de no competir en contra de ésta ni en contra de sí mismo pese a saber que el costo podría ser su propia extinción de este planeta.
Enfocado al Perú, tan igual a sus fortalezas y riquezas lo son también sus problemas por el versus entre peruano y peruano.
Aparte de la gastronomía, lo mejor que saborean y parecen disfrutar es la confrontación y derrota del otro.
Desde hace tiempo atrás impera la insana creencia de que el derecho no termina ni siquiera donde empieza el de los demás.
Se ha perdido el respeto entre los peruanos. Lo que explicaría el por qué cualquier foráneo también lo pierde con rapidez estando en suelo peruano.
Nadie parece respetar ya por convicción, y tal vez algunos lo hagan por obligación.
A los líderes de los Gobiernos de turno poco o nada les sigue interesando completar el texto de sus discursos. Sus constantes proclamas de derechos han sido incompletas sin la exigencia de los deberes u obligaciones. Lo que puede parecer intencional si el sentido es distraer a la población de su atención sobre la realidad a costas de la confrontación entre uno y otro peruano en su ejercicio del derecho, pero desprendidos de una mala interpretación que cada quien pudiera hacer cuando el texto del discurso es incompleto.              
Una descripción de esa confrontación es por ejemplo la ligereza y facilidad para polarizar o extremar cualquier asunto del momento. Incluso nimiedades transitorias que las ponen a discusión y debate como cosa trascendente. El panorama empieza a cambiar. Transforma a simples sujetos en contrincantes. Si es por redes sociales, se desgastan en una pugna por el título de quién pega más por escrito. Mientras tanto, relegan todo lo demás importante y verdadero que pudiera requerir la atención o tratamiento prioritario e inmediato.  
Ahí está el caso de aquel soldado, quien fuera elevado hasta lo más alto del cielo y, a la vez, enterrado hasta lo más profundo del subsuelo por dar de cachetadas a un joven omiso al “toque de queda”. La agrupación en dos bandos enemigos fue instantánea. Se enfrascaron en una riña que a muchos parece haberle obstruido el cerebro racional. En ambos bandos no cabían ni el razonamiento o análisis del asunto que no sean los suyos. Se desprendieron despectivos calificativos. Entre tantos, el de miserable a quien se atreviera a condenar al soldado o defender al joven.      
Y, como se dijo antes, poco o nada les sigue interesando a quienes les debiera interesar completar el texto del discurso, ya que en comparación o simil cada peruano es hijo de un papá Gobierno.  
No hay pesimismo al advertir la realidad. Tampoco optimismo sin advertirla.
Dejar de lado dicha advertencia es indiferencia. Entonces, si no se advierte la realidad podría pecarse de pesimismo, y el optimismo pecar de burla o utopía.  
A propósito de la emergencia, a la superficie han salido a flote una serie de severas críticas contra el Gobierno que no es pesimismo. Igualmente, un verbo florido como estimulante emocional de solicitudes y peticiones del Gobierno a la población que no es exactamente optimismo.
Para quienes saben muy bien cómo se vive y sobrevive en el Perú, y en boca del propio Presidente, la emergencia por el COVID-19 ha desnudado la realidad del país.
Sin embargo, no se reconoce culpa alguna. Tampoco, se dice ni se compromete a más nada pese a saberse que la cruda realidad, en todo ámbito, yace ahí desnuda. Ojalá tampoco se pierda el pudor.  
Algunos dirán que no es el momento de críticas. Otros, que lo dejen trabajar. Pero, los textos no están completos. Por tanto, son medias verdades.
Hay razones suficientes para sostener la crítica, y la propia emergencia es una y la principal.
A casi un mes de cuarentena ni siquiera en un estado de emergencia los últimos logran ser los primeros.
En el discurso pueda que los olvidados estén siendo los más recordados en este momento de crisis. Pero, en la práctica, el Estado parece seguir ignorando su existencia. Del mismo modo, los políticos o quienes se encaminan a serlo porque una vez más podrá decirse que para ellos los peruanos olvidados o menos atendidos solamente existen en tiempo de campaña electoral.
El Gobierno está dando muestras de su poder. Ha retirado a toda clase de gentes de las calles. Incluso por días completos. Habría entonces poder si se quisiera hacer lo correcto. No siendo correcto, por ejemplo, generalizar la petición de “quédate en tu casa”, ya que le falta el respeto a quienes sin mirar ni ir muy lejos, y en una gran mayoría poblacional, no la tienen, y si la tienen no la tienen con luz, agua ni desagüe, a pesar de considerarse elementos básicos para una vida siquiera digna.
El retiro de las calles, para evitar el contagio masivo del virus en la población, ha significado también retirarle la oportunidad del sustento, de lo que se ganan a diario, quienes se la buscan en la calle. Aquí, están contemplados absolutamente todos, quienes antes de la cuarentena, no la veían, la veían muy poco y la veían poco, y ahora no la ven.
Entiéndase que la plata no les ha llegado a todos. Se ha repartido mal, y se quiere volver a repartir sin llegarle a todos porque hay quienes ni bonos, ni CTS ni AFP.
La plata repartida en bonos es de todos los peruanos. Si le ha llegado al taxista, quien desde hace 29 días de la cuarentena sigue taxeando, por qué no le ha llegado también a quienes sobreviven de otros servicios o “el cachuelo”.    
Es increíble desnudarse la despreocupación, desorden e irresponsabilidad de los órganos y servidores públicos llamados a evitar que la data de los registros cualitativos y cuantitativos repartan inadecuada y equivocadamente el dinero de todos los peruanos.
Por otro lado, se advierte que la emergencia no ha puesto a todos en emergencia, empezando por quienes son Gobierno. Igual nomás han pasado por caja y recibido sus miles de Soles que le significan su sueldazo de Marzo. Seguramente, y en unos días, el de Abril. Hay mutis al respecto, y la afirmación resulta válida porque hasta la fecha nadie ha dicho lo contrario. Asimismo, ninguno ha soltado de la suya como para pregonar que educan con el ejemplo. Tampoco, por simple solidaridad para que sus palabras se condigan con sus actos. Sobre todo, si día tras día, su proclama en el discurso es que “todos tenemos que colaborar”, así como “juntos y unidos saldremos de esta emergencia”.  
También hay que advertir que la emergencia está generando el retiro de montones de Soles provenientes de las arcas o erario nacional. Millonarias sumas, no sólo para cubrir los bonos, sino para gastos que luego la contabilidad se encargará de cuadrar. Sin embargo, no cabe duda que se emitirá una enorme factura pendiente de pago. La misma que parece la pagarán justamente quienes no fueron beneficiados con ningún bono ni recibieron ningún aporte de parte del Estado. Y, lo peor de todo, quienes no hicieron el posible consumo que se anote como concepto en dicho cobro.
Que la emergencia no provoque un lapsus mental al Ciudadano de A Pie en cuanto al nivel de corrupción existente en el Perú.
Hace bastante rato que la plata está fuera de las bóvedas. Ojalá, no en manos de quienes saben cuadrarla en la contabilidad. Tampoco, en quienes la malgasten en adquisiciones o contrataciones descaradamente sobreevaluadas o innecesarias, y que después se pretendan exonerar de cualquier culpa debido al estado de emergencia.
Es fácil saber si le tocó lo que debería de tocarle a quien dijo el Estado haberle dado. Asimismo, lo adquirido y comprado según dijo el Estado haberle costado y a quién haberle pagado.  
Ya han sido vistos y hecho público algunos posibles actos de corrupción. Sin embargo, también parece haber justicia y prensa parcializada que ve por conveniencia darle al Ciudadano de a Pie la primicia de haberle caído con todo al hombre que insultara a la policía. Mientras tanto, no se dijo más sobre lo que insinuara el presidente en cuanto al castigo del funcionario público corrupto y su previa posibilidad de librarlo de la denuncia o culpa por haberse equivocado en sus funciones a motivo del nerviosismo frente al estado de emergencia.
Mal harían la prensa y la ley, si justamente en este estado de emergencia, voltearán la mirada para dejar de ver a quienes ya pudieran estar en malas mañas con lo que no es suyo sino de todos los peruanos.
Aún no es tiempo. Ya llegará el momento de agradecer y aplaudir a quienes se lo merezcan.
Hoy, y dado que mantenerse sano es la prioridad, sólo es el momento que cada quien haga lo correcto. Cada quien cumpla con lo suyo. Cada quien obedezca. No es momento para dársela de pendejos!!!                       
                            

          
      
              
      

miércoles, 1 de abril de 2020

Y después nos quejamos...

No se crea que haciéndole llegar actividades tras actividades a los niños para imprimir en el papel - remotamente vía internet desde que iniciara la cuarentena - califica la institución educativa de acuciosa, emprendedora, laboriosa o esmerada.
Del mismo modo, no tendría calificativo de indiferente, desidiosa o displicente si aquella hubiese hecho todo lo contrario.
Y, entre ambas, tampoco califica de prudente, moderada, juiciosa o tolerante aquella que hubiese actuado al arreglo de un término medio en este tema.
Se ha decretado un estado de emergencia nacional, y por el mismo una obligatoriedad a resguardecerse en casa, porque se ha puesto en prioridad - sobre cualquier otra cosa - la salud de cada uno de los 33 millones de peruanos frente a una terrible amenaza contra la vida.
Es como debe entenderse porque no hay algo más allá de lo serio y peligroso para utilizarse el vocablo "emergencia".
Bajo este concepto, y las disposiciones del Gobierno, se desprende que cada quien es el único responsable de uno mismo y de su propia familia guarecida bajo un mismo techo durante el tiempo que dure la cuarentena. Algo así como debiera suceder siempre en cuanto a responsabilidad de los suyos, pero esta vez hay que hacerlo sí o sí porque se ha condicionado con la obligatoriedad de no poder salir a la calle.
Sin embargo, oír que "la educación debe continuar" se escucha a haber cedido a una presión claramente distinta al interés real del Gobierno por todos, y sí por unos cuantos que no son necesariamente quienes componen la asistencia a las aulas de las escuelas de la educación pública.
Nadie es menos ni más inteligente en 28 días.
Para el modelo educativo, y en sus propios términos, se diría: ¡Nadie pierde ni logra más capacidades ni competencias en 28 días!
Tanta preocupación preocupa.
Déjeselos tranquilos en casa, y sí en este momento preocúpense más en cómo hacer llegar a todos los hogares - justamente a esos cuyos menores asisten a la escuela pública - el mayor apoyo y ayuda necesaria para evitar no se extremen la tristeza, la angustia, el resentimiento, la cólera ni la desesperación, al ni siquiera saber cómo palear el hambre que en muchos casos, y a 17 días de la cuarentena, debe haber empezado a dar más miedo que la propia enfermedad.
Si fuera o no cierto el refrán que dice: "no hay mal que por bien no venga"; bien pudiera hacerlo cierto en esta oportunidad el Gobierno para que así la mayoría de peruanos necesitados y otros en el olvido siquiera crean tener a alguien realmente preocupado en su salud y bienestar.
Por otro lado, si verdaderamente se quiere educar, y tenga sentido la frase: "la educación debe continuar", el Gobierno debiera reconocer que su discurso es breve y se esfuma prontamente en el aire cuando toca el punto de la desnudez de lo mal educado que está el pueblo. Inmediatamente salta a otro discurso, el emocional, solicito de la unión, la fuerza y el triunfo, con el que se cree conmover para olvidar el anterior discurso.
No sé si este Gobierno lo haga. Pero, si se sabrá quién lo haga cuando se deje de hacer lo que no educa, y no educa cuando la ambición descrita en tanto papel hace levitar al sistema de la realidad donde se hayan la mayoría de nuestros niños y adolescentes de la Educación Pública. Llámesele ambición también si levitar ocurre de modo intencional.
Si el actual gobierno es la continuidad del mismo que ofreció un plan de gobierno capaz de alcanzar desarrollo y prosperidad del país; por ende, de los peruanos olvidados y los que menos son atendidos, la pregunta es dónde está el plan de educación, ya que si se sigue haciendo lo que hace dos décadas atrás se impuso a rajatabla hacer sin haber hasta hoy el resultado visto y trascendente de una generación educada en altas capacidades y competencias, es que el interés para una minoría es otro totalmente distinto para la mayoría.
15 más 13 suman 28 días de cuarentena. El 06 de Abril, día 22 de la cuarentena, dizque se inician las clases virtuales para quienes usan y gozan del internet. Quienes no, televisivas. Quienes no televisivas, radiales. Quienes no de nada, es tu problema papito lindo.
En la camisa del presidente y de sus ministros se lee inscrito: "El Perú primero". Lo que en buena onda debe entenderse que... "por ende", el peruano primero.
Pero, habría que preguntarle: ¿qué peruano?