viernes, 22 de noviembre de 2024

Errores Pedagógicos

Es importante evocar lo que aproximadamente algo más de dos décadas atrás se suscitó con aquello de un nuevo modelo pedagógico impuesto dentro del sistema educativo escolar, del mismo que se hizo gala en ese momento con la propaganda de verse sostenida por mejores y actualizadas teorías del aprendizaje, pero en clara alevosía comparativa con el modelo pedagógico – dígasele tradicional – vigente hasta ese entonces, porque también ocurrió el hecho extremo de despotricar contra el modelo tradicional, descalificándolo a un nivel de obsoleto e intentando – a través del recordado y obligatorio “PLANCAD” del año 2000 (Plan de Capacitación Docente) – desterrarlo hasta de la propia memoria del profesorado, bajo el argumento de ser un modelo obstruccionista para la aplicación de la propuesta del nuevo modelo de logro de aprendizajes.

Asimismo, es interesante recordar que, tanto su propuesta como diseño, fue inconsulta; es decir, el profesorado fue tomado de sorpresa, y su imposición degeneró, cualquiera de las posibles buenas intenciones pedagógicas del nuevo modelo, en una desorientación que hasta hoy mantiene, tanto a la tarea educativa de la mayoría de las escuelas públicas como a la labor docente dentro del aula, en inagotables errores pedagógicos.

Desde su aparición e imposición, el nuevo modelo pedagógico se ha visto plagado de ajetreos y de un cúmulo de términos, procesos y acciones pedagógicas, que lejos de advertir no haber generado los aprendizajes esperados durante estas más de dos décadas inmersos en el mismo, se siguen imponiendo con carácter de obligatoriedad en su cumplimiento. Lo que ha conllevado a mutar hacia un modelo pedagógico, no exactamente visto enriquecido por los diversos aportes, ahora hasta de la neurociencia, sino en una entera paradoja sobre lo que pudieran sostener los mismos.       

“Alice es una niña hábil para comprender la transición de las unidades a decenas, y lo evidencia con sus aciertos verbales y por escrito al resolver los ejercicios prácticos de desafío sobre el tema de clase. Sin embargo, la actividad seguida, inmediata y obligatoria es obligarla a dibujar 23 objetos iguales en un tiempo determinado. Ella lo hace con cierto desgano y la profesora ha preferido elogiar a un grupo por dibujar a tiempo, no advirtiendo el desgano de Alice”.

“Carlos enrostra su diploma de participación destacada en el proyecto de emprendimiento a sus compañeros de clase del 5to. Grado de Primaria. Cuatro estudiantes, incluido Carlos, hicieron una ostentosa presentación de cupcakes y se apoyaron de una también ostentosa y colorida gigantografía para leer los ingredientes y preparación. La profesora no se cansó de los elogios y comparaciones al grupo. Mientras tanto, otro grupo de estudiantes observaba su cartulina decorada y escrita a mano, sin haber tenido algún tipo de consideración”.

“Malena, una madre de familia, dice estar agobiada por el exceso de actividades en la escuela de su hija. – Son imparables – menciona. Juana, su vecina, le responde a Malena que no cree sean tantas o más que en la escuela de su pequeño hijo. Ambas empiezan a enlistarlas y concluyen que, no solamente son excesivas, sino repetitivas cada año. Es más, agregan finalmente que son ellas las que terminan haciendo los trabajos, y que cada actividad implican gastos tras gastos, y no ven que aprenden sus hijos con tanta actividad”.

“A Roberto, un padre de familia, lo han citado en el colegio porque su hija – quien cursa el nivel secundario – lleva el cabello suelto. Ella no lo luce desaseado, ni despeinado, solo suelto, pero la obligan a sujetarlo con una cola. Roberto ha dado un vistazo siempre a la presentación de las alumnas a la hora de ingreso al colegio porque es quien moviliza a su hija al colegio, y da cuenta al colegio que su hija no estaría en falta”.

“Luciana, una alumna del 4to. de secundaria de un colegio, le ha dicho a su tía que no le parece justo que en las olimpiadas hayan premiado a todas por igual porque ella, no solo se puso en mente la competencia, sino entrenó y se esforzó para alcanzar un triunfo, el mismo que lo logró”.

“A Juan le piden que señale las partes de su rostro y cuerpo y lo hace sin equivocación. Tiene 4 años. Lo aprendido lo hizo en casa. Está punto de terminar el año escolar y no reconoce ni diferencia su lado derecho e izquierdo de su cuerpo”.

“Sofía, madre de un estudiante de 5to. de Secundaria, lamenta su situación económica que no le ha permitido cambiar a su hijo a una de esas escuelas de mayor exigencia académica. Dice hará el esfuerzo siquiera para matricularlo en una de esas academias preuniversitarias para que empiece de cero porque en ese nivel parece estar académicamente su hijo, y eso que él bastante responsable y esforzado con sus estudios”.      

Lo anterior mencionado, no solamente son unos cuantos ejemplos de lo desconfigurado que está el tal modelo pedagógico, sino que tales ejemplos están vueltos repetitivos y comunes en muchas y distintas escuelas públicas; consecuente y lamentablemente es el estilo pedagógico, conteniendo una narrativa social, que no quieren advertir las autoridades educativas del porqué no se progresa en el sector de la educación pública a través de los aprendizajes. Asimismo, no hay escuela pública que arriesgue variar ese estilo, y ello por temor a la supervisión de la UGEL, ya que siguen dando muestras de tener a cuestas la única consigna de hacer cumplir las disposiciones, directivas u orientaciones pedagógicas sin dudas ni murmuraciones, y satisfacerse con cuanto evento programen y publiquen en redes las escuelas públicas de su jurisdicción.

Son más de dos décadas sin esos resultados de aprendizaje y trascendencia de estos que, a su vez, fueron el sostén y la novedad sobre la aparición e imposición de aquel modelo pedagógico. Académicamente, saben menos los estudiantes; por ende, hacen menos. En lo actitudinal, el profesorado anda prefiriendo evitar cualquier participación en alguna intervención sobre la conducta o comportamiento de los menores porque se ven amenazados también con cualquier posible denuncia en su contra que puede venir del lado de los padres y de su propia institución; entonces, simplemente dejan pasar los sucesos, incluso aquellos que a toda vista son una posible bomba de tiempo hasta en un futuro inmediato.

A ese ritmo y estilo pedagógico parece que las comunidades educativas se han acostumbrado. Cada año es lo mismo con aquello de los pésimos resultados de aprendizaje, pero bien y gracias. Cada año es lo mismo con más y más programaciones de actividades escolares añadidas a las del calendario habitual de celebraciones como lo son: el Día del logro, las ferias de emprendimientos, las ferias de ciencias, los festidanzas, las olimpiadas y un sinfín de tareas grupales y exposiciones asignadas, que se verán publicadas en las páginas de las escuelas, describiendo habilidades y competencias generadas, pero que definitivamente en la realidad siguen dando pie para decir que, ya no solo es el papel y las redes sociales aguantando todo, sino denotando cierta conformidad y satisfacción de las autoridades educativas y el propio profesorado con el hecho de aparentar educar en un mundo educativo de maravillas.

Hay que cambiar esa narrativa social, dándole una real independencia y autoridad a las escuelas públicas para que lleven a cabo su mejor propuesta porque de eso se trata la profesionalización docente y el liderazgo pedagógico. Enmarcado sobre ello el respaldo de las mayores autoridades educativas y del propio Estado para solicitarle y hasta exigirle a los padres de familia el cumplimiento de sus obligaciones, ya sea acompañando la tarea educativa o dejando educar a quienes lo saben hacer.

Ya es hora de advertir el error, y aunque por ahí digan que los resultados de cualquier cambio sobre el mismo no serán inmediatos, habrá que decirles que un día menos es un día más de letargo sucumbidos en los errores pedagógicos.                                                                 

                                                                                                            







                  

               

      



jueves, 12 de mayo de 2022

Vuelta la presencialidad, ¿vuelto todo?

No querer ver ni oír que una mala sociedad es el reflejo de una mala educación, resulta la causa de los problemas que mantienen en permanente confrontación a sus ciudadanos. Si esa misma mala educación va en aumento – dígase, son más los malos educados – no sólo serán mayores, sino graves los problemas; entonces, irá decayendo lo poco que va quedando de la posible sana convivencia, así como la sostenibilidad, el desarrollo y demás. Lo que no describe un pesimismo, sino la cruda realidad que se le demanda ver y oír a todos a quienes se le ha designado un rol o conferido una autoridad a nivel societal porque sin su atención ni entendimiento se hace cierto tanto aquello de que todo se debe a un oscuro plan cargado de malas intenciones como a cobardías y desaforada mentecatez.                 

Si se mira hacia las escuelas, no basta que a éstas se las obligue a la elaboración de proyectos, planes e idearios de formación y/o educación integral, porque además de abarrotar de documentos los archivos, visto está que – sino todas – casi todas las escuelas no trascienden más allá de cuánto anotan y/o “actualizan” año tras año en el papel. Tampoco, basta cifrar una expectativa en la vocación docente, esperando sea ésta la que motive la trascendencia más allá de lo que se diga en tales anotaciones, porque también visto está, y salvo excepciones, que la vocación anda medio desnaturalizada, habiendo quienes la condicionan a la oportunidad de lo que ofrezca la ocasión. Entonces, lo que debe suceder aquí – aunque las escuelas sean a veces su propio verdugo – es empezar a negar esa posible mala creencia de que son vistas, por su autoridad educativa local, como “buenas escuelas” todas aquellas que se allanen a cumplir, así sea por cumplir, con toda la documentación y demás obligaciones que dichas autoridades le exijan o requieran. Acto seguido, deben establecer e iniciar la práctica cotidiana de todo acto, conducta y/o comportamiento que dé cuenta del sentido de equidad y codependencia entre deber y derecho cuando los mismos se ponen en ejercicio; ya que urge detener la creciente y acelerada distorsión, dada tanto en grandes (adultos) como chicos (aprendices), y por el que está malentendido de que cada quien puede hacer lo que le venga en gana por simple derecho. Asimismo, si por menester – devenido tal vez de la religiosidad, tradición y/o representación emblemática – hubiera ciertas escuelas ejerciendo esa práctica, definitivamente deben intensificarla porque está visto que el sentido humano y pedagógico de su propósito no prima, sino anda vuelta una práctica autómata: Del mismo modo, deben estar y ser todos quienes se vean involucrados, así como incorporados a la práctica. Urgen escuelas interesadas en caracterizar su realidad institucional, pero no más en cuánto se sirvan anotar en el papel, sino en cuánto a más se sirvan hacer de lo anotado. De lo contrario, vuelta la presencialidad a las escuelas, vuelto también los malos comportamientos y las malas conductas, pese a la supuesta mesura y moderación que una pandemia (por un virus mortal) debió provocar. Si se vuelve a mirar hacia las escuelas, si debe bastar que, a cada quien la conforma, y todos, si se los obligue a involucrarse e interesarse en prácticas distintas que eduquen más allá de lo académico y fuera de las aulas.         

Si se mira hacia los hogares, es cierto que los primeros aprendizajes, de quienes son hijos, es responsabilidad y obligación de quienes son padres, pero está visto que son más los padres ausentes, y ausentes aun físicamente convivan bajo el mismo techo con sus hijos; entonces, también son más a quienes se les hace difícil, no solamente la socialización con sus pares u otras personas, sino la obediencia o adaptación a los  buenos hábitos y buenas costumbres practicadas en la escuela, así como en cualquier otro posible recinto o lugar de socialización y restringido a normas o reglamentos. Si bien aquello de la primera educación se les demanda a los padres, también habría que considerar el hecho de que, no por nada, a las escuelas se las bautizó como “El Segundo Hogar”. Lo que sucede es que mientras siga extremada la sobrevaloración del derecho, seguirá habiendo quienes se desentiendan de sus obligaciones, sobre todo del principal interés personal de cada quien en aprender a cómo ser un mejor papá o mamá para sus hijos. Si se vuelve a mirar hacia los hogares, lo que debe ocurrir aquí es que quienes gobiernan, de una vez por todas, actúen con la firme decisión de respaldar y patrocinar a las escuelas en cuanto éstas acojan la iniciativa de educar más allá de lo académico y fuera de las aulas y en cuanto exijan e intervengan dentro de sus comunidades educativas a fin, cumplan ciertamente sus miembros con sus roles, y de haber aquellos que no saben cómo hacerlo, participen de las orientaciones y enseñanzas de cómo hacerlo o dejen el libre paso de educar a quien supiera hacerlo.

Si se mira hacia las autoridades educativas apostadas en el ministerio, departamentales y Ugeles, se sabrá que éstas sí miran y sí oyen cuando se atrevan a reconocer que en la comunidad educativa han promovido “derechos” a un extremo tal que ha traspasado sus límites hasta el increíble hecho cotidiano de haber quienes, tanto chicos y grandes, no dan cuenta ni arrepentimiento de cualquier posible indebido e incorrecto acto, conducta o comportamiento, y más bien se victimizan y exigen más “derechos” ante quienes los pudieran llamar al orden o la corrección.

           

lunes, 4 de abril de 2022

Enseñar no requiere título. Educar sí, pero...

 


Aclárese la excepcionalidad de los padres, como tema aparte, sobre el pregón del dicho: “quien sepa, enseñe”, con la finalidad de entender que no dice eduque porque “educar” requiere de un título de educador, el mismo que supone garantía de la preparación y capacitación de quien lo ostenta para distinguir la principal diferencia, y a la vez motivo de valoración, del pedagogo frente a cualquier otro profesional distinto al educador.

Ahora bien, y vista nuestra sociedad, los resultados de una mala educación en la escuela pública, no sólo son desalentadores, sino están describiendo la apatía, hecha rutina, de muchos y, pesarosamente, más profesores – salvo maestros – tal vez enseñando, pero no educando. Aquí, tanto Estado como docentes, no escapan de la culpa porque mientras uno parece abocado a ignorar que el modelo pedagógico no aterriza por la peculiaridad del abismal distanciamiento entre realidades tan distintas, pese a que todos somos peruanos, los otros, docentes, increíblemente hasta nos creemos expertos en lo que no funciona, no aplica y mantienen sus logros escritos en el papel.

Tengamos en cuenta que la escuela tuvo una razón precisa y conveniente para que la denominaran “el segundo hogar”, y declinar fácilmente o rehuir con inmediatez a la tarea de educar al niño o adolescente porque debieron “educarlo en casa”, seguramente no la fue. Demás está decir que tampoco lo fue porque se trataba de un albergue o institución de padres suplentes o adoptivos.

Si la escuela – incluida la comunidad educativa – fuera reflexiva frente a lo que le compete en cuanto a la educación básica de quienes han ido y están incorporándose activamente a la sociedad, daría cuenta también de las incidencias ocurriendo en tales hogares por principio de causa–consecuencia de quienes andan convertidos ahora en padres. Sin contradecir lo dicho, entiéndase que a la sociedad la norma y regula el Estado y tampoco ha sido capaz, siquiera por cuestión de orden y obligación, de intervenir – en su caso enseñar – a ser padres educadores a quienes hayan engendrado hijos.

Se ha llegado a un momento donde somos testigos del desafuero, transgresión y fechorías de gente tan acartonada de licencias o diplomas como de aquella tan privada de las mismas, pero tan semejantes y calcadas por la mala educación.

Entonces, para quienes somos profesores no lo seamos del montón, entendiéndose como montón el cúmulo donde parecen apilarse y aglomerarse quienes se someten a las órdenes y razonamiento de cualquiera creyéndolo su líder, y que en una de esas malas consecuencias del pandemónium a que hemos llegado salga elegido presidente de todos los peruanos. Para quienes somos profesores no lo seamos porque el título prescribe que se nos reconozca como tal, sino eduquemos sin darnos por satisfechos que el niño sabe leer y escribir o el adolescente resolver una ecuación porque nuestra sociedad está gritando la necesidad o falta de hombres y mujeres educados, pero en eso que nos distingue como mejores seres humanos.                  


domingo, 3 de abril de 2022

¡¡¡Y eso que es profesor!!!

Al 28 de Marzo del 2022 son exactamente ocho meses de gobierno de la gente de Perú Libre y sus aliados al mando del profesor Castillo. Durante ese tiempo es repetitivo en boca del presidente el uso de dos palabras: “educación” y “pueblo”, y por el tiempo transcurrido, vista una obcecación.

Asimismo, no cabe duda que al Sr. Castillo, no sólo un sector no lo quiso ni quiere como su presidente, sino se le han ido encima; y también por el tiempo transcurrido, vista una persecución para importunarlo y alcanzar acorralarlo hasta el atosigamiento que lo pudiera conllevar a un siguiente mensaje a la Nación donde renuncie al cargo de presidente.

A la par de los hechos descritos, transcurren los embelesados en sacar ventaja durante estos ocho meses de gobierno a la confianza, familiaridad, compadrazgo, amiguismo y condición partidaria o de paisano chotano con el presidente, para la adjudicación directa e indirecta de servicios, obras, asesorías y cuanto demás traigan consigo réditos pecuniarios; del mismo modo, colmar o acomodarse – si fuera posible en todos – los cargos y puestos de los sectores del Estado.

Con respecto a la educación, ésta ya fue anteriormente declarada en emergencia durante el gobierno del aún no extraditado y corrupto presidente Toledo. Entendiéndose por estado de emergencia lo que exige una inmediata y oportuna atención para que – dígase “el paciente” – no se agrave, sino se estabilice y vaya recuperando la salud. Sin embargo, han transcurrido dos décadas y las muestras son haberle recetado un paliativo o seguir en la cola esperando el turno de atención. Entonces, si el presidente Castillo anuncia, vuelva a anunciar y sigue anunciando que ha declarado la educación en emergencia, se podría creer que al fin no más paliativos o no más la cola de espera porque llegó el turno de atención; sin embargo, eso no pasa… ¡¡¡Y eso que es profesor!!!

Si lo que se repite hasta el cansancio es “educación” y “pueblo”, bien podríamos decirle al presidente Castillo que no lo diga más, sino haga más, porque justamente al pueblo que él refiere le han dicho tanto y demás que también se le puede ir encima sino se hace realidad lo que, una y otra vez, tanto repite.

Al pueblo hay que educarlo porque tal como decía el padre de mi padre: “a Dios se le pide sueño, no cama”. Sin dejar de entender que un sueño sobre un confortable colchón y buena cama es mucho mejor. Sin embargo, a la escuela pública, no sólo sin colchón ni cama, sino sin poder conciliar el sueño. En la gravedad del caso, ocurriendo incluso aquí cerca nomás.

Puede incrementarse el presupuesto en educación para la infraestructura y mantenimiento de escuelas, nombramiento y contratación de profesores y auxiliares de educación, materiales educativos, aumentos salariales y demás, pero el pueblo sigue mal educado. Eso no se dice. Es más, el presidente Castillo no lo dice… ¡¡¡Y eso que es profesor!!!

Pueda que la meritocracia y las escalas magisteriales estén rindiendo lo suyo, pero mientras no sean para siquiera avistar que el pueblo está siendo mejor educado que ayer, hoy se cumple aquello que define: “no están todos quienes deberían ser, ni son todos quienes deberían estar”.

Sin visionarios u observadores; es decir, educadores que han alcanzado esa maestría a la que refería Makarenko, la educación vagará sin reconocer quién es quién o quién puede serlo. Quien creyó en el señor Castillo se equivocó porque no tiene esa maestría… ¡¡¡Y eso que es profesor!!!

lunes, 28 de febrero de 2022

Tanto titubeo por la vuelta a la presencialidad escolar

Si nos ponemos “en modo análisis” habría que preguntarse cuáles fueron las razones por la que los niños no fueron prioridad apenas existió la vacuna contra la Covid-19. Entonces, recopilando las informaciones y opiniones médicas y científicas de ese anterior momento, se concluye que los niños eran el grupo humano etario con menos vulnerabilidad o riesgo ante la enfermedad debido a su condición biológica y física en constante desarrollo y crecimiento; lo que procuró su encierro, no tanto para evitar su contagio, sino evitar puedan contagiar a los posibles familiares de mayor vulnerabilidad existentes dentro de sus hogares.

Siguiendo con el análisis, también habría que recordar para qué sirven las vacunas y porqué una vez nacidos empiezan a vacunarnos contra una serie de enfermedades enlistadas en una cartilla personal de vacunación. Entonces, es simple entender y concluir que no vamos a padecer, agravar ni morir de cierta enfermedad contra la que estemos vacunados. Lo que no quiere decir que dichas enfermedades desaparezcan o nunca enfermar, sino que sabemos cómo evitarlas y combatirlas al convivir con su existencia durante el transcurso de nuestras vidas.

La vacuna Covid-19 está aplicada en alto porcentaje de numerosidad poblacional a los grupos etarios de alto riesgo como adultos mayores, población con morbilidad y demás, seguido de adultos, jóvenes, adolescentes y niños hasta mayores de 5 años de edad. Lo que implica que, en cuanto a la comunidad educativa, sus miembros están debidamente vacunados; y si alguno no lo estuviera, no podría ser parte de la misma, debiendo cada escuela dar a saber a su comunidad educativa y autoridades pertinentes los casos en mención.

Como para cualquier otra enfermedad, y muy aparte de la vacuna, están los hábitos de higiene y precaución. Sin embargo, frente a la Covid-19 su cumplimiento no es cuando quiera y como pueda, sino siempre y bien hecho; es decir, que, en cuanto al aseo personal, el uso de prendas limpias, el uso de mascarilla, el lavado y desinfección de las manos, la limpieza y desinfección de objetos y áreas o zonas de alto tránsito o reunión, su cumplimiento es estricto, bien hecho y con suma frecuencia.

Otro aspecto, tal vez algo contrario a las medidas, pero alentador en los hechos, es últimamente no haber significativo registro de mayores contagios ni casos de agravamientos pese a la casi vuelta a la normalidad de diversas actividades realizadas en establecimientos cuyos aforos acaban de aprobarse a su 100% de presencialidad. Ni qué decir del día a día visto en las calles en cuanto a las ocurrencias de permanencia y tránsito en las mismas. Entonces, a diferencia de las posibles omisiones sobre salubridad de la gente en las calles, lo que ésta refleja es que la vacuna está funcionando como escudo en la población vacunada.

Para ser más exactos, 02 años son 730 días de los cuales la niñez y adolescencia ha visto interrumpido también su desarrollo y crecimiento en aquel aprendizaje que va más allá de una sesión de clase programada para lo presencial o virtual, y éste es aquel donde casi todas las teorías de aprendizaje tienen su asidero sin necesidad de la intencionalidad formal y programada descrita en el papel. Entonces, y dadas las razones antes expuestas, no volver a la presencialidad o “un medio volver” igualmente son menoscabar, no sólo tales aprendizajes no ocurridos en tiempos de pandemia, sino retrasarlos una vez más. Considérese también que habrá niños no volviendo sino yendo, por primera vez, a la escuela presencial después de la experiencia – buena o mala – frente a un computador, televisor, celular o radio.

Ahora bien, no volver o retrasar la vuelta por cuestiones de pésima e inhabitable infraestructura es cosa distinta, correspondiéndole a El Estado – esta vez sí o sí – asumir seria y responsablemente su compromiso con la educación. Mientras tanto, en las escuelas bajo condiciones favorables el plan de retorno a la presencialidad, no sólo se basta de la limpieza de sus aulas y carpetas, sino del despojo de toda aquella carga de actividades de la que solía aquejar al profesorado en tiempos anteriores a la pandemia.

Un retorno a clases presenciales es para aprender por partida doble bajo un mismo escenario, siempre que el profesor no quite la vista de encima de lo que ocurre con sus aprendices, y no necesariamente frente a él o ella. Asimismo, el retorno a la presencialidad debe ser otra de las oportunidades para el profesorado de ir descubriendo su maestría.


                                                           

martes, 15 de febrero de 2022

La plata y la educación

Dada que la pobreza no es única sino caracterizada por niveles, en la que incluso se distingue hasta un rango de extrema pobreza, esta misma le juega en contra de su educación a los hijos de las familias pobres del país por cuanto la educación pública, acerca de la gratuidad, es un compromiso a medio cumplir por El Estado; es decir, mientras menos plata tiene una familia más difícil es que sus hijos sean mejor educados en lo que corresponda así concurran a una escuela pública.

Coincidiendo con lo dicho, existe un informe de la Defensoría del Pueblo, suscrito por su entonces representante, Sra. Beatriz Merino Lucero, en el que resalta la diferenciada educación en la escuela pública, y ésa pese a su gratuidad con la que suele promocionarse en cada gobierno. Entonces, sucede que al no funcionar dicha gratuidad porque es incompleta, la consecuencia es que sean las familias quienes intenten completarla con sus propios recursos, siendo cada vez más difícil el acceso de sus hijos a la educación pública mientras mayor sea su pobreza.   

Al bicentenario de nuestra independencia como nación legítima y soberana, y esencialmente en las últimas décadas, no hemos llegado a ninguna cúspide de triunfos y/o logros basados en la escuela pública, pareciendo, eso sí, habernos estancado en el camino o no haber escalado mucho porque si se trata de mediciones ahí están los vergonzosos resultados mantenidos en un tablero de récords; y si se trata de sociedad, ahí están quienes son más haciéndola se describa como mala o menos educada. Lo que no quiere decir que no haya gente bien educada, sino destacar el grado de la dependencia de la plata para poder educarse o recibir una buena educación.   

Sin embargo, la plata y la educación no debería mantener una relación de dependencia o condicionamiento, si a los maestros se refiere, porque suponemos que quienes lo somos no educamos mejor acá, mal allá y peor acullá. Entonces, habría que hacer un mea culpa quienes ostentan un título pedagógico y sirven en la escuela pública, empezando por reconocer lo negativamente vueltos dependientes sobre lo que esperan se les diga hacer frente a su realidad casi siempre disonante o discordante con eso dicho. Del mismo modo, entender que quienes son los llamados a valorar la profesión docente somos los propios maestros, y desde este punto hacerla se respete.

A mí, particularmente, no me preocupa que el profesorado siga embarcado en un navío sin timonel – ojo, no digo líder sindical – sobre un mar embravecido de tanta apariencia, sino que sea el propio profesorado quien no reconozca ni busque a sus timoneles, sometiéndose a lo que digan las autoridades que les van poniendo en frente por quienes realmente no consideran que en la educación básica está el freno a tanto, de tanto, de lo que nos lamentamos como sociedad.              



lunes, 3 de enero de 2022

¡¡¡Al fin, libre!!!

Este tiempo final de clases escolares, definitivamente, fue distinto a cualquier otro antes de la pandemia; y esa diferencia está en el hecho de haber niños y adolescentes habiéndose sentido “al fin, libres” porque para ellos su encierro se fue haciendo más pesado conforme iban dando cuenta que dentro del encierro estaban sometidos a “clases”; las que se hicieron tensas y fatigosas cuando se convierten en una rutina sin lugar a protesta.

El final de las clases escolares ha debido trasladarles anticipada preocupación a las autoridades del sector educación en cuanto a: ¿y qué viene después? ¿Sabe el Estado recompensar el hecho de la sumisión de nuestra niñez y adolescencia en estos tiempos de pandemia? Parece que no, y eso a razón de que las autoridades, y especialmente las educativas, no saben salir de ese “mundo de adultos” ni aun cuando dicen pensar o hacer por la niñez y adolescencia.

Sólo ciertas escuelas se vieron vueltas a la presencialidad – completa o semi completa – pero, haciendo salir a ciertos chicos del encierro al fin. Sin embargo, siendo la población estudiantil tan numerosa era predecible que el malestar del encierro se acrecentara en esa mayoría no contemplada para la vuelta a las escuelas; entonces, el encierro se les hizo más pesado. No se puede negar haber quienes exigían el retorno a la presencialidad escolar. Entre tantos, dizque ciertos especialistas educativos, pero como suele ocurrir también suelen callar una vez ven vistos a la presencialidad a quienes querían ver.

¿Qué hizo tensa y fatigosa las clases escolares?

Pues, haber creído que en la virtualidad todo se puede, al punto de querer hacer todo lo que se hacía en la presencialidad, y me refiero a lo que justamente hace tensa y fatigosa cualquier clase, incluso en la presencialidad… ¡¡¡Las apariencias!!!

Que aquello de “al fin, libres” sirva de reflexión para quienes deciden por los demás, y esto en cuanto a:

Hay quienes quieren abarcar mucho, y ocurre que quien mucho abarca poco aprieta.

Hay quienes dicen innovar, y ocurre que copian… y copian mal.

Hay quienes sólo obedecen, y ocurre que recargan el trabajo docente.     

Hay quienes, hoy, idolatran la virtualidad, y ocurre que ahora ven con cierta reserva a la presencialidad, bajo pretexto de priorizarse la salud.

Hay quienes no son maestros sino solo profesores, y ocurre que aun en la presencialidad se seguirá sin educar.

Hay quienes no se atreven, y ocurre que seguirán encerrados, pero en ideas.