domingo, 31 de enero de 2021

Más de todo eso de bueno

Por naturaleza humana levantamos la mirada hacia arriba, el cielo, en busca de alguien - no digamos supremo, sino particularmente con más de todo eso bueno del saber ser - ya sea para un agradecimiento, arrepentimiento, bendición, petición o intervención milagrosa o mágica en nuestros asuntos, así como una súplica de su cuidado y protección.

De chicos, elevamos esa misma mirada hacia mamá o papá, y de grandes hacia ese cielo. Aunque, hay ocasiones en la que se mira a ese mismo cielo para invocar a nuestros tal vez ausentes padres en este mundo. 

Mientras tanto, consideremos estar sujetos a la mirada de nuestros hijos o, posiblemente, de todos aquellos a quienes pudiéramos representar una imagen digna de imitar como modelos de vida.

También, y sin llegar a mirar tan alto hacia ese cielo, esas miradas podrían motivarse por ocasión laboral, política, religiosa y demás, de parte de quienes pudieran depender de nuestras atenciones. 

De la misma forma, nos tocaría mirar si somos los dependientes.

En ambos casos, levantando la mirada, no hasta el cielo, sino aquí cerca nomás en donde también están quienes tienen particularmente más de todo eso bueno del saber ser. 

Quiero referirme a nosotros mismos, si los fuéramos, o a quienes particularmente están ahí, en esos espacios, tiempos y lugares, desde donde, bajo un cargo y ejercicio de autoridad - llámese poder de decisión - se supone velan o están pendientes de nuestro bienestar, desarrollo y demás atenciones hacia las mejoras de la calidad de vida individual, social o comunitaria. Lo que supone - además del diploma y experiencia - poseer particularmente más de todo eso bueno del saber ser y, por lo mismo, la garantía para no hacer lo contrario.

Entiéndase como aquello más de todo eso, a lo que nos facilita distinguir lo bueno de lo malo y lo correcto de lo incorrecto, así como la descripción de lo que es un ser humano, el don de gente y cuanta otra condición humana que, no necesariamente nos eleve o postule a la perfección, sino sea el reflejo de lo que hemos alcanzado en la evolución.

Pero, so pretexto de ser hoy “otros tiempos" o “tiempos modernos", y ante la indiferencia o falta de atención de quienes pueden “tomar al toro por las astas" para detener tales desbarajustes, hemos empezado a sufrir las consecuencias de sucumbir ante la vorágine réplica y la mala imitación de personajes sin el menor escrúpulo de sus actos y de otros autodenominados rebeldes con causa. Pero, una causa ajena porque también por sus actos no hacen sino mostrarse reclutados como reservistas dispuestos hasta inmolarse por quienes parece bastarles chascar los dedos para activarlos.

Haber llegado a tales niveles es señal que poco o nada sigue importando educar a quienes son el presente y futuro de esta sociedad. 

Particularmente en la escuela pública educar viene resultando toda una ironía basarse en un dizque esplendoroso diseño curricular escolar y una proyección educativa nacional hacia el 2036 escritos en un papel cada vez con mayor gramaje para así aguante se tipee sobre el mismo que aquí se educa en más de todo eso de bueno. 

Miramos allá arriba, hacia ese cielo, suplicando ilumine a nuestras autoridades, pero todo se mantiene lúgubre y sombrío.

Miramos aquí cerca a nuestras autoridades, demandando su atención, pero - ya vistos hasta con el mínimo poder - son indiferentes, inclementes, “vendidos", despiadados, cretinos y, en la mayoría de casos, sin práctica cognocistiva.

Miramos a quienes pudieran representarnos un modelo ejemplar de vida, pero se hace poco porque son más los reclutas de ese otro bando que se nos vienen encima sin siquiera saber el sentido de su dizque modo libre del pensamiento.

Téngase en cuenta que en la batalla contra el virus COVID-19  hay ataque enemigo, pero viniendo desde nuestra propia trinchera. Entonces, dejamos al virus el campo abierto para derrotarnos.

No está perdida la batalla. Hay mucha gente con don de gente y calidad humana.

Estamos necesitando de gente decidida a expectorar a tanto espécimen haciendo de todo, pero no lo correcto ni bueno para que respeto, responsabilidad, conciencia, análisis, pensamiento, criterio, seriedad y calidad no caigan en saco roto.

martes, 19 de enero de 2021

Volver al colegio: ¿sí o no?

Priorizar la salud por el aparecido virus mortal, digamos excusa al Estado de su atención sobre todo lo demás que no sea tal prioridad. 

Sin embargo, y ya que la constante natural es la causa y efecto, ni la prioridad ha detenido tan graves y lamentables efectos porque las causas - sabidas de antemano a la pandemia - poco o nada preocuparon a quienes se les confía el poder y autoridad para decidir por todos los demás. 

La causa de prestarle siquiera algo de atención a un mal trae consigo - también siquiera - la procura de algún remedio como efecto. Pero, no ocurrió antes ni ocurre ahora. Entonces, los efectos son deplorables a causa de no saber sino mostrarnos - casi siempre - con los peores resultados en ocasiones donde las circunstancias exigen actuar con capacidad, competencia y actitud. 

Considérese que al extremo del efecto: “sálvese quien pueda", lo estaría secundando otro extremo de la causa para decir que: “acá se educa a quien puede, y no a quien quiere o se debe".

Si reformar la Constitución es la protesta de muchos, habría que empezar por advertirles que sin Educación, sin Salud y sin Trabajo: atrevida es la ignorancia, no mata la pandemia sino la corrupción y se extrema la pobreza.

Lo más caro por pagar son los efectos de no educar.

No se diga no haber colegios ni profesorado porque los hay. Pero, lo que también hay es una abundante exhibición de conductas - de quienes se supone haber sido educados - sirviendo como medios de pruebas de que el Estado, a través de la educación pública, aparenta educar.

Entonces, volver al colegio, si es para lo mismo, no cambia nada.

Hace 21 años la educación pública cambió. Todo cambio es parte de la evolución. Pero, parece que el cambio por evolución fue más por impostación, imponiéndose se emitan, sin titubeos ni vacilaciones, el sonido uniforme de un léxico que se nos ha dicho - con las excepciones del caso - denotar capacitación y competencia.

¿Volver o no volver al colegio?

Quienes han sabido ejercer su autonomía institucional en cuanto a también saber cómo educar, por guardar las distancias con la impostación, seguramente volverán a abrir sus puertas.

Quienes se han sometido porque creen que la opinión distinta es rebeldía, y por lo mismo serán castigados, mejor es mantengan sus puertas cerradas. Sin embargo, si los mismos lograran entender que la escuela educa tanto a quienes están dentro como fuera de las aulas, logrando se oiga siquiera a alguno de los candidatos, a representar al Estado por los próximos 5 años, comprometerse a situar y revalorar a la escuela pública como recinto del saber, hacer y ser, para dejar de aparentarlo en demasía en el papel, podrán abrir sus puertas, y para estar a tono, "reinventarse" al lado de sus aprendices.