jueves, 1 de noviembre de 2018
BULLYING - ¡Si hablas te irá peor!
Poco o nada del bullying hay en debate o campaña en este momento, y no es porque la cosa anda de maravilla en la escuela con sus aprendices, sino porque seguramente no está de moda allá fuera del país. Esa moda, por la que lejos de estimularnos la creatividad, casi siempre la acogemos para remedar lo que otros hacen tan lejos, ajeno y distinto a nuestra realidad. Es tanto el remedo que, si ocurre allá y no acá, se impone y obliga a "implementar" ocurra.
Desde el preciso momento de obligársele al profesorado a declarar obsoleto el cómo fuera educado para desarraigarlo de su estilo tradicional de educar, imponiéndosele hacer lo que no reparó en su opinión ni experiencia, ha sido la causa de una desorientación pedagógica que ha resuelto creer que el modelo pedagógico lo aguanta el papel, pero no lo soporta la realidad.
Sin embargo, y ya que no hay intención insana en ninguna propuesta educativa, la Ley N° 28044 - Ley General de Educación, prescribe "Autonomía" de las instituciones educativas públicas o privadas. Lo que puede interpretarse como la capacidad para implementar lineamientos y acciones en pro del Saber, el Hacer y el Ser de los aprendices, sin desalinearse en lo que es cuestión de Estado; pero sí, y tal vez, como correctivos sobre lo que es causa de la vigencia de la pérdida de autoridad del profesor, la activación de la cultura de denunciar por denunciar, la mala interpretación del deber y derecho, la incitación a la mediocridad, la ausencia del honor al mérito, Etc.
La educación básica se confía a quienes son educadores, desempeñando su rol en el sector público o privado.
La Educación Básica es obligatoria por cuestión de Estado. Esa obligatoriedad redunda en obligarse el Estado a delinear una estructura orgánica, funcional, legal y cuanto - para el caso - resuelva la valoración de calidad de la Educación Básica.
A la fecha, lo que está activa es la tergiversación de lo que el Estado no pone coto o aclara, ocasionando que todo aquello que tienta al hombre a hacer el mal puede ser excusado con la sola invocación de "los derechos humanos" si el mal está hecho. Sin embargo, nadie tiene derecho a quebrantarle la paz o dañar a otro. Como tampoco, ese otro tiene la obligación de soportarlo. Menos, quien juzgue, posea el deber y derecho para justificar tales malas acciones. Y, no refiero malos actos que tipifican dentro de la penalidad, sino de lo que están siendo aprendidos con una permisibilidad para que se repitan hasta afianzarse, haciendo un feo Presente y proyectado hacia un horrible futuro para quienes son eso... "El Futuro".
La Educación Básica es esa misma: el Saber, el Hacer y el Ser, que se aprende, y con el que todo hombre sostiene su condición humana en calidad de evolucionado, pensante, hábil, capaz y competente, como medios para ir alcanzando su desarrollo a lo largo de sus etapas de vida en todo posible aspecto.
Siendo que el hombre aprende, y sabiendo que los adultos - dígase así - han aprendido y se han desarrollado más sobre quienes son niños y adolescentes aún, se obligan a educar.
Quienes están en aprendizaje de su educación básica aprenden con acierto y, también, con equivocación en el ejercicio inapropiado de lo que creen saber, está mal aprendido o, simplemente, no saben. Entonces, a quienes se les confía la educación básica se obligan a mantenerse alertas sobre quienes les han sido confiados. Lo que no desliga de responsabilidad alguna a quienes asumen los roles de padres y apoderados, ni de las autoridades del sector Educación en cuanto acompañar la tarea docente, para juntos respaldar, incentivar y/o mediar las acciones que, para el caso específico del bullying, exigen lecciones de vida a los involucrados y, a la vez, su rechazo.
La educación básica no es sólo asunto del profesor y alumno, sino de todos quienes pueden complacer y, también, poner los límites sobre el aprendiz.
miércoles, 4 de abril de 2018
“Mayor esmero”
Cualquier
opinión sobre la labor docente siempre será favorable porque a la misma le es inherente
la dedicación, el esmero, la preocupación y todo cuanto la valora y, sobretodo,
la diferencia de cualquier otra labor al servicio de los demás. Lo que implica
que quienes la ejercen no hacen otra cosa sino actuar con tal dedicación,
esmero, preocupación y todo cuanto haga de su labor digna del aprecio y
gratitud. Aquí, no cabe mención monetaria, ni escalas, ni condición contractual
u otras, porque la labor docente, en sí, no se sujeta a ninguna otra condición
que no sea la vocación de servicio.
Sin
embargo, existe en paralelo a la opinión favorable una contraparte que – como va
la cosa – desmerece, no sólo la labor docente, sino el título de profesor.
-
¿Culpa de qué o quién?
Pues,
aunque para algunos cueste aceptar la búsqueda de culpables, corresponde
identificarlos porque sí los hay, y aunque parezca increíble buena culpa la
tienen quienes la ejercen.
-
Mamá, en mi salón de clases se armó tal alboroto entre mis compañeras que
terminó dejando infelices a muchas. / - Dibujamos todo el día. La profesora no
vino./
-
Hay un niño que no me deja en paz. Todo el rato me molesta. No quiero ir al
colegio. / - No revisó la tarea. / - El profesor no me hace caso. / - ¡No, la
profesora dijo que lo hagan como ella dice! / - Ni revisó mi trabajo. / - Otra
vez faltó. / - Sólo hicimos eso. / - La profesora no sabe mi nombre. / - El
profesor huele mal. / - El problema es de casa. / - ¡Esos chicos son imposibles!
/ - Ya hemos hecho de todo. / Etc.
Del
otro lado, buena culpa también la tiene el padre, la madre o cualquier otro adulto,
viviendo bajo el mismo techo de los aprendices, que no educan o, equívocamente,
creen educar en los extremos de la “sobreprotección” o “abandono” del aprendiz en
el sentido de que sea quien se eduque a su propia “interpretación” de la vida.
Cada
quien es responsable, y obedeciendo a la vocación – de un lado – o al amor por
los suyos – del otro lado – debieran obligarse a educar y formar a la niñez y
adolescencia en lo que vaya permitiéndoles reconocer y rechazar las maldades
que nos agobian, así como aprender a incursionar u obrar por el bienestar
personal y colectivo con sus saberes (conocimiento) y saber hacer y saber ser. Que, “no se salgan con la suya” quienes están
queriendo el “divorcio” definitivo de quienes educan tanto en el Primer Hogar como
Segundo Hogar porque no hace sino dividir y discriminar a la población en poca
gente educada y mucha gente mal educada, así es fácil ganarle el voto a la
mayoría para que se siga gobernando para unos y no para todos.
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