No es más ni mejor profesor quien quiera regirse por el nivel o especialidad, así como el diploma ostentado. Para quienes tenemos el encargo de educar, nuestra competencia debe ceñirse a lo que nuestro acompañamiento, facilitación, guía y tutoría, puedan logren Saber, Hacer y Ser nuestros aprendices.
El buen profesor es recordado en cualquier momento, y cada recuerdo lo hace trascender toda vez que evocan su personalidad y sus enseñanzas, validándose de algún modo esa maestría que supuestamente la vocación de servicio debería hacernos alcanzar.
Se hace difícil creer que seamos tantos profesores, pero pocos validando tal maestría. Una de las razones está en haber quienes no ponemos atención a la poca competencia profesional. Otra, sería sucumbir, ya sea por debilidad o desgaste, a la inestabilidad emocional o al modelaje de conductas impropias. En ambas razones con alcance de culpa al propio sistema escolar, y dentro de éste a la imposición de hacer, rehacer y extender para volver a rehacer y extender un hacer, no tanto mal aprendido por haber sido mal enseñado, sino desde el principio mal diseñado.
En cuanto a lo que nos toca, es tiempo de hacer un mea culpa porque - salvo excepciones - hay cierta falta de amor propio a la profesión porque nos dejamos ganar fácilmente. Mirando desde la vereda de enfrente: el profesor "se deja". Nos dejamos apabullar o atacar por la prensa. Nos dejamos asustar e intimidar por la jerarquía. Dejamos menosprecien nuestra opinión, y ésto cuando a cualquiera se le pide opinión sobre la educación menos al profesor. Nos dejamos ganar por la rutina. No sólo dejamos que otros desgasten nuestra figura, sino que lo hacemos por cuenta propia, y éso sucede también cuando el embrollo es entre nosotros. En definitiva: el profesor se deja.
Valoremos que una de las profesiones más sublimes es la de ser maestro. Y, reflexionemos también que no cabe la conformidad de serlo por sinonimia, sino por impulso de la vocación de servicio, los saberes y el don de gente, para como un ser integral serlo siempre por la propia razón de nuestra profesión, encargo y confianza.
Si aún no es maestro desear serlo es el principio, seguido de la competencia y, sobretodo, de empezar por ser de los que no se deja.
La vía remota u online no es impedimento. Ahí está el reto.


