domingo, 28 de febrero de 2021

Al profesor online

Con el inicio de Marzo se inicia también la cuenta regresiva para la vuelta a clases. Siendo para el profesorado el reto de hoy, y no exactamente la oportunidad de ayer, porque - a tono con lo remoto u online - el esfuerzo deberá ser mayor para que nuestra “señal" ni se distorsione ni apague sino llegue con claridad y potencia.

No es más ni mejor profesor quien quiera regirse por el nivel o especialidad, así como el diploma ostentado. Para quienes tenemos el encargo de educar, nuestra competencia debe ceñirse a lo que nuestro acompañamiento, facilitación, guía y tutoría, puedan logren Saber, Hacer y Ser nuestros aprendices. 

El buen profesor es recordado en cualquier momento, y cada recuerdo lo hace trascender toda vez que evocan su personalidad y sus enseñanzas, validándose de algún modo esa maestría que supuestamente la vocación de servicio debería hacernos alcanzar.

Se hace difícil creer que seamos tantos profesores, pero pocos validando tal maestría. Una de las razones está en haber quienes no ponemos atención a la poca competencia profesional. Otra, sería sucumbir, ya sea por debilidad o desgaste, a la inestabilidad emocional o al modelaje de conductas impropias. En ambas razones con alcance de culpa al propio sistema escolar, y dentro de éste a la imposición de hacer, rehacer y extender para volver a rehacer y extender un hacer, no tanto mal aprendido por haber sido mal enseñado, sino desde el principio mal diseñado.

En cuanto a lo que nos toca, es tiempo de hacer un mea culpa porque - salvo excepciones - hay cierta falta de amor propio a la profesión porque nos dejamos ganar fácilmente. Mirando desde la vereda de enfrente: el profesor "se deja". Nos dejamos apabullar o atacar por la prensa. Nos dejamos asustar e intimidar por la jerarquía. Dejamos menosprecien nuestra opinión, y ésto cuando a cualquiera se le pide opinión sobre la educación menos al profesor. Nos dejamos ganar por la rutina. No sólo dejamos que otros desgasten nuestra figura, sino que lo hacemos por cuenta propia, y éso sucede también cuando el embrollo es entre nosotros. En definitiva: el profesor se deja.

Valoremos que una de las profesiones más sublimes es la de ser maestro. Y, reflexionemos también que no cabe la conformidad de serlo por sinonimia, sino por impulso de la vocación de servicio, los saberes y el don de gente, para como un ser integral serlo siempre por la propia razón de nuestra profesión, encargo y confianza.

Si aún no es maestro desear serlo es el principio, seguido de la competencia y, sobretodo, de empezar por ser de los que no se deja.

La vía remota u online no es impedimento. Ahí está el reto.

miércoles, 24 de febrero de 2021

El ton y son



La diferencia de capacidades alcanzadas a un nivel de logro destacado permite justamente seamos diferentes unos de otros. Lo que no implica una diferencia discriminatoria sino valorativa por lo que sería capaz cada quien. Entonces, de ahí es cuando la conjugación de las diferentes capacidades de cada quien - llámese intervención mutua - se ponen a disposición de lo que a estas mismas se les podrían demandar.

Sin embargo, si no es del hombre de quien hablamos, hasta aquí un punto final; no siendo así.

¿Son suficientes las capacidades del hombre alcanzadas a un nivel de logro destacado?

No. Porque quienes serían los más indicados, por tenerlas sumidas en grados académicos inscritos en pergaminos o diplomas, están dando el mayor de los ejemplos de una insuficiencia - llámese incapacidad - para obrar acorde a todo posible modo, forma o manera de regularse la conducta humana.

Entonces, somos más lo que nuestra conducta haga y menos lo que las capacidades digan somos.

La escuela tradicional - salvo excepciones - estaba basada en Saber más, y no tanto en Hacer con ese Saber. En cuanto a Ser, éste sometido al rigor y miedo.

La escuela de hoy, y digo de hoy porque en su imposición dijo ser mejor que la de ayer, está basada en Saber, Hacer, Ser y hasta Emprender. Pero, tanto y nada.

La pandemia ha advertido lo malo más que lo bueno de los peruanos pese a parafrasearse que en la adversidad es cuando surgen las más altas capacidades y logros. 

La mala conducta del adulto, sino se la condiciona o socioculturiza difícilmente se reeduca. En casos extremos el ajusticiamiento hará lo suyo.

Quienes somos educadores no lo somos si frente a las penosas circunstancias no volvemos la mirada hacia la niñez y adolescencia para reflexionar sobre nuestra tarea, la misma a la que le podría alcanzar culpa si son ellos quienes mañana podrían ser igual o peor a quienes vienen siendo los adultos de hoy dando tan vergonzosos y malos ejemplos.

Quien no tenga ton ni son es por ausencia o mala educación.

Quien tenga ton y no son, y viceversa, es por insistencia en el error de una desorientada propuesta educativa.

El ton y son caminan juntos.

El ton y son digamos es cuanto Sé, lo que Hago y como Soy. Siendo el proceso de la educación básica escolar el tiempo, espacio y lugar para su aprendizaje. Lo que no se deslinda del hogar porque tanto la iniciación como continuidad de la misma sobre el perfil del ton y son ocurren bajo techo. 

La escuela pública de hoy, y salvo algunas excepciones, si no hace lo suyo sino siga haciendo lo que le diga otro, será que a los maestros nos han vuelto a vencer.

La familia, y salvo sus excepciones, si no hace lo suyo, siquiera deje que la escuela lo haga y también le diga qué y cómo hacerlo.


 

lunes, 22 de febrero de 2021

La política del mal hombre hecho político


Visto está que la política no es mala en sí, sino son malos los hombres haciendo política. Habiendo quienes son malos por ser irónicamente buenos, pero “unos buenos para nada". Mientras, los hay otros - siendo más - y quienes bien pueden ser definidos como una sarta de pendejos con la única, egoísta y malévola intención de alcanzar el poder sobre los demás para "vivir a cuerpo de rey" a costillas de la ignorancia y pobredumbre de esos demás.  Situación que hace rato debería ponernos en alerta porque tales personajes, si están multiplicados por doquier, sea como titulares o en una sucesión de discípulos, ahijados o herederos del mal, es porque parece haber anuencia y lugar para desatar sus maldades.

La política del mal político tiene afinada la puntería a perdurarse en el cargo sin importar siquiera los posibles roches o faenones denunciados en su contra. Lo que es lamentable porque a tanto robo tanta plata suficiente para tentar a quienes   están vueltos unos mercaderes del blindaje fiscal o judicial, desviando denuncias, acusaciones o, finalmente, liberando de polvo y paja al mal político sobre cualquier asunto en tela de juicio.

Si la reelección no progresa ahí  están los discípulos, ahijados o herederos del mal, postulándose para continuar con la saga.

No le creamos al candidato que diga estar arrepentido.

Busquemos a quien ha hecho obra personal o profesional. A quien ha podido trascender por su gestión, si se tratara de reelección.

La experiencia no es suficiente sin trascendencia. 

Un mal político simplemente oye a las personas que dice velará por ellas. Pero, uno bueno sabe escucharlas, no sólo para saber de sus necesidades, sino de lo que quiera decir.

La política es la política, pero la política del mal deviene de los malos hombres ya sea en política o queriendo hacerla.

Otra vez estamos frente al suceso de una nueva campaña con viejos candidatos terqueando su elección o anteriormente elegidos u ocupando un alto cargo en el gobierno. También los hay nuevos. Lo que nos obliga a no volver a encandilarnos sin antes considerar que:

- Si empieza por ofrecer mucho es porque tal vez quiere mucho.

- Si dice no hará lo que a otro le critica haber hecho es porque tal vez lo hará, y en una copia mal hecha.

- Si se ovaciona, con bombos y platillos, ser el más honesto es porque tal vez lo sea sólo en la propaganda.

- Si se procura liberal, moderno y de mente abierta, es porque  tal vez lo sea tanto que el riesgo inminente será  extralimitarse en todo cuanto vaya en contra del respeto, la disciplina, el deber, Etc.

A estar atentos porque otra vez el poder lo tenemos cada uno de los ciudadanos de a pie, y éste es el voto.  

miércoles, 10 de febrero de 2021

El floro de la calidad educativa

No SABER implica no saber HACER, y si también implica no saber SER, es la gota que derrama el vaso, y no habrá la tal calidad educativa con la que, dizque “consejeros", “asesores” y “especialistas” de la educación pública escolar, justifican sus puestos, cargos y demás.

A casi dos décadas de impuesto este otro modelo pedagógico que, amparara su imposición calificando de obsoleta a la educación tradicional, las evidencias son haber más floro que hechos en sí, así como más acciones en apariencias que educar en sí.

Es una lástima que quienes deberíamos opinar del asunto - salvo claras excepciones - bajemos prontamente la cabeza en señal de toda conformidad. Entre tantos, habiendo unos, aparentando hacer lo que ciertamente no se logra; y, otros, hasta habiéndosela creído ser sus inventores o autores. Consecuentemente, incorporado al vocabulario docente una serie de términos manoseados en el discurso y la  programación.

Si la escuela pública lleva consigo dos décadas involucrada, en hacer lo que le dicen seguir haciendo pese a  lo intrascendente de los resultados, entonces la responsabilidad también alcanza a quienes pudiéramos deponer esa autoridad, otorgada por la naturaleza de nuestra profesión, para que sean otros, no solamente quienes opinen, sino dispongan sobre nuestros propios asuntos. Lo que no implica incentivar a la rebeldía ni desobediencia sino invitar a la reflexión sobre las capacidades que nos definen como maestros.  

La calidad educativa empieza por diseñarse desde el preciso momento que están dadas por entendidas la valoración humana del profesor y el aprendiz como soporte para que cada quien también entienda cuál es su rol y el rol del otro. Lo que comprende - en el rol docente - saber, hacer y ser para enseñar y enseñar para aprender; mientras, en el rol del aprendiz, aprender para saber, hacer y ser.

Si hay comodidad a la hora de educar sería lo esperado, y la comodidad enriquece la calidad, pero no la empobrece. Es decir, aún sin comodidad podría haber calidad educativa en las escuelas públicas siempre que, de una vez por todas, cesen de enfrascar al docente en una tarea de elaboración de documentos que le roba tiempo al despliegue de sus capacidades para hacer una real labor docente.

Medirse la calidad educativa  por cuánto se escribe en el papel es floro.

No es nada difícil el cambio. Es tomar la decisión. La misma que no considera volver hacia atrás, sino rescatar lo hecho como trascendente ayer, para junto a lo hecho de intrascendente hoy, se defina una propuesta pedagógica peruana que sirva realmente para orientar la tarea educativa, y, también realmente,  respete la autonomía institucional; ya que, si de algo hay que enorgullecernos, es de esa capacidad creativa y entusiasta del docente cuando se le sabe dar su espacio, tiempo y lugar.

Si lo que pasa hoy no cambia, la propaganda sobre calidad educativa seguirá siendo floro.

sábado, 6 de febrero de 2021

La vuelta a clases en pandemia

Si la vuelta a clases en pandemia inicia trayendo adjunta la lista de útiles escolares sin su mayor atención, el susto será reemplazado por el desconcierto de saberse siquiera haber una lista. Lo que, y salvo claras excepciones, es una ironía no aprender las lecciones quienes justamente las pudiéramos enseñar.

Los textos escolares son un material complementario a las actividades académicas, y la selección específica, por tal o cual, se justifica bajo razón pedagógica del contenido más adecuado a la propuesta educativa de cada institución. Por lo mismo, es de suponer existan diversas editoriales de textos escolares en el mercado.

Pero, y nuevamente salvo claras excepciones, está vista una casi adictiva dependencia por tales materiales que hace rato requiere tratamiento aún sepamos que su privación desatará terribles síntomas de abstinencia.

El ejercicio de la docencia a nivel de la escuela básica exige mucho del profesor y poco de lo demás. Lo que supone su inquebrantable protagonismo por cuanto es capaz de saber, hacer y ser, no sólo para una clase, sino para toda la vida cuando sus aprendices lo recuerdan por lo mismo.

Hasta el 14 de Febrero estamos nuevamente obligados al encierro. Lo que ha vuelto a implicar obligar a no trabajar a quienes sino trabajan no ganan, siendo una mayoría. 

Antes de la pandemia ocurría que la larga lista de útiles escolares asustaba al padre de familia por cuanto representaba en gastos. Así también la lista seleccionada de textos, aunque en este caso era molestia por la exigencia de su compra.

Con la pandemia, sino todo, casi todo ha tenido que ser distinto, y la misma sigue dándonos lecciones.

La vuelta a clases en pandemia no es volver al aula en sí, sino a   enfrentarse nuevamente a las distintas realidades definidas esta vez por una computadora, laptop, tablet, celular, TV o radio.

Entonces, y reiterada las excepciones del caso, la lección más importante para quienes venimos siendo el profesorado es hacer las cosas distintas este año para dejar de aparentar estar educando.

No estar otra vez el profesor en persona implica desplegar una serie de acciones pedagógicas que empiecen principalmente por hacer saber a los aprendices que sus profesores - aunque lejos - están ahí, juntos a ellos y, sobretodo, interesados en ellos.

Si en lo presencial, la ausencia de un profesor a clases casi siempre se suple con aquello de obligar a los aprendices a sacar un texto para ponerlos a leer o completar los espacios en blanco, no hay peor error hacer sentir lo mismo cuando se supone - aunque remoto - el profesor estar acompañando para motivar y guiar a sus aprendices.

Es momento para considerar que la maestría del profesor no está en cuánto de los documentos de la renovada y exigente “carpeta pedagógica" logre tipear, encuadrar, imprimir y archivar, sino en cuánto es capaz de crear y producir - entre tanto, considerando la autoría de sus materiales - para que a un niño o adolescente lo entusiasme e interese aprender todo cuanto ese profesor tiene que mostrarle.

Habría que recordar que todo antes del ingreso por primera vez a una escuela lo aprendemos en casa, y nunca dejamos de aprender en ésta ni fuera de la misma distinta a la escuela.

También habría que considerar que no es tiempo ni todos tienen los recursos para salir a una librería donde, con lista en mano, empecemos a ir tachando de la lista lo que se va comprando. Para luego, también empezar a forrar por colores y etiquetar cuadernos tras cuadernos. Por lo mismo, considérese otras alternativas para sobrellevar y atender lo que esta pandemia pueda estar ocasionando de malo a muchas familias de acá, allá y acullá.

Por otro lado, el año pasado hubo mucho alboroto y queja del profesorado por sobre a quiénes se le había dado la tarea de educar sin ser profesor o no tener el título pedagógico. Sin embargo, su queja nunca advirtió que tales personas actuaban de profesores frente a la posibilidad que quienes lo eran no lo parecían.