viernes, 15 de mayo de 2020

Padres de vuelta a casa con sus hijos: el Primer Hogar


Han vuelto a casa quienes días antes del 15 de Marzo habían vuelto a la escuela, y quedaron pendientes de volver quienes aún permanecían en ésta.
La escolaridad transcurre esencialmente en las escuelas. No en casa. En el salón, patio, losa, cancha, auditorio, quiosco, pasadizos y escaleras. Junto a los compañeros, maestros, auxiliares y otros miembros. Pensando, hablando, callando, leyendo, gritando, jugando, riñendo, acertando, errando, bromeando, Etc. En conjunto, todo lo que irá representando una añadidura a la primera experiencia de vida alcanzada en el hogar, para cual sinergia constante con el siguiente paso de la formación humana denominada educación básica, deba ir más allá de cuánto aprender a sumar y restar o reconocer sujetos y predicados en una oración, ya que por algo a la escuela se la tuvo que llamar Segundo Hogar.
Por ahora quienes han vuelto a casa no volverán a sus escuelas, y quienes no pudieron volver tampoco volverán por ahora.
Pero, ambos están en casa. En su Primer Hogar. Y, es de suponer que para bien porque está puesta en prioridad su salud – su vida – frente a lo que nos toca vivir.
Según quienes tienen el encargo de educar en la formalidad de una escuela, aseveran que a los chicos les hace falta mucho de lo que tanto debió enseñárselo y aprender en casa. Aseveración con la que no estaré de acuerdo siempre que sirva como excusa y no como estímulo al docente para intentar remediar – en parte o toda – esa falta que pudiera acusar en el menor. En fin, y ya que están en casa, ustedes padres son a quienes les corresponde la prioridad de la tutela, salvaguardia, custodia, protección, amparo, vigilancia y cuanto demás deban hacerlo por amor más que obligación. 
¿Amas a tus hijos? ¿Te aman tus hijos?
Esta vuelta a casa de sus hijos – en la que ustedes también están de vuelta – véase como otra oportunidad para junto a ellos hacer de su casa ese Primer Hogar en donde se enseña y aprende lo que en la escuela u otro lugar se complementa y fortalece. Nunca es tarde. Hagan ustedes el intento, empezando por preguntarse cuánto son capaces por el amor a sus hijos, y no me refiero exactamente a la capacidad material que los pueda llenar o rodear de cosas.
Nadie nace sabiendo. Aunque la evolución del cerebro humano dice lo contrario porque conforme ha evolucionado se sabe de aprendizajes que son parte de éste en su constitución y automatización de respuestas a distintos estímulos. Aun así, nadie nace sabiendo ser padre o madre.
Sin embargo, todos hemos sido hijos. Tal vez, no hermanos si fueron hijos únicos. Pero, sin duda alguna sí hijos, y como tal bien puede ser éste el inicio de cómo aprender a saber ser padre o madre.  
Lo que le faltó como hijo, déselo a sus hijos a montones.
Lo que le sobró como hijo, déselo a sus hijos a montones.
Lo que no dijo siendo hijo, logre se los digan sus hijos.
Lo que sí dijo siendo hijo, logre lo repitan sus hijos.
Los tiempos cambian, pero el amor no cambia.
Si se ama se respeta. Lo que se ama se cuida y protege.
¿Amas a tus hijos? ¿Te aman tus hijos?
Tienen otra oportunidad estando juntos.
Estamos en un estado de emergencia, y esta situación no es buena en el sentido estricto de las feas y malas consecuencias que nos está trayendo, pero es cuando también las familias deben estar más unidas que nunca por amor. Por eso es que nos han puesto de vuelta a casa. Al lado de los nuestros, y no exactamente donde nos puedan unir los lazos sanguíneos sino el mayor de los sentimientos: el amor. Ese amor que en este momento debe unir y no separar a quienes tiene la dicha de vivir en familia.
Antes del 15 de Marzo ya nos estábamos haciendo bastante daño entre nosotros. La convivencia era casi insoportable. La enorme preocupación de quienes somos maestros de escuela es siempre el próspero futuro de las generaciones que educamos. Por eso es que mientras los chicos andaban de vuelta en el colegio, andaba de vuelta también la advertencia de haber hogares incumpliendo con su rol de primeros formadores de la educación base del ser humano. Lejos de ello, padres enfrentándose a la escuela como si esta fuera el enemigo de sus hijos, y en otro de los casos padres no educando ni dejando educar.
Son 61 días de encierro. Pero, también son 61 días al lado de sus menores hijos.
Dichosos quienes la pasan en las buenas, y dichosos también quienes la pasan en las malas porque la lección de vida – aunque dolorosa – será de un mayor aprendizaje.
Sea usted un buen padre o madre. No ordene sin haber antes enseñado. No grite sin haber antes intentado entender a sus hijos. No lastime; menos, si usted antes fue lastimado. No pegue; menos, si a usted antes le pegaron. No le saque en cara lo que hace por sus hijos. No los calle. No los asuste.
Sea usted un buen padre o madre. Dígale lo que espera de sus hijos sin soñar demasiado. Ría con ellos. Hágalos reír. Juegue con ellos. Dibuje con ellos. Enséñele lo que le se le hizo difícil a usted aprender. Dígale lo que no sabe. Dígale lo que sabe mucho. Escúchelos. Corrija. Enmiende. Castigue, pero no maltrate. Respételos y dígales por qué los respeta.
¿Amas a sus hijos? ¿Te aman tus hijos?                       
Una vez encaminado en el cómo empezar a ser buenos padres las lecciones las darán ustedes. Eso lo doy por seguro. 
¡Inténtenlo!                      
     

sábado, 9 de mayo de 2020

Día 55: cincuentena

Al día 55 no he enfermado ni deseo enfermar. Sigo cumpliendo estrictamente con lo que hasta hoy sería una cincuentena que parecía acabar el día 56. Sin embargo, se le suman 14 días que significan un total de 70 días de encierro siempre que el día 24 de Mayo se acabe.
Mientras tanto, durante el transcurso de esta cincuentena se ha pintado de todo y tanto. Entre ese todo y tanto, está la circulación por redes sociales de recetas mágicas de sanación y prevención, así como el negocio del alcohol puro, alcohol en gel, lejía, mascarillas y demás por cuanto la ocasión los ha puesto a nivel de elemento vital al habérsenos dicho que nos defiende y protege contra el coronavirus.
Si se trata de alcohol, las farmacias no lo tienen ni se sabe cuándo llegará. Están desabastecidas por lo menos si se trata de Barranco. Aunque, cierta vez lo hubo en una sola farmacia de las tantas que están en la avenida Grau, pero no quise alargar la fila de compradores porque como no vivo sólo ni somos pocos y la restricción era de un solo frasco de 250 mililitros por cliente con la probabilidad de que se acabe antes de yo llegar al mostrador, lo sensato fue decir: ¡yo, paso!
Lo que no pasa en redes porque la propaganda abunda, comercializándose al por mayor y menor, pero a sobrecosto y bajo el riesgo del engaño de quién es quién con eso de la garantía o el registro sanitario.
Puede que alguien diga que no se les haga caso a las recetas ni se les compre a los especuladores, y es válido. Pero, también es válido que nunca hubo una receta oficial ni preocupación anticipada del Estado. La especulación, si se trata sobre todo del alcohol, era más que probable. El desabastecimiento en farmacias u otros lugares de garantía agudiza la emergencia sanitaria y obliga a la gente a buscarlos en otros lugares no importando el sobrecosto y el riesgo del engaño.
Hay que advertir que tanto temor a sugestionado a las personas, acrecentado la necesidad de huirle o aminorar el temor, no sólo con la encerrona, sino con el uso casi adictivo, ya sea del alcohol puro o en gel y la lejía. Asimismo, con la manía del uso de máscaras, mascarillas, lentes, guantes y demás. Todos éstos convertidos en una imperiosa necesidad devenida de la sugestión que causa el temor o miedo al coronavirus. Sobre este mismo tema, habría que advertir también que el Estado no ha asumido ni se ha visto interesado en proveer a su población de siquiera guantes y tapabocas, muchos están dando mal uso a las mascarillas y guantes creyendo que son irremplazables o de eterna duración; entonces, tampoco así ni se cuidan ni cuidan a los demás.     
Entre ese todo y tanto, está el caso de las FF.AA. Específicamente, el ejército por acá en Barranco. Y, sin afán de generalizar, la observación se hace sobre su presencia y actuar por estos lares.
No sé para qué se las sacó de sus cuarteles. - ¿Tal vez por el uniforme y el fusil? - Pues, cualquiera hubiese sido la razón no resultó porque si las órdenes fueron claras y precisas parece que las mismas fueron mal entendidas o debilitadas conforme iban descendiendo en jerarquía.
Los creí estrictos en el control de la obediencia a todo lo que estaba restringida la población. Una obediencia u obligación que también los incluía como ejemplo por cuanto no debía haber aprovechamiento de las circunstancias para que muchos de sus miembros se sigan movilizando – como hasta hoy – en sus vehículos particulares para resolver asuntos particulares.
Parece que sigue bastando vestir un uniforme para que no haya barricada que le restrinja el pase a un vehículo cuyo conductor es un militar dirigiéndose directamente al mercado, supermercado, banco u otros establecimientos para sus asuntos particulares. Lo mismo, así vistan polo, bermuda y sandalias, ya que el grado parece es lo que pesa sobre el uniforme. Y, lo mismo, para quienes basta y sobra ser un coleguita.   
Como dije antes, sigo cumpliendo estrictamente las disposiciones de lo que hasta el día 55 sería una cincuentena, pero es una decepción haber creído que la presencia militar por estos lares la haría cumplir a cabalidad a quienes siguen osando infringirlas u omitirlas. Y, aunque alguien pueda pensar que es un caso aislado se estaría equivocando porque es parte considerable de las razones del porqué de tanto contagiado y desobediencia.     
La presencia militar se ha visto debilitada. La policial estaba debilitada desde antes. Sobre todo, si quienes empezaron y siguen con el desorden son muchos de sus miembros sacando ventaja sobre los demás peruanos que si se deben a un cumplimiento estricto de las disposiciones. A ellos, le siguen personajes de todos los demás sectores que sabiendo que el uso de su vehículo es para el traslado casa – trabajo, y viceversa, son quienes estacionan con total despreocupación y desparpajo sus vehículos particulares para hacer sus compras en el los mercados, supermercados y gestiones personales en los bancos, como si tuvieran un derecho único y que a todos los demás peruanos se les ha restringido. Acá en Barranco, se los ve por montones y durante todo el día de tránsito durante estos 55 días.
Estaba casi previsto que la encerrona acabaría en cincuentena – así parecía hasta antes de su discurso del Presidente al mediodía –, pero lo será al día 70 – también así parece – y aunque se le siga pidiendo responsabilidad a la población, ésta será igual de irresponsable porque sobran las demostraciones de la que hace gala, no sólo afirmando ser una mal educada población en su mayoría, sino un Gobierno al mando de un Estado poco interesado en educarla bien.
¿Cómo se le pide responsabilidad a una población cuyo Estado ignora o quiere ignorar de qué sobrevive antes del estado de emergencia sanitaria y cómo ha sobrevivido a estos 55 días de encierro obligatorio sin poder hacer lo que hacía para sobrevivir?
¿Quién debe dar el ejemplo de responsabilidad para ganar el derecho a pedírsela a los demás?
Se dice que una de las malas creencias del pensamiento humano es la trasladarle la culpa de sus penas o penurias al Estado. Lo que para otro momento y circunstancia tal vez encaje, pero no para esta ocasión. Menos, si el colapso es la consecuencia de una seguidilla de gobernantes con el antecedente y grave acusación de actos de corrupción.