miércoles, 25 de noviembre de 2020

Educación online: no se pise el acelerador

La pandemia encerró a casi todas las personas - entre tantas - a niños y adolescentes en edad escolar, quienes continúan hasta la fecha atravesando la obligada experiencia de "asistir a clases" bajo el encierro en casa. Lo que los hace, en parte, aprendices online.

Sin embargo, con respecto a la experiencia de ser "aprendiz online", adviértase que si ésta fuera un privilegio - aunque así parece serlo - la misma, y como siempre suele pasar, no le alcanza a todos los aprendices de las escuelas públicas del país debido al arrastre - gobierno tras gobierno - de las deficiencias del Estado sobre lo que no es aún una buena y esmerada atención a su derecho a la educación pública de nuestra niñez y adolescencia.

A pesar de ello, y atendiendo a quienes sí pudieran acceder a las clases online, nunca es tarde para marcar la pauta frente a la impronta aceleración del accionar pedagógico porque, haciendo alusión a una anterior propaganda promovida por el propio sector, lo remoto - igualmente a lo presencial - está resultando toda una contradicción a dicha propaganda, cuya lectura real sería: "no todos están pudiendo aprender, y muchos quedándose atrás".

Para quien educa es imprescindible pensar como aprendiz, ésto en el sentido de saber situarse frente a todo lo que es, en sí, un niño o adolescente, de modo tal que su intervención pedagógica no se ciña a satisfacer a otros adultos sino a quienes se colman de espectativas cuando suelen estar frente a sus maestros, así sea por la vía online. Siendo oportuna la ocasión para valorar a quien opta ser o es un profesional de la Educación, ya que he ahí una principal distinción y, a la vez, una marcada diferencia frente a cualquiera de las otras y demás profesiones.

Salvo excepciones, está visto haber trascendido, de la vía presencial a la online, aquello de correr en contra de un tiempo sujeto a cortísimos plazos tanto para "enseñar” como "aprender", ocasionando que, también vía online, se apresuren y hagan uso de aquella antipedagogía del cúmulo de interrogantes y vacíos académicos que creen ser compensados con la exhausta extensión - casi arbitraria - de actividades, tareas y encargos - casi siempre famélicos por su escasa explicación o mal entendidas en su interpretación - pero que se dan por resueltas por quienes creen que la calidad educativa está medida en base  a cuánto se cumplió con el programa. 

Considérese que el encierro del niño y adolescente, no es sinónimo de "tener todo el tiempo libre". Del mismo modo, y consecuentemente, toda la disposición para obligarlo a hacer lo que hasta antes del 15 de Marzo del 2020 siempre se advierte, pero pocos enmiendan.

Definitivamente, el aula y la casa no son lo mismo, empezando por diferenciar que en el aula el rol es único sea estudiante o aprendiz; mientras en la casa ocurre que frente a una cámara es aprendiz y, simultáneamente, hijo (si el padre o madre se haya al lado o vigilante de sus actos), incluyéndose la cercana posibilidad de también ejercer el rol de hermano mayor, menor u otro. Lo que debería ser el punto de partida de cualquier programación porque    quien educa debe estar interesado en saber a quién educa y en qué educa.

Entonces, al profesorado le pediría calma. 

No pise el acelerador porque lo inclusivo es excluyente si su sesión, cual autobús de servicio público, tiene a un pregonero que dice a dónde va, pero no le interesa quién no sube o quién baja antes de tiempo.

No pise el acelerador porque, si este modelo pedagógico se jacta de pregonar su atención a los ritmos y estilos de aprendizaje, sucede que en la realidad no es cierto.

No pise el acelerador porque, si este modelo también se jacta de haber desterrado de la pedagogía lo memorístico, tampoco es cierto... ¿Sí o no?

No pise el acelerador, no sólo porque otro se lo diga pisar, sino porque hay suficiente argumento pedagógico para ir despacio y llegar más lejos.






viernes, 20 de noviembre de 2020

Escuela: ¿del dicho al hecho cuánto más será el trecho?


Se vive en un tiempo presente a causa de otro pasado, y cuyo tiempo futuro es también pasado y presente.

Lo que quiere decir que, si se vive y convive en un presente difícil y casi insostenible -  señalándose a la mala educación pública como factor de culpabilidad - no es porque "todo tiempo pasado fue mejor" sino por la razón causa y efecto. 

Un claro ejemplo podría ser el tintineo y sonoro reclamo de la pérdida de los valores del pasado, como se oye en el presente, y a la Educación, a través de la escuela, obligando al profesorado a la "anotación en el papel" a modo de su plan de recuperación o búsqueda de dicha pérdida. Pues, aquello es vivir engañados en el presente, añorando un pasado que, siendo también presente en su momento, fácilmente se dejó vencer e irónicamente dejó de valorar sus valores y logros ante un aparecido sistema escolar que le dijo no tenerlos o venir haciéndolo mal. 

En el presente, del dicho al hecho en Educación Básica Escolar Pública hay mucho trecho, y ésto es porque en un no muy lejano pasado - siendo el presente en su momento - una rediseñada currícula del sistema escolar se impuso, con obligatoriedad y sin derecho a la crítica u observación, no sólo para convencer al profesorado de que lo hecho en un pasado - más alejado a este presente - era obsoleto (calificativo dado por tales "rediseñadores"), sino también hacer creer que los logros educativos en el futuro - este presente (hoy) - darían que hablar. 

Lo que es cierto, pero sólo en el extremo de dar que hablar porque en el otro - aquel de los logros - es de suponer, y tras casi dos décadas desde la imposición de la dizque nueva, moderna y vanguardista rediseñada currícula del sistema escolar, debiéramos estar frente a un sorprendente, favorable y admirable resultado de logros, callando tanta severa crítica a lo mal educado que somos. 

Ni la pandemia ha servido de ocasión para la pausa de reflexión tanto a los dizque "especialistas" y "consejeros" en educación como al propio profesorado. Por el contrario, y siempre llevada la cosa al extremo, ya se ve, oye y lee, no sólo a muchos creyéndose los personajes más duchos en materia de "la educación remota", sino - y peligrosamente - dando a entender que ésta ha superado a la presencial. 

Considérese que todo tiempo pasado no fue mejor porque el presente no lo sea.

Entonces, lo que la educación - a través de la escuela - debe hacer, y no hace hasta la fecha, es hacer menos para hacer más. 

Es decir, dejar de voluminizar la Carpeta Pedagógica a punto de convertirse, o convertida ya, en un armatoste o mamotreto, aún luzca colorida y decorada presentación. 

Cada vez se la ponen difícil al profesorado, abrumándolo con disposiciones que obligan a la elaboración, uso y aplicación de lo que ya ni siquiera parece resultar en el "papel". 

Hay que hacer más de lo  bien y mejor de ese remoto pasado, añorado por quienes - en su oportunidad - educaron o se educaron, insertándolo en un diseño curricular dispuesto también con lo bueno y mejor de ese pasado reciente que sigue equivocando y haciendo tropezar al profesorado con mucho de tanto y poco de nada de lo que sigue en imposición hasta en demasía. Y, en ocasiones, haciéndolo negar la verdad pese a que la sabe y experimenta toda vez que está frente a sus aprendices. 

Al maestro no se le da tiempo ni espacio sobre lo que es suyo. Se lo obliga a cumplir, bajo vigilancia y supervisión, con disfraz de "acompañamiento". Lo que les permite a unos cuantos - tejiendo la trama - dispararse hasta el año 2036 con lo que hasta hoy no rinde lo esperado. 

El profesorado necesita espacio y tiempo, pero sobretodo libertad para con poco hacer mucho. He ahí la vocación y el despliegue de todas sus capacidades que más tarde perfilan su maestría. Mientras tanto, el Estado, es quien lo acompaña, respalda, fortalece, capacita y le entrega esa libertad - para que en un espacio y tiempo - haga lo suyo. 

¿Cuándo pasará? 


domingo, 15 de noviembre de 2020

¿Cuándo es tarde?

A la tercera no fue la vencida para levantar la voz de protesta y decir:

¡Basta ya de tanta corrupción en este país!

Sobre todo, y ante todo, cuando ya era el colmo sea venida por parte de nuestros propios presidentes, quienes "sí o sí nos representan" porque, dizque son elegidos por la voluntad del Pueblo, confiándoseles los destinos de la Patria y el futuro de su gente como primera autoridad política del país.

Pues, aún así, a la cuarta tampoco fue la vencida.

Sin embargo, al cuarto presidente, y a casi dos años de su mandato, el Congreso - bajo intereses propios o no - lo vacó por permanente incapacidad moral.

¿Hubo en ese entonces lo que hoy hay? 

No. Se dejó seguir lo que sigue. Siendo aquí oportuno detenerse para la reflexión acerca de lo que hoy pasa. 

Desde el preciso momento que, en pleno gobierno, se sabe sobre actos de corrupción de un mandatario, y tras el antecedente vergonzoso y nefasto de los tres anteriores y últimos presidentes señalándoseles en la comisión de tales actos, se hubiese hecho todo lo que hoy se hace para así... ¡Que se vayan todos! 

¿Era anticonstitucional hacerlo ayer? 

¿Es constitucional lo que se hace hoy? 

¿Cuándo es tarde? 

¿Quién pauta su propia Constitución? 

Por dejar seguir lo que seguía, "constitucionalmente", el Sr. Martín Vizcarra se hizo presidente sin haber marchas ni cacerolazos ni demás que pudieran expresar el rechazo porque sobre todo, y ante todo, al último y cuarto presidente también se lo sindicara en actos de corrupción. Y, ya que el argumento - en boca de quienes protestan hoy - es todo cuanto se motiva del amor a la patria, la dignidad, la moral, Etc., entonces ni él ni nadie, con quienes se postulará en la plancha presidencial, debió sucederlo, así haya sido "constitucional" la sucesión en el mando, porque estaba previsto que la continuidad sería más de lo mismo mientras el Sr. Kuczinsky no resida en palacio pero siga alojándose estratégicamente en su gente mantenida inamovible o posicionada en la cúpula del gobierno. Es decir, no se hizo lo que hoy se hace para que la clase política haya llevado al país a un estado de interminable y pestilente corrupción. 

Pero, también se advierte que este último Congreso no fue impuesto ni hizo su aparición de la nada sino fue reciente y "democráticamente" elegido por, dizque voluntad, del dizque también, soberano Pueblo; y, aquí mismo, nadie cogió el cucharón y la cacerola para protestar ni siquiera advirtiéndose entre esta impetuosa masa juvenil - con considerable decisión de voto - para saber por quién no votar ni eligir a fin, de cesar con esa penosa autoliquidación de una repetitiva mala elección de una clase política puesta al frente, en representación y poder para decidir - a sola firma - por todos, y cada uno de los peruanos. 

Los que hoy marchan y protestan a gritos y cacerolazos dirán que no votaron para eligir al Sr. Merino, pero tampoco denotan una pizca de remordimiento o culpa que reconozca no haber hecho nada - en su oportunidad - para que este señor u otros, tan posiblemente iguales a él de lo que hoy se le acusa, ingresen, escalen, confabulen, convengan y lleguen hasta donde han podido llegar, y quiérase o no, representen a los casi 33 millones, y pico, de peruanos constituyendo esta nación. 

Con el Sr. Vizcarra se contaría al quinto, debiéndose tener en cuenta que si el Poder Judicial ha dictaminado 18 meses de impedimento de salida del país es  porque hay mucho pan por rebanar en su caso. 

En cuanto al Sr. Merino, parece que a la sexta ha sido la vencida. Pero, sería grave que tanta marcha y protesta sea vista por motivación personal contra este señor y no contra toda la clase política en ejercicio, y eso se verá si nuevamente al país se lo deja en manos de quien vaya a enumerarse como el posible séptimo de la lista negra. Por eso es importante también advertir de qué filas provienen tantos peculiares personajes, quienes no sólo cambian de camiseta por doquier, sino se las prestan o alquilan sin importar lavarlas antes. 

Es momento de prestarle atención a todo si lo que han dado a entender es que no solamente se quiere la renuncia del Sr. Merino sino... ¡Que se vayan todos!  

Mientras dure lo que hoy pasa, ¿al 11 de Abril se habrá aprendido a votar para elegir a los indicados que por fin hagan algo trascendente y provechoso por este país y su gente?

Téngase cuidado y hágase algo más que diferente a las marchas de protesta porque, así como hoy, tampoco valdrá decir: ¡yo no lo elegí! 

¿Cuándo es tarde?

Tal vez, nunca sea tarde. Pero, se hace tarde si esta juventud, a la que se la enaltece por su logro en la renuncia del Sr. Merino, y quien por ahí le aclaró a la clase política "haberse metido con la generación equivocada", hoy sólo atinara a hacer lo que hoy hace para luego entrar en un período de letargo hasta otra próxima convocatoria.

En tal sentido, que también se oiga a viva voz - además de Merino - otros apellidos que no los representan ni quisieran los representen, no sólo para que preste oídos la clase política, sino la población de que ésto va en serio. 


martes, 10 de noviembre de 2020

"Plancha quemada"

 
Ya que hay tanto lío en boga habría que desacelerar la versión de infortunias opiniones porque, lejos de despertar repentinos y aparecidos ímpetus - cuasi mágicos - de nacionalismo y democracia, lo que están es azuzando la rivalidad dentro de casa entre gentes de un dizque unido y solidario país. Aunque no debiéramos engañarnos con esto último porque aquí prevalece aquella vieja regla lúdica de salvar cada quien su propio pellejo. 

Siempre es lo mismo con eso de no dar cabida a la pausa - llámesele respiración previa - para atender y entender realmente el porqué de las cosas. Entonces, siempre es lo mismo, estar en lo mismo, pese a la cercanía de los 200 años de proclamados patria e independientes del yugo de un conquistador.

En una plancha presidencial se postulan 3 en el orden de Presidente, Primer Vicepresidente y Segundo Vicepresidente, debiéndose atender y entender que se saben y conocen entre sí, comparten un común ideal o visión patriótica y son dignos de ejemplo. Pero, salvo excepciones, es utopía. Al parecer, y desde que la historia no me la cuentan porque la vivo, uno es igual o peor que el otro. Resulta que, sin importarles lo que pudieran saberse de malo, se juntan, postulándose para alcanzar el poder suficiente de, si se vieran descubiertos, y tal cual ocurre en el Centro de Lima, habiéndose desbocado al extremo de vandalismo, hacer aparecer pseudo líderes intentando convencer haber llegado la hora de hacer Patria. 

Un hombre sabido corrupto y elegido Presidente, por supuesto que tiene el aval de quienes lo secundan en el cargo. Si al mismo se lo rechaza porque la mala maña no se le quita, quien lo reemplaza quiérase no sea peor porque... ¡Que tal junta! 

Quisiera yo no me represente fulano, zutano, mengano y perengano, pero en cuestiones políticas ahí están elegidos para - digamos "a sola firma" - decidan por los demás. Pero, no advertimos cómo llegó. Ahí no hubieron colectivos de opiniones, protestas ni rechazos para no dejarlos llegar. Que, el voto de quienes hoy protestan no lo haya elegido, no los libra de culpa porque - digamos sea creíble ese ímpetu nacionalista o democrático - ese mismo hubiese podido no haberlos permitido llegar donde están. 

Entonces, y como es nuestra mala costumbre, no aparentemos ser lo que no somos. 

Aprendamos a serlo.

Enseñemos a serlo.

Intentemos aprender.

Intentemos dejarnos enseñar.

El cambio se asienta en la Educación.

Pero, ¿quién nos habla seriamente de Educación? 

Empecemos por rechazar a quienes nos los han empezado a embutir en pantalla, radio, redes sociales, Etc. como "líderes de opinión" porque ahí sí sería válido decir que ese señor o señora no me representa en opinión ni representará frente a una curul o sillón presidencial.