lunes, 28 de febrero de 2022

Tanto titubeo por la vuelta a la presencialidad escolar

Si nos ponemos “en modo análisis” habría que preguntarse cuáles fueron las razones por la que los niños no fueron prioridad apenas existió la vacuna contra la Covid-19. Entonces, recopilando las informaciones y opiniones médicas y científicas de ese anterior momento, se concluye que los niños eran el grupo humano etario con menos vulnerabilidad o riesgo ante la enfermedad debido a su condición biológica y física en constante desarrollo y crecimiento; lo que procuró su encierro, no tanto para evitar su contagio, sino evitar puedan contagiar a los posibles familiares de mayor vulnerabilidad existentes dentro de sus hogares.

Siguiendo con el análisis, también habría que recordar para qué sirven las vacunas y porqué una vez nacidos empiezan a vacunarnos contra una serie de enfermedades enlistadas en una cartilla personal de vacunación. Entonces, es simple entender y concluir que no vamos a padecer, agravar ni morir de cierta enfermedad contra la que estemos vacunados. Lo que no quiere decir que dichas enfermedades desaparezcan o nunca enfermar, sino que sabemos cómo evitarlas y combatirlas al convivir con su existencia durante el transcurso de nuestras vidas.

La vacuna Covid-19 está aplicada en alto porcentaje de numerosidad poblacional a los grupos etarios de alto riesgo como adultos mayores, población con morbilidad y demás, seguido de adultos, jóvenes, adolescentes y niños hasta mayores de 5 años de edad. Lo que implica que, en cuanto a la comunidad educativa, sus miembros están debidamente vacunados; y si alguno no lo estuviera, no podría ser parte de la misma, debiendo cada escuela dar a saber a su comunidad educativa y autoridades pertinentes los casos en mención.

Como para cualquier otra enfermedad, y muy aparte de la vacuna, están los hábitos de higiene y precaución. Sin embargo, frente a la Covid-19 su cumplimiento no es cuando quiera y como pueda, sino siempre y bien hecho; es decir, que, en cuanto al aseo personal, el uso de prendas limpias, el uso de mascarilla, el lavado y desinfección de las manos, la limpieza y desinfección de objetos y áreas o zonas de alto tránsito o reunión, su cumplimiento es estricto, bien hecho y con suma frecuencia.

Otro aspecto, tal vez algo contrario a las medidas, pero alentador en los hechos, es últimamente no haber significativo registro de mayores contagios ni casos de agravamientos pese a la casi vuelta a la normalidad de diversas actividades realizadas en establecimientos cuyos aforos acaban de aprobarse a su 100% de presencialidad. Ni qué decir del día a día visto en las calles en cuanto a las ocurrencias de permanencia y tránsito en las mismas. Entonces, a diferencia de las posibles omisiones sobre salubridad de la gente en las calles, lo que ésta refleja es que la vacuna está funcionando como escudo en la población vacunada.

Para ser más exactos, 02 años son 730 días de los cuales la niñez y adolescencia ha visto interrumpido también su desarrollo y crecimiento en aquel aprendizaje que va más allá de una sesión de clase programada para lo presencial o virtual, y éste es aquel donde casi todas las teorías de aprendizaje tienen su asidero sin necesidad de la intencionalidad formal y programada descrita en el papel. Entonces, y dadas las razones antes expuestas, no volver a la presencialidad o “un medio volver” igualmente son menoscabar, no sólo tales aprendizajes no ocurridos en tiempos de pandemia, sino retrasarlos una vez más. Considérese también que habrá niños no volviendo sino yendo, por primera vez, a la escuela presencial después de la experiencia – buena o mala – frente a un computador, televisor, celular o radio.

Ahora bien, no volver o retrasar la vuelta por cuestiones de pésima e inhabitable infraestructura es cosa distinta, correspondiéndole a El Estado – esta vez sí o sí – asumir seria y responsablemente su compromiso con la educación. Mientras tanto, en las escuelas bajo condiciones favorables el plan de retorno a la presencialidad, no sólo se basta de la limpieza de sus aulas y carpetas, sino del despojo de toda aquella carga de actividades de la que solía aquejar al profesorado en tiempos anteriores a la pandemia.

Un retorno a clases presenciales es para aprender por partida doble bajo un mismo escenario, siempre que el profesor no quite la vista de encima de lo que ocurre con sus aprendices, y no necesariamente frente a él o ella. Asimismo, el retorno a la presencialidad debe ser otra de las oportunidades para el profesorado de ir descubriendo su maestría.


                                                           

martes, 15 de febrero de 2022

La plata y la educación

Dada que la pobreza no es única sino caracterizada por niveles, en la que incluso se distingue hasta un rango de extrema pobreza, esta misma le juega en contra de su educación a los hijos de las familias pobres del país por cuanto la educación pública, acerca de la gratuidad, es un compromiso a medio cumplir por El Estado; es decir, mientras menos plata tiene una familia más difícil es que sus hijos sean mejor educados en lo que corresponda así concurran a una escuela pública.

Coincidiendo con lo dicho, existe un informe de la Defensoría del Pueblo, suscrito por su entonces representante, Sra. Beatriz Merino Lucero, en el que resalta la diferenciada educación en la escuela pública, y ésa pese a su gratuidad con la que suele promocionarse en cada gobierno. Entonces, sucede que al no funcionar dicha gratuidad porque es incompleta, la consecuencia es que sean las familias quienes intenten completarla con sus propios recursos, siendo cada vez más difícil el acceso de sus hijos a la educación pública mientras mayor sea su pobreza.   

Al bicentenario de nuestra independencia como nación legítima y soberana, y esencialmente en las últimas décadas, no hemos llegado a ninguna cúspide de triunfos y/o logros basados en la escuela pública, pareciendo, eso sí, habernos estancado en el camino o no haber escalado mucho porque si se trata de mediciones ahí están los vergonzosos resultados mantenidos en un tablero de récords; y si se trata de sociedad, ahí están quienes son más haciéndola se describa como mala o menos educada. Lo que no quiere decir que no haya gente bien educada, sino destacar el grado de la dependencia de la plata para poder educarse o recibir una buena educación.   

Sin embargo, la plata y la educación no debería mantener una relación de dependencia o condicionamiento, si a los maestros se refiere, porque suponemos que quienes lo somos no educamos mejor acá, mal allá y peor acullá. Entonces, habría que hacer un mea culpa quienes ostentan un título pedagógico y sirven en la escuela pública, empezando por reconocer lo negativamente vueltos dependientes sobre lo que esperan se les diga hacer frente a su realidad casi siempre disonante o discordante con eso dicho. Del mismo modo, entender que quienes son los llamados a valorar la profesión docente somos los propios maestros, y desde este punto hacerla se respete.

A mí, particularmente, no me preocupa que el profesorado siga embarcado en un navío sin timonel – ojo, no digo líder sindical – sobre un mar embravecido de tanta apariencia, sino que sea el propio profesorado quien no reconozca ni busque a sus timoneles, sometiéndose a lo que digan las autoridades que les van poniendo en frente por quienes realmente no consideran que en la educación básica está el freno a tanto, de tanto, de lo que nos lamentamos como sociedad.