![]() |
La
escuela requiere volver a su esencia: “enseñar y aprender”. Siendo así, el
profesor y el alumno son los actores protagonistas. Hay actores de reparto,
pero lo que no debería haber son personajes antagónicos; menos, si el propio
Estado quiere ese papel como así lo ha desempañado en perjuicio del sistema
educativo escolar. Debe entenderse que las escuelas no funcionan como
laboratorios donde se hacen una serie de experimentos sociales sólo para
apantallar que se está a la vanguardia con, dizque, la modernidad.
Hasta
el momento, esa política educativa de menospreciar al modelo educativo
“tradicional”; y, desde ese punto de partida, justificar modificatorias tras
modificatorias a la tarea educativa, no ha hecho sino desorientar lo que cada
profesar debería gestar en las aulas con sus alumnos. El profesorado anda a
sobresalto. Su opinión no importa. Él o ella debe hacer lo que se le dice
hacer, así no entienda, comprenda o no sepa cómo hacerlo; caso contrario,
deberá atenerse a las consecuencias de un posible proceso administrativo. Se lo
agobia con tanta documentación a elaborar en una política donde “el papel
aguanta todo sin importar lo que en la realidad se viene haciendo en las
aulas”. No quiere entenderse que lo que
no aplica a nuestra realidad y, además, ha causado daño y retraso en el
desarrollo de quienes educan y se educan... No aplica. Hay que hacer o
deshacer.
En
la escuela se aprende a competir. No basta saber, hacer y ser. Hay que competir
para saber si lo que sabes, haces o eres, te hace mejor. La mediocridad no
compite y siempre anda justificándose al festejar cada derrota, sobrevalorando,
dizque, el esfuerzo o participación. Es inaceptable la sutileza con la que al profesor,
frente a la inminente desatención al
aprendizaje de quien debe aprender, se vea obligado a rebuscar la justificación
de un inapreciable esfuerzo del alumno a fin, cumpla con el nuevo modelo
educativo. Entonces, “premia” o alienta lo que no debe; por ende, nadie
desaprueba, se vuelve “derecho, se malinterpreta el sentido de esfuerzo,
desalienta al esforzado y se va gestando mediocridad.
La
Autoestima no “sube”, ni “baja” callando o escondiendo las faltas en las que
incurra el alumno en su proceso de aprendizaje. Hay que dejar de creer que todo
cuanto haga el niño y el adolescente, de bueno y malo, es siempre bueno. Basta
con tanta propalación abundante y contante sobre “Derechos Humanos”, “Derechos
del Niño y Adolescentes” y demás, pero en el sentido de haberlo desprendido del
“deber”, habiéndose malentendido a un nivel donde sólo importaría el derecho de
uno y no del otro. A diario, el profesor debe lidiar con alumnos, y sus padres,
tratando de no ser agredido o menospreciada su labor por cualquiera de ellos,
bajo frases altaneras y alejadas del respaldo del derecho, como lo son: “¡a mí,
nadie me puede decir nada”, “¿Quién es usted para decirme algo?”, “¡lo
denuncio!”, etc.
Es
uno de sus conceptos sobre Calidad Educativa, se dice que la calidad empieza
por casa. Lo que se aprende en casa se pone en práctica en la escuela. Pero, si
“la casa” no educa, hay que dejar que la escuela lo haga, y eso se respeta. El
profesor no refuerza, educa. Así como va el comportamiento de nuestra sociedad,
quiere decir que hay problemas en la familia (casa) porque ésta es la célula
básica de la sociedad. Entonces, hay que reeducar a quienes deben educar en
casa.
Lo
que no aplica, no se insiste en su aplicación porque cansa y aturde. Basta con
“el palabreo en el papel” en el que está vuelto el actual modelo o enfoque
pedagógico. Ya es hora de que se ponga atención a la opinión o palabra del
profesor en cuanto a la realidad académica que le hacen tocar.
Los
mejores sirven de ejemplo. Pero, cómo saber quién es mejor que otro. Hay que
competir, y eso no es sometiéndolos a peculiares o antojadizos “exámenes
escritos” donde todas las alternativas de respuesta pueden ser las correctas si
se entendiera que la conducta y el aprendizaje es uno y, a la vez, todos los
conceptos posibles. Hay que ser buenos observadores, y esa es una capacidad que
no se obtiene con el título o la maestría, sino con la experiencia, pero
destacada. Hay que autocapacitarse, y no esperar lo que otros nos digan que
hacer; más si su realidad está marcada por la distancia y diferencia con
relación a la del Perú. Los mejores profesores tienen que tener la oportunidad
para “Capacitar” con su propia “experiencia denotada” de trabajo.
No
por más planes se ha garantizado los aprendizajes esperados. Entonces, menos
“planes”, “compromisos”, “programas”, “módulos”, “proyectos”, “celebraciones”,
“días del logro” y demás… porque está visto que todo cuanto se ha obligado a hacer,
sólo ha servido de “pantallazo” de y para las autoridades; muchas de las cuales
no ven más allá de lo que se les ponga al frente de los ojos o finjan ver o
entender lo que miran.
No por más uso
verbal del “english” para referir términos, palabras o conceptos sobre
conductas, aprendizajes y educación en sí, se ha garantizado que la Educación Básica
supere el retraso o se crea que por el uso del “english” se vaya a la
vanguardia con otras realidades educativas que sí se distinguen por sus logros.
Hay que dejar de convertir al profesorado en simples “repetidores” de lo que no
ayuda a educar. Si se trata de estar a la moda, la moda no incomoda, así que
sigamos con la nuestra y no la que quieran imponernos. Es contradictorio que la
imposición de un inicialmente modelo “constructivista” haya criticado a “la
memorización” para sostener su aplicación, ya que desde su imposición no ha
hecho sino poner a memorizar y repetir conceptos a los profesores. Pero, lo
lamentable de esta situación es que la repetición se haga de conceptos o
definiciones impartidas a ocurrencia de la interpretación de uno u otro
“asesor” de turno con poder para obligar a los demás a repetirlo, copiarlo o
imitarlo.
