martes, 7 de diciembre de 2021

Volver a las aulas

Es impresionante el choque entre el deseo y el rechazo de volver a las aulas. Pero, la impresión yace en el sentido del apresuramiento – dígase inconsciente – de caer fácilmente en la hostilidad por un enfrentamiento que no sopesa justamente el hecho de que hasta por cualquier mínimo asunto nos enfrentamos en una vehemente rivalidad. Al respecto, consideremos que excepto las circunstancias estimulantes del eustrés, donde la respuesta al estímulo es inmediata por correr a favor de distintos factores de nuestra vida cotidiana, casi todo lo demás exige una pausa, un respiro, un reparo o cuanto conlleve al sostenimiento cabal que somos y también tratamos con seres racionales.  

Si bien el adulto decide por quien no tiene la mayoría de edad, en este caso sus hijos, la familia y la sociedad no es un “mundo de adultos”. Sin embargo, la realidad indica que, especialmente aquellos con el poder dado para decidir por los demás, tienen la idea en contrario.

Antes del encierro por pandemia el nivel de igualdad de los niños y adolescentes, con relación al acceso a la educación, podría decirse que era parejo, sólo si a su presencialidad en la escuela se tratara porque, de ahí, si se hablase de la calidad de la enseñanza aprendizaje, hasta esa fecha no ha habido gobierno ni ministerio que pueda con lo disparejo del caso. Entonces, ocurre que volver a las aulas es igualmente favorable en tema de presencialidad, pero desigualmente desfavorable en tema de calidad de la enseñanza aprendizaje. Dicho de otro modo, volverán a lo mismo, y eso mismo es volver a donde algunos seguirán recibiendo una buena educación y muchos, tal vez, a una escuela solamente “limpia” por impericia de quienes pueden decidir por lo demás sin querer o no poder entender qué necesitan realmente esos demás.

Por supuesto que entre la virtualidad (sólo para quienes pudieron accederla) y la presencialidad no hay punto de comparación porque las mayores experiencias enriquecedoras para el aprendizaje ocurren en la presencialidad, siendo éste el mejor argumento pedagógico para volver a las aulas. Sin embargo, si quienes hoy tienen el poder para decidir por los demás, bajo creencia de que este es un “mundo de adultos”, y también bajo creencia de que el líder sindical del magisterio es sinónimo de líder pedagógico, el tiempo y la oportunidad para el cambio volverá a desperdiciarse. Ahí tenemos, por ejemplo, la interpelación y debate ocurriendo en el Congreso, tal vez muy interesados en la educación pública de calidad, pero donde llegada la hora del almuerzo todos quienes debaten olvidarán el caso, y llegada la hora final de la interpelación y debate, todos marcharán a sus casas sin más satisfacción – en ese su mundo de adultos – que haber interrogado (los congresistas) y haberse defendido (el ministro y otros congresistas).

Para lo que es la escuela pública, volver a las aulas no implica baldear pisos y limpiar carpetas, implica entender que no encaja tanta propaganda educativa de meritocracia, capacitación, orientación, implementación, proyecto, plan y demás, frente a los pésimos y lamentables resultados, no exactamente de una evaluación nacional o internacional, sino de los hechos palpables de lo que estamos denotando como sociedad a consecuencia de una mala educación de su gente.

El primer paso para volver a las aulas, tratándose de la escuela pública específicamente, está conllevada a la reflexión de quienes son los más próximos personajes modelos en la vida de cualquier niño y adolescente; es decir, sus padres o seres queridos y sus profesores. Reflexión que consiste en hacer cada quien su tarea, pero no por el simple hecho de la obligación (padres o seres queridos) o el monto de la paga (profesores) sino por el hecho de que alguna vez los adultos hemos sido niños y adolescentes, deseosos de saberse hijos de los mejores padres y alumnos de los mejores maestros. Aquí, no hay más que empezar a serlo por amor y respeto a sus hijos y alumnos.                         

sábado, 13 de noviembre de 2021

¡¡¡Juicio, mi hijo!!!

Dos jóvenes encrespados por la furia, cual dos rabiosos púgiles amenazándose uno al otro hacerse el mayor daño posible en su próxima pelea, era la fotografía de aquella mañana donde – fuera de las palabrotas y ofensas de lo que es capaz proferirse el ser humano – la otra mayor muestra era la fallida capacidad de juicio de ambos jovencitos para siquiera hacer la pausa que pudiera conllevarlos a ventilar sus cabezas.

La educación básica escolar contempla competencias y capacidades como su logro durante el proceso de enseñanza – aprendizaje; pero, si las mismas están dando cuenta – otra vez – que siguen ceñidas al aspecto de la resolución de una operación matemática o al recuerdo de datos y hechos, definitivamente esa “integralidad”, en la que dice educar a sus aprendices, solamente sirve para la propaganda.

Si de juicio se trata, en su equivalente a madurez, digamos es una competencia o capacidad de logro a largo plazo porque requiere de entrenamiento y experiencia en el formativo de la personalidad. Sin embargo, el discernimiento, la razón, la cordura, el asiento, la prudencia, la opinión, el parecer, el dictamen, la paciencia, lo formal, lo serio y demás, debe practicarse a cada momento posible, no solamente en el escenario natural donde se dé la oportunidad, sino en aquellos cuyo conjunto de profesores deba plantear y planear – como parte del  proyecto educativo – para que, y de una vez por todas, se encauce y aclare que las acciones, hechos y reacciones irreflexivas, insensatas, impacientes, imprudentes y desmesuradas, no es el común del comportamiento humano ni ningún tipo de “adscrito generacional”.

Ahora bien, se supone que quienes reciben el encargo de educar gozan de “licencia” – en este caso no referida al diploma – sino aquella contemplada en un modelo de vida ejemplar; la misma capaz de licenciar al educador para advertir, corregir, orientar, estimular y elogiar toda buena conducta y buen comportamiento. Sin embargo, y salvo excepciones, todos nos creemos Maestros porque malinterpretamos que dicha condición es connatural a la ostentación del diploma; entonces, he ahí por dónde empezar a tratar el asunto cuando se quiere también empezar con aquello de una educación de calidad.

Reza un refrán que “quien mucho abarca poco aprieta”, y es lo que está sucediendo ante tantas competencias y capacidades que, a su vez, implican tantos “indicadores de desempeño” – irónicamente – sobre lo cuantitativo para – inventivamente – transcribirlo o interpretarlo a lo cualitativo. Lo que se lee bien en el papel, pero no está visto en la realidad.

Las alternativas de inmediata atención sobre el éxito de la educación por competencias y capacidades en la escuela pública no se deben exactamente a un mayor presupuesto económico – sin negar, claro, que plata se necesita – sino a firmes decisiones sobre cambiar las formas de educar; es decir, dejar de escribir tanto en el papel lo que en la práctica no sucede. Del mismo modo, hacer política de Estado en la reinventiva del perfil del profesor conjuntamente con el respaldo a su autoridad en el aula y la escuela y extensión interventora en el hogar para fortalecer lazos en la tarea coeducativa. Mientras tanto, si ese cambio no ocurre lo que sí ocurrirá es seguir en el papeleo de programaciones bajo el confuso, malentendido y repetitivo uso de términos, tras términos, haciéndonos creer lo sabiondos, actualizados y vanguardistas pedagógicos que somos. Del mismo modo, ocurrirá seguir el curso de una carrera pública magisterial que ahuyenta a los líderes pedagógicos, no sólo por no estar en carrera, sino distante de los demás que pudieran estar en la susodicha carrera. Finalmente, y no por último, seguirá ocurriendo que no se eduque para Saber, Hacer y Ser, sino 1 de 3 o 2 de 3, pero nunca 3 de 3, siendo esta última la única alternativa correcta cuando el logro es educar en competencias y capacidades.    

sábado, 2 de octubre de 2021

Dañinos remedos juveniles

Varios cientos de jovencitas – llámesele de ese modo a quienes están por dejar la adolescencia y otras empezando a ser jóvenes – se desataron en una reciente fiebre colectiva a causa de un dizque afamado libro que iba a ser autografiado por su autora; lo que conllevó a una aglomeración y tumulto de gente que acabara haciéndose daño físico tras los empujones, codazos y caídas al suelo, sin importar pisarse unos sobre otros, cual estampida humana.

Hecho lamentable que definitivamente, y muy aparte de la posible desorganización del evento, era previsible de ocurrir por el efecto de la imitación no razonada y consecuente defecto de la misma caída en el remedo. Hecho lamentable, también, porque no debió pasar como un simple incidente ya que – hoy más que ayer – son más las incidencias del remedo colectivo que la simple imitación.  

En una explicación de la conducta, tal vez pueda alguien argumentar que las células cerebrales espejo o neuronas espejo intervienen como causa de la imitación. Sin embargo, la explicación exige un análisis mayor cuando la imitación recae en mala imitación y que podríamos denominar remedos porque van en contra del bienestar mental y físico de la persona.

Las neuronas espejo hacen gala de su presencia cerebral en el aprendizaje por imitación. Téngase en cuenta que la imitación puede ser regulada o modificada ya que justamente viene siendo también otra de las capacidades diferenciadas del hombre frente a cualquier otra especie existente.

La imitación como respuesta rápida a los distintos estímulos no es razonada, y no es mala mientras se entienda que el cerebro humano nace con mecanismos de actuación y respuesta rápida e inmediata a los estímulos por razón de la propia evolución del cerebro. Lo que no impide imitemos por una decisión razonada para el alcance de un objetivo simple y común u otro dispuesto al aprendizaje.

Las neuronas espejo permiten además una interconexión cerebral de un individuo a otro, y es de moto tal que – sin mediar palabra alguna – interpretamos, entendemos y podemos anticiparnos a los actos de ese otro. Del mismo modo, sentir… si de empatía se trata.

Entonces, ¿Qué se está haciendo mal o no haciendo? Todo indica, y siempre salvo excepciones, educando mal.

Desde el Estado, no hay mirada seria hacia la familia en el sentido riguroso de la planificación y el recordatorio de las obligaciones del padre, madre o tutor. Igualmente, sobre los factores desencadenantes de la mala imitación o remedo procurados por la excesiva propaganda de estilos de vida nada o poco esforzados por la dedicación al estudio o al trabajo.

En temas de constitución de familia, fácilmente se integran como igualmente se desintegran las cabezas de familia. Es más, muchas no llegan a ser familia sino por el lazo sanguíneo. En otros casos, tal vez convivan bajo un mismo techo, pero no como familia. Mientras tanto, un gran número de quienes vienen siendo jovencitos se estimulan con la imitación como medio de escape o refugio a lo que pudiera estar tocándole vivir.

Desde la escuela, y sin política de Estado, difícilmente toda buena intención de sus “Escuelas para Padres” no pasan de buenas intenciones porque el ausentismo está generalizado. En el nivel Secundaria, año tras año, son cada vez menos los padres motivados por sí mismos a participar de las actividades de integración y formación conjunta con sus hijos. Mientras eso ocurre la escuela no escapa a lo que propiamente le incumbe en cuanto a las competencias y capacidades que incluye en su proyecto, programas y sesiones, pero cuya realidad parecen quedarse anotados en el papel y no incorporados – sirva uno de ejemplo – al previo juicio de sus actos de quienes tendrían edad, sino suficiente, sí potencialmente en desarrollo para demostrar lo que se le está enseñando y aprendiendo; por ende, moldeando su conducta como presentes y futuros hombres y mujeres de bien.                                             

miércoles, 15 de septiembre de 2021

¡¡¡Respétame por ser diferente!!!

Todos podemos ser tan iguales como diferentes; pero, son las diferencias las que nos hace a cada quien valioso.

Si bien somos iguales por nacer humanos; somos diferentes desde la concepción.

Desde que hay demanda por el derecho a la vida, lo debería haber igualmente en obligación por el respeto a las diferencias entre quienes justamente gozan de vida.

No soy igual a ti, ni tú eres igual a mí. Ambos somos cada quien por ser diferentes; sin ser yo más que tú ni tú menos que yo, y viceversa.

En el hogar transcurren los primeros momentos de vida; por tanto, es donde se enseña y aprende – entre tanto – a impartir el respeto entre sus miembros, empezando por respetar sus diferencias de acuerdo a los roles dentro del seno familiar. Seguidamente, de acuerdo a sus características físicas o corporales, emocionales o sentimentales, conductuales o actitudinales, de destrezas o habilidades y todas cuanto permitan el reconocimiento de cada quien para aprender a valorarse y valorar a los demás.

A diferencia del hogar, en la escuela concurren pares; es decir otros niños y/o adolescentes como él o ella y sin ningún tipo de vínculo familiar. Lo que deben advertir tanto padres como docentes en el sentido de hacer entender a sus hijos y aprendices que sus pares son tan iguales como diferentes, y las diferencias se respetan.

En el hogar, el vínculo familiar motiva el respeto entre sus miembros – digamos porque lo que se ama se respeta –; entonces, la escuela debería prestar mayor interés en fomentar vínculos de familiaridad en el sentido del compañerismo. Para ello, debe saber que cualquier ocasión es oportuna para motivar las emociones de los aprendices, debidamente intencionadas, hacia la formación de sentimientos de afinidad, empatía y valoración entre ellos mismos y también los miembros de su entorno educativo. De ese modo, irá imperando el respeto – no tanto el que se condiciona bajo sanción – sino al que se ejerce con mayor consciencia cuando se actúa.

Tanto en el hogar como la escuela, el valor del respeto no se ciñe a demandarlo en voz alta bajo amenaza de un castigo o sanción. Tampoco – sólo y únicamente – cuando la ocasión lo amerite porque se vulnera el mismo.

En el hogar, quienes tengan la tutela de los hijos – padres, abuelos, Etc. – están obligados a dar muestras de respeto entre ellos mismos porque la primera educación se imparte con el ejemplo.

En la escuela, quienes tengan el encargo de educar deben considerar que cualquiera sea el momento de la convivencia escolar – incluso en transmisión remota – es oportuno educar en el respeto.

La propia interrelación es productiva de momentos a los cuales hay que prestarles atención para rescatar cualquier mínimo detalle propicio para la enseñanza y aprendizaje del valor del respeto, y con éste el respeto a las diferencias.

No basta que el respeto sea un tema asignado a tratar en algún bimestre o sesión de clases. Tampoco, que sea parte del reglamento impreso en la agenda escolar o inscrito en un papelógrafo pegado en la pared del salón bajo título de “Normas de Convivencia”. Menos aún, si está creída una tarea exclusiva del hogar.

Es un error pensar que los valores se enseñan y aprenden sólo ante su falta o ausencia.

Tanto en el hogar como en la escuela cada momento es oportuno para rescatar el valor del respeto, y más el respeto por las diferencias entre quienes por propia naturaleza humana estamos convocados a convivir en compañía y sociedad; por tanto, lo que tú eres, por cuanto resulte de tu descripción, es tu valor por el hecho de no haber otro como tú. Debiéndose aclarar que no es lo mismo cuando hay quienes, sus cometidas faltas, fallas u errores, devenidos del desempeño dentro de su grupo humano, las pretenden excusar con esa manoseada y acomodada frase de… “Así soy yo”.                     

                             

martes, 7 de septiembre de 2021

¡¡¡Vamos a jugar!!!

Mi pequeña sobrina de 3 años de edad, Alizée, me pide juegue con ella mientras sostiene en sus manos unas tapas plásticas de bebidas gaseosas con las que minutos antes estuvo entretenida.

A la solicitud de Alizée podría responderle que siga jugando sola, darle otros objetos o acceder y jugar con ella y sus tapas plásticas. Sin embargo, cada respuesta debería previamente ser advertida en cuanto a saber cuál sería la más apropiada y provechosa.

La vida está hecha de momentos y cada momento de tiempos, razones y circunstancias. Lo que es una primera advertencia porque dependerá del momento en el que trascurre, en este caso, el pedido de Alizée.           

Ahora bien, para quien es niño, y mientras lo sea de menor tiempo de edad, sus momentos de vida están abocados a la curiosidad y el descubrimiento. No hay un patrón. Entre tanto que observa, oye, coge, gusta y huele, hay mucho de lo que, no sólo llama más su atención, sino lo entretiene y divierte. Se dice entonces que juega, siendo el juego sus mayores momentos del niño.

Responder a Alizée que siga jugando sola es lo que comúnmente haría un adulto – digamos porque casi siempre no somos prestos a dejar de hacer con inmediatez cualquier cosa que en ese momento pudiéramos estar haciendo – y eso pasa por un instante como producto de una reacción inmediata e impensada, pero luego, y con la misma inmediatez, debemos situarnos en el plano del pensamiento para advertir si realmente se justifica la respuesta.

Buscarle otros objetos para que ella vuelva a lo suyo, distrayéndose sola, es también lo que comúnmente haría un adulto – digamos porque es el modo de sacársela de encima, bajo fachada de contribuir con la generación de su independencia – y eso pasa porque solemos ser algo reacios cuando se trata de asumir una responsabilidad por completa. Casi siempre esperamos las facilidades del caso o que lo haga otro.

En cambio, no hay momento más significativo e insuperable para un niño que jugar con él o ella porque lo emociona, crea lazos de afinidad y se registra el momento en la categoría de inolvidable.

Jugar con un niño es tan importante como preocuparse porque no le falte el alimento y vestido. No requiere mucho tiempo sino instantes de emoción con quienes se supone dicen amarlo y protegerlo.

Jugar con un niño no está sujeto a la rigidez o estricto cumplimiento a las reglas porque no hay mejor juego con el niño que aquel que se puede imaginar o inventar en el momento para convertirlo en instantes de diversión.

Ningún juego es insano. Jugar no implica daño. Lo insano y dañino nunca será un juego.

Tal vez haya adultos creyendo que sus momentos de vida no son más un juego. Pues, si logran entender que jugar no es exactamente por naturaleza del niño sino naturaleza humana quizá podrían probar, por ejemplo, con el posavasos que tienen en el escritorio y hacerlo girar cada vez a más velocidad o si está en la oficina girar 360° si su silla es giratoria, claro.

Definitivamente de niño se juega más, y cuanto más pequeño sus mayores momentos de vida son el juego. Luego, irá creciendo y los amigos y la escuela le irán exigiendo tanto formalidad en el juego como atención a otros temas. Eso es parte de la vida, pero lo es también nunca dejar de jugar siendo niño o adulto ese juego que nos hace libres de imaginar justamente que somos libres para jugar.

- Tío, ¿vamos a jugar? - Alizée 

- ¡¡¡Vamos a jugar!!! - yo 

lunes, 23 de agosto de 2021

Retorno a la aulas, ¿sí o no?

Las escuelas están vacías desde hace más de un año, y hoy hay padres exigiendo vuelvan sus hijos a ocuparlas como otros amenazando a quien les diga volver.

El año pasado otro fue el asunto, y éste con respecto a cuánto menos pagar de mensualidad ya no por clases presenciales sino online.

Si se presta atención no es exactamente sobre la escuela pública y sus aprendices los involucrados en estos hechos. Entonces, por ahí está el asunto a considerar antes de declarar si se está a favor o en contra del retorno a las aulas porque entre uno y otro, no sólo hay distantes diferencias, sino parece tampoco importar las mismas.

Mientras hay escuelas educando, bajo el ejercicio de la autonomía institucional prescrito en la propia Ley 28044 - Ley General de Educación, hay también las otras, escribiendo más en el papel y formando el mayor conjunto.

Definitivamente la interacción personal juega su mejor papel en lo presencial y el confinamiento prolongado es dañino. Por lo que retornar a las aulas será favorable. Sin embargo, ¿será lo conveniente en este momento?

La amenaza de muerte por el Covid-19 puso como prioridad la salud. Aparecida la vacuna es lógico que sea mayor el deseo de volver o retornar a esa normalidad demandada. Pero, y hablando de la educación pública, no se ha recapacitado sobre qué sí y no para no volver a la repetición de una pedagogía que, por ejemplo, prioriza celebraciones por doquier (en todo lo que éstas demandan) creyendo así educar en integralidad. Asimismo, no estar aún vistas dentro de las exigencias, tanto de la autoridad competente como otra interesada en el retorno a las aulas, la vacunación del profesorado. A la fecha, sólo hay opiniones.

La escuela privada tiene sus ventajas, y por las mismas se ven a padres marchando por el retorno a la presencialidad. 

En la escuela pública no habrá más desventajas si hace más sino si hace menos de lo que no está educando.

La preocupación por la salud de los niños y adolescentes debido al retorno está acrecentada por el miedo propagado, si bien por la propia enfermedad, también por aquel impuesto intencionalmente a la población como posible limitativo de tan reprobables comportamientos y conductas de tanta gente vistas en pandemia.

El retorno a las aulas implica riesgo y amenaza. Por lo tanto, tales deben ser aminoradas, empezando por concientizar a todo adulto en su rol de saber brindar protección y seguridad al niño y adolescente, pero sin más confinamiento, sino siendo capaces de mostrarles respeto, dejando cada quien de hacerse el adulto abusivo, pendejo, bravucón, intocable, indolente, egoísta y todo cuanto sería la verdadera y mayor de las amenazas. 

El retorno a las aulas implica un reto, ése sería dar por cierto que los niños y adolescentes nos preocupan no tanto porque son el futuro del país sino principalmente un ser humano.

Hasta fin de año lo conveniente  todo ese momento es hacer del riesgo y la amenaza los menores posibles, y de la educación la más provechosa para Saber, Hacer y Ser.

Así que, señores Castillo, Cadillo, Cevallos y señora Alva y demás posibles involucrados... ¿Qué están esperando?

lunes, 16 de agosto de 2021

La virtualidad de lo virtual o remoto

No ir a la escuela implicó aparentar hacerlo, y esa es la llamada educación virtual o remota. Ésta, se acompaña de la virtualidad que es la eficacia o posibilidad para que lo aparente tenga resultados evidentes o manifiestos de que la educación virtual o remota funciona como tal, y en este caso también para la educación básica escolar pública.

El estado de emergencia sanitaria por la pandemia del Coronavirus está prorrogado hasta el 01 de marzo del 2022, lo que parece hará mantener todo este tiempo a la niñez y adolescencia en ese encierro casi absoluto que vienen pasando. Entonces, si es real la preocupación de no dejarlos sin educación, adviertan las escuelas su deber de enmendar ciertos quehaceres pedagógicos porque la virtualidad de lo virtual o remoto no está sino evidenciando aparentar sobre lo aparente. Al respecto, salvo excepciones.

Dar por hecho que todo andan bien suele traducirse en una negativa a la autocrítica. Las escuelas no están siendo autocríticas. Pecan incluso de excesivo optimismo, creyendo poder hacer todo tal cual el modo presencial sólo que ahora por las vías del zoom, whatsapp, televisión o radio.

El manejo del mecanismo de las herramientas tecnológicas no lo es todo si se trata de la virtualidad, ésta implica necesariamente pedagogía, y una pedagogía que recapacite sobre las prioridades académicas frente al hecho del encierro de los niños y adolescentes, ya que hay adultos que lo están malinterpretando como “tiempo de sobra” sobre el cual les asiste derecho a disponer de ese tiempo.

Es una contradicción que la escuela llene su propaganda del valor pedagógico dado a las emociones sobre el aprendizaje, mientras parece no despertarle ninguna emoción el hecho de lo que le significa a cada quien de los aprendices el encierro en cuanto a lo que les toca vivirlo desde que empezó el mismo.

Hay escuelas abarrotando el horario escolar hasta con lo extracurricular. Otras, disparando tareas tras tareas por el whatsapp, evidenciando que lo único pareciendo importarle – ahora del modo virtual o remoto – es darle prisa, para sí o sí, cumplir con la programación obligada por el Estado. Mientras tanto, transcurre la señal televisiva de un “aprendo en casa” que, en cuanto el niño o adolescente no se ve vigilado, hace suyo el control remoto para el zapping, y no los culpo porque también lo he hecho al darle una ojeada a la programación de clases. En cuanto a prestarle oído a la radio… - ¿Qué dijo? ¡No se oye! ¡No entiendo!  

No hay duda haya algunas pocas escuelas públicas y tal vez muchas no públicas haciendo bien lo suyo, y bien por a quienes les toca ser sus aprendices. Pero, no debe ser así en un país donde la propaganda es la educación con equidad, igualdad y demás cualidades. No se crea tampoco que anterior a lo virtual o remoto todo transcurría sin novedad. Desde aquí nace justamente el gran problema de las posibles fallas de la virtualidad de lo virtual o remoto porque, hoy, las cosas las están queriendo hacer tal cual la hacían ayer.                   

Al profesorado lo he visto haciendo de las suyas – en el buen sentido de la frase – para interesarlos, a sus aprendices, a aprender para Saber, Hacer y Ser frente a los retos de la vida, y – en metáfora – en un espacio donde predominaba sólo el blanco y el negro sobre una figura plana. Hoy, donde el espacio se colma de múltiples colores sobre figuras en distintas dimensiones es lógico que haga maravillas con eso tanto de lo suyo. He ahí que la reflexión sobre el principal problema de la educación básica escolar pública deba ser mutua. Por un lado, la que se espera del docente levantando la cabeza para hacer oír su voz y presencia. Por el otro lado, la que se espera del Estado revalorando al maestro para empezar con oírlo prestando atención.

Definitivamente, para que la virtualidad evidencie la capacidad de lo virtual o remoto, antes hay que repotenciar el papel protagónico del docente. Inmediata o paralelamente dejar de someterlo a esa obligación de repetir a rajatabla lo que algunos insisten, no sólo en seguir haciendo mal pedagógicamente, sino también haciendo creer que sí funciona no importa así no eduque.                                                                   

      

jueves, 12 de agosto de 2021

¿Sinónimo de malo, bueno?

Donde lo malo está siendo un festejo de muchos e indiferencia de otros más, lo bueno se hace menos porque esos muchos lo ridiculizan y, a esos otros más, le importa poco o nada lo ocurrido.

La pandemia nos llevó al encierro, y ese encierro – entre tanto acontecimiento – permitió también hacernos espectadores de tanto eso de malo ocurrido allá afuera y cometido por uno y otro personaje sin parar, y también ser espectadores de esa indiferencia de quienes en vez de darle un revés al asunto lo están dejando enraizarse como lo común, lo cotidiano, a lo que hay que acostumbrarnos.

Se acaba de informar a la ciudadanía la urgente incorporación del tema de la corrupción en la currícula escolar del nivel Secundaria. Al respecto, hace un tiempo atrás fui partícipe de un congreso donde renombrados institutos y universidades no hacían sino rasgarse las vestiduras porque creían imposible haber entre sus egresados alguno señalado por falta de ética, y eso porque “ética” es parte de sus mallas curriculares. Pues, ojalá más adelante no ocurra un congreso donde ahora los colegios se rasguen las vestiduras por no creer haya corruptos a razón de que “corrupción” ya está en su currícula escolar.

Cualquier convivencia en sociedad es difícil, pero la nuestra se hará imposible – si no lo es ya – si el comportamiento y la conducta de sus miembros activos siga antes siendo degenerada – por dar un ejemplo – con asimilar aquel mal concepto o idea, incluso hasta habiendo personajes modelos, que “si no eres pendejo, eres un zonzo”; mal entendiéndose ser zonzo a quien actúa u obra de acuerdo a las normas, principios o buenas costumbres.

Existe una reflexión conjunta que no se hace sobre el porqué son más los actos malos que buenos, y una de las principales razones es dar por hecho que lo escrito en el papel y lo dicho en el discurso se cumple. Ahora, si de formación, instrucción y educación se trata, se aparentará educar mientras se dé por hecho que las bases de la integralidad de la persona están siendo bien cimentadas porque así lo dice el papel. Es más, si en este momento nos pusiéramos a leer lo que tiene escrito cada institución educativa sobre su misión y visión – ¡¡¡Carajo, sí que nos pasamos de pendejos!!!

En las olimpiadas hay países dando por hecho de antemano que sus deportistas y atletas, no sólo se harán del triunfo y las medallas, sino de los posibles nuevos récords mundiales. Lo dan por hecho porque saben que son altamente calificados a razón concienzuda de que sus dotes están potencialmente ejercitadas, desarrolladas, entrenadas y todo cuanto demás respaldarían el hecho de dar por sentado que van a una competencia para alcanzar el triunfo. Bajo esa realidad es que las olimpiadas son en sí un reto de competencias donde se espera sean cada vez más espectaculares, sobresalientes, picantes e interesantes la participación de los competidores por el alto nivel de preparación de quienes justamente compiten para ser lo mejor de los mejores. Sin embargo, acá dan por hecho que, a quien ponen a competir, tiene el entrenamiento y las condiciones suficientes sin siquiera antes haberles preocupado saber cómo llegó a clasificar. En lo jocoso del caso, cada derrota la suelen excusar con aquello de: “lo importante no es ganar sino participar” o “ha dejado en alto el nombre de nuestro país”. - ¡Si serán!

Hace rato que la escuela pública no hace bien lo suyo porque se ha dejado. Se ha dejado, no sólo le digan qué hacer, sino no hace para ponerse a esperar le digan qué hacer. Es así como fácilmente se ve despojada de su autoridad, pero también se advierte cierto consentimiento sobre la misma. Entonces, si el profesorado no empieza por reconocer ese hecho y le empieza a exigir al Estado deje educar a quien sabe educar, así como también le exija diga en los hogares que dejen educar o se dispongan a aprender de la escuela si no supieran o lo hicieran mal, también empezará por no haber la aparición de generaciones tan mal educadas. – Agrego: siempre salvando excepciones.

Sinónimo de malo bueno si se sigue dando por hecho que en el transcurrir del tiempo todo se cumple tal cual se leen en la misión y visión de las escuelas, y cuanto demás dicen cimentar de bases sólidas.

lunes, 9 de agosto de 2021

La educación tradicional atemorizaba al alumno. Mientras la que transcurre atemoriza al docente.

La educación tradicional, aquella anterior a la imposición a rajatabla de la proclamada constructivista, por supuesto que tenía equivocados ciertos preceptos pedagógicos, pero no para generalizarlos haciéndonos creer que lo anteriormente hecho era una pedagogía obsoleta, y bajo esa razón ser suprimida o desterrada por completo del terreno de la educación básica escolar.

Si bien se transcurre bajo una corriente pedagógica haciendo notar que en la práctica educativa hay implicancias biológica, física, racional, cognitiva, emocional, social, psíquica, cultural, Etc., – llámenseles componentes de la integralidad del ser humano – se persiste en el error de hacerlo solamente para engrosar el diseño curricular y abultar la carpeta pedagógica. Consecuentemente, siga sometido el profesorado a forzar la conjugación de verbos en el papel en vez de su ejercicio pedagógico para atender las variantes de tales implicancias en el grupo humano dado como encargo su educación integral.        

Salvando las excepciones del caso, en la educación tradicional el error fue atemorizar al alumno con el cuco de la mala nota, la desaprobación o la repitencia del año, y en ciertas ocasiones el hecho fue agravado con el mal carácter o mal ejercicio de la autoridad del educador. Sin embargo, de algún modo hizo responder al educando frente a los retos propuestos y las obligaciones que les tocaba. En tanto la que transcurre ha traslado el error ahora dejando de atemorizar al alumno para atemorizar al docente, a quien desvestido de su autoridad está vuelto el blanco de los errores del sistema.             

Definitivamente ninguna debe atemorizar a nadie. Asimismo, ninguna creerla mejor que la otra como para imponerse a rajatabla la creída mejor mientras se desecha a la otra. Lo que sí hay que creer, no sólo es que cada una tiene lo suyo, sino eso suyo conjugarlo en un sistema que no atemorice ni aparente educar.      

Para la enseñanza y aprendizaje está entendido que debemos educar sobre la base de la integralidad del ser humano. Es decir, aquella cuyos elementos nos hacen a los seres humanos tan iguales y, a la vez, tan diferentes. Pero, tan iguales para marcar pautas básicas o elementales de lo que se quiere lograr igualmente con los educandos, y tan diferentes para diseñar otras que potencien esas diferencias o las mismas no le sean adversas en sus procesos de enseñanza y aprendizaje.

Es de suponer que quien educa posee educada esa integralidad. Es decir, es un hombre o mujer íntegra – claro, sin dejar de ser imperfecto – porque sólo así entenderá de integralidad para avocarla en su tarea docente. Es quien no atemoriza ni deja lo atemoricen. Sin embargo, no pasan de ser aquellos pocos profesores que los hoy jóvenes o adultos puedan seguir recordando con cariño. Entonces, estamos frente a la necesidad de un modelo pedagógico que empiece por encargar a cada institución educativa dé cuenta de la integralidad de sus miembros, la misma ya no dada por sobreentendida ni expresa en un papeleo de documentos, sino activa por sus actos. Seguido, no sólo de lo que sus educandos igualmente deberán aprender, sino también de lo que los hará diferentes para justamente sobresalir cada quien en lo suyo, y se empiece también a darle sentido al valor del respeto; en este caso al de las diferencias.

Para enseñar y aprender no debe atemorizarse a nadie. Tampoco, dejar de atemorizar para trasladarse hacia el otro extremo donde estaría el desahogo. Hay pruebas demás de que atemorizando los resultados esperados son efímeros, ya que solo y únicamente importa quitar el temor de encima; mientras el desahogo ha degenerado en atrevimiento, frescura y hasta descaro.       

 

martes, 3 de agosto de 2021

¿A qué jugamos?


Han transcurrido dos décadas jugando a un juego cuyas reglas te las cambian de un modo tal que no se sabe finalmente a qué jugamos.

Hace dos décadas las reglas del juego anterior, no sólo fueron suprimidas, sino aborrecidas por quienes nos presentaron otro juego – sigo en metáfora – esta vez de competencia olímpica y mundial. Sin embargo, durante el transcurso de esas dos décadas no hemos clasificado a ningún campeonato local, panamericano, libertador, olímpico o mundial. Ni siquiera con el chance matemático de la suma y resta de puntos.

Entonces: - ¿A qué jugamos?

La escuela de la educación básica está obligada a jugar bajo sus propias reglas, y no bajo la imposición de lo que ha dado suficiente prueba durante dos décadas que sólo sirve para aparentar que se educa.

El Estado está obligado a reivindicar la autoridad del profesor tanto en la escuela como la sociedad. Empezando por declarar su idoneidad para el debate, definición y decisión sobre sus propias reglas de juego. Seguido del respaldo a la escuela para su extensión educadora sobre los hogares siempre que estos den clara señal que no están educando en lo suyo, y no como sucede en contrario, toda vez el profesor siga expuesto al maltrato de cualquier otra persona a consecuencia de esa malentendida interpretación de un derecho que el mismo Estado ha promovido sin aclarar dónde está el malentendido. Asimismo, debe romper esa verticalidad haciendo sentir al profesor la pieza última de un sistema, y quienes lo manejan, que lo cree hecho sólo para obedecer, debiendo desenmascarar a esos cucos – muchos de los cuales disfrazados de especialistas o acompañantes pedagógicos – que no hacen sino asustar o atemorizar al colega en vez de servir u orientar – valga la ironía – educadamente a quien comparte la misma vocación de servicio.

Por otro lado, y salvando las excepciones en cada caso, desde la trinchera del profesorado, no se crea todo transcurre sin novedad. Se sabe bien que hasta días antes del encierro por la pandemia estaba visto un repetitivo descontrol emocional, perturbando la conducta de quienes están sujetos a guardar el mayor de los celos posibles sobre sus actos porque su tarea es la educación integral de la persona. También, cuenta el caso de quienes por tener la condición de “nombrados” en el sector andan creyendo que la misma le otorga inmunidad, oponibilidad y desatención a cualquiera de las iniciativas de mejora institucional, y lo peor del caso, a sus obligaciones en sí; inadvirtiendo que cualquiera de tales malas creencias entorpece la misión hacia la visión que esperan alcanzar quienes tienen conciencia de servir por vocación en la formación de nuevas y mejores generaciones.

Definitivamente tanto el Estado como el profesorado tiene que hacer lo suyo, y lo suyo en cuanto a dejar de aparentar que se educa en altas y diversas competencias, y ahora éstas bajo “evidencias”, que según dicen del aprendiz saber, hacer y ser, pero sólo para el contento de quienes una vez nos dijeron que la educación anterior a este juego era obsoleta.

No dudo que la escuela privada esté haciendo lo suyo. Sin embargo, y ya que la propaganda provino del propio Estado, debería hacerse cierto aquello de: ¡Aquí nadie se queda atrás!!!    

domingo, 14 de marzo de 2021

Maestría docente en pandemia


Ningún profesor debe desentenderse de sus aprendices. Quien lo hiciera, difícilmente alcanzará la maestría aludida a una de las profesiones mayor motivadas por la vocación de servicio. Por tanto, prestar interés por conocer a la persona en sí, y no por obligación sino vocación, es la primera señal de maestría.

Las clases escolares han empezado para unos, y están por empezar para otros. En cualquiera de los casos, los profesores volvemos a darle lucha al reto de la educación remota u online, la misma que si se colma de programas, sesiones, materiales u otro contenido de la carpeta pedagógica, también ha de colmarse del valor agregado de involucramiento y compromiso docente para celar y custodiar, tanto la cuantificación productiva del Saber y Hacer como las cualidades desbordantes del Ser en ese Saber y Hacer. Sólo así, con maestría docente, estará dada la lucha.

Una vez más, el reencuentro entre profesores y aprendices será a través de una conexión a distancia, implicando se vuelva a hacer pedagogía por la red o transmisión radial o televisiva. 

Enseñar y aprender exige maestría docente cuando lo que se quiere realmente es educar, así sea en un escenario distinto por ocasión de la pandemia. 

La maestría docente es alcanzable y no necesariamente se alcanza con los años o el diploma. Está declarada como la motivación y oportunidad permanente para hacer gala del buen trabajo docente cuando lo que se hace es dominar su tema o especialidad, servir de guía o modelo e interesarse por conocer a sus aprendices más allá del número asignado o el apellido paterno.

Pensar diferente es otra de las motivaciones de la maestría, y más si enfrentamos el reto de educar desde un punto remoto de conexión o transmisión.

Pensar diferente para hacer las cosas diferentes evita que la tarea docente repita el error de desentenderse del aprendiz a un punto tal que, a él o ella, también le sea poco o nada interesante la persona a quién tiene siendo su profesor. El asunto se torna grave si por ese desentendimiento la imagen del profesor es la del personaje temible.

La maestría docente nunca da por hecho una lección aprendida así el grupo grite, a coro, “sí”. No pregunta: ¿todos entendieron?

La maestría docente no traslada tareas que se convierten en problemas con alcance a los padres de familia cuando suelen observar a los hijos en un cierto estado de frustración o total desinterés por ciertas áreas curriculares.

La tarea docente es ardua y la maestría no la hace más ardua porque está sobrentendida en la tarea docente. Lo que sí la hace más ardua es el extenso papeleo debido a la extensa verbalización intentando hacer creer que de ese modo se educa mejor, pero ese es otro tema.

La maestría docente en pandemia debe ir logrando que el aprendiz decida conectarse a la red o a la señal radial o televisiva porque le interesa saber y sabe haber quienes están interesados que sepa.


jueves, 4 de marzo de 2021

Tips


La pandemia trajo consigo que la escuela remota u online se ponga de moda. No obstante, si se dice que la moda no incomoda, ésta podría incomodar si no se advierte lo siguiente:

1. La escuela remota u online es reciente. Si antes hubo algo de educación remota u online, no era la generalidad ni la norma. Entonces, nadie se crea ducho en la materia como para no advertir posibles observaciones.

2. Un niño o adolescente frente al computador, tablet o celular elige por propia cuenta lo que desea oír o ver para distraerse, jugar, Etc. Cosa distinta es obligarlo a ver u oír lo que no ha deseado. Entonces, esa obligación debe pasar a un segundo plano, y la forma de hacerlo son mediante sesiones principalmente dando cuenta de un interesado y atento profesor sobre el estado emocional de sus aprendices antes de alejarse de ellos - más de lo que online o remotamente están - poniéndolos a resolver situaciones problemáticas.

3. Donde no rigen las normas la probabilidad del desorden y caos es inminente. Ocurriendo también haber caos y desorden  pese a regir normas. Entonces, préstese atención a quien las cumpla e incumpla para que todos las cumplan. Hágase la pausa tanto para llamar al orden como fortalecerlo.

4. Casi siempre tenemos los profesores la manía inconsciente de hablar recortando una oración para que la completen quienes nos oyen. Si rige la norma de apagar micrófonos, no seamos quienes alienten quebrantar la norma con tal manía inconsciente.

5. Las propiedades de la  tecnología del sistema virtual permiten el control de asistencia. No se crea que por nombrar a cada aprendiz asistente se está siendo atento o considerado. El tiempo online es corto, y será menor si pasa lista. En este caso, importa más mencionar al ausente para  involucrar a los aprendices en su identidad de grupo, poniéndose en mención la preocupación por el aprendiz ausente y el valor de quienes están puntual y presente en las sesiones.

6. Hágase la pausa para saber qué hace el aprendiz. Hay que ir más allá de verlo sólo a través de la pantalla creyendo hace o cumple con la indicación dada.

7. El texto escolar es un material auxiliar o complementario. Las consecuencias de la pandemia obligan a la flexibilidad en cuanto a su adquisición. Entonces, no es flexible diseñar una sesión de clases que, de primera mano, incluya el uso del texto porque la flexibilidad se hace rígida o nunca la hubo.

Es momento de hacer gala de la producción docente conforme se vaya alineando la realidad de la sección, el grado o año, el nivel y la propia escuela.

domingo, 28 de febrero de 2021

Al profesor online

Con el inicio de Marzo se inicia también la cuenta regresiva para la vuelta a clases. Siendo para el profesorado el reto de hoy, y no exactamente la oportunidad de ayer, porque - a tono con lo remoto u online - el esfuerzo deberá ser mayor para que nuestra “señal" ni se distorsione ni apague sino llegue con claridad y potencia.

No es más ni mejor profesor quien quiera regirse por el nivel o especialidad, así como el diploma ostentado. Para quienes tenemos el encargo de educar, nuestra competencia debe ceñirse a lo que nuestro acompañamiento, facilitación, guía y tutoría, puedan logren Saber, Hacer y Ser nuestros aprendices. 

El buen profesor es recordado en cualquier momento, y cada recuerdo lo hace trascender toda vez que evocan su personalidad y sus enseñanzas, validándose de algún modo esa maestría que supuestamente la vocación de servicio debería hacernos alcanzar.

Se hace difícil creer que seamos tantos profesores, pero pocos validando tal maestría. Una de las razones está en haber quienes no ponemos atención a la poca competencia profesional. Otra, sería sucumbir, ya sea por debilidad o desgaste, a la inestabilidad emocional o al modelaje de conductas impropias. En ambas razones con alcance de culpa al propio sistema escolar, y dentro de éste a la imposición de hacer, rehacer y extender para volver a rehacer y extender un hacer, no tanto mal aprendido por haber sido mal enseñado, sino desde el principio mal diseñado.

En cuanto a lo que nos toca, es tiempo de hacer un mea culpa porque - salvo excepciones - hay cierta falta de amor propio a la profesión porque nos dejamos ganar fácilmente. Mirando desde la vereda de enfrente: el profesor "se deja". Nos dejamos apabullar o atacar por la prensa. Nos dejamos asustar e intimidar por la jerarquía. Dejamos menosprecien nuestra opinión, y ésto cuando a cualquiera se le pide opinión sobre la educación menos al profesor. Nos dejamos ganar por la rutina. No sólo dejamos que otros desgasten nuestra figura, sino que lo hacemos por cuenta propia, y éso sucede también cuando el embrollo es entre nosotros. En definitiva: el profesor se deja.

Valoremos que una de las profesiones más sublimes es la de ser maestro. Y, reflexionemos también que no cabe la conformidad de serlo por sinonimia, sino por impulso de la vocación de servicio, los saberes y el don de gente, para como un ser integral serlo siempre por la propia razón de nuestra profesión, encargo y confianza.

Si aún no es maestro desear serlo es el principio, seguido de la competencia y, sobretodo, de empezar por ser de los que no se deja.

La vía remota u online no es impedimento. Ahí está el reto.

miércoles, 24 de febrero de 2021

El ton y son



La diferencia de capacidades alcanzadas a un nivel de logro destacado permite justamente seamos diferentes unos de otros. Lo que no implica una diferencia discriminatoria sino valorativa por lo que sería capaz cada quien. Entonces, de ahí es cuando la conjugación de las diferentes capacidades de cada quien - llámese intervención mutua - se ponen a disposición de lo que a estas mismas se les podrían demandar.

Sin embargo, si no es del hombre de quien hablamos, hasta aquí un punto final; no siendo así.

¿Son suficientes las capacidades del hombre alcanzadas a un nivel de logro destacado?

No. Porque quienes serían los más indicados, por tenerlas sumidas en grados académicos inscritos en pergaminos o diplomas, están dando el mayor de los ejemplos de una insuficiencia - llámese incapacidad - para obrar acorde a todo posible modo, forma o manera de regularse la conducta humana.

Entonces, somos más lo que nuestra conducta haga y menos lo que las capacidades digan somos.

La escuela tradicional - salvo excepciones - estaba basada en Saber más, y no tanto en Hacer con ese Saber. En cuanto a Ser, éste sometido al rigor y miedo.

La escuela de hoy, y digo de hoy porque en su imposición dijo ser mejor que la de ayer, está basada en Saber, Hacer, Ser y hasta Emprender. Pero, tanto y nada.

La pandemia ha advertido lo malo más que lo bueno de los peruanos pese a parafrasearse que en la adversidad es cuando surgen las más altas capacidades y logros. 

La mala conducta del adulto, sino se la condiciona o socioculturiza difícilmente se reeduca. En casos extremos el ajusticiamiento hará lo suyo.

Quienes somos educadores no lo somos si frente a las penosas circunstancias no volvemos la mirada hacia la niñez y adolescencia para reflexionar sobre nuestra tarea, la misma a la que le podría alcanzar culpa si son ellos quienes mañana podrían ser igual o peor a quienes vienen siendo los adultos de hoy dando tan vergonzosos y malos ejemplos.

Quien no tenga ton ni son es por ausencia o mala educación.

Quien tenga ton y no son, y viceversa, es por insistencia en el error de una desorientada propuesta educativa.

El ton y son caminan juntos.

El ton y son digamos es cuanto Sé, lo que Hago y como Soy. Siendo el proceso de la educación básica escolar el tiempo, espacio y lugar para su aprendizaje. Lo que no se deslinda del hogar porque tanto la iniciación como continuidad de la misma sobre el perfil del ton y son ocurren bajo techo. 

La escuela pública de hoy, y salvo algunas excepciones, si no hace lo suyo sino siga haciendo lo que le diga otro, será que a los maestros nos han vuelto a vencer.

La familia, y salvo sus excepciones, si no hace lo suyo, siquiera deje que la escuela lo haga y también le diga qué y cómo hacerlo.


 

lunes, 22 de febrero de 2021

La política del mal hombre hecho político


Visto está que la política no es mala en sí, sino son malos los hombres haciendo política. Habiendo quienes son malos por ser irónicamente buenos, pero “unos buenos para nada". Mientras, los hay otros - siendo más - y quienes bien pueden ser definidos como una sarta de pendejos con la única, egoísta y malévola intención de alcanzar el poder sobre los demás para "vivir a cuerpo de rey" a costillas de la ignorancia y pobredumbre de esos demás.  Situación que hace rato debería ponernos en alerta porque tales personajes, si están multiplicados por doquier, sea como titulares o en una sucesión de discípulos, ahijados o herederos del mal, es porque parece haber anuencia y lugar para desatar sus maldades.

La política del mal político tiene afinada la puntería a perdurarse en el cargo sin importar siquiera los posibles roches o faenones denunciados en su contra. Lo que es lamentable porque a tanto robo tanta plata suficiente para tentar a quienes   están vueltos unos mercaderes del blindaje fiscal o judicial, desviando denuncias, acusaciones o, finalmente, liberando de polvo y paja al mal político sobre cualquier asunto en tela de juicio.

Si la reelección no progresa ahí  están los discípulos, ahijados o herederos del mal, postulándose para continuar con la saga.

No le creamos al candidato que diga estar arrepentido.

Busquemos a quien ha hecho obra personal o profesional. A quien ha podido trascender por su gestión, si se tratara de reelección.

La experiencia no es suficiente sin trascendencia. 

Un mal político simplemente oye a las personas que dice velará por ellas. Pero, uno bueno sabe escucharlas, no sólo para saber de sus necesidades, sino de lo que quiera decir.

La política es la política, pero la política del mal deviene de los malos hombres ya sea en política o queriendo hacerla.

Otra vez estamos frente al suceso de una nueva campaña con viejos candidatos terqueando su elección o anteriormente elegidos u ocupando un alto cargo en el gobierno. También los hay nuevos. Lo que nos obliga a no volver a encandilarnos sin antes considerar que:

- Si empieza por ofrecer mucho es porque tal vez quiere mucho.

- Si dice no hará lo que a otro le critica haber hecho es porque tal vez lo hará, y en una copia mal hecha.

- Si se ovaciona, con bombos y platillos, ser el más honesto es porque tal vez lo sea sólo en la propaganda.

- Si se procura liberal, moderno y de mente abierta, es porque  tal vez lo sea tanto que el riesgo inminente será  extralimitarse en todo cuanto vaya en contra del respeto, la disciplina, el deber, Etc.

A estar atentos porque otra vez el poder lo tenemos cada uno de los ciudadanos de a pie, y éste es el voto.  

miércoles, 10 de febrero de 2021

El floro de la calidad educativa

No SABER implica no saber HACER, y si también implica no saber SER, es la gota que derrama el vaso, y no habrá la tal calidad educativa con la que, dizque “consejeros", “asesores” y “especialistas” de la educación pública escolar, justifican sus puestos, cargos y demás.

A casi dos décadas de impuesto este otro modelo pedagógico que, amparara su imposición calificando de obsoleta a la educación tradicional, las evidencias son haber más floro que hechos en sí, así como más acciones en apariencias que educar en sí.

Es una lástima que quienes deberíamos opinar del asunto - salvo claras excepciones - bajemos prontamente la cabeza en señal de toda conformidad. Entre tantos, habiendo unos, aparentando hacer lo que ciertamente no se logra; y, otros, hasta habiéndosela creído ser sus inventores o autores. Consecuentemente, incorporado al vocabulario docente una serie de términos manoseados en el discurso y la  programación.

Si la escuela pública lleva consigo dos décadas involucrada, en hacer lo que le dicen seguir haciendo pese a  lo intrascendente de los resultados, entonces la responsabilidad también alcanza a quienes pudiéramos deponer esa autoridad, otorgada por la naturaleza de nuestra profesión, para que sean otros, no solamente quienes opinen, sino dispongan sobre nuestros propios asuntos. Lo que no implica incentivar a la rebeldía ni desobediencia sino invitar a la reflexión sobre las capacidades que nos definen como maestros.  

La calidad educativa empieza por diseñarse desde el preciso momento que están dadas por entendidas la valoración humana del profesor y el aprendiz como soporte para que cada quien también entienda cuál es su rol y el rol del otro. Lo que comprende - en el rol docente - saber, hacer y ser para enseñar y enseñar para aprender; mientras, en el rol del aprendiz, aprender para saber, hacer y ser.

Si hay comodidad a la hora de educar sería lo esperado, y la comodidad enriquece la calidad, pero no la empobrece. Es decir, aún sin comodidad podría haber calidad educativa en las escuelas públicas siempre que, de una vez por todas, cesen de enfrascar al docente en una tarea de elaboración de documentos que le roba tiempo al despliegue de sus capacidades para hacer una real labor docente.

Medirse la calidad educativa  por cuánto se escribe en el papel es floro.

No es nada difícil el cambio. Es tomar la decisión. La misma que no considera volver hacia atrás, sino rescatar lo hecho como trascendente ayer, para junto a lo hecho de intrascendente hoy, se defina una propuesta pedagógica peruana que sirva realmente para orientar la tarea educativa, y, también realmente,  respete la autonomía institucional; ya que, si de algo hay que enorgullecernos, es de esa capacidad creativa y entusiasta del docente cuando se le sabe dar su espacio, tiempo y lugar.

Si lo que pasa hoy no cambia, la propaganda sobre calidad educativa seguirá siendo floro.

sábado, 6 de febrero de 2021

La vuelta a clases en pandemia

Si la vuelta a clases en pandemia inicia trayendo adjunta la lista de útiles escolares sin su mayor atención, el susto será reemplazado por el desconcierto de saberse siquiera haber una lista. Lo que, y salvo claras excepciones, es una ironía no aprender las lecciones quienes justamente las pudiéramos enseñar.

Los textos escolares son un material complementario a las actividades académicas, y la selección específica, por tal o cual, se justifica bajo razón pedagógica del contenido más adecuado a la propuesta educativa de cada institución. Por lo mismo, es de suponer existan diversas editoriales de textos escolares en el mercado.

Pero, y nuevamente salvo claras excepciones, está vista una casi adictiva dependencia por tales materiales que hace rato requiere tratamiento aún sepamos que su privación desatará terribles síntomas de abstinencia.

El ejercicio de la docencia a nivel de la escuela básica exige mucho del profesor y poco de lo demás. Lo que supone su inquebrantable protagonismo por cuanto es capaz de saber, hacer y ser, no sólo para una clase, sino para toda la vida cuando sus aprendices lo recuerdan por lo mismo.

Hasta el 14 de Febrero estamos nuevamente obligados al encierro. Lo que ha vuelto a implicar obligar a no trabajar a quienes sino trabajan no ganan, siendo una mayoría. 

Antes de la pandemia ocurría que la larga lista de útiles escolares asustaba al padre de familia por cuanto representaba en gastos. Así también la lista seleccionada de textos, aunque en este caso era molestia por la exigencia de su compra.

Con la pandemia, sino todo, casi todo ha tenido que ser distinto, y la misma sigue dándonos lecciones.

La vuelta a clases en pandemia no es volver al aula en sí, sino a   enfrentarse nuevamente a las distintas realidades definidas esta vez por una computadora, laptop, tablet, celular, TV o radio.

Entonces, y reiterada las excepciones del caso, la lección más importante para quienes venimos siendo el profesorado es hacer las cosas distintas este año para dejar de aparentar estar educando.

No estar otra vez el profesor en persona implica desplegar una serie de acciones pedagógicas que empiecen principalmente por hacer saber a los aprendices que sus profesores - aunque lejos - están ahí, juntos a ellos y, sobretodo, interesados en ellos.

Si en lo presencial, la ausencia de un profesor a clases casi siempre se suple con aquello de obligar a los aprendices a sacar un texto para ponerlos a leer o completar los espacios en blanco, no hay peor error hacer sentir lo mismo cuando se supone - aunque remoto - el profesor estar acompañando para motivar y guiar a sus aprendices.

Es momento para considerar que la maestría del profesor no está en cuánto de los documentos de la renovada y exigente “carpeta pedagógica" logre tipear, encuadrar, imprimir y archivar, sino en cuánto es capaz de crear y producir - entre tanto, considerando la autoría de sus materiales - para que a un niño o adolescente lo entusiasme e interese aprender todo cuanto ese profesor tiene que mostrarle.

Habría que recordar que todo antes del ingreso por primera vez a una escuela lo aprendemos en casa, y nunca dejamos de aprender en ésta ni fuera de la misma distinta a la escuela.

También habría que considerar que no es tiempo ni todos tienen los recursos para salir a una librería donde, con lista en mano, empecemos a ir tachando de la lista lo que se va comprando. Para luego, también empezar a forrar por colores y etiquetar cuadernos tras cuadernos. Por lo mismo, considérese otras alternativas para sobrellevar y atender lo que esta pandemia pueda estar ocasionando de malo a muchas familias de acá, allá y acullá.

Por otro lado, el año pasado hubo mucho alboroto y queja del profesorado por sobre a quiénes se le había dado la tarea de educar sin ser profesor o no tener el título pedagógico. Sin embargo, su queja nunca advirtió que tales personas actuaban de profesores frente a la posibilidad que quienes lo eran no lo parecían.