sábado, 2 de octubre de 2021

Dañinos remedos juveniles

Varios cientos de jovencitas – llámesele de ese modo a quienes están por dejar la adolescencia y otras empezando a ser jóvenes – se desataron en una reciente fiebre colectiva a causa de un dizque afamado libro que iba a ser autografiado por su autora; lo que conllevó a una aglomeración y tumulto de gente que acabara haciéndose daño físico tras los empujones, codazos y caídas al suelo, sin importar pisarse unos sobre otros, cual estampida humana.

Hecho lamentable que definitivamente, y muy aparte de la posible desorganización del evento, era previsible de ocurrir por el efecto de la imitación no razonada y consecuente defecto de la misma caída en el remedo. Hecho lamentable, también, porque no debió pasar como un simple incidente ya que – hoy más que ayer – son más las incidencias del remedo colectivo que la simple imitación.  

En una explicación de la conducta, tal vez pueda alguien argumentar que las células cerebrales espejo o neuronas espejo intervienen como causa de la imitación. Sin embargo, la explicación exige un análisis mayor cuando la imitación recae en mala imitación y que podríamos denominar remedos porque van en contra del bienestar mental y físico de la persona.

Las neuronas espejo hacen gala de su presencia cerebral en el aprendizaje por imitación. Téngase en cuenta que la imitación puede ser regulada o modificada ya que justamente viene siendo también otra de las capacidades diferenciadas del hombre frente a cualquier otra especie existente.

La imitación como respuesta rápida a los distintos estímulos no es razonada, y no es mala mientras se entienda que el cerebro humano nace con mecanismos de actuación y respuesta rápida e inmediata a los estímulos por razón de la propia evolución del cerebro. Lo que no impide imitemos por una decisión razonada para el alcance de un objetivo simple y común u otro dispuesto al aprendizaje.

Las neuronas espejo permiten además una interconexión cerebral de un individuo a otro, y es de moto tal que – sin mediar palabra alguna – interpretamos, entendemos y podemos anticiparnos a los actos de ese otro. Del mismo modo, sentir… si de empatía se trata.

Entonces, ¿Qué se está haciendo mal o no haciendo? Todo indica, y siempre salvo excepciones, educando mal.

Desde el Estado, no hay mirada seria hacia la familia en el sentido riguroso de la planificación y el recordatorio de las obligaciones del padre, madre o tutor. Igualmente, sobre los factores desencadenantes de la mala imitación o remedo procurados por la excesiva propaganda de estilos de vida nada o poco esforzados por la dedicación al estudio o al trabajo.

En temas de constitución de familia, fácilmente se integran como igualmente se desintegran las cabezas de familia. Es más, muchas no llegan a ser familia sino por el lazo sanguíneo. En otros casos, tal vez convivan bajo un mismo techo, pero no como familia. Mientras tanto, un gran número de quienes vienen siendo jovencitos se estimulan con la imitación como medio de escape o refugio a lo que pudiera estar tocándole vivir.

Desde la escuela, y sin política de Estado, difícilmente toda buena intención de sus “Escuelas para Padres” no pasan de buenas intenciones porque el ausentismo está generalizado. En el nivel Secundaria, año tras año, son cada vez menos los padres motivados por sí mismos a participar de las actividades de integración y formación conjunta con sus hijos. Mientras eso ocurre la escuela no escapa a lo que propiamente le incumbe en cuanto a las competencias y capacidades que incluye en su proyecto, programas y sesiones, pero cuya realidad parecen quedarse anotados en el papel y no incorporados – sirva uno de ejemplo – al previo juicio de sus actos de quienes tendrían edad, sino suficiente, sí potencialmente en desarrollo para demostrar lo que se le está enseñando y aprendiendo; por ende, moldeando su conducta como presentes y futuros hombres y mujeres de bien.