martes, 11 de octubre de 2016

Pedagogía al día...

Prof. Edgar Andrés Cuya Morales

Se oye fuerte el tema de "la tarea", creyéndose que erradicarla del sistema escolar traerá consigo, mañana mismo, revertir todo cuanto se le acusa o cuestiona. 
La tarea escolar sostiene una intención pedagógica, y lo que debería preocupar a los pedagogos es recuperar lo que, al parecer, el profesorado estaría desvirtuado al convertir a la tarea en una pesada carga puesta sobre la espalda de los aprendices. Si el caso va por erradicar la tarea para quitar ese peso sobre la espalda de los aprendices, las consecuencias no serán gratificantes porque en la vida... "quién no aprende de la tarea, poco le importará hacerla". A chicos o grandes, la tarea enseña, y la intención pedagógica no se ciñe a dibujar, repetir planas o resolver un sinfín de problemas. Por ahí, hay que empezar a corregir lo desvirtuada que anda la tarea.
La tarea, cualquiera sea ésta, exige tiempo y trabajo, y bien hecha o resuelta debe traer consigo una satisfacción al mismo nivel de intensidad que fuera propuesta la exigencia. 
La educación básica educa a la persona en sus bases formativas para que mañana más tarde sea el hombre ejerciendo lo que es del hombre en sociedad. En la escuela es que la persona se educa, y lo que haga la escuela se sostiene de una intención pedagógica. Por eso, la tarea importa, y como importa se corrige si está vuelta excesiva e innecesaria para sus fines pedagógicos.
Textualmente, cierta vez oí decir a alguien que en su colegio "sus profesores gradúan la tarea para la casa; osea, de a poquito". A otro, oí decir que en su colegio "las tareas se hacen acá mismo". A un tercero, oí decir que "si un profesor deja tarea lo anota en la pizarra para que otro profesor ya no pueda dejar más tarea". Situación crítica, ya que ninguno habló de pedagogía, sino de cómo "la hacen" para zafar de las posibles críticas de terceros, y ahí está uno de los mayores problemas de quienes disponen del manejo del sistema escolar, actuando de severos al exigir un saber y un hacer y un ser que no fue enseñado. Es así, que hartas son las "capacitaciones", pero ninguna sobre lo que verdad importa a la escuela si se sabe que en ésta hay personas educando a personas.
"La tarea" es tiempo y trabajo, pero no el tiempo, ni el trabajo de otro. La escuela, con sus directivos y profesores, es el "equipo pedagógico", pero sólo lo será de etiqueta si siguen pensando que "la pedagogía sobre la tarea" es reformular sobre cuánta tarea para la casa deberá dejar su escuela o, simplemente, no dejarla.
Hay una enorme debilidad pedagógica en los lineamientos directrices en las escuelas porque éstas no apuestan por equiparse de "asesores" o "coordinadores". Andan creyendo que son cargos al servicio de la papelería o la solución de conflictos entre profesores, alumnos, profesores y alumnos o profesores y padres de familia. Si la escuela se diligencia a cualquier otro ritmo distinto al pedagógico... ¿qué nos tocará vivir en sociedad?     
         

                                
         
      


Pedagogía al día... Prof. Edgar Andrés Cuya Morales



Se oye fuerte el tema de "la tarea", creyéndose que erradicarla del sistema escolar traerá consigo, mañana mismo, revertir todo cuanto se le acusa o cuestiona. 
La tarea escolar sostiene una intención pedagógica, y lo que debería preocupar a los pedagogos es recuperar lo que, al parecer, el profesorado estaría desvirtuado al convertir a la tarea en una pesada carga puesta sobre la espalda de los aprendices. Si el caso va por erradicar la tarea para quitar ese peso sobre la espalda de los aprendices, las consecuencias no serán gratificantes porque en la vida... "quién no aprende de la tarea, poco le importará hacerla". A chicos o grandes, la tarea enseña, y la intención pedagógica no se ciñe a dibujar, repetir planas o resolver un sinfín de problemas. Por ahí, hay que empezar a corregir lo desvirtuada que anda la tarea.
La tarea, cualquiera sea ésta, exige tiempo y trabajo, y bien hecha o resuelta debe traer consigo una satisfacción al mismo nivel de intensidad que fuera propuesta la exigencia. 
La educación básica educa a la persona en sus bases formativas para que mañana más tarde sea el hombre ejerciendo lo que es del hombre en sociedad. En la escuela es que la persona se educa, y lo que haga la escuela se sostiene de una intención pedagógica. Por eso, la tarea importa, y como importa se corrige si está vuelta excesiva e innecesaria para sus fines pedagógicos.
Textualmente, cierta vez oí decir a alguien que en su colegio "sus profesores gradúan la tarea para la casa; osea, de a poquito". A otro, oí decir que en su colegio "las tareas se hacen acá mismo". A un tercero, oí decir que "si un profesor deja tarea lo anota en la pizarra para que otro profesor ya no pueda dejar más tarea". Situación crítica, ya que ninguno habló de pedagogía, sino de cómo "la hacen" para zafar de las posibles críticas de terceros, y ahí está uno de los mayores problemas de quienes disponen del manejo del sistema escolar, actuando de severos al exigir un saber y un hacer y un ser que no fue enseñado. Es así, que hartas son las "capacitaciones", pero ninguna sobre lo que verdad importa a la escuela si se sabe que en ésta hay personas educando a personas.
"La tarea" es tiempo y trabajo, pero no el tiempo, ni el trabajo de otro. La escuela, con sus directivos y profesores, es el "equipo pedagógico", pero sólo lo será de etiqueta si siguen pensando que "la pedagogía sobre la tarea" es reformular sobre cuánta tarea para la casa deberá dejar su escuela o, simplemente, no dejarla.
Hay una enorme debilidad pedagógica en los lineamientos directrices en las escuelas porque éstas no apuestan por equiparse de "asesores" o "coordinadores". Andan creyendo que son cargos al servicio de la papelería o la solución de conflictos entre profesores, alumnos, profesores y alumnos o profesores y padres de familia. Si la escuela se diligencia a cualquier otro ritmo distinto al pedagógico... ¿qué nos tocará vivir en sociedad?     
         

                                
         
      


miércoles, 7 de septiembre de 2016

TANTO POR HACER Y DESHACER


El profesor es la autoridad en el aula. La imposición de una pedagogía que lo tildara de “humano- parlante” empezó con el maltrato relegando su presencia dentro del aula a la de quien sólo debe comportarse como un simple “facilitador” de lo que se le antoje demandar a otro que dice querer aprender. Su labor importa, e importa mucho, porque educa; y, como tal, se le respeta. El profesorado anda a la espera de la devolución de su autoridad por el reconocimiento mismo de su labor y de quienes como usted y yo hemos sido educados por él o ella. Hay que empezar con No avalar más la cultura de “las amenazas”, “el amedrentamiento” o al mal acto de “denunciar por denunciar”. Es inaudito que sea el propio Estado quien promueva tales maltratos, conllevando a la población al malentendido de que todo profesor es malo. 
La escuela requiere volver a su esencia: “enseñar y aprender”. Siendo así, el profesor y el alumno son los actores protagonistas. Hay actores de reparto, pero lo que no debería haber son personajes antagónicos; menos, si el propio Estado quiere ese papel como así lo ha desempañado en perjuicio del sistema educativo escolar. Debe entenderse que las escuelas no funcionan como laboratorios donde se hacen una serie de experimentos sociales sólo para apantallar que se está a la vanguardia con, dizque, la modernidad.     
Hasta el momento, esa política educativa de menospreciar al modelo educativo “tradicional”; y, desde ese punto de partida, justificar modificatorias tras modificatorias a la tarea educativa, no ha hecho sino desorientar lo que cada profesar debería gestar en las aulas con sus alumnos. El profesorado anda a sobresalto. Su opinión no importa. Él o ella debe hacer lo que se le dice hacer, así no entienda, comprenda o no sepa cómo hacerlo; caso contrario, deberá atenerse a las consecuencias de un posible proceso administrativo. Se lo agobia con tanta documentación a elaborar en una política donde “el papel aguanta todo sin importar lo que en la realidad se viene haciendo en las aulas”.  No quiere entenderse que lo que no aplica a nuestra realidad y, además, ha causado daño y retraso en el desarrollo de quienes educan y se educan... No aplica. Hay que hacer o deshacer.
En la escuela se aprende a competir. No basta saber, hacer y ser. Hay que competir para saber si lo que sabes, haces o eres, te hace mejor. La mediocridad no compite y siempre anda justificándose al festejar cada derrota, sobrevalorando, dizque, el esfuerzo o participación. Es inaceptable la sutileza con la que al profesor, frente a la  inminente desatención al aprendizaje de quien debe aprender, se vea obligado a rebuscar la justificación de un inapreciable esfuerzo del alumno a fin, cumpla con el nuevo modelo educativo. Entonces, “premia” o alienta lo que no debe; por ende, nadie desaprueba, se vuelve “derecho, se malinterpreta el sentido de esfuerzo, desalienta al esforzado y se va gestando mediocridad.               
La Autoestima no “sube”, ni “baja” callando o escondiendo las faltas en las que incurra el alumno en su proceso de aprendizaje. Hay que dejar de creer que todo cuanto haga el niño y el adolescente, de bueno y malo, es siempre bueno. Basta con tanta propalación abundante y contante sobre “Derechos Humanos”, “Derechos del Niño y Adolescentes” y demás, pero en el sentido de haberlo desprendido del “deber”, habiéndose malentendido a un nivel donde sólo importaría el derecho de uno y no del otro. A diario, el profesor debe lidiar con alumnos, y sus padres, tratando de no ser agredido o menospreciada su labor por cualquiera de ellos, bajo frases altaneras y alejadas del respaldo del derecho, como lo son: “¡a mí, nadie me puede decir nada”, “¿Quién es usted para decirme algo?”, “¡lo denuncio!”, etc.        
Es uno de sus conceptos sobre Calidad Educativa, se dice que la calidad empieza por casa. Lo que se aprende en casa se pone en práctica en la escuela. Pero, si “la casa” no educa, hay que dejar que la escuela lo haga, y eso se respeta. El profesor no refuerza, educa. Así como va el comportamiento de nuestra sociedad, quiere decir que hay problemas en la familia (casa) porque ésta es la célula básica de la sociedad. Entonces, hay que reeducar a quienes deben educar en casa.   
Lo que no aplica, no se insiste en su aplicación porque cansa y aturde. Basta con “el palabreo en el papel” en el que está vuelto el actual modelo o enfoque pedagógico. Ya es hora de que se ponga atención a la opinión o palabra del profesor en cuanto a la realidad académica que le hacen tocar.
Los mejores sirven de ejemplo. Pero, cómo saber quién es mejor que otro. Hay que competir, y eso no es sometiéndolos a peculiares o antojadizos “exámenes escritos” donde todas las alternativas de respuesta pueden ser las correctas si se entendiera que la conducta y el aprendizaje es uno y, a la vez, todos los conceptos posibles. Hay que ser buenos observadores, y esa es una capacidad que no se obtiene con el título o la maestría, sino con la experiencia, pero destacada. Hay que autocapacitarse, y no esperar lo que otros nos digan que hacer; más si su realidad está marcada por la distancia y diferencia con relación a la del Perú. Los mejores profesores tienen que tener la oportunidad para “Capacitar” con su propia “experiencia denotada” de trabajo.
No por más planes se ha garantizado los aprendizajes esperados. Entonces, menos “planes”, “compromisos”, “programas”, “módulos”, “proyectos”, “celebraciones”, “días del logro” y demás… porque está visto que todo cuanto se ha obligado a hacer, sólo ha servido de “pantallazo” de y para las autoridades; muchas de las cuales no ven más allá de lo que se les ponga al frente de los ojos o finjan ver o entender lo que miran.
No por más uso verbal del “english” para referir términos, palabras o conceptos sobre conductas, aprendizajes y educación en sí, se ha garantizado que la Educación Básica supere el retraso o se crea que por el uso del “english” se vaya a la vanguardia con otras realidades educativas que sí se distinguen por sus logros. Hay que dejar de convertir al profesorado en simples “repetidores” de lo que no ayuda a educar. Si se trata de estar a la moda, la moda no incomoda, así que sigamos con la nuestra y no la que quieran imponernos. Es contradictorio que la imposición de un inicialmente modelo “constructivista” haya criticado a “la memorización” para sostener su aplicación, ya que desde su imposición no ha hecho sino poner a memorizar y repetir conceptos a los profesores. Pero, lo lamentable de esta situación es que la repetición se haga de conceptos o definiciones impartidas a ocurrencia de la interpretación de uno u otro “asesor” de turno con poder para obligar a los demás a repetirlo, copiarlo o imitarlo.       

viernes, 12 de agosto de 2016

Y se atreven a evaluar…

Alguien acaba de decirme… “esto de la educación se veía torcerse desde que yo alcanzara en el grado a uno de mis hermanos mayores a causa de sus repitencias, y debiendo entregárseme el diploma de aprovechamiento se lo entregaron a él. - Ha sido una simple equivocación… ¡total, el diploma se va para tu casa de todas maneras! – Contestó la profesora a mi reclamo y congoja”.

En educación, sus metas, fines, objetivos o cuanto dé el uso de más términos similares o afines… se torcieron, y andan tan torcidos que, sin importar la mala educación que se atraviesa, se obliga a “evaluar” tanto a los alumnos como los profesores. Lo que se veía torcerse, no fue enderezado, ni apuntalado para que no se tuerza más. Se torció. Ayudaron a torcerlo, y a lo torcido hay quienes han empezado a hacerle nudos que difícilmente se desatan.

Si de Educación Pública se trata, ¿cuánto se sirven de ésta los niños y adolescentes para la mejora de vida o próspero futuro? Pues, vista la realidad, sólo del papel o “certificación” debido a la obligatoriedad. Lamentablemente se ha llegado, en retroceso, hasta una situación donde “la educación no educa”. Torcido el sistema, tuerce a los profesores, alumnos y padres de familia. El sistema torcido ha puesto en conflicto a los agentes de la educación. Los ha hecho perderse el respeto, y la escuela no es más ese recinto “sagrado” o  templo de saberes y elevados principios y valores humanos liderados por “maestros”.

De llegar el día que dejemos de remedar o imitar, tal cual, lo que en otras realidades absolutamente distantes y distintas al Perú, y su gente, hacen, podría decirse haber empezado a desatar los nudos y enderezar lo torcido y enredado del sistema educativo. Dentro del torcido sistema, se consideran a aquellos nudos burocráticos que, a costas y costos de tantos “cargos” y “encargos”, han hecho aparecer a tanto “directores” y “jefes”, y cada quien con un numeroso grupo de posibles asesores o personal de confianza, quienes por las mismas o similares funciones no hacen, ni deshacen… solamente se mantienen en el puesto sin resolver las notorias causas de la mala educación.

Escuché decir… “tú no eres político porque no corres tras un puesto. Tú caminas”. Antes del día de las elecciones, presidencial y de congresistas, parecía que a los candidatos les importaba resolver eso de “la mala educación”. Ya elegidos, y convertidos solemnemente en “políticos”, lo que menos les importa es lo torcido que anda el sistema educativo.

Ah…, las marchas contra las posibles "malas conductas" son algo así como querer empezar a cepillarse una muela rota que desde tiempo atrás anda careada.


martes, 24 de mayo de 2016

Charla - Taller

"Decide tú si quieres cambiar"

¿Te conoces?, ¿cuánto te conoces?, ¿cómo te conocen?, ¿te gusta y/o desagrada cómo es que te conocen?, ¿puedes cambiar?, ¿por quién o por qué cambiar?, etc.