Las escuelas están vacías desde hace más de un año, y hoy hay padres exigiendo vuelvan sus hijos a ocuparlas como otros amenazando a quien les diga volver.
El año pasado otro fue el asunto, y éste con respecto a cuánto menos pagar de mensualidad ya no por clases presenciales sino online.
Si se presta atención no es exactamente sobre la escuela pública y sus aprendices los involucrados en estos hechos. Entonces, por ahí está el asunto a considerar antes de declarar si se está a favor o en contra del retorno a las aulas porque entre uno y otro, no sólo hay distantes diferencias, sino parece tampoco importar las mismas.
Mientras hay escuelas educando, bajo el ejercicio de la autonomía institucional prescrito en la propia Ley 28044 - Ley General de Educación, hay también las otras, escribiendo más en el papel y formando el mayor conjunto.
Definitivamente la interacción personal juega su mejor papel en lo presencial y el confinamiento prolongado es dañino. Por lo que retornar a las aulas será favorable. Sin embargo, ¿será lo conveniente en este momento?
La amenaza de muerte por el Covid-19 puso como prioridad la salud. Aparecida la vacuna es lógico que sea mayor el deseo de volver o retornar a esa normalidad demandada. Pero, y hablando de la educación pública, no se ha recapacitado sobre qué sí y no para no volver a la repetición de una pedagogía que, por ejemplo, prioriza celebraciones por doquier (en todo lo que éstas demandan) creyendo así educar en integralidad. Asimismo, no estar aún vistas dentro de las exigencias, tanto de la autoridad competente como otra interesada en el retorno a las aulas, la vacunación del profesorado. A la fecha, sólo hay opiniones.
La escuela privada tiene sus ventajas, y por las mismas se ven a padres marchando por el retorno a la presencialidad.
En la escuela pública no habrá más desventajas si hace más sino si hace menos de lo que no está educando.
La preocupación por la salud de los niños y adolescentes debido al retorno está acrecentada por el miedo propagado, si bien por la propia enfermedad, también por aquel impuesto intencionalmente a la población como posible limitativo de tan reprobables comportamientos y conductas de tanta gente vistas en pandemia.
El retorno a las aulas implica riesgo y amenaza. Por lo tanto, tales deben ser aminoradas, empezando por concientizar a todo adulto en su rol de saber brindar protección y seguridad al niño y adolescente, pero sin más confinamiento, sino siendo capaces de mostrarles respeto, dejando cada quien de hacerse el adulto abusivo, pendejo, bravucón, intocable, indolente, egoísta y todo cuanto sería la verdadera y mayor de las amenazas.
El retorno a las aulas implica un reto, ése sería dar por cierto que los niños y adolescentes nos preocupan no tanto porque son el futuro del país sino principalmente un ser humano.
Hasta fin de año lo conveniente todo ese momento es hacer del riesgo y la amenaza los menores posibles, y de la educación la más provechosa para Saber, Hacer y Ser.
Así que, señores Castillo, Cadillo, Cevallos y señora Alva y demás posibles involucrados... ¿Qué están esperando?
