miércoles, 26 de febrero de 2020

Escuela y Padres

Cierta vez debatían directora, profesora y psicóloga sobre el uso de la preposición que debía ser la correcta para darle nombre a sus charlas con los padres acerca de la mejor crianza de sus hijos. Entonces, debatían entre "Escuela de Padres" o "Escuela para Padres", dando cada quien su argumento. 
Es gracioso. Sí, es gracioso porque roba tiempo debatir sin tomar en cuenta que uno u otro nexo cumple con el sentido de lo que el colegio quiere hacer. Es decir, involucrar al padre en la tarea educativa. Entonces, ya sea por pertenencia o finalidad, es saberse su escuela, y eso no se debate porque está claro. 
Sin embargo, con debate o sin éste, lo relevante del asunto es la animación de esta escuela que tiende a sucumbir por incremento de ausentes y desertores, descomponiendo su auditorio. 
¿Por qué tal situación? 
Al extraer las justificaciones comunes de los padres ausentes o desertores, casi todos - sino todos - fijan la culpa al colegio. Le achacan no avisar con tiempo anticipado, ya que eso les permitiría gestionar un permiso en el trabajo y asistir a la escuela - Terminan por decir. También, denuncian la desconsideración del colegio en cuanto haber programado la escuela en fechas y horas en las que ellos trabajan. Como cereza puesta sobre el asunto, opinan que las charlas, además de aburridas, son más de lo mismo. - ¡Yo sé como crío a mi hijo!, - ¡Mi hijo no es alumno problema!, - ¡Cualquier cosa sabe que tiene que contármelo!, - ¡Ya está advertido!, y como toque final dicen: - ¡Si no se trabaja no se come!
Quienes suelen asistir a la charlas de su escuela, dicen hacer un esfuerzo por asistir y reclaman no ser justo que otros no lo hagan. Afirman que quienes no vienen son justamente los de los problemas familiares y le exigen a la escuela la adopción de medidas. Mientras tanto, se oyen por ahí a padres agradecidos y, a la vez, a otros condicionando su próxima asistencia si el colegio pasa por alto a los ausentes y desertores.
El sistema escolar no cría hijos, educa aprendices en la formalidad que el Estado ajusta. 
Si bien al colegio se lo considera el Segundo Hogar, ni ello implica asumir lo que a los padres les toca. Antes, siquiera en la matrícula se los veía a algunos sin importar no verlos nunca más durante el año escolar. Pero, ese "sin importar" sí importa porque no libra al colegio de la culpabilidad - claramente, no toda - de no haber, o haber poca, asistencia a las charlas de o para padres.
Nuevamente el Estado no da cuenta de lo que genera actuar en contra de si mismo. 
En mayor representatividad la escuela pública es el Estado, pero pública o privada se rigen por éste. Siendo así, resulta lamentable que las políticas educativas hayan arrinconado a su gente, desfigurado su imagen y despojado de lo que por vocación de servicio solía asumir el maestro con cierto grado de autoridad frente a la indiferencia y omisión de deberes u obligaciones, no sólo de sus educandos, sino de quienes - más por amor que obligación - deben asistir, acompañar y colaborar con la tarea formativa y educadora de sus propios hijos. 
Déjese en aclaración que el colegio no es un lugar para dejar al hijo al cuidado y atención exclusiva por horas. Tampoco, un establecimiento destinado únicamente al esparcimiento y recreación. Menos, un espacio donde todo se le está permitido al padre y alumno. 
La escuela o colegio es un espacio o recinto en el que concurren educadores y educandos integrantes - junto a otros miembros - de una comunidad educativa, cuyo propósito es educar y ser educados en una interacción de experiencias cotidianas de aprendizaje formal para el saber, el hacer y el ser. 
Las escuelas de o para padres no deben partir del debate de cuál es la preposición correcta o apropiada para la escuela sino del cómo concientiza el colegio al padre en su rol. En cada colegio hay un enorme y rico potencial de recursos que son los propios maestros. No subestime el colegio a sus maestros. No se ciña el debate con unos cuantos o los de siempre. Más, si el resultado del debate no ha sido aumentar la asistencia del auditorio en las charlas pasadas. No se caiga en lo mismo: hacer brincar al padre, que se abrace o se mire a los ojos con un desconocido o aturdirlo con tanta nomenclatura. No se invite o invierta en tanto especialista; invítese a padres aprendiendo a ser padres.
El reto de cualquier escuela, en su tarea educativa, no es no saber educar sino no rendirse cuando no la dejan o le impiden educar. 
Por otro lado, al Ministerio de Educación habría que decirle no ande más preocupado en la propaganda del "Buen Inicio del Año Escolar", sino  también preocúpese en un plan de acciones inmediatas para la recuperación de la imagen del maestro y su autoridad en la escuela... ¡Soñar no cuesta nada! 

sábado, 22 de febrero de 2020

¿QUÉ MÁS DEBE PASAR?


- ¡No he hecho ni mieeerda!, ¡perra maldita!, ¡grrr!
Se escapó de las manos aquello de libertad de pensamiento, libertad de opinión o libertad por libertad, al haber degenerado en otra por la que cada vez son más quienes - con la menor ligeresa - abren la boca para traerse abajo y pisotear a su amplísimo antojo la dignidad humana de otro ser supuestamente tan igual de protegido por derechos.
Arrancar mechones de cabello, mordisquear, puñetear, arañar, jalonear y escupir, es sólo la antesala de lo peor. Sí, porque lo peor es cuando "pechan", gruñen y disparan a desparpajo lisuras, insultos y ofensas - tan asquientas e hierentes - que parecieran masticarlas con gusto en la boca, ensalibándolas para luego esputarlas con mucosidad y flema.
Hay que ponerle freno al asunto porque está demostrado que el hombre tiene una increíble capacidad de autodestrucción que horroriza.
Si siempre es el presente porque a la sociedad se incorporan continuamente actores, lo que debe resolver el Estado es a quiénes está incorporando, ya que tiene el rol de director de la obra. Es decir, es quien planea, diseña, dirige y evalúa la formación y educación de la generación de tales actores, quienes deberían ser los protagonistas de una trascendente contribución hacia una mejor sociedad. Pero, si la obra es desastrosa es porque hay pésimos actores debido a un pésimo director.
En la escuela, hay que andarse con cuidado en cuanto a lo que pueda decírsele al alumno porque tiene el costo de una inmediata condena al profesor sin antes siquiera habérsele investigado y encontrado culpabilidad. Y, tal situación no es porque el profesorado se haya extralimitado en sus funciones, sino porque hay una mala tendencia del Estado de "meter a todos en un mismo saco" al emplear mecanismos de atención a la mínima denuncia sin mayor interés o reparo de la mala interpretación que se ha dado a la misma por parte de quienes se han visto avalados y fortalecidos para amenazar públicamente a boca suelta al profesor. En el peor de los casos, hay la modalidad de denuncia anónima que ha desatado una libertad para arrinconarlo y sentarlo en el sillón de los acusados siempre que la otra parte así lo quiera.
A la escuela se la obliga a festejar la proclama de derechos del niño. Otra, del niño y adolescente. Otra, del niño peruano. Otra, de la semana del niño. Y, mientras más rimbombante, mejor.
No hay una "deberes del niño" o "deberes del adolescente" porque se cree que atenta contra la libertad.
En el hogar, al creer el Estado que todos los padres son abusivos, degenerados o desnaturalizados, surge en ironía tres situaciones: la primera, cuyos padres también deben andarse con cuidado. La segunda, cuyos hijos, familiares, vecinos y extraños creen poseer la libertad para denunciar por denunciar. La tercera, a quienes verdaderamente deben denunciarse no se denuncian.
Nuevamente el Estado en un fallido rol no da cuenta que lo que procure como nueva generación de actores lo serán también como protagonistas de  esas nuevas familias que constituyen el núcleo de la sociedad. Entonces, si son más las familias disfuncionales es porque el Estado viene siendo un pésimo director.
La exhibición y desfile de gobernantes corruptos, así como de quienes - también corruptos - tienen un poder para mover masas, no es otra cosa que ver la causa de una sociedad cuyos pares agrupados en una nueva generación andan creyendo que la libertad no tiene límites, sino no es libertad. ¡Ni te metas con su libertad! Y, tal es la creencia que - en contradicción - su libertad no cree en la libertad del otro. Ni aún a punto de irse a la cárcel creen que su libertad cause delito alguno. Es decir, cerebralmente no hay un estado de alerta que procese como debiera ser el concepto y entendimiento del uso de la libertad. Y, aquello está debidamente comprobado cuando - tal vez dado antes un buen sopapo por su padre o madre - creen resolveran su autoría de tremenda embarrada, daño o desgracia al prójimo con un algo así: ¡Ok, me disculpo! ¡¿está bien?!



lunes, 17 de febrero de 2020

"A, B, C..."


Una noticia reciente publica que este año, en el Nivel Secundaria de la Educación Básica Regular - EBR, la evaluación será con letras - así de simplón - como continuidad a lo que en el Nivel Primaria ya se hace. 
Entonces, si se hace en Primaria, y ahora se hará en Secundaria, debemos suponer que el sistema es exitoso. Sin embargo, - ¿lo es? 
Sépase que llegado el año 2000 aquello de "letras por números" - así de simplón - fue impuesto en la Primaria sin consulta, por sorpresa y bajo cierto amedrentamiento al profesor, quien fuera puesto en  situación de que lo hecho con "sus números", no sólo era dañino de la autoestima, sino antipedagógico al procurar el memorismo. Claro, seguido de un argumento cuya verborrea sostenía haber llegado el momento de cambiar lo malo por lo bueno, lo obsoleto por lo funcional, lo retrasado por lo moderno y el letargo por el ánimo.     
Como sucede hasta hoy, salieron a la palestra quienes no hacen sino repetir las consignas oficiales - cual autómatas - como si ellos las hubieran pensado. Lo que, de modo alguno, traiciona la profesión y la razón pedagógica y vocación de servicio de la que se sostiene.       
Bajo el discurso de no más evaluar memoria, sino capacidades - siendo la memoria una capacidad - se impuso el uso oficial de "A" (logro), "B" (en proceso) y "C" (en inicio), en vez de la numeración de 0 a 20. Dicha imposición, contenida en un Plan de Capacitación Docente - PLANCAD (año 2000), lo que hizo fue desorientar hasta a sus propios "técnicos" y "especialistas". Y, lejos de excusar gajes del oficio en su implementación, engendró un modelo "chicha" a consecuencia de tanto manosear, ajar, estirar, retroceder, transformar, desestimar y deshacer un modelo que aún no aplica en la escuela pública por el simple hecho de no haber - al año 2020 - el egreso de una generación definida por el destaque de esa lista larga de competencias descritas en un ambicioso Diseño Curricular Nacional - DCN al que se anexa empecinadamente - por obra y gracia de sus "técnicos" - tremenda carga con la paradoja de no gravitar sino ensoñar con la realidad.
Para quienes son serios en el tema, no cabe duda que si la preocupación es un presente con tintes de cuestiones propias de una ciudadanía ignorante o mal educada, lo serio sería no revolotear en planear un perfil ideal, sino saber qué sí y qué no con lo que se viene haciendo en las escuelas de acá, allá, "más allá" y acullá. 
Digan lo que digan quienes no pisan escuelas públicas, el hecho es que del año 2000 al 2020 la escuela da tumbos. No opina. Se la amedrenta. Finge educar en un modelo pedagógico innovador, constructivo, Etc. Está sobre expuesta a la crítica severa de cualquiera a quien el Estado le ha concedido el pase libre para hacerlo. Figura con autoridades, pero no líderes pedagógicos. Y, de cierto modo, el profesorado está vuelto cómplice. En fin, veremos en otra oportunidad el por qué de la afirmación.           
Lo que sucede en Primaria replicará en Secundaria con énfasis en lo que ya salpica desde el año 2000. Se disfrazará la evaluación cuantitativa con la aparición de evidencias cualitativas anotadas en pruebas cuantitativas. No hay evaluación permanente ni progresiva. "C" o en inicio seguirá interpretándose como "jalado" y "AD" o logro destacado no se anotará en el reporte de "notas" porque de ese modo la escuela evitará tener a los padres "encima" del profesorado si al siguiente período le anota una "A" (logro). Se seguirá fantaseando que la memoria es trabajo de un oscuro pasado, y que hoy en día se está facilitando la generación de aprendices con todas, y cada una de esas fabulosas y "técnicas" descripciones - anotadas en papel tras papel - que malgasta el intelecto.