domingo, 14 de marzo de 2021

Maestría docente en pandemia


Ningún profesor debe desentenderse de sus aprendices. Quien lo hiciera, difícilmente alcanzará la maestría aludida a una de las profesiones mayor motivadas por la vocación de servicio. Por tanto, prestar interés por conocer a la persona en sí, y no por obligación sino vocación, es la primera señal de maestría.

Las clases escolares han empezado para unos, y están por empezar para otros. En cualquiera de los casos, los profesores volvemos a darle lucha al reto de la educación remota u online, la misma que si se colma de programas, sesiones, materiales u otro contenido de la carpeta pedagógica, también ha de colmarse del valor agregado de involucramiento y compromiso docente para celar y custodiar, tanto la cuantificación productiva del Saber y Hacer como las cualidades desbordantes del Ser en ese Saber y Hacer. Sólo así, con maestría docente, estará dada la lucha.

Una vez más, el reencuentro entre profesores y aprendices será a través de una conexión a distancia, implicando se vuelva a hacer pedagogía por la red o transmisión radial o televisiva. 

Enseñar y aprender exige maestría docente cuando lo que se quiere realmente es educar, así sea en un escenario distinto por ocasión de la pandemia. 

La maestría docente es alcanzable y no necesariamente se alcanza con los años o el diploma. Está declarada como la motivación y oportunidad permanente para hacer gala del buen trabajo docente cuando lo que se hace es dominar su tema o especialidad, servir de guía o modelo e interesarse por conocer a sus aprendices más allá del número asignado o el apellido paterno.

Pensar diferente es otra de las motivaciones de la maestría, y más si enfrentamos el reto de educar desde un punto remoto de conexión o transmisión.

Pensar diferente para hacer las cosas diferentes evita que la tarea docente repita el error de desentenderse del aprendiz a un punto tal que, a él o ella, también le sea poco o nada interesante la persona a quién tiene siendo su profesor. El asunto se torna grave si por ese desentendimiento la imagen del profesor es la del personaje temible.

La maestría docente nunca da por hecho una lección aprendida así el grupo grite, a coro, “sí”. No pregunta: ¿todos entendieron?

La maestría docente no traslada tareas que se convierten en problemas con alcance a los padres de familia cuando suelen observar a los hijos en un cierto estado de frustración o total desinterés por ciertas áreas curriculares.

La tarea docente es ardua y la maestría no la hace más ardua porque está sobrentendida en la tarea docente. Lo que sí la hace más ardua es el extenso papeleo debido a la extensa verbalización intentando hacer creer que de ese modo se educa mejor, pero ese es otro tema.

La maestría docente en pandemia debe ir logrando que el aprendiz decida conectarse a la red o a la señal radial o televisiva porque le interesa saber y sabe haber quienes están interesados que sepa.


jueves, 4 de marzo de 2021

Tips


La pandemia trajo consigo que la escuela remota u online se ponga de moda. No obstante, si se dice que la moda no incomoda, ésta podría incomodar si no se advierte lo siguiente:

1. La escuela remota u online es reciente. Si antes hubo algo de educación remota u online, no era la generalidad ni la norma. Entonces, nadie se crea ducho en la materia como para no advertir posibles observaciones.

2. Un niño o adolescente frente al computador, tablet o celular elige por propia cuenta lo que desea oír o ver para distraerse, jugar, Etc. Cosa distinta es obligarlo a ver u oír lo que no ha deseado. Entonces, esa obligación debe pasar a un segundo plano, y la forma de hacerlo son mediante sesiones principalmente dando cuenta de un interesado y atento profesor sobre el estado emocional de sus aprendices antes de alejarse de ellos - más de lo que online o remotamente están - poniéndolos a resolver situaciones problemáticas.

3. Donde no rigen las normas la probabilidad del desorden y caos es inminente. Ocurriendo también haber caos y desorden  pese a regir normas. Entonces, préstese atención a quien las cumpla e incumpla para que todos las cumplan. Hágase la pausa tanto para llamar al orden como fortalecerlo.

4. Casi siempre tenemos los profesores la manía inconsciente de hablar recortando una oración para que la completen quienes nos oyen. Si rige la norma de apagar micrófonos, no seamos quienes alienten quebrantar la norma con tal manía inconsciente.

5. Las propiedades de la  tecnología del sistema virtual permiten el control de asistencia. No se crea que por nombrar a cada aprendiz asistente se está siendo atento o considerado. El tiempo online es corto, y será menor si pasa lista. En este caso, importa más mencionar al ausente para  involucrar a los aprendices en su identidad de grupo, poniéndose en mención la preocupación por el aprendiz ausente y el valor de quienes están puntual y presente en las sesiones.

6. Hágase la pausa para saber qué hace el aprendiz. Hay que ir más allá de verlo sólo a través de la pantalla creyendo hace o cumple con la indicación dada.

7. El texto escolar es un material auxiliar o complementario. Las consecuencias de la pandemia obligan a la flexibilidad en cuanto a su adquisición. Entonces, no es flexible diseñar una sesión de clases que, de primera mano, incluya el uso del texto porque la flexibilidad se hace rígida o nunca la hubo.

Es momento de hacer gala de la producción docente conforme se vaya alineando la realidad de la sección, el grado o año, el nivel y la propia escuela.