miércoles, 7 de septiembre de 2016

TANTO POR HACER Y DESHACER


El profesor es la autoridad en el aula. La imposición de una pedagogía que lo tildara de “humano- parlante” empezó con el maltrato relegando su presencia dentro del aula a la de quien sólo debe comportarse como un simple “facilitador” de lo que se le antoje demandar a otro que dice querer aprender. Su labor importa, e importa mucho, porque educa; y, como tal, se le respeta. El profesorado anda a la espera de la devolución de su autoridad por el reconocimiento mismo de su labor y de quienes como usted y yo hemos sido educados por él o ella. Hay que empezar con No avalar más la cultura de “las amenazas”, “el amedrentamiento” o al mal acto de “denunciar por denunciar”. Es inaudito que sea el propio Estado quien promueva tales maltratos, conllevando a la población al malentendido de que todo profesor es malo. 
La escuela requiere volver a su esencia: “enseñar y aprender”. Siendo así, el profesor y el alumno son los actores protagonistas. Hay actores de reparto, pero lo que no debería haber son personajes antagónicos; menos, si el propio Estado quiere ese papel como así lo ha desempañado en perjuicio del sistema educativo escolar. Debe entenderse que las escuelas no funcionan como laboratorios donde se hacen una serie de experimentos sociales sólo para apantallar que se está a la vanguardia con, dizque, la modernidad.     
Hasta el momento, esa política educativa de menospreciar al modelo educativo “tradicional”; y, desde ese punto de partida, justificar modificatorias tras modificatorias a la tarea educativa, no ha hecho sino desorientar lo que cada profesar debería gestar en las aulas con sus alumnos. El profesorado anda a sobresalto. Su opinión no importa. Él o ella debe hacer lo que se le dice hacer, así no entienda, comprenda o no sepa cómo hacerlo; caso contrario, deberá atenerse a las consecuencias de un posible proceso administrativo. Se lo agobia con tanta documentación a elaborar en una política donde “el papel aguanta todo sin importar lo que en la realidad se viene haciendo en las aulas”.  No quiere entenderse que lo que no aplica a nuestra realidad y, además, ha causado daño y retraso en el desarrollo de quienes educan y se educan... No aplica. Hay que hacer o deshacer.
En la escuela se aprende a competir. No basta saber, hacer y ser. Hay que competir para saber si lo que sabes, haces o eres, te hace mejor. La mediocridad no compite y siempre anda justificándose al festejar cada derrota, sobrevalorando, dizque, el esfuerzo o participación. Es inaceptable la sutileza con la que al profesor, frente a la  inminente desatención al aprendizaje de quien debe aprender, se vea obligado a rebuscar la justificación de un inapreciable esfuerzo del alumno a fin, cumpla con el nuevo modelo educativo. Entonces, “premia” o alienta lo que no debe; por ende, nadie desaprueba, se vuelve “derecho, se malinterpreta el sentido de esfuerzo, desalienta al esforzado y se va gestando mediocridad.               
La Autoestima no “sube”, ni “baja” callando o escondiendo las faltas en las que incurra el alumno en su proceso de aprendizaje. Hay que dejar de creer que todo cuanto haga el niño y el adolescente, de bueno y malo, es siempre bueno. Basta con tanta propalación abundante y contante sobre “Derechos Humanos”, “Derechos del Niño y Adolescentes” y demás, pero en el sentido de haberlo desprendido del “deber”, habiéndose malentendido a un nivel donde sólo importaría el derecho de uno y no del otro. A diario, el profesor debe lidiar con alumnos, y sus padres, tratando de no ser agredido o menospreciada su labor por cualquiera de ellos, bajo frases altaneras y alejadas del respaldo del derecho, como lo son: “¡a mí, nadie me puede decir nada”, “¿Quién es usted para decirme algo?”, “¡lo denuncio!”, etc.        
Es uno de sus conceptos sobre Calidad Educativa, se dice que la calidad empieza por casa. Lo que se aprende en casa se pone en práctica en la escuela. Pero, si “la casa” no educa, hay que dejar que la escuela lo haga, y eso se respeta. El profesor no refuerza, educa. Así como va el comportamiento de nuestra sociedad, quiere decir que hay problemas en la familia (casa) porque ésta es la célula básica de la sociedad. Entonces, hay que reeducar a quienes deben educar en casa.   
Lo que no aplica, no se insiste en su aplicación porque cansa y aturde. Basta con “el palabreo en el papel” en el que está vuelto el actual modelo o enfoque pedagógico. Ya es hora de que se ponga atención a la opinión o palabra del profesor en cuanto a la realidad académica que le hacen tocar.
Los mejores sirven de ejemplo. Pero, cómo saber quién es mejor que otro. Hay que competir, y eso no es sometiéndolos a peculiares o antojadizos “exámenes escritos” donde todas las alternativas de respuesta pueden ser las correctas si se entendiera que la conducta y el aprendizaje es uno y, a la vez, todos los conceptos posibles. Hay que ser buenos observadores, y esa es una capacidad que no se obtiene con el título o la maestría, sino con la experiencia, pero destacada. Hay que autocapacitarse, y no esperar lo que otros nos digan que hacer; más si su realidad está marcada por la distancia y diferencia con relación a la del Perú. Los mejores profesores tienen que tener la oportunidad para “Capacitar” con su propia “experiencia denotada” de trabajo.
No por más planes se ha garantizado los aprendizajes esperados. Entonces, menos “planes”, “compromisos”, “programas”, “módulos”, “proyectos”, “celebraciones”, “días del logro” y demás… porque está visto que todo cuanto se ha obligado a hacer, sólo ha servido de “pantallazo” de y para las autoridades; muchas de las cuales no ven más allá de lo que se les ponga al frente de los ojos o finjan ver o entender lo que miran.
No por más uso verbal del “english” para referir términos, palabras o conceptos sobre conductas, aprendizajes y educación en sí, se ha garantizado que la Educación Básica supere el retraso o se crea que por el uso del “english” se vaya a la vanguardia con otras realidades educativas que sí se distinguen por sus logros. Hay que dejar de convertir al profesorado en simples “repetidores” de lo que no ayuda a educar. Si se trata de estar a la moda, la moda no incomoda, así que sigamos con la nuestra y no la que quieran imponernos. Es contradictorio que la imposición de un inicialmente modelo “constructivista” haya criticado a “la memorización” para sostener su aplicación, ya que desde su imposición no ha hecho sino poner a memorizar y repetir conceptos a los profesores. Pero, lo lamentable de esta situación es que la repetición se haga de conceptos o definiciones impartidas a ocurrencia de la interpretación de uno u otro “asesor” de turno con poder para obligar a los demás a repetirlo, copiarlo o imitarlo.       

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