martes, 19 de enero de 2021

Volver al colegio: ¿sí o no?

Priorizar la salud por el aparecido virus mortal, digamos excusa al Estado de su atención sobre todo lo demás que no sea tal prioridad. 

Sin embargo, y ya que la constante natural es la causa y efecto, ni la prioridad ha detenido tan graves y lamentables efectos porque las causas - sabidas de antemano a la pandemia - poco o nada preocuparon a quienes se les confía el poder y autoridad para decidir por todos los demás. 

La causa de prestarle siquiera algo de atención a un mal trae consigo - también siquiera - la procura de algún remedio como efecto. Pero, no ocurrió antes ni ocurre ahora. Entonces, los efectos son deplorables a causa de no saber sino mostrarnos - casi siempre - con los peores resultados en ocasiones donde las circunstancias exigen actuar con capacidad, competencia y actitud. 

Considérese que al extremo del efecto: “sálvese quien pueda", lo estaría secundando otro extremo de la causa para decir que: “acá se educa a quien puede, y no a quien quiere o se debe".

Si reformar la Constitución es la protesta de muchos, habría que empezar por advertirles que sin Educación, sin Salud y sin Trabajo: atrevida es la ignorancia, no mata la pandemia sino la corrupción y se extrema la pobreza.

Lo más caro por pagar son los efectos de no educar.

No se diga no haber colegios ni profesorado porque los hay. Pero, lo que también hay es una abundante exhibición de conductas - de quienes se supone haber sido educados - sirviendo como medios de pruebas de que el Estado, a través de la educación pública, aparenta educar.

Entonces, volver al colegio, si es para lo mismo, no cambia nada.

Hace 21 años la educación pública cambió. Todo cambio es parte de la evolución. Pero, parece que el cambio por evolución fue más por impostación, imponiéndose se emitan, sin titubeos ni vacilaciones, el sonido uniforme de un léxico que se nos ha dicho - con las excepciones del caso - denotar capacitación y competencia.

¿Volver o no volver al colegio?

Quienes han sabido ejercer su autonomía institucional en cuanto a también saber cómo educar, por guardar las distancias con la impostación, seguramente volverán a abrir sus puertas.

Quienes se han sometido porque creen que la opinión distinta es rebeldía, y por lo mismo serán castigados, mejor es mantengan sus puertas cerradas. Sin embargo, si los mismos lograran entender que la escuela educa tanto a quienes están dentro como fuera de las aulas, logrando se oiga siquiera a alguno de los candidatos, a representar al Estado por los próximos 5 años, comprometerse a situar y revalorar a la escuela pública como recinto del saber, hacer y ser, para dejar de aparentarlo en demasía en el papel, podrán abrir sus puertas, y para estar a tono, "reinventarse" al lado de sus aprendices. 

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