Asimismo, es interesante recordar que, tanto su propuesta como diseño,
fue inconsulta; es decir, el profesorado fue tomado de sorpresa, y su imposición
degeneró, cualquiera de las posibles buenas intenciones pedagógicas del nuevo
modelo, en una desorientación que hasta hoy mantiene, tanto a la tarea
educativa de la mayoría de las escuelas públicas como a la labor docente dentro
del aula, en inagotables errores pedagógicos.
Desde su aparición e imposición, el nuevo modelo pedagógico se ha visto
plagado de ajetreos y de un cúmulo de términos, procesos y acciones pedagógicas,
que lejos de advertir no haber generado los aprendizajes esperados durante estas
más de dos décadas inmersos en el mismo, se siguen imponiendo con carácter de
obligatoriedad en su cumplimiento. Lo que ha conllevado a mutar hacia un modelo
pedagógico, no exactamente visto enriquecido por los diversos aportes, ahora hasta
de la neurociencia, sino en una entera paradoja sobre lo que pudieran sostener los
mismos.
“Alice es una niña hábil para comprender la transición de las unidades a
decenas, y lo evidencia con sus aciertos verbales y por escrito al resolver los
ejercicios prácticos de desafío sobre el tema de clase. Sin embargo, la actividad
seguida, inmediata y obligatoria es obligarla a dibujar 23 objetos iguales en
un tiempo determinado. Ella lo hace con cierto desgano y la profesora ha
preferido elogiar a un grupo por dibujar a tiempo, no advirtiendo el desgano de
Alice”.
“Carlos enrostra su diploma de participación destacada en el proyecto de
emprendimiento a sus compañeros de clase del 5to. Grado de Primaria. Cuatro
estudiantes, incluido Carlos, hicieron una ostentosa presentación de cupcakes y
se apoyaron de una también ostentosa y colorida gigantografía para leer los ingredientes
y preparación. La profesora no se cansó de los elogios y comparaciones al
grupo. Mientras tanto, otro grupo de estudiantes observaba su cartulina decorada
y escrita a mano, sin haber tenido algún tipo de consideración”.
“Malena, una madre de familia, dice estar agobiada por el exceso de actividades
en la escuela de su hija. – Son imparables – menciona. Juana, su vecina, le responde
a Malena que no cree sean tantas o más que en la escuela de su pequeño hijo. Ambas
empiezan a enlistarlas y concluyen que, no solamente son excesivas, sino
repetitivas cada año. Es más, agregan finalmente que son ellas las que terminan
haciendo los trabajos, y que cada actividad implican gastos tras gastos, y no
ven que aprenden sus hijos con tanta actividad”.
“A Roberto, un padre de familia, lo han citado en el colegio porque su
hija – quien cursa el nivel secundario – lleva el cabello suelto. Ella no lo luce
desaseado, ni despeinado, solo suelto, pero la obligan a sujetarlo con una cola.
Roberto ha dado un vistazo siempre a la presentación de las alumnas a la hora
de ingreso al colegio porque es quien moviliza a su hija al colegio, y da
cuenta al colegio que su hija no estaría en falta”.
“Luciana, una alumna del 4to. de secundaria de un colegio, le ha dicho a
su tía que no le parece justo que en las olimpiadas hayan premiado a todas por
igual porque ella, no solo se puso en mente la competencia, sino entrenó y se esforzó
para alcanzar un triunfo, el mismo que lo logró”.
“A Juan le piden que señale las partes de su rostro y cuerpo y lo hace
sin equivocación. Tiene 4 años. Lo aprendido lo hizo en casa. Está punto de
terminar el año escolar y no reconoce ni diferencia su lado derecho e izquierdo
de su cuerpo”.
“Sofía, madre de un estudiante de 5to. de Secundaria, lamenta su
situación económica que no le ha permitido cambiar a su hijo a una de esas
escuelas de mayor exigencia académica. Dice hará el esfuerzo siquiera para matricularlo
en una de esas academias preuniversitarias para que empiece de cero porque en
ese nivel parece estar académicamente su hijo, y eso que él bastante
responsable y esforzado con sus estudios”.
Lo anterior mencionado, no solamente son unos cuantos ejemplos de lo
desconfigurado que está el tal modelo pedagógico, sino que tales ejemplos están
vueltos repetitivos y comunes en muchas y distintas escuelas públicas;
consecuente y lamentablemente es el estilo pedagógico, conteniendo una narrativa
social, que no quieren advertir las autoridades educativas del porqué no se
progresa en el sector de la educación pública a través de los aprendizajes. Asimismo,
no hay escuela pública que arriesgue variar ese estilo, y ello por temor a la
supervisión de la UGEL, ya que siguen dando muestras de tener a cuestas la única
consigna de hacer cumplir las disposiciones, directivas u orientaciones
pedagógicas sin dudas ni murmuraciones, y satisfacerse con cuanto evento
programen y publiquen en redes las escuelas públicas de su jurisdicción.
Son más de dos décadas sin esos resultados de aprendizaje y
trascendencia de estos que, a su vez, fueron el sostén y la novedad sobre la
aparición e imposición de aquel modelo pedagógico. Académicamente, saben menos
los estudiantes; por ende, hacen menos. En lo actitudinal, el profesorado anda
prefiriendo evitar cualquier participación en alguna intervención sobre la
conducta o comportamiento de los menores porque se ven amenazados también con cualquier
posible denuncia en su contra que puede venir del lado de los padres y de su
propia institución; entonces, simplemente dejan pasar los sucesos, incluso aquellos
que a toda vista son una posible bomba de tiempo hasta en un futuro inmediato.
A ese ritmo y estilo pedagógico parece que las comunidades educativas se
han acostumbrado. Cada año es lo mismo con aquello de los pésimos resultados de
aprendizaje, pero bien y gracias. Cada año es lo mismo con más y más programaciones
de actividades escolares añadidas a las del calendario habitual de
celebraciones como lo son: el Día del logro, las ferias de emprendimientos, las
ferias de ciencias, los festidanzas, las olimpiadas y un sinfín de tareas grupales
y exposiciones asignadas, que se verán publicadas en las páginas de las escuelas,
describiendo habilidades y competencias generadas, pero que definitivamente en
la realidad siguen dando pie para decir que, ya no solo es el papel y las redes
sociales aguantando todo, sino denotando cierta conformidad y satisfacción de
las autoridades educativas y el propio profesorado con el hecho de aparentar
educar en un mundo educativo de maravillas.
Hay que cambiar esa narrativa social, dándole una real independencia y
autoridad a las escuelas públicas para que lleven a cabo su mejor propuesta
porque de eso se trata la profesionalización docente y el liderazgo pedagógico.
Enmarcado sobre ello el respaldo de las mayores autoridades educativas y del
propio Estado para solicitarle y hasta exigirle a los padres de familia el cumplimiento
de sus obligaciones, ya sea acompañando la tarea educativa o dejando educar a
quienes lo saben hacer.
Ya es hora de advertir el error, y aunque por ahí digan que los
resultados de cualquier cambio sobre el mismo no serán inmediatos, habrá que
decirles que un día menos es un día más de letargo sucumbidos en los errores
pedagógicos.

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