Han vuelto
a casa quienes días antes del 15 de Marzo habían vuelto a la escuela, y quedaron
pendientes de volver quienes aún permanecían en ésta.
La escolaridad
transcurre esencialmente en las escuelas. No en casa. En el salón, patio, losa,
cancha, auditorio, quiosco, pasadizos y escaleras. Junto a los compañeros, maestros,
auxiliares y otros miembros. Pensando, hablando, callando, leyendo, gritando, jugando,
riñendo, acertando, errando, bromeando, Etc. En conjunto, todo lo que irá representando
una añadidura a la primera experiencia de vida alcanzada en el hogar, para cual
sinergia constante con el siguiente paso de la formación humana denominada
educación básica, deba ir más allá de cuánto aprender a sumar y restar o reconocer
sujetos y predicados en una oración, ya que por algo a la escuela se la tuvo
que llamar Segundo Hogar.
Por
ahora quienes han vuelto a casa no volverán a sus escuelas, y quienes no
pudieron volver tampoco volverán por ahora.
Pero,
ambos están en casa. En su Primer Hogar. Y, es de suponer que para bien porque
está puesta en prioridad su salud – su vida – frente a lo que nos toca vivir.
Según
quienes tienen el encargo de educar en la formalidad de una escuela, aseveran
que a los chicos les hace falta mucho de lo que tanto debió enseñárselo y aprender
en casa. Aseveración con la que no estaré de acuerdo siempre que sirva como
excusa y no como estímulo al docente para intentar remediar – en parte o toda –
esa falta que pudiera acusar en el menor. En fin, y ya que están en casa,
ustedes padres son a quienes les corresponde la prioridad de la tutela,
salvaguardia, custodia, protección, amparo, vigilancia y cuanto demás deban
hacerlo por amor más que obligación.
¿Amas a tus hijos? ¿Te aman tus hijos?
Esta vuelta
a casa de sus hijos – en la que ustedes también están de vuelta – véase como otra
oportunidad para junto a ellos hacer de su casa ese Primer Hogar en donde se enseña
y aprende lo que en la escuela u otro lugar se complementa y fortalece. Nunca es
tarde. Hagan ustedes el intento, empezando por preguntarse cuánto son capaces
por el amor a sus hijos, y no me refiero exactamente a la capacidad material
que los pueda llenar o rodear de cosas.
Nadie
nace sabiendo. Aunque la evolución del cerebro humano dice lo contrario porque
conforme ha evolucionado se sabe de aprendizajes que son parte de éste en su constitución
y automatización de respuestas a distintos estímulos. Aun así, nadie nace
sabiendo ser padre o madre.
Sin
embargo, todos hemos sido hijos. Tal vez, no hermanos si fueron hijos únicos. Pero,
sin duda alguna sí hijos, y como tal bien puede ser éste el inicio de cómo aprender
a saber ser padre o madre.
Lo
que le faltó como hijo, déselo a sus hijos a montones.
Lo
que le sobró como hijo, déselo a sus hijos a montones.
Lo
que no dijo siendo hijo, logre se los digan sus hijos.
Lo
que sí dijo siendo hijo, logre lo repitan sus hijos.
Los
tiempos cambian, pero el amor no cambia.
Si se
ama se respeta. Lo que se ama se cuida y protege.
¿Amas
a tus hijos? ¿Te aman tus hijos?
Tienen
otra oportunidad estando juntos.
Estamos
en un estado de emergencia, y esta situación no es buena en el sentido estricto
de las feas y malas consecuencias que nos está trayendo, pero es cuando también
las familias deben estar más unidas que nunca por amor. Por eso es que nos han
puesto de vuelta a casa. Al lado de los nuestros, y no exactamente donde nos
puedan unir los lazos sanguíneos sino el mayor de los sentimientos: el amor. Ese
amor que en este momento debe unir y no separar a quienes tiene la dicha de
vivir en familia.
Antes
del 15 de Marzo ya nos estábamos haciendo bastante daño entre nosotros. La
convivencia era casi insoportable. La enorme preocupación de quienes somos maestros
de escuela es siempre el próspero futuro de las generaciones que educamos. Por
eso es que mientras los chicos andaban de vuelta en el colegio, andaba de
vuelta también la advertencia de haber hogares incumpliendo con su rol de
primeros formadores de la educación base del ser humano. Lejos de ello, padres
enfrentándose a la escuela como si esta fuera el enemigo de sus hijos, y en
otro de los casos padres no educando ni dejando educar.
Son
61 días de encierro. Pero, también son 61 días al lado de sus menores hijos.
Dichosos
quienes la pasan en las buenas, y dichosos también quienes la pasan en las
malas porque la lección de vida – aunque dolorosa – será de un mayor
aprendizaje.
Sea usted
un buen padre o madre. No ordene sin haber antes enseñado. No grite sin haber
antes intentado entender a sus hijos. No lastime; menos, si usted antes fue
lastimado. No pegue; menos, si a usted antes le pegaron. No le saque en cara lo
que hace por sus hijos. No los calle. No los asuste.
Sea
usted un buen padre o madre. Dígale lo que espera de sus hijos sin soñar
demasiado. Ría con ellos. Hágalos reír. Juegue con ellos. Dibuje con ellos. Enséñele
lo que le se le hizo difícil a usted aprender. Dígale lo que no sabe. Dígale lo
que sabe mucho. Escúchelos. Corrija. Enmiende. Castigue, pero no maltrate. Respételos
y dígales por qué los respeta.
¿Amas
a sus hijos? ¿Te aman tus hijos?
Una
vez encaminado en el cómo empezar a ser buenos padres las lecciones las darán
ustedes. Eso lo doy por seguro.
¡Inténtenlo!
¡Inténtenlo!
