Este tiempo final de clases escolares, definitivamente, fue distinto a cualquier otro antes de la pandemia; y esa diferencia está en el hecho de haber niños y adolescentes habiéndose sentido “al fin, libres” porque para ellos su encierro se fue haciendo más pesado conforme iban dando cuenta que dentro del encierro estaban sometidos a “clases”; las que se hicieron tensas y fatigosas cuando se convierten en una rutina sin lugar a protesta.
El final de las clases escolares ha debido trasladarles
anticipada preocupación a las autoridades del sector educación en cuanto a: ¿y
qué viene después? ¿Sabe el Estado recompensar el hecho de la sumisión de nuestra
niñez y adolescencia en estos tiempos de pandemia? Parece que no, y eso a razón
de que las autoridades, y especialmente las educativas, no saben salir de ese “mundo
de adultos” ni aun cuando dicen pensar o hacer por la niñez y adolescencia.
Sólo ciertas escuelas se vieron vueltas a la
presencialidad – completa o semi completa – pero, haciendo salir a ciertos chicos
del encierro al fin. Sin embargo, siendo la población estudiantil tan numerosa
era predecible que el malestar del encierro se acrecentara en esa mayoría no contemplada
para la vuelta a las escuelas; entonces, el encierro se les hizo más pesado. No
se puede negar haber quienes exigían el retorno a la presencialidad escolar.
Entre tantos, dizque ciertos especialistas educativos, pero como suele ocurrir también
suelen callar una vez ven vistos a la presencialidad a quienes querían ver.
¿Qué hizo tensa y fatigosa las clases escolares?
Pues, haber creído que en la virtualidad todo
se puede, al punto de querer hacer todo lo que se hacía en la presencialidad, y
me refiero a lo que justamente hace tensa y fatigosa cualquier clase, incluso
en la presencialidad… ¡¡¡Las apariencias!!!
Que aquello de “al fin, libres” sirva de
reflexión para quienes deciden por los demás, y esto en cuanto a:
Hay quienes quieren abarcar mucho, y ocurre que
quien mucho abarca poco aprieta.
Hay quienes dicen innovar, y ocurre que copian…
y copian mal.
Hay quienes sólo obedecen, y ocurre que
recargan el trabajo docente.
Hay quienes, hoy, idolatran la virtualidad, y
ocurre que ahora ven con cierta reserva a la presencialidad, bajo pretexto de priorizarse
la salud.
Hay quienes no son maestros sino solo
profesores, y ocurre que aun en la presencialidad se seguirá sin educar.
Hay quienes no se atreven, y ocurre que seguirán
encerrados, pero en ideas.
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