Una noticia reciente publica que este año, en el Nivel Secundaria de la Educación Básica Regular - EBR, la evaluación será con letras - así de simplón - como continuidad a lo que en el Nivel Primaria ya se hace.
Entonces, si se hace en Primaria, y ahora se hará en Secundaria, debemos suponer que el sistema es exitoso. Sin embargo, - ¿lo es?
Sépase que llegado el año 2000 aquello de "letras por números" - así de simplón - fue impuesto en la Primaria sin consulta, por sorpresa y bajo cierto amedrentamiento al profesor, quien fuera puesto en situación de que lo hecho con "sus números", no sólo era dañino de la autoestima, sino antipedagógico al procurar el memorismo. Claro, seguido de un argumento cuya verborrea sostenía haber llegado el momento de cambiar lo malo por lo bueno, lo obsoleto por lo funcional, lo retrasado por lo moderno y el letargo por el ánimo.
Como sucede hasta hoy, salieron a la palestra quienes no hacen sino repetir las consignas oficiales - cual autómatas - como si ellos las hubieran pensado. Lo que, de modo alguno, traiciona la profesión y la razón pedagógica y vocación de servicio de la que se sostiene.
Bajo el discurso de no más evaluar memoria, sino capacidades - siendo la memoria una capacidad - se impuso el uso oficial de "A" (logro), "B" (en proceso) y "C" (en inicio), en vez de la numeración de 0 a 20. Dicha imposición, contenida en un Plan de Capacitación Docente - PLANCAD (año 2000), lo que hizo fue desorientar hasta a sus propios "técnicos" y "especialistas". Y, lejos de excusar gajes del oficio en su implementación, engendró un modelo "chicha" a consecuencia de tanto manosear, ajar, estirar, retroceder, transformar, desestimar y deshacer un modelo que aún no aplica en la escuela pública por el simple hecho de no haber - al año 2020 - el egreso de una generación definida por el destaque de esa lista larga de competencias descritas en un ambicioso Diseño Curricular Nacional - DCN al que se anexa empecinadamente - por obra y gracia de sus "técnicos" - tremenda carga con la paradoja de no gravitar sino ensoñar con la realidad.
Para quienes son serios en el tema, no cabe duda que si la preocupación es un presente con tintes de cuestiones propias de una ciudadanía ignorante o mal educada, lo serio sería no revolotear en planear un perfil ideal, sino saber qué sí y qué no con lo que se viene haciendo en las escuelas de acá, allá, "más allá" y acullá.
Digan lo que digan quienes no pisan escuelas públicas, el hecho es que del año 2000 al 2020 la escuela da tumbos. No opina. Se la amedrenta. Finge educar en un modelo pedagógico innovador, constructivo, Etc. Está sobre expuesta a la crítica severa de cualquiera a quien el Estado le ha concedido el pase libre para hacerlo. Figura con autoridades, pero no líderes pedagógicos. Y, de cierto modo, el profesorado está vuelto cómplice. En fin, veremos en otra oportunidad el por qué de la afirmación.
Lo que sucede en Primaria replicará en Secundaria con énfasis en lo que ya salpica desde el año 2000. Se disfrazará la evaluación cuantitativa con la aparición de evidencias cualitativas anotadas en pruebas cuantitativas. No hay evaluación permanente ni progresiva. "C" o en inicio seguirá interpretándose como "jalado" y "AD" o logro destacado no se anotará en el reporte de "notas" porque de ese modo la escuela evitará tener a los padres "encima" del profesorado si al siguiente período le anota una "A" (logro). Se seguirá fantaseando que la memoria es trabajo de un oscuro pasado, y que hoy en día se está facilitando la generación de aprendices con todas, y cada una de esas fabulosas y "técnicas" descripciones - anotadas en papel tras papel - que malgasta el intelecto.

