Una cuestión
preocupante es el hecho por el cual hay quienes cruzan hacia la vereda de
enfrente y, cual accidental y repentina pérdida de memoria, olvidan de qué
vereda vinieron y las razones del porqué cruzaron. Otros, además del olvido, adoptan
personalidad distinta – aunque se suele decir que no son otras personas sino ser
quienes realmente eran u ocultaban ser – haciendo mal, y hasta peor, lo que
antes de cruzar solían severamente criticar y pregonar jamás hacer. Y, en el
común y peor de los casos, haber quienes no saben sino dar cuenta de una desorientación,
en la vereda de enfrente, al dar tumbos, deambular o jugar a la ruleta con el destino
de los demás.
Dicha cuestión
configura en metáfora el caso de quienes la oportunidad – llámesele su suerte –
dada tal vez por el voto inconsciente, indiferente o confiado, así como el
posible padrinazgo, la argolla o “el tarjetazo”, hace que se sitúen – de modo
repentino e inesperado – en un lugar o posición distinta a la que antes ni veían
o sólo veían desde la vereda de enfrente. En consecuencia, ocurriendo haber cruzado
hacia esa otra vereda para no hacer sino desatar una serie de desbarajustes, pillerías
u otros posibles agravios, provocando el menosprecio y rechazo de la gente que
los quiere devuelta por donde vinieron o bien derechito de regreso hacia el
lugar de donde nunca debieron salir.
Hay quienes dicen que
la gente “habla fácil” de otros porque no está en posición ni lugar ni
condición de esos otros. Lo que resulta aceptable, pero no es una regla.
“Hablar fácil” es
porque se sabe del asunto o no se sabe nada. Entonces, no sólo se habla fácil por
no saber, sino también por saber. Lo que correspondería hacer es empezar a oír
a quien no habla por hablar y dejar de oír a quienes hablan sin saber o hablan
para engañar.
Sucede que cuando un asunto
es de interés público de la gente, los llamados a hablar fácil son quienes
saben del asunto. Dando cuenta de la advertencia de las posibles causas del
porqué una cosa no mejora – sino empeora – sobre todo si se trata de la
educación, salud, economía, trabajo, justicia, convivencia y demás factores
esenciales del bienestar y atención de la persona o conjunto de personas constituyendo
una sociedad.
Hablar fácil porque se
sabe del asunto también da cuenta de quiénes son o serían los malos y pésimos actores
en escena.
No es una generalidad,
pero muchos de los temas o asuntos en cuestionamiento provienen de los
desaciertos de quienes cruzaron hacia la vereda de enfrente impulsados por lo
que se dijo antes: llámesele su suerte.
Sin embargo, sí está
perfilada como generalidad el efecto a causa del cruce hacia la vereda de
enfrente descrito en la conducta poco vergonzosa y el aprendizaje de malas
mañas. Lo que coadyuva a sostener la idea de que en el tránsito de la conducta
y el aprendizaje deriva la constante causa – efecto.
Un claro ejemplo está
dado cuando aquellos personajes – en reacción poco o nada pensada – tienden a blindarse
de soberbia y autoritarismo. La primera, conllevándolos a negarse a ver y oír lo
que pudiera ser verdadero, obvio y razonable. La segunda, motivándolos a emplear
algún tipo de revancha contra quienes pudieran hablar fácil de sus errores porque
saben del asunto. Añadido a ese hecho, y en la contante causa – efecto, surge otro
momento en el que – sumidos aún en esa simpleza de la reacción poco o nada
pensada – parafrasean aquello de que “la gente habla fácil porque no sabe”,
creyendo así librarse de cualquier cuestionamiento, y creyendo también ser su
mejor arma de defensa para abatir o desprestigiar de ese modo a quienes
pudieran “hablar fácil” porque sí saben.
Cruzar hacia la vereda
de enfrente podría entenderse como cualquier circunstancia, pasaje, momento o
tiempo de la vida que sitúa a alguien en posición distinta a la que tenía antes.
No se trataría en sí de un cambio de esencia de la persona sino del rol a
desempeñar en lo que ahora le toca.
Cruzar hacia la vereda
de enfrente no es empatía. Es la convocatoria del procesamiento del saber, hacer
y ser, constituido en un todo – llámesele unidad vinculante – porque alberga
habilidades, destrezas, aptitudes y actitudes que son vinculadas en una
particularidad de dones y dotes de cada persona, pero no sólo para el buen
desempeño en un rol, sino el mejor posicionamiento en otro.
Llevada esta cuestión al
terreno donde se sitúan quienes tienen el poder para decidir por los demás. Es
decir, los líderes políticos responsables de gestar u obrar por el bienestar de
sus compatriotas y desarrollo del país. Habría que empezar por quitársele
aquello de “líderes” a todos quienes tienen ausentes las cualidades que enmarcan
a la persona como tal. Entendiéndose, pueda haber quien ocupe hasta el más alto
cargo público en este país sin ser exactamente un líder. Ocurriendo lo mismo
con – sino todos – casi todos otros demás líderes ocupando cargos públicos
desde donde ejercerían poder y autoridad sobre los demás.
Para lo que nos toca a
los ciudadanos de a pie, en este estado de emergencia no ha sido necesario
cruzar hacia la vereda de enfrente ni saber tanto del asunto para hablar fácil
de lo mal que siguen obrando quienes – con el poder en sus manos – deciden sobre
toda la población.
Entre tanto, está el
hecho de justificar el uso y gasto de las arcas del Estado – representado en el
dinero de todos los peruanos – para beneficiar a quienes hoy mismo estarían reclamándole
a este mismo Gobierno no haber recibido ningún beneficio.
Son tantos los desaciertos
que los mismos se evidencian en las calles y en el reclamo de la gente,
abucheando a las autoridades cuando las tienen enfrente y clamando el amparo de
su posible indiferencia.
Razones suficientes por
la que “hablar fácil” está siendo fácil hasta para quienes no pudieran saber
mucho del asunto porque a simple vista no es necesaria tanta sapiencia para
procesar que no es por falta de autoridades que se anda de mal hacia peor en
este país. A decir verdad, si se trata de autoridades hay hasta demás producto
de lo inventivo que se vuelve cada gobierno de turno en la creación de cargos, con
don de mando, para incluir – sí o sí – a sus allegados en la planilla del
Estado.
Lo que daría cuenta
entonces que no es por falta de autoridades sino por la carencia de líderes.
Pero, no aquellos que destacan por mover masas ni quienes hacen simple uso del
poder y autoridad para obrar a su antojo o el interés de unos cuantos, sino de
aquellos capaces de connotar un liderazgo para obrar extraordinariamente a
propósito de sus dones y dotes particulares que la ocasión u oportunidad – al estar
en la vereda de enfrente – le es sugerente de una autoexigencia para el rol a
desempeñar, y que no exactamente – valgan las excepciones – están vinculadas a
los grados o títulos rubricados en el extranjero o inscritos en SUNEDU.
Para quien sabe no
requiere cruzar hacia la vereda de enfrente. Hay quienes saben siendo capaces de
situarse en esa otra vereda sin cruzarla. Lamentablemente, hay quienes habiendo
cruzado lo que menos quieren es justamente se asomen quienes pudieran saber del
asunto en cuanto hacer mejor las cosas. Es una penosa realidad. Sin embargo, y
para quienes los pudiera motivar la vocación de servicio, no hay que dejar de
hablar fácil cuando se sabe del asunto. Estando en la obligación de dar cuenta
de los desaciertos de quienes cruzaron o se mantienen en esa otra vereda donde se
supone están para hacer siquiera algo bueno que alcance – sino a todos – a la
mayoría de peruanos, y no mucho de malo que alcance solamente a ellos y los
suyos con apetecibles y jugosos beneficios a costa de quitárselo a los demás.
No cabe duda que
seguimos equivocando el voto, otorgándole “pase libre” para cruzar hacia la vereda
de enfrente a quienes no han hecho sino colapse la institucionalidad que se
supone formaliza, dignifica, apertura, mesura, custodia, ordena, jerarquiza, regla,
administra y todo cuanto demás pudiera representarnos en un alto nivel de
civilidad para nuestra vida en común.
Aparentamos de todo de
acuerdo a la ocasión sin importar lo que le ocurra de mal a quien pudiera estar
adelante, atrás o al lado nuestro, y parece que es el peor virus del que nos
dejamos contagiar.
Empecemos por
vacunarnos.
La vacuna somos nosotros
mismos!!!
