Hay un antes y después
del 06 de Julio que año tras año no cambia; debiendo cambiar porque hace rato la
realidad educativa, no sólo es desalentadora, sino involucra al desempeño docente
como parte del problema. Y, ya que el 06 de Julio es una fecha en la que todos
los celebrados asumen ser “Maestros”, por lo mismo es que debería ser la mejor
ocasión para empezar a reflexionar – salvo excepciones – acerca de que la fecha
en sí no discrimina a quienes antes y después del 06 de Julio sólo dictan
clases.
El reciente decreto de
un estado de emergencia sanitaria, a propósito del COVID – 19, evocó de mi
memoria lo ocurrido hace 20 años con el decreto de “estado de emergencia
educativo”. Lo que no es alentador, no sólo porque hoy se ha dado muestra de lo
mal que se sigue educando, sino porque soy testigo del tiempo transcurrido sin
habérsele firmado “el alta” – como paciente sano o restablecido – a la Educación
Escolar Pública que se supone fuera declarada en emergencia para liberarla de sus
posibles males o padecimientos. Sin embargo, el mal persiste porque no hacen
sino prescribirle “fórmulas mágicas”, y además costosas, que no atienden la cura,
pero parece sí el bienestar de otros.
El rol protagónico del
maestro en la sociedad anda algo deslucido o empañado porque intentan retirarnos
de escena, silenciando nuestra opinión sobre lo que justamente – dizque a través
de un nuevo estilo de educar – nos estaría convirtiendo en simple repetidores
de lo que incluso ya hay quienes se lucen orondos creyéndose los inventores, autores
y compositores.
He ahí uno de los males
que padecemos porque gran parte de la culpa es nuestra. Nos ganan porque nos dejamos.
Nos deslucen porque nos dejamos. Nos callan porque nos dejamos. Nos sacan de
escena porque nos dejamos. Nos faltan el respeto porque nos dejamos. Pero, nos
dejamos porque entre nosotros mismos no sabemos oírnos. Nos enfrentamos. Nos
traicionamos. Nos faltamos el respeto. Nos aprovechamos. Entonces, hacemos exactamente
lo que antes y después del 06 de Julio – otra vez, salvo excepciones – no cambia,
y deberíamos obligarnos a cambiar.
Podríamos empezar por liberarnos
de la idea de la pertenencia momentánea a una organización, sindicato o colegio
de profesores. Del mismo modo, del condicionante de las constancias,
certificados o diplomas, que vienen funcionando – la mayoría de veces mal
entendido – como el estímulo para mostrarle interés a los asuntos concernientes
a nuestra labor. Ello, ya que la idea para empezar a cambiar no es la pertenencia ni acumulación de
horas de capacitación, sino empezar a buscar para encontrarnos – a través de las redes – en charlas
pedagógicas en las que podamos enseñar y aprender de nosotros mismos, vertiendo
nuestras experiencias y oyendo la de los demás para que de esa manera podamos ir
construyendo el mejor argumento que dé a entender con claridad a esos otros, intentando retirarnos del rol protagónico, que los zapateros de este buen calzado – por la ocasión llamémosla así a la educación escolar pública –
somos los maestros de escuela.
Caso curioso es haber por
la red social del Facebook abundantes grupos de docentes que irónicamente
llegan a decenas de miles de integrantes, pero no integrando ningún propósito pedagógico
más allá de la comunicación e información noticiosa. Incluso he llegado a leer
opiniones que han servido para concluir que gran culpa de los males de la educación
escolar recae en el profesorado, y como siempre valga la aclaración de las
excepciones del caso.
Es el momento entonces
de cambiar, empezando por juntarnos en un propósito pedagógico de hacer
pedagogía, bajo una preliminar autoconfesión sincera de si soy o no soy un ejemplar hombre de bien, ya
que tal condición viene siendo nuestra primera tarea siempre que haya autoconfesado no serlo, pero quiera serlo definitivamente.
Ahí nos vemos!!!
Ahí nos vemos!!!
