lunes, 20 de julio de 2020

ANTES Y DESPUÉS DEL 06 DE JULIO


Hay un antes y después del 06 de Julio que año tras año no cambia; debiendo cambiar porque hace rato la realidad educativa, no sólo es desalentadora, sino involucra al desempeño docente como parte del problema. Y, ya que el 06 de Julio es una fecha en la que todos los celebrados asumen ser “Maestros”, por lo mismo es que debería ser la mejor ocasión para empezar a reflexionar – salvo excepciones – acerca de que la fecha en sí no discrimina a quienes antes y después del 06 de Julio sólo dictan clases.
El reciente decreto de un estado de emergencia sanitaria, a propósito del COVID – 19, evocó de mi memoria lo ocurrido hace 20 años con el decreto de “estado de emergencia educativo”. Lo que no es alentador, no sólo porque hoy se ha dado muestra de lo mal que se sigue educando, sino porque soy testigo del tiempo transcurrido sin habérsele firmado “el alta” – como paciente sano o restablecido – a la Educación Escolar Pública que se supone fuera declarada en emergencia para liberarla de sus posibles males o padecimientos. Sin embargo, el mal persiste porque no hacen sino prescribirle “fórmulas mágicas”, y además costosas, que no atienden la cura, pero parece sí el bienestar de otros.
El rol protagónico del maestro en la sociedad anda algo deslucido o empañado porque intentan retirarnos de escena, silenciando nuestra opinión sobre lo que justamente – dizque a través de un nuevo estilo de educar – nos estaría convirtiendo en simple repetidores de lo que incluso ya hay quienes se lucen orondos creyéndose los inventores, autores y compositores.
He ahí uno de los males que padecemos porque gran parte de la culpa es nuestra. Nos ganan porque nos dejamos. Nos deslucen porque nos dejamos. Nos callan porque nos dejamos. Nos sacan de escena porque nos dejamos. Nos faltan el respeto porque nos dejamos. Pero, nos dejamos porque entre nosotros mismos no sabemos oírnos. Nos enfrentamos. Nos traicionamos. Nos faltamos el respeto. Nos aprovechamos. Entonces, hacemos exactamente lo que antes y después del 06 de Julio – otra vez, salvo excepciones – no cambia, y deberíamos obligarnos a cambiar.
Podríamos empezar por liberarnos de la idea de la pertenencia momentánea a una organización, sindicato o colegio de profesores. Del mismo modo, del condicionante de las constancias, certificados o diplomas, que vienen funcionando – la mayoría de veces mal entendido – como el estímulo para mostrarle interés a los asuntos concernientes a nuestra labor. Ello, ya que la idea para empezar a cambiar no es la pertenencia ni acumulación de horas de capacitación, sino empezar a buscar para encontrarnos – a través de las redes – en charlas pedagógicas en las que podamos enseñar y aprender de nosotros mismos, vertiendo nuestras experiencias y oyendo la de los demás para que de esa manera podamos ir construyendo el mejor argumento que dé a entender con claridad a esos otros, intentando retirarnos del rol protagónico, que los zapateros de este buen calzado – por la ocasión llamémosla así a la educación escolar pública – somos los maestros de escuela.
Caso curioso es haber por la red social del Facebook abundantes grupos de docentes que irónicamente llegan a decenas de miles de integrantes, pero no integrando ningún propósito pedagógico más allá de la comunicación e información noticiosa. Incluso he llegado a leer opiniones que han servido para concluir que gran culpa de los males de la educación escolar recae en el profesorado, y como siempre valga la aclaración de las excepciones del caso.
Es el momento entonces de cambiar, empezando por juntarnos en un propósito pedagógico de hacer pedagogía, bajo una preliminar autoconfesión sincera de si soy o no soy un ejemplar hombre de bien, ya que tal condición viene siendo nuestra primera tarea siempre que haya autoconfesado no serlo, pero quiera serlo definitivamente.     
Ahí nos vemos!!!