sábado, 25 de julio de 2020

¿Culpa de quién?


Difícilmente se asume la culpa por iniciativa propia - llámesele falta de valentía - ya que la reacción inmediata es negarla hasta en ocasión de la menor posible ocurrencia. Ahí está - por ejemplo - el momento cuando la mamá pregunta a los hijos quién olvidó recoger su plato dejado sobre la mesa después de comer, y la respuesta inmediata es el mutis absoluto o la negativa - de quien se sabe culpable - para asumir valientemente la culpa y decir: - ¡Mamá, ese fui yo! 
Otra cosa es el silencio de los hermanos - no culpables - que no saben del asunto, o - si saben - no quieren delatar al hermano. Pero, si habría que prestarle mayor atención al caso cuando éste alcanza nivel de complicidad o si al hijo no le bastara negar la culpa, acusando a otros de sus posibles malos actos. En cualquiera de los casos... ¡Siempre es tiempo de educar! 
Ayer, dos hombres discutían por si la culpa de lo que nos toca vivir frente al COVID-19 es culpa de la gente o de Vizcarra - así era como se referían al presidente de turno -, y cada quien prefería enfrascarse en una posición que no daba tregua a una pausa para la reflexión razonada. La discusión se tornaba cada vez más picante, con posible demás, y a eso es lo que se llega y avanza – de mal a peor – una discusión cuando el dominio de los pensamientos proviene sólo, y únicamente, del cerebro emocional, anulado el racional. 
Pues bien, habría que partir por entender que todo es causa y efecto, pero en una serie continua e incesante. Es decir, cada cosa podría explicarse, en el tiempo determinado a hacerlo, como el resultado de ese instante en el que la seguidilla razón causa-efecto pudiera describir el porqué de todo cuanto pueda ser y estar ocurriendo de modo natural sobre cualquier asunto de atención en un determinado momento. Advirtiéndose que la capacidad y genialidad del hombre le han dado acceso a su intervención sobre lo natural. Lo que también se explica por razón de causa y efecto. Y, en lo mismo, al posible mérito o culpa y responsabilidad como efecto de la causa. 
Entonces, si nuestra atención es sobre los hechos lamentables que nos toca vivir, es innegable haber culpa; por ende, culpables. 
Sin embargo, y volviendo al principio de cómo inicié este artículo, por falta de valentía nadie viene asumiendo culpa alguna. Habiendo, no sólo quienes niegan haber olvidado recoger el plato dejado sobre la mesa después de comer, sino echar la culpa a otros de hechos de mayor gravedad que van desde romper la vajilla hasta robarle el almuerzo a los hermanos menores. 
Los tiempos de ahora no son los de antes del 15 de Marzo del 2020 porque la independencia de cada quien ha tenido que someterse a la dependencia casi directa del Estado.
Al haberse decretado el estado de emergencia sanitaria a nivel nacional, suspendiendo o restringiendo toda clase de actividad que hasta antes del inicio de la cuarentena podría significar esa mencionada independencia de cada quien, el Estado – representado en el Gobierno de turno – es quien asume. Asume el bienestar básico de cada uno, y a la vez todos, quienes constituimos la Nación. Lo que no ocurrió ni ocurre porque aquí cada quien ha bailado y sigue bailando con su propio pañuelo. Por tanto, se le señala una primera culpa sobre los efectos. Y, ya que la personificación del Estado recae en el Presidente de la República – como su máxima autoridad – por lo mismo es que el Sr. Martín Vizcarra es tan culpable de sus actos como de quienes obran por él ante el efecto de tantos lamentables hechos denunciándose por doquier.
Aquí, debo resaltar que quienes se postulan a los más altos cargos políticos de una nación parece que lo hicieran sólo para ostentarlo – aunque ha subido a primer plano hacerlo para sacarle el máximo jugo al cargo, exprimiéndolo incluso hasta con la menor de las oportunidades y provecho posible, dejándolo seco – no importando siquiera luego pisen los tribunales, o los encierren en una celda, bajo prisión preventiva, acusados de corruptos. Del mismo modo, parece que mientras dicen gobernar, lo hacen cruzando los dedos para que “las papas no quemen” porque gustan de llevársela facilito. Imagino debe funcionar la idea – legada por otros – de que “mientras más alto más fácil”.
Las papas están quemando en este momento donde quien gobierna debe hacer su trabajo. Lo que no lo convierte en “valiente” ni “héroe” ni “el mejor”. Es el Presidente, y como tal debe responder.
El cargo político de Presidente de la República, Premier, Ministro, Presidente Regional, Alcalde, Congresista y demás, exige – más que lucir un buen terno o traje – responder a la altura de los mismos y más allá de lo que pudiera estar redactado en su manual de funciones. Se le exige trascendencia – palabra de un estimado amigo – para que perdure su obra.
No todo es culpa del Presidente. Es culpa de él y todos los demás. Pero, ya que él encabeza esta nación, decir que él no tiene la culpa y, por el contrario, deba elogiarse estar al frente de lo que viene ocurriendo, es más la emoción de alguien que el análisis razonable del caso.
¿Tiene culpa la gente?
Si prohíben salir de casa, bajo advertencia del posible contagio, del encierro temporal en un calabozo o el pago de una multa, claro que tiene culpa directa la gente por haber salido, debiendo asumir el efecto de su desatención u omisión.
Si obligan a mantener la distancia entre una y otra persona, bajo advertencia del posible contagio, claro que tiene culpa directa la gente si se contagió, y mayor culpa si el contagio lo propaga a otros, entre tantos su propia familia.
Si la gente es irrespetuosa, desobediente, vulgar, insolente, indiferente, sucia, mal intencionada y demás, claro que tiene culpa directa la gente de su mal conducta o comportamiento.
Entonces, nadie niega que la gente tenga culpa directa de sus malos actos, y por los mismos deba pagar las facturas del costo de sus culpas. Pero, en el análisis donde se recoge hasta lo que de boca del propio presidente se ha oído, en cuanto haberse desnudado las peores conductas en la gran mayoría de gente, – consecuentemente un pésimo comportamiento como sociedad -, aclárese que lo puesto en evidencia, y que no ha sabido asumir el presidente como culpa, es el resultado de una mala educación de un Estado que educa o debe velar por la mejor educación de su gente.
Sin embargo, no es alentador que, mientras la gente pueda ser culpable de todo cuanto se le pueda imputar en esta emergencia, haya quienes sigan siendo culpables del robo de su educación, salud y demás bienestar.
Pronto habrá que elegir a un nuevo gobierno. ¡Lo mal que elijas si es tu culpa!
¡Siempre es tiempo de educar!