Difícilmente se asume la culpa por iniciativa
propia - llámesele falta de valentía - ya que la reacción inmediata es negarla hasta
en ocasión de la menor posible ocurrencia. Ahí está - por ejemplo - el momento
cuando la mamá pregunta a los hijos quién olvidó recoger su plato dejado sobre
la mesa después de comer, y la respuesta inmediata es el mutis absoluto o la
negativa - de quien se sabe culpable - para asumir valientemente la culpa y
decir: - ¡Mamá, ese fui yo!
Otra cosa es el silencio de los hermanos - no culpables
- que no saben del asunto, o - si saben - no quieren delatar al hermano. Pero,
si habría que prestarle mayor atención al caso cuando éste alcanza nivel de
complicidad o si al hijo no le bastara negar la culpa, acusando a otros de sus
posibles malos actos. En cualquiera de los casos... ¡Siempre es tiempo de
educar!
Ayer, dos hombres discutían por si la culpa de lo
que nos toca vivir frente al COVID-19 es culpa de la gente o de Vizcarra - así
era como se referían al presidente de turno -, y cada quien prefería
enfrascarse en una posición que no daba tregua a una pausa para la reflexión
razonada. La discusión se tornaba cada vez más picante, con posible demás, y a eso
es lo que se llega y avanza – de mal a peor – una discusión cuando el dominio
de los pensamientos proviene sólo, y únicamente, del cerebro emocional, anulado
el racional.
Pues bien, habría que partir por entender que todo
es causa y efecto, pero en una serie continua e incesante. Es decir, cada cosa
podría explicarse, en el tiempo determinado a hacerlo, como el resultado de ese
instante en el que la seguidilla razón causa-efecto pudiera describir el porqué
de todo cuanto pueda ser y estar ocurriendo de modo natural sobre cualquier
asunto de atención en un determinado momento. Advirtiéndose que la capacidad y
genialidad del hombre le han dado acceso a su intervención sobre lo natural. Lo
que también se explica por razón de causa y efecto. Y, en lo mismo, al posible mérito
o culpa y responsabilidad como efecto de la causa.
Entonces, si nuestra atención es sobre los hechos
lamentables que nos toca vivir, es innegable haber culpa; por ende,
culpables.
Sin embargo, y volviendo al principio de cómo
inicié este artículo, por falta de valentía nadie viene asumiendo culpa alguna.
Habiendo, no sólo quienes niegan haber olvidado recoger el plato dejado sobre
la mesa después de comer, sino echar la culpa a otros de hechos de mayor
gravedad que van desde romper la vajilla hasta robarle el almuerzo a los
hermanos menores.
Los tiempos de ahora no son los de antes del 15 de
Marzo del 2020 porque la independencia de cada quien ha tenido que someterse a
la dependencia casi directa del Estado.
Al haberse decretado el estado de emergencia
sanitaria a nivel nacional, suspendiendo o restringiendo toda clase de
actividad que hasta antes del inicio de la cuarentena podría significar esa
mencionada independencia de cada quien, el Estado – representado en el Gobierno
de turno – es quien asume. Asume el bienestar básico de cada uno, y a la vez todos,
quienes constituimos la Nación. Lo que no ocurrió ni ocurre porque aquí cada
quien ha bailado y sigue bailando con su propio pañuelo. Por tanto, se le
señala una primera culpa sobre los efectos. Y, ya que la personificación del
Estado recae en el Presidente de la República – como su máxima autoridad – por lo
mismo es que el Sr. Martín Vizcarra es tan culpable de sus actos como de quienes
obran por él ante el efecto de tantos lamentables hechos denunciándose por
doquier.
Aquí, debo resaltar que quienes se postulan a los
más altos cargos políticos de una nación parece que lo hicieran sólo para ostentarlo
– aunque ha subido a primer plano hacerlo para sacarle el máximo jugo al cargo,
exprimiéndolo incluso hasta con la menor de las oportunidades y provecho
posible, dejándolo seco – no importando siquiera luego pisen los tribunales, o
los encierren en una celda, bajo prisión preventiva, acusados de corruptos. Del
mismo modo, parece que mientras dicen gobernar, lo hacen cruzando los dedos para
que “las papas no quemen” porque gustan de llevársela facilito. Imagino debe funcionar
la idea – legada por otros – de que “mientras más alto más fácil”.
Las papas están quemando en este momento donde quien
gobierna debe hacer su trabajo. Lo que no lo convierte en “valiente” ni “héroe”
ni “el mejor”. Es el Presidente, y como tal debe responder.
El cargo político de Presidente de la República, Premier,
Ministro, Presidente Regional, Alcalde, Congresista y demás, exige – más que
lucir un buen terno o traje – responder a la altura de los mismos y más allá de
lo que pudiera estar redactado en su manual de funciones. Se le exige
trascendencia – palabra de un estimado amigo – para que perdure su obra.
No todo es culpa del Presidente. Es culpa de él y
todos los demás. Pero, ya que él encabeza esta nación, decir que él no tiene la
culpa y, por el contrario, deba elogiarse estar al frente de lo que viene
ocurriendo, es más la emoción de alguien que el análisis razonable del caso.
¿Tiene culpa la gente?
Si prohíben salir de casa, bajo advertencia del posible
contagio, del encierro temporal en un calabozo o el pago de una multa, claro
que tiene culpa directa la gente por haber salido, debiendo asumir el efecto de
su desatención u omisión.
Si obligan a mantener la distancia entre una y otra
persona, bajo advertencia del posible contagio, claro que tiene culpa directa
la gente si se contagió, y mayor culpa si el contagio lo propaga a otros, entre
tantos su propia familia.
Si la gente es irrespetuosa, desobediente, vulgar,
insolente, indiferente, sucia, mal intencionada y demás, claro que tiene culpa
directa la gente de su mal conducta o comportamiento.
Entonces, nadie niega que la gente tenga culpa
directa de sus malos actos, y por los mismos deba pagar las facturas del costo
de sus culpas. Pero, en el análisis donde se recoge hasta lo que de boca del
propio presidente se ha oído, en cuanto haberse desnudado las peores conductas
en la gran mayoría de gente, – consecuentemente un pésimo comportamiento como
sociedad -, aclárese que lo puesto en evidencia, y que no ha sabido asumir el
presidente como culpa, es el resultado de una mala educación de un Estado que educa
o debe velar por la mejor educación de su gente.
Sin embargo, no es alentador que, mientras la gente
pueda ser culpable de todo cuanto se le pueda imputar en esta emergencia, haya quienes
sigan siendo culpables del robo de su educación, salud y demás bienestar.
Pronto habrá que elegir a un nuevo gobierno. ¡Lo
mal que elijas si es tu culpa!
¡Siempre es tiempo de educar!
