Al 28 de Marzo del 2022 son exactamente ocho meses de gobierno de la gente de Perú Libre y sus aliados al mando del profesor Castillo. Durante ese tiempo es repetitivo en boca del presidente el uso de dos palabras: “educación” y “pueblo”, y por el tiempo transcurrido, vista una obcecación.
Asimismo, no cabe duda que al Sr. Castillo, no
sólo un sector no lo quiso ni quiere como su presidente, sino se le han ido
encima; y también por el tiempo transcurrido, vista una persecución para importunarlo
y alcanzar acorralarlo hasta el atosigamiento que lo pudiera conllevar a un
siguiente mensaje a la Nación donde renuncie al cargo de presidente.
A la par de los hechos descritos, transcurren los
embelesados en sacar ventaja durante estos ocho meses de gobierno a la
confianza, familiaridad, compadrazgo, amiguismo y condición partidaria o de
paisano chotano con el presidente, para la adjudicación directa e indirecta de
servicios, obras, asesorías y cuanto demás traigan consigo réditos pecuniarios;
del mismo modo, colmar o acomodarse – si fuera posible en todos – los cargos y puestos
de los sectores del Estado.
Con respecto a la educación, ésta ya fue anteriormente
declarada en emergencia durante el gobierno del aún no extraditado y corrupto presidente
Toledo. Entendiéndose por estado de emergencia lo que exige una inmediata y
oportuna atención para que – dígase “el paciente” – no se agrave, sino se
estabilice y vaya recuperando la salud. Sin embargo, han transcurrido dos
décadas y las muestras son haberle recetado un paliativo o seguir en la cola
esperando el turno de atención. Entonces, si el presidente Castillo anuncia, vuelva
a anunciar y sigue anunciando que ha declarado la educación en emergencia, se
podría creer que al fin no más paliativos o no más la cola de espera porque
llegó el turno de atención; sin embargo, eso no pasa… ¡¡¡Y eso que es
profesor!!!
Si lo que se repite hasta el cansancio es “educación”
y “pueblo”, bien podríamos decirle al presidente Castillo que no lo diga más, sino
haga más, porque justamente al pueblo que él refiere le han dicho tanto y demás
que también se le puede ir encima sino se hace realidad lo que, una y otra vez,
tanto repite.
Al pueblo hay que educarlo porque tal como
decía el padre de mi padre: “a Dios se le pide sueño, no cama”. Sin dejar de entender
que un sueño sobre un confortable colchón y buena cama es mucho mejor. Sin embargo,
a la escuela pública, no sólo sin colchón ni cama, sino sin poder conciliar el
sueño. En la gravedad del caso, ocurriendo incluso aquí cerca nomás.
Puede incrementarse el presupuesto en educación
para la infraestructura y mantenimiento de escuelas, nombramiento y contratación
de profesores y auxiliares de educación, materiales educativos, aumentos salariales
y demás, pero el pueblo sigue mal educado. Eso no se dice. Es más, el
presidente Castillo no lo dice… ¡¡¡Y eso que es profesor!!!
Pueda que la meritocracia y las escalas
magisteriales estén rindiendo lo suyo, pero mientras no sean para siquiera
avistar que el pueblo está siendo mejor educado que ayer, hoy se cumple aquello
que define: “no están todos quienes deberían ser, ni son todos quienes deberían
estar”.
Sin visionarios u observadores; es decir, educadores
que han alcanzado esa maestría a la que refería Makarenko, la educación vagará
sin reconocer quién es quién o quién puede serlo. Quien creyó en el señor Castillo
se equivocó porque no tiene esa maestría… ¡¡¡Y eso que es profesor!!!

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