lunes, 20 de abril de 2020

"Papá Gobierno"


Hace 36 días de la obligatoriedad de dejar de hacer todo lo que se hacía y guarecerse en un lugar o espacio – no para todos su casa - a fin, no se salga a las calles y evitar la expansión y transmisión de un virus altamente contagioso amenazando matar la vida del hombre en este planeta. 
De ahí la emergencia, debiendo entenderse que el vocablo es exacto para describir el nivel de peligrosidad y atentado en contra de la salud, ya que no hay otro sino uno siguiente el cual sería la muerte. 
No es crudo. Es real. Y, por lo tanto, es el punto de partida para también entender que se ha puesto en prioridad la salud por sobre cualquier otra cosa. Estando ahí la razón del por qué todo, o casi todo, se detuvo. Se paralizó. Dejó de funcionar y está dejando de ser como lo era antes. 
La nación la personificamos todos los peruanos. Somos también quienes cedemos un poder de gobierno y administración de nuestros recursos y riquezas a quien podríamos llamarlo un "Papá Gobierno" porque es quien tiene la custodia de sus hijos y el encargo de velar por el destino de cada uno y todos los peruanos quienes nos constituimos como nación.
El contagioso virus no llegó sin avisar al Perú. Se sabía que éste tenía un boleto de viaje comprado con destino al Perú. Entonces, por ahí se podría empezar a descubrir que el discurso de excusas de “Papá Gobierno” es disonante.
Es natural en la conducta humana el posible nerviosismo ante la incertidumbre de la fecha y hora del vuelo de llegada del COVID-19 al Perú. También, es natural que el estímulo tenga respuesta de reacciones de defensa. Sin embargo, y pese a las funestas consecuencias de su visita en otros lares, parece no haber sido racional la previsión del posible escenario en el Perú, en éste con actores netamente peruanos y bajo su propio guion de la historia.    
Es noticia pública que el virus ni bien pisó suelo peruano, desde ese momento y hasta hoy, tiene a "Papá Gobierno" en un agitado e incesante correteo de un lado hacia otro.  
A medio día hay una señal oficial de información de lo que ese agitado e incesante correteo busca atender, reparar y detener, haciéndose hincapié en el esfuerzo de “Papá Gobierno” frente a lo inédito del asunto. Y, bien por aquello que se diga hacer. Pero, no está bien si no se hace ni llega para todos. Lo inédito no es tanto así de insólito o desconocido porque anteriormente a su llegada al Perú se sabía que este mal visitante es perverso porque viola y rompe cualquier protocolo en casa ajena.
Entonces, y a lo que se desata por acá, allá y acullá en el Perú, ¿quién nos tendría jodidos? – En metáfora, ¿quién nos tiene a muchos agarrados del cuello o contra la espada y la pared? – ¿Lo será directamente el mal visitante? 
La idea de que no hacemos sino tirarle toda la culpa al gobierno es aceptable. Es más, se considera uno de los pensamientos irracionales más comunes que acechan al hombre. Sin embargo, no es absoluta. Para esta crisis, y ésta al haber desnudado y seguir desnudando una lamentable realidad, "Papá Gobierno" no se libra. 
Intempestivamente “Papá Gobierno” nos ha retirado del juego. Ese juego que hasta hace 36 días nos permitía solitos a cada quien sobrevivir de nuestro propio esfuerzo y peculio. Sin estirarle la mano a nadie. Sin pedirle a “Papá Gobierno”. Su razón para estar fuera de juego ha sido la salvaguarda y protección de la salud al haber el alto riesgo de morir sino se hacía.
La salvaguarda y protección en un refugio implica también prever, y valga la redundancia, la salvaguarda y protección dentro del refugio por el tiempo que se nos obligue a permanecer en éste. Por condición natural, y en un primer momento, buscamos sobrevivir sin ayuda, pero aquello cansa y, sobre todo, se agota. Todo gobierno lo sabe. Para eso también se es gobierno. No se es gobierno para presumir del cargo quienes lo integren, sino para Saber, Hacer y Ser Gobierno. Sobre todo, en este momento que conforme han ido ampliándose los días del “Aislamiento Social Obligatorio” las cosas han pasado de posibles o llevaderas a difíciles. Se está complicando el asunto de la sostenibilidad y respuesta económica personal y familiar para más peruanos. Irónicamente aquel discurso presidencial de “todos estamos en ésta”, en su sentido positivo de fortaleza, se ha invertido porque es cierto que “todos estamos, pero jodidos en ésta”.    
Hoy más que nunca es cuando se sabe si lo que se dijo, ofreció y prometió a la nación en cuanto ser un mejor "Papá Gobierno", es una farsa, así el gobierno de turno lo encabece el suplente del titular quien está hoy con arresto domiciliario. 
Hay la mala costumbre de adelantarnos a los hechos en el sentido de homenajear, felicitar, premiar e idealizar, a punto de otorgar categoría de héroe o superhombre, a cualquiera quien lo único empezando por hacer es su trabajo u obligación, y aquello nos tiene pagando las consecuencias. 
La emergencia es sanitaria, pero ha desatado otras emergencias. No exactamente la referida posible pérdida del año escolar – porque como ya se dijo al principio – la prioridad sobre cualquier otra prioridad es la salud. El tema educativo no implica vaya a dejarse de lado sin resolver lo que hoy está en cuestionamiento. Por el contrario, debe irse con calma. Hay que parar con tanto cuestionamiento como si éste ocupara la prioridad que nos ha metido en un refugio para no enfermar, agravar y hasta posiblemente morir.
Sería interesante que esta crisis nos enseñara a reconocer que somos bien boca suelta para las críticas, debates y discusiones, haciéndonos perder – como parece quisieran otros así suceda – el respeto y la dirección de a quién verdaderamente debiéramos exigirle las explicaciones y respuestas satisfactorias del caso.
Educación, empezando por el Estado, es un tema donde cada quien parece jalar agua para su propio molino. Si el asunto es Educación, hay que partir por el deseo de ubicarse en una plataforma común en la que todos los involucrados pudieran pararse de modo tal que no se mire ni las perspectivas sean a veces tan indiferentes con la realidad del otro. Este tema y la propuesta estará considerada en un próximo artículo. 
Hay una emergencia inmediata devenida de la emergencia sanitaria, esa es la desaparición del poder adquisitivo. La poca plata hecha humo porque sorpresiva y bruscamente se nos fue sacado del juego. No se hace nada o se hace poco sin plata. No se compra nada sin plata. No se come sin plata.
Si la emergencia es por salud, por salud tendría obligación “Papá Gobierno” de haber previsto cómo atender la demanda de sus hijos cuando no tuvieran con qué paliar el hambre. No era desconocida ni insólita esta situación desatada. Sin embargo, es doloroso que se sepa haber plata y ésta se destine o quiera destinarse a lo que, por el momento, no es la prioridad que justamente lo obligó a sacarnos de las calles, suspendiendo las actividades que remuneraban siquiera para no tener que mendigar a nadie. 
Los peruanos nos debemos a un Gobierno, y éste se debe a todos los aproximadamente 33 millones de peruanos. No sólo se trata de capacidad para romper el chanchito. Cualquiera lo hace. Tampoco, de excusar la ayuda. Se trata de capacidad para gobernar por su nación.
No se ha convocado a esos casi 33 millones de peruanos para que el discurso de “Papá Gobierno” si contemple a "todos" y "juntos" sin dejar de lado a nadie. Porque quienes no están en ese “todo” y “juntos” son justamente los del gobierno. Tampoco, estarían quienes igual o posiblemente la siguen viendo a fin de mes. Es decir, quienes tienen su plata segura cada fin de mes durante todo el presente año al estar debida y anteriormente presupuestada. También, no están quienes no han paralizado sus actividades comerciales y de servicios, y hoy más que ayer con alta demanda que oferta. Y, desde este punto, es donde también parte la discusión de pensiones, remuneración y servicios de la educación privada.   
¿Dónde anda esa unidad que nos dice caracterizar a los peruanos?
Se ha visto que 33 millones de peruanos pueden gritar un gol y estar enganchados frente al televisor o radio durante 90 minutos. Pero, también se ha visto que cada quien sin importarle el otro. Lo que se oye es el grito, y aquello no significa que estemos realmente unidos.  
En este tiempo, y por el tipo de crisis, no una crisis de bancarrota a consecuencia de gobernantes habiéndose levantado el país en peso o haber sido los derrotados en una guerra, las iniciativas particulares o privadas son y deben ser posibles. Pero, éstas no exoneran al Gobierno ni lo suplen de sus obligaciones. 
¿Estamos fregados? – Sí.
¿Podemos salir de ésta? – Sí. Pero, siempre que nos mantengamos alertas para no dejar nos frieguen quienes pudieran o parecieran estar sacando ventaja en esta crisis. También, quienes se quieran excluir del “todos” y “juntos”.
La vida tiene tanto valor que no se le puede cuantificar una estimación monetaria. Entonces, si hoy está en peligro la vida, y no sólo por el contagioso virus sino porque el hambre acecha, no es descabellada la idea de siquiera por esta única vez quien nunca tuvo, quien tuvo poco y quien ahora haya dejado de tener, reciban un mismo bono especial y extraordinario a su nombre para sobrevivir a la cuarentena.