Hace 36 días de la
obligatoriedad de dejar de hacer todo lo que se hacía y guarecerse en un lugar
o espacio – no para todos su casa - a fin, no se salga a las calles y evitar la
expansión y transmisión de un virus altamente contagioso amenazando matar la
vida del hombre en este planeta.
De ahí la
emergencia, debiendo entenderse que el vocablo es exacto para describir el
nivel de peligrosidad y atentado en contra de la salud, ya que no hay otro sino
uno siguiente el cual sería la muerte.
No es crudo. Es
real. Y, por lo tanto, es el punto de partida para también entender que se ha
puesto en prioridad la salud por sobre cualquier otra cosa. Estando ahí la
razón del por qué todo, o casi todo, se detuvo. Se paralizó. Dejó de funcionar
y está dejando de ser como lo era antes.
La nación la personificamos
todos los peruanos. Somos también quienes cedemos un poder de gobierno y
administración de nuestros recursos y riquezas a quien podríamos llamarlo un "Papá
Gobierno" porque es quien tiene la custodia de sus hijos y el encargo de
velar por el destino de cada uno y todos los peruanos quienes nos constituimos como
nación.
El contagioso virus
no llegó sin avisar al Perú. Se sabía que éste tenía un boleto de viaje
comprado con destino al Perú. Entonces, por ahí se podría empezar a descubrir que
el discurso de excusas de “Papá Gobierno” es disonante.
Es natural en la
conducta humana el posible nerviosismo ante la incertidumbre de la fecha y hora
del vuelo de llegada del COVID-19 al Perú. También, es natural que el estímulo
tenga respuesta de reacciones de defensa. Sin embargo, y pese a las funestas
consecuencias de su visita en otros lares, parece no haber sido racional la previsión
del posible escenario en el Perú, en éste con actores netamente peruanos y bajo
su propio guion de la historia.
Es noticia pública
que el virus ni bien pisó suelo peruano, desde ese momento y hasta hoy, tiene a
"Papá Gobierno" en un agitado e incesante correteo de un lado hacia
otro.
A medio día hay una
señal oficial de información de lo que ese agitado e incesante correteo busca atender,
reparar y detener, haciéndose hincapié en el esfuerzo de “Papá Gobierno” frente
a lo inédito del asunto. Y, bien por aquello que se diga hacer. Pero, no está
bien si no se hace ni llega para todos. Lo inédito no es tanto así de insólito
o desconocido porque anteriormente a su llegada al Perú se sabía que este mal
visitante es perverso porque viola y rompe cualquier protocolo en casa ajena.
Entonces, y a lo
que se desata por acá, allá y acullá en el Perú, ¿quién nos tendría
jodidos? – En metáfora, ¿quién nos tiene a muchos agarrados del cuello o
contra la espada y la pared? – ¿Lo será directamente el mal visitante?
La idea de que no
hacemos sino tirarle toda la culpa al gobierno es aceptable. Es más, se
considera uno de los pensamientos irracionales más comunes que acechan al
hombre. Sin embargo, no es absoluta. Para esta crisis, y ésta al haber
desnudado y seguir desnudando una lamentable realidad, "Papá
Gobierno" no se libra.
Intempestivamente “Papá
Gobierno” nos ha retirado del juego. Ese juego que hasta hace 36 días nos
permitía solitos a cada quien sobrevivir de nuestro propio esfuerzo y peculio.
Sin estirarle la mano a nadie. Sin pedirle a “Papá Gobierno”. Su razón para
estar fuera de juego ha sido la salvaguarda y protección de la salud al haber el
alto riesgo de morir sino se hacía.
La salvaguarda y
protección en un refugio implica también prever, y valga la redundancia, la
salvaguarda y protección dentro del refugio por el tiempo que se nos obligue a
permanecer en éste. Por condición natural, y en un primer momento, buscamos
sobrevivir sin ayuda, pero aquello cansa y, sobre todo, se agota. Todo gobierno
lo sabe. Para eso también se es gobierno. No se es gobierno para presumir del
cargo quienes lo integren, sino para Saber, Hacer y Ser Gobierno. Sobre todo,
en este momento que conforme han ido ampliándose los días del “Aislamiento
Social Obligatorio” las cosas han pasado de posibles o llevaderas a difíciles.
Se está complicando el asunto de la sostenibilidad y respuesta económica personal
y familiar para más peruanos. Irónicamente aquel discurso presidencial de
“todos estamos en ésta”, en su sentido positivo de fortaleza, se ha invertido
porque es cierto que “todos estamos, pero jodidos en ésta”.
Hoy más que nunca
es cuando se sabe si lo que se dijo, ofreció y prometió a la nación en cuanto ser
un mejor "Papá Gobierno", es una farsa, así el gobierno de turno lo
encabece el suplente del titular quien está hoy con arresto domiciliario.
Hay la mala
costumbre de adelantarnos a los hechos en el sentido de homenajear, felicitar,
premiar e idealizar, a punto de otorgar categoría de héroe o superhombre, a
cualquiera quien lo único empezando por hacer es su trabajo u obligación, y
aquello nos tiene pagando las consecuencias.
La emergencia es sanitaria,
pero ha desatado otras emergencias. No exactamente la referida posible pérdida
del año escolar – porque como ya se dijo al principio – la prioridad sobre
cualquier otra prioridad es la salud. El tema educativo no implica vaya a dejarse
de lado sin resolver lo que hoy está en cuestionamiento. Por el contrario, debe
irse con calma. Hay que parar con tanto cuestionamiento como si éste ocupara la
prioridad que nos ha metido en un refugio para no enfermar, agravar y hasta
posiblemente morir.
Sería interesante
que esta crisis nos enseñara a reconocer que somos bien boca suelta para las críticas,
debates y discusiones, haciéndonos perder – como parece quisieran otros así
suceda – el respeto y la dirección de a quién verdaderamente debiéramos
exigirle las explicaciones y respuestas satisfactorias del caso.
Educación,
empezando por el Estado, es un tema donde cada quien parece jalar agua para su propio
molino. Si el asunto es Educación, hay que partir por el deseo de ubicarse en
una plataforma común en la que todos los involucrados pudieran pararse de modo
tal que no se mire ni las perspectivas sean a veces tan indiferentes con la
realidad del otro. Este tema y la propuesta estará considerada en un próximo
artículo.
Hay una emergencia inmediata
devenida de la emergencia sanitaria, esa es la desaparición del poder
adquisitivo. La poca plata hecha humo porque sorpresiva y bruscamente se nos
fue sacado del juego. No se hace nada o se hace poco sin plata. No se compra
nada sin plata. No se come sin plata.
Si la emergencia es
por salud, por salud tendría obligación “Papá Gobierno” de haber previsto cómo
atender la demanda de sus hijos cuando no tuvieran con qué paliar el hambre. No
era desconocida ni insólita esta situación desatada. Sin embargo, es doloroso
que se sepa haber plata y ésta se destine o quiera destinarse a lo que, por el momento,
no es la prioridad que justamente lo obligó a sacarnos de las calles, suspendiendo
las actividades que remuneraban siquiera para no tener que mendigar a nadie.
Los peruanos nos
debemos a un Gobierno, y éste se debe a todos los aproximadamente 33 millones
de peruanos. No sólo se trata de capacidad para romper el chanchito. Cualquiera
lo hace. Tampoco, de excusar la ayuda. Se trata de capacidad para gobernar por
su nación.
No se ha convocado
a esos casi 33 millones de peruanos para que el discurso de “Papá Gobierno” si
contemple a "todos" y "juntos" sin dejar de lado a nadie.
Porque quienes no están en ese “todo” y “juntos” son justamente los del
gobierno. Tampoco, estarían quienes igual o posiblemente la siguen viendo a fin
de mes. Es decir, quienes tienen su plata segura cada fin de mes durante todo
el presente año al estar debida y anteriormente presupuestada. También, no
están quienes no han paralizado sus actividades comerciales y de servicios, y
hoy más que ayer con alta demanda que oferta. Y, desde este punto, es donde
también parte la discusión de pensiones, remuneración y servicios de la
educación privada.
¿Dónde anda esa unidad
que nos dice caracterizar a los peruanos?
Se ha visto que 33
millones de peruanos pueden gritar un gol y estar enganchados frente al
televisor o radio durante 90 minutos. Pero, también se ha visto que cada quien
sin importarle el otro. Lo que se oye es el grito, y aquello no significa que
estemos realmente unidos.
En este tiempo, y
por el tipo de crisis, no una crisis de bancarrota a consecuencia de
gobernantes habiéndose levantado el país en peso o haber sido los derrotados en
una guerra, las iniciativas particulares o privadas son y deben ser posibles.
Pero, éstas no exoneran al Gobierno ni lo suplen de sus obligaciones.
¿Estamos fregados?
– Sí.
¿Podemos salir de
ésta? – Sí. Pero, siempre que nos mantengamos alertas para no dejar nos
frieguen quienes pudieran o parecieran estar sacando ventaja en esta crisis.
También, quienes se quieran excluir del “todos” y “juntos”.
La vida tiene tanto
valor que no se le puede cuantificar una estimación monetaria. Entonces, si hoy
está en peligro la vida, y no sólo por el contagioso virus sino porque el
hambre acecha, no es descabellada la idea de siquiera por esta única vez quien nunca
tuvo, quien tuvo poco y quien ahora haya dejado de tener, reciban un mismo bono
especial y extraordinario a su nombre para sobrevivir a la cuarentena.
