Al año 2020, y para lo
que nos toca atravesar en esta línea de tiempo, no es otra cuestión sino nuevamente
un versus entre seres vivos de mayor evolución: Homo Sapiens vs Homo Sapiens.
Otros, tal vez digan
que el versus es entre el Ser Humano y el COVID-19, y es cierto.
Unos más, que el versus
es entre El Hombre y La Naturaleza, y también es cierto.
Sin embargo, al haberse
puesto en vitrina mundial la exhibición de lo que El Hombre es capaz o hace
gala en cuanto a la comisión de otros mayores y grandes males contra sí mismo,
no cabe duda que el versus es entre Homo Sapiens, Seres Humanos o El Hombre
contra El Hombre.
Mientras tanto, un
virus sigue ganando espacio en el lugar de la batalla frente a una incólume Naturaleza
expectante por saber, si una vez por todas, el Hombre aprende la lección de no
competir en contra de ésta ni en contra de sí mismo pese a saber que el costo
podría ser su propia extinción de este planeta.
Enfocado al Perú, tan
igual a sus fortalezas y riquezas lo son también sus problemas por el versus
entre peruano y peruano.
Aparte de la
gastronomía, lo mejor que saborean y parecen disfrutar es la confrontación y
derrota del otro.
Desde hace tiempo atrás
impera la insana creencia de que el derecho no termina ni siquiera donde
empieza el de los demás.
Se ha perdido el
respeto entre los peruanos. Lo que explicaría el por qué cualquier foráneo también
lo pierde con rapidez estando en suelo peruano.
Nadie parece respetar ya
por convicción, y tal vez algunos lo hagan por obligación.
A los líderes de los
Gobiernos de turno poco o nada les sigue interesando completar el texto de sus
discursos. Sus constantes proclamas de derechos han sido incompletas sin la exigencia
de los deberes u obligaciones. Lo que puede parecer intencional si el sentido
es distraer a la población de su atención sobre la realidad a costas de la
confrontación entre uno y otro peruano en su ejercicio del derecho, pero
desprendidos de una mala interpretación que cada quien pudiera hacer cuando el
texto del discurso es incompleto.
Una descripción de esa confrontación
es por ejemplo la ligereza y facilidad para polarizar o extremar cualquier
asunto del momento. Incluso nimiedades transitorias que las ponen a discusión y
debate como cosa trascendente. El panorama empieza a cambiar. Transforma a
simples sujetos en contrincantes. Si es por redes sociales, se desgastan en una
pugna por el título de quién pega más por escrito. Mientras tanto, relegan todo
lo demás importante y verdadero que pudiera requerir la atención o tratamiento
prioritario e inmediato.
Ahí está el caso de
aquel soldado, quien fuera elevado hasta lo más alto del cielo y, a la vez,
enterrado hasta lo más profundo del subsuelo por dar de cachetadas a un joven omiso
al “toque de queda”. La agrupación en dos bandos enemigos fue instantánea. Se
enfrascaron en una riña que a muchos parece haberle obstruido el cerebro
racional. En ambos bandos no cabían ni el razonamiento o análisis del asunto que
no sean los suyos. Se desprendieron despectivos calificativos. Entre tantos, el
de miserable a quien se atreviera a condenar al soldado o defender al joven.
Y, como se dijo antes,
poco o nada les sigue interesando a quienes les debiera interesar completar el
texto del discurso, ya que en comparación o simil cada peruano es hijo de un
papá Gobierno.
No hay pesimismo al
advertir la realidad. Tampoco optimismo sin advertirla.
Dejar de lado dicha
advertencia es indiferencia. Entonces, si no se advierte la realidad podría
pecarse de pesimismo, y el optimismo pecar de burla o utopía.
A propósito de la
emergencia, a la superficie han salido a flote una serie de severas críticas contra
el Gobierno que no es pesimismo. Igualmente, un verbo florido como estimulante emocional
de solicitudes y peticiones del Gobierno a la población que no es exactamente
optimismo.
Para quienes saben muy
bien cómo se vive y sobrevive en el Perú, y en boca del propio Presidente, la
emergencia por el COVID-19 ha desnudado la realidad del país.
Sin embargo, no se
reconoce culpa alguna. Tampoco, se dice ni se compromete a más nada pese a
saberse que la cruda realidad, en todo ámbito, yace ahí desnuda. Ojalá tampoco
se pierda el pudor.
Algunos dirán que no es
el momento de críticas. Otros, que lo dejen trabajar. Pero, los textos no están
completos. Por tanto, son medias verdades.
Hay razones suficientes
para sostener la crítica, y la propia emergencia es una y la principal.
A casi un mes de cuarentena
ni siquiera en un estado de emergencia los últimos logran ser los primeros.
En el discurso pueda
que los olvidados estén siendo los más recordados en este momento de crisis. Pero,
en la práctica, el Estado parece seguir ignorando su existencia. Del mismo
modo, los políticos o quienes se encaminan a serlo porque una vez más podrá
decirse que para ellos los peruanos olvidados o menos atendidos solamente existen
en tiempo de campaña electoral.
El Gobierno está dando
muestras de su poder. Ha retirado a toda clase de gentes de las calles. Incluso
por días completos. Habría entonces poder si se quisiera hacer lo correcto. No
siendo correcto, por ejemplo, generalizar la petición de “quédate en tu casa”, ya
que le falta el respeto a quienes sin mirar ni ir muy lejos, y en una gran
mayoría poblacional, no la tienen, y si la tienen no la tienen con luz, agua ni
desagüe, a pesar de considerarse elementos básicos para una vida siquiera digna.
El retiro de las calles,
para evitar el contagio masivo del virus en la población, ha significado
también retirarle la oportunidad del sustento, de lo que se ganan a diario,
quienes se la buscan en la calle. Aquí, están contemplados absolutamente todos,
quienes antes de la cuarentena, no la veían, la veían muy poco y la veían poco,
y ahora no la ven.
Entiéndase que la plata
no les ha llegado a todos. Se ha repartido mal, y se quiere volver a repartir
sin llegarle a todos porque hay quienes ni bonos, ni CTS ni AFP.
La plata repartida en
bonos es de todos los peruanos. Si le ha llegado al taxista, quien desde hace
29 días de la cuarentena sigue taxeando, por qué no le ha llegado también a
quienes sobreviven de otros servicios o “el cachuelo”.
Es increíble desnudarse
la despreocupación, desorden e irresponsabilidad de los órganos y servidores públicos
llamados a evitar que la data de los registros cualitativos y cuantitativos repartan
inadecuada y equivocadamente el dinero de todos los peruanos.
Por otro lado, se advierte
que la emergencia no ha puesto a todos en emergencia, empezando por quienes son
Gobierno. Igual nomás han pasado por caja y recibido sus miles de Soles que le
significan su sueldazo de Marzo. Seguramente, y en unos días, el de Abril. Hay
mutis al respecto, y la afirmación resulta válida porque hasta la fecha nadie
ha dicho lo contrario. Asimismo, ninguno ha soltado de la suya como para
pregonar que educan con el ejemplo. Tampoco, por simple solidaridad para que sus
palabras se condigan con sus actos. Sobre todo, si día tras día, su proclama en
el discurso es que “todos tenemos que colaborar”, así como “juntos y unidos saldremos
de esta emergencia”.
También hay que
advertir que la emergencia está generando el retiro de montones de Soles provenientes
de las arcas o erario nacional. Millonarias sumas, no sólo para cubrir los
bonos, sino para gastos que luego la contabilidad se encargará de cuadrar. Sin
embargo, no cabe duda que se emitirá una enorme factura pendiente de pago. La misma
que parece la pagarán justamente quienes no fueron beneficiados con ningún bono
ni recibieron ningún aporte de parte del Estado. Y, lo peor de todo, quienes no
hicieron el posible consumo que se anote como concepto en dicho cobro.
Que la emergencia no provoque
un lapsus mental al Ciudadano de A Pie en cuanto al nivel de corrupción
existente en el Perú.
Hace bastante rato que
la plata está fuera de las bóvedas. Ojalá, no en manos de quienes saben
cuadrarla en la contabilidad. Tampoco, en quienes la malgasten en adquisiciones
o contrataciones descaradamente sobreevaluadas o innecesarias, y que después se
pretendan exonerar de cualquier culpa debido al estado de emergencia.
Es fácil saber si le tocó
lo que debería de tocarle a quien dijo el Estado haberle dado. Asimismo, lo
adquirido y comprado según dijo el Estado haberle costado y a quién haberle
pagado.
Ya han sido vistos y
hecho público algunos posibles actos de corrupción. Sin embargo, también parece
haber justicia y prensa parcializada que ve por conveniencia darle al Ciudadano
de a Pie la primicia de haberle caído con todo al hombre que insultara a la
policía. Mientras tanto, no se dijo más sobre lo que insinuara el presidente en
cuanto al castigo del funcionario público corrupto y su previa posibilidad de
librarlo de la denuncia o culpa por haberse equivocado en sus funciones a motivo
del nerviosismo frente al estado de emergencia.
Mal harían la prensa y
la ley, si justamente en este estado de emergencia, voltearán la mirada para
dejar de ver a quienes ya pudieran estar en malas mañas con lo que no es suyo
sino de todos los peruanos.
Aún no es tiempo. Ya
llegará el momento de agradecer y aplaudir a quienes se lo merezcan.
Hoy, y dado que
mantenerse sano es la prioridad, sólo es el momento que cada quien haga lo
correcto. Cada quien cumpla con lo suyo. Cada quien obedezca. No es momento
para dársela de pendejos!!!
