sábado, 11 de abril de 2020

Versus


Al año 2020, y para lo que nos toca atravesar en esta línea de tiempo, no es otra cuestión sino nuevamente un versus entre seres vivos de mayor evolución: Homo Sapiens vs Homo Sapiens.
Otros, tal vez digan que el versus es entre el Ser Humano y el COVID-19, y es cierto.
Unos más, que el versus es entre El Hombre y La Naturaleza, y también es cierto.
Sin embargo, al haberse puesto en vitrina mundial la exhibición de lo que El Hombre es capaz o hace gala en cuanto a la comisión de otros mayores y grandes males contra sí mismo, no cabe duda que el versus es entre Homo Sapiens, Seres Humanos o El Hombre contra El Hombre.
Mientras tanto, un virus sigue ganando espacio en el lugar de la batalla frente a una incólume Naturaleza expectante por saber, si una vez por todas, el Hombre aprende la lección de no competir en contra de ésta ni en contra de sí mismo pese a saber que el costo podría ser su propia extinción de este planeta.
Enfocado al Perú, tan igual a sus fortalezas y riquezas lo son también sus problemas por el versus entre peruano y peruano.
Aparte de la gastronomía, lo mejor que saborean y parecen disfrutar es la confrontación y derrota del otro.
Desde hace tiempo atrás impera la insana creencia de que el derecho no termina ni siquiera donde empieza el de los demás.
Se ha perdido el respeto entre los peruanos. Lo que explicaría el por qué cualquier foráneo también lo pierde con rapidez estando en suelo peruano.
Nadie parece respetar ya por convicción, y tal vez algunos lo hagan por obligación.
A los líderes de los Gobiernos de turno poco o nada les sigue interesando completar el texto de sus discursos. Sus constantes proclamas de derechos han sido incompletas sin la exigencia de los deberes u obligaciones. Lo que puede parecer intencional si el sentido es distraer a la población de su atención sobre la realidad a costas de la confrontación entre uno y otro peruano en su ejercicio del derecho, pero desprendidos de una mala interpretación que cada quien pudiera hacer cuando el texto del discurso es incompleto.              
Una descripción de esa confrontación es por ejemplo la ligereza y facilidad para polarizar o extremar cualquier asunto del momento. Incluso nimiedades transitorias que las ponen a discusión y debate como cosa trascendente. El panorama empieza a cambiar. Transforma a simples sujetos en contrincantes. Si es por redes sociales, se desgastan en una pugna por el título de quién pega más por escrito. Mientras tanto, relegan todo lo demás importante y verdadero que pudiera requerir la atención o tratamiento prioritario e inmediato.  
Ahí está el caso de aquel soldado, quien fuera elevado hasta lo más alto del cielo y, a la vez, enterrado hasta lo más profundo del subsuelo por dar de cachetadas a un joven omiso al “toque de queda”. La agrupación en dos bandos enemigos fue instantánea. Se enfrascaron en una riña que a muchos parece haberle obstruido el cerebro racional. En ambos bandos no cabían ni el razonamiento o análisis del asunto que no sean los suyos. Se desprendieron despectivos calificativos. Entre tantos, el de miserable a quien se atreviera a condenar al soldado o defender al joven.      
Y, como se dijo antes, poco o nada les sigue interesando a quienes les debiera interesar completar el texto del discurso, ya que en comparación o simil cada peruano es hijo de un papá Gobierno.  
No hay pesimismo al advertir la realidad. Tampoco optimismo sin advertirla.
Dejar de lado dicha advertencia es indiferencia. Entonces, si no se advierte la realidad podría pecarse de pesimismo, y el optimismo pecar de burla o utopía.  
A propósito de la emergencia, a la superficie han salido a flote una serie de severas críticas contra el Gobierno que no es pesimismo. Igualmente, un verbo florido como estimulante emocional de solicitudes y peticiones del Gobierno a la población que no es exactamente optimismo.
Para quienes saben muy bien cómo se vive y sobrevive en el Perú, y en boca del propio Presidente, la emergencia por el COVID-19 ha desnudado la realidad del país.
Sin embargo, no se reconoce culpa alguna. Tampoco, se dice ni se compromete a más nada pese a saberse que la cruda realidad, en todo ámbito, yace ahí desnuda. Ojalá tampoco se pierda el pudor.  
Algunos dirán que no es el momento de críticas. Otros, que lo dejen trabajar. Pero, los textos no están completos. Por tanto, son medias verdades.
Hay razones suficientes para sostener la crítica, y la propia emergencia es una y la principal.
A casi un mes de cuarentena ni siquiera en un estado de emergencia los últimos logran ser los primeros.
En el discurso pueda que los olvidados estén siendo los más recordados en este momento de crisis. Pero, en la práctica, el Estado parece seguir ignorando su existencia. Del mismo modo, los políticos o quienes se encaminan a serlo porque una vez más podrá decirse que para ellos los peruanos olvidados o menos atendidos solamente existen en tiempo de campaña electoral.
El Gobierno está dando muestras de su poder. Ha retirado a toda clase de gentes de las calles. Incluso por días completos. Habría entonces poder si se quisiera hacer lo correcto. No siendo correcto, por ejemplo, generalizar la petición de “quédate en tu casa”, ya que le falta el respeto a quienes sin mirar ni ir muy lejos, y en una gran mayoría poblacional, no la tienen, y si la tienen no la tienen con luz, agua ni desagüe, a pesar de considerarse elementos básicos para una vida siquiera digna.
El retiro de las calles, para evitar el contagio masivo del virus en la población, ha significado también retirarle la oportunidad del sustento, de lo que se ganan a diario, quienes se la buscan en la calle. Aquí, están contemplados absolutamente todos, quienes antes de la cuarentena, no la veían, la veían muy poco y la veían poco, y ahora no la ven.
Entiéndase que la plata no les ha llegado a todos. Se ha repartido mal, y se quiere volver a repartir sin llegarle a todos porque hay quienes ni bonos, ni CTS ni AFP.
La plata repartida en bonos es de todos los peruanos. Si le ha llegado al taxista, quien desde hace 29 días de la cuarentena sigue taxeando, por qué no le ha llegado también a quienes sobreviven de otros servicios o “el cachuelo”.    
Es increíble desnudarse la despreocupación, desorden e irresponsabilidad de los órganos y servidores públicos llamados a evitar que la data de los registros cualitativos y cuantitativos repartan inadecuada y equivocadamente el dinero de todos los peruanos.
Por otro lado, se advierte que la emergencia no ha puesto a todos en emergencia, empezando por quienes son Gobierno. Igual nomás han pasado por caja y recibido sus miles de Soles que le significan su sueldazo de Marzo. Seguramente, y en unos días, el de Abril. Hay mutis al respecto, y la afirmación resulta válida porque hasta la fecha nadie ha dicho lo contrario. Asimismo, ninguno ha soltado de la suya como para pregonar que educan con el ejemplo. Tampoco, por simple solidaridad para que sus palabras se condigan con sus actos. Sobre todo, si día tras día, su proclama en el discurso es que “todos tenemos que colaborar”, así como “juntos y unidos saldremos de esta emergencia”.  
También hay que advertir que la emergencia está generando el retiro de montones de Soles provenientes de las arcas o erario nacional. Millonarias sumas, no sólo para cubrir los bonos, sino para gastos que luego la contabilidad se encargará de cuadrar. Sin embargo, no cabe duda que se emitirá una enorme factura pendiente de pago. La misma que parece la pagarán justamente quienes no fueron beneficiados con ningún bono ni recibieron ningún aporte de parte del Estado. Y, lo peor de todo, quienes no hicieron el posible consumo que se anote como concepto en dicho cobro.
Que la emergencia no provoque un lapsus mental al Ciudadano de A Pie en cuanto al nivel de corrupción existente en el Perú.
Hace bastante rato que la plata está fuera de las bóvedas. Ojalá, no en manos de quienes saben cuadrarla en la contabilidad. Tampoco, en quienes la malgasten en adquisiciones o contrataciones descaradamente sobreevaluadas o innecesarias, y que después se pretendan exonerar de cualquier culpa debido al estado de emergencia.
Es fácil saber si le tocó lo que debería de tocarle a quien dijo el Estado haberle dado. Asimismo, lo adquirido y comprado según dijo el Estado haberle costado y a quién haberle pagado.  
Ya han sido vistos y hecho público algunos posibles actos de corrupción. Sin embargo, también parece haber justicia y prensa parcializada que ve por conveniencia darle al Ciudadano de a Pie la primicia de haberle caído con todo al hombre que insultara a la policía. Mientras tanto, no se dijo más sobre lo que insinuara el presidente en cuanto al castigo del funcionario público corrupto y su previa posibilidad de librarlo de la denuncia o culpa por haberse equivocado en sus funciones a motivo del nerviosismo frente al estado de emergencia.
Mal harían la prensa y la ley, si justamente en este estado de emergencia, voltearán la mirada para dejar de ver a quienes ya pudieran estar en malas mañas con lo que no es suyo sino de todos los peruanos.
Aún no es tiempo. Ya llegará el momento de agradecer y aplaudir a quienes se lo merezcan.
Hoy, y dado que mantenerse sano es la prioridad, sólo es el momento que cada quien haga lo correcto. Cada quien cumpla con lo suyo. Cada quien obedezca. No es momento para dársela de pendejos!!!