sábado, 8 de agosto de 2020

A más de 100 días: ¿terremoto lo remoto?

Desde el 06 de Abril del 2020, fecha del inicio oficial de las clases escolares durante el estado de emergencia sanitaria, lo remoto está de moda. Y, aunque pueda decirse que la moda no incomoda, esta vez al niño y adolescente – en edad escolar – se lo tiene obligado a estar a la moda sin antes advertir si lo incomoda.

Ni siquiera en vivo y en directo – como se suelen avivar las transmisiones remotas – es lo mismo que estar ahí, en carne y hueso, unos y otros, interactuando por ocasión formal e intencional para la enseñanza-aprendizaje o la simple socialización entre pares a través de la conversa, la diversión, el juego y demás posibles ocurrencias propias del transcurrir de los días en la escuela.

Entonces, esta moda si incomoda mientras el sistema escolar no advierta diferenciar el estilo de enseñanza-aprendizaje y el modelo pedagógico entre lo presencial y remoto, cuyo punto de partida serían las consideraciones previas del significado de ser niño o adolescente. Seguido de las circunstancias de una amenaza contra la vida y la salud, provocando, entre tanto, sean distintas las condiciones del usuario de hoy al de ayer, así lo remoto fuese de uso común y corriente.

El niño, sino lo es todo, casi todo es emocional. El adolescente, sino es igual al niño, casi igual lo es de emocional, pero con reserva. Para el caso, en la escuela es donde se genera el otro ámbito de las experiencias de vida, no sólo enmarcadas en la intención formal de la escolaridad, sino informal por cuanto también fuera del aula se desprenden situaciones de enseñanza-aprendizaje en la convivencia escolar.

Un gran error es tratar de repetir, a remoto, lo que se hacía en la escuela, creyendo convencer al niño o adolescente que lo único diferente es que cada quien lo hace desde su casa. Y, tal idea o creencia se ha fijado erróneamente en un gran sector del profesorado sin advertir siquiera en la reincidencia del generador – ahora vía remota – de faltas y tardanzas, desatención, aburrimiento, cuadernos incompletos, tareas mal hechas, lecciones mal aprendidas, clases incompletas, quejas contra el profesor, Etc.

Despertar emociones en el aprendiz es captar intencional y pedagógicamente su atención para convocarlo al aprendizaje. Lo que puede ocurrir en una interacción tanto presencial como remota. Sin embargo, la diferencia recae en la exigencia pedagógica para lo remoto. En este caso, debe empezarse por aprovecharse el alto nivel de curiosidad que despierta la propia tecnología, más si está puesta en una tableta, laptop, celular, radio, pantalla de televisión, ecran o cualquier otro aparato. Luego, y de modo alguno, hacer suya una ecléctica teoría pedagógica del aprendizaje basada en la aplicación de métodos, técnicas y recursos, no para convencer al niño o adolescente que la única diferencia es que alguien está acá y otro allá, sino empezar con la primera lección de enseñanza-aprendizaje de fijar la vista del aprendiz para que el cerebro vea y pueda ver más allá de una simple y fría pantalla conteniendo – también – posibles simples y frías imágenes de alguien o algo allá, en lo remoto, de lejos.

Hay escuelas que se han disparado con una carga horaria y exigencias académicas igual o tan igual a un regular año escolar. Por otro lado, hay escuelas que se han reprimido de su accionar pedagógico y sometido a lo poco o nada provechoso que pudiera estar resultando aprender en casa por medio de la radio o televisión. En el primer caso, no por más se aprende más. En el segundo, no por hacer menos se peca menos.

Para preservar la salud, el 15 de Marzo se nos obligó al encierro, bajo el peso de un castigo por desobediencia y el temor al contagio de un virus de consecuencias fatales. Hoy, aunque la obligación y el castigo casi han declinado, el virus no declina y yace latente en su amenaza. Por lo tanto, no se puede volver a una normalidad viviendo en otra que, quiéralo o no, ha transformado la anterior normalidad en una presente. Es lo que debe entenderse para hacer del presente la normalidad en la que se halle priorizada la educación de los niños y adolescentes en procura de un futuro sin la reiteración de daños y lamentos por causa de la corrupción y actos de barbarie, para ir situándolos en el pasado y no sean vistos y aceptados como en la otra normalidad.

A las autoridades que deciden por la educación de los niños y adolescentes se les exige dar por concedida – en serio – la autonomía de las instituciones educativas para implementar – siquiera por esta vez – el estilo y modelo pedagógico del docente peruano sostenido de sus conocimientos, vivencias y experiencias personales y de campo en lo real de su realidad. Poniéndose a consideración que, así el estilo y modelo no se ciña a la propuesta del Estado, ninguno está dirigido a educar mal o peor porque la motivación pedagógica del maestro será siempre el logro satisfactorio de sus educandos.

Y, a los profesores, para que lo remoto no sea un terremoto, a través de sus instituciones educativas se sirvan elevar a la práctica respuestas distintas al replanteo de las siguientes preguntas:

¿Qué aprender y enseñar?, ¿cuánto aprender y enseñar? y ¿cómo aprender y enseñar, en remoto, a quienes debe empezar por respetar su niñez y adolescencia, bajo circunstancias de emergencia sanitaria, antes de verlos sólo como simples educandos a quién trasladarle un problema y una tarea?                   


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