domingo, 16 de agosto de 2020

Bendita memoria

Tremendo error fue desprestigiar a la memoria para sobrevalorar, en afán impositivo, a un modelo constructivista como si no necesitara de la misma.

Desde los sentidos hacia la Corteza Cerebral, los impulsos nerviosos, contenidos de información, recorren su primer tramo para que, a través de la Corteza Endorrinal, sigan inmediata y unidireccionalmente hacia el Hipocampo, situándose en el curso de un circuito neuronal hipocampal – comprendido por  regiones del Hipocampo en sí y el Giro Dentado – donde se describen niveles o etapas del proceso nervioso en su recorrido del CA1 al CA3 (Cuerno de Amón), y ya de salida, active la Memoria de Trabajo o potencie el impacto en las distintas zonas de la Corteza Cerebral para abastecer la evocación del recuerdo, consolidar la Memoria de Largo Plazo o, según los procesos cognitivos en demanda, sea la Memoria de Largo Plazo la actora destacada durante el procesamiento de la Memoria de Trabajo.

Entonces, y en el tratado de la pedagogía, entre Memoria y Aprendizaje subsiste una relación binaria cuya propiedad y clasificación no contempla desprestigio ni sobrevaloración.

A casi dos décadas la escuela viene soportando la erradicación e imposición de un modelo por otro, inflado de sobrenombres pedagógicos, ítems, plantillas, pilotos, acompañamientos, Etc. Y, sobre todo, la ilimitada extensión de planes de programación y evaluación cuyas “rutas” parecen conducir al programador, no sólo a un laberinto de palabras, sino a levitar sobre el terreno.

Si las estructuras de una construcción no están preparadas para soportar más pisos de los que pudiera pretender construirse, pueden hacerse dos cosas: reforzar las estructuras (si el suelo y demás condiciones lo permiten) o pensar en otro terreno donde edificar de acuerdo a los pisos a construir y, de modo inteligente y proyectado, cimentar las bases para futuras ampliaciones.

Si los resultados de la educación pública fueran otros, y fuera evidente la presencia y participación trascendente de esa generación que, dizque construyó sus aprendizajes, dotó sus habilidades, es inteligente emocional y sabe ser, terminaría la nota. Sin embargo, si se vive demandando una mejor educación, ¿por qué será?

Con esto de la educación remota se ha criticado duramente a personajes al frente de una clase sin ser profesor. Lo que, lejos de enfrascarse en el tendido extenso de argumentos a favor o en contra, debiera ser otro motivo más para la reflexión del profesorado, ya que al parecer hay quienes pudieran hacerlo mejor actuando de profesor. No debemos olvidar que la antesala de la crítica es la autocrítica, y empezando por ahí hay muchos pendientes en pausa o espera.

Aprendizaje y memoria por vía remota es el tenor del asunto. Por eso es que la escuela pública está obligada a la constante reflexión de sus actos, planes y acciones, no para “ensayarlos” con los aprendices – en una incesante tira y jala, quita y pone o hace y deshace – como lo hacen otros con la misma, sino dibujar, colorear y avivar la pedagogía que, a diferencia de otros, no la tendrían quienes actúan de profesores.

Es un error pretender la idea de que aquí no pasa nada. Sí pasa. Pero, otro gran error fue haber iniciado el aprendizaje remoto haciendo uso de la Memoria de Trabajo con el agobiante tema del Coronavirus, pudiendo disipar procesos mentales para consolidar una Memoria de Largo Plazo sin fines propiamente destinados a lo que se supone no debe parar sobre la educación de los niños y adolescentes ni en este estado de emergencia sanitaria.

Si la escuela se ciñe a esperar le digan qué hacer, hará poco o nada. Si la escuela se ciñe a romper protocolos e innovar, hará mucho, y de lo bueno.

La iniciativa y la experiencia del profesorado es enriquecedora. Aquello nunca deja de sorprenderme siendo meritorio su reconocimiento. Por lo que la escuela, a través de sus líderes pedagógicos y precisamente bajo estas circunstancias, debe motivar su despertar.

Es otro momento. Es momento de dejar de lado “el papeleo” y liderar la participación de todos los profesores – sin la exclusión del nivel, área o especialidad – para dibujar, colorear y avivar la pedagogía, no sólo en el aprendizaje remoto, sino en este otro momento.

El adulto comúnmente olvida que fue niño y adolescente. Se mira a sí mismo, pero no mira lo que fue. Se impone con una autoridad sobre decisiones o disposiciones que, si recordara ser niño y adolescente, tal vez rechazaría. Sin embargo, no lo recuerdan y se imponen.

La escuela la dirigen adultos, pero debe estar fuera de lo común porque tales adultos son profesores, y serlo obliga a esa maestría por la que sabe, reconoce, simpatiza y compenetra con sus aprendices.

Lo que quiérase SEPAN es de a poco. Pero, eso de a poco con mucho de variedad.

Lo que quiérase HAGAN es de a poco. Pero, eso de a poco con mucho de variedad.

Lo que quiérase SEAN es de a poco. Pero, eso de a poco con mucho de variedad.

¿Cuál es esa variedad?

Justamente todo lo que nos hace ser profesores y no actuar de lo mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario