El Perú es diverso, y esa
diversidad abarca de todo. Es multicultural y multiétnico al punto de
parafrasearse que… “quien no tiene de inga tiene de mandinga”.
Entonces, si a conductas y
aprendizajes hemos de referir, la obra cumbre sería: “¿Por qué buenos y malos
padres e hijos?”
La escuela sigue pasando
por alto el aprendizaje de saber Ser. Lo cree implícito. No le otorga tiempo. Y,
aunque diga cualificarlo, lo cuantifica porque basta leer los típicos comentarios
del profesor en el reporte de los alumnos.
Si la escuela tradicional
fue criticada por sólo hacer para cuánto Saber. La nueva escuela rasguña el
Saber, hace nada o poco sobre cómo lograr Hacer y cree que por añadidura surge
el saber Ser.
Tal vez, lo rígido,
estricto, y en ocasiones severo, de la escuela tradicional puede haber
coadyuvado a que se aprenda a saber Ser. Pero, vino por añadidura, así pueda haber
incluso recuerdos imborrables en muchos quienes, en un raro o peculiar concepto
o idea, agradecen a quien dice fuera malo con ellos en el pasado porque los
hizo buenos en el presente.
Mientras tanto, lo
constructivo, holgado, y en ocasiones excesivamente permisivo, de la escuela
actual ha extremado los resultados. Todo lo malo es de casa. Y, desde casa, se
cree que todo lo malo es de la escuela. Por tanto, hoy el sistema ha puesto en
un ring a padres versus profesores. Pero, preocupa que el Estado, no sólo sea
quien defina las reglas, sino ose en inclinar la balanza hacia un favorito en
el dicho ring. Ahí está quienes andan creyendo que al profesor sólo se lo
respeta el 06 de Julio.
Es innegable haber escuelas
altamente calificadas con docentes igualmente calificados. Pero, también es
innegable haber lo contrario, y más si de servicio público se trata.
Es innegable haber gente
buena y mala. Pero, de la buena hay que preocuparnos para sean más los buenos y
menos los malos, tal como lo quiso decir el sabio chino Confucio.
Sucede que hay mucha gente
mala aparentando ser buena, obnubilando a quienes, no sólo son engañados con
suma facilidad, sino suelen adherirse a sus huestes.
Hay que poner atención
porque la estrategia de la apariencia está dando resultados como aquel de otorgarles
el poder. Entonces, se multiplican y fortalecen. No siendo nada difícil entender
el porqué de tanta falacia, felonía, inoperancia, necedad, desvergüenza, desatención,
desvalimiento, desgracia, malversación, encubrimiento, robo, asalto,
desobediencia, ingratitud, desafuero, agravio, gollerías y cuanto demás está en
exhibición en una vitrina que va quedando chica frente al stock y lo surtido de
sus productos.
Aunque abatidos, no es una derrota,
y la escuela es uno de los frentes que debe hacerle la lucha para no cederle el
paso a tanto.
Por otro lado, el hogar –
no casa – debería ser su aliado porque lo que no se sepa sobre saber Ser en una
se enseña y/o aprende en la otra. Siendo esa la razón del sentido de Primer y Segundo
Hogar.
El hogar educa y será mejor
si deja educar.
Si la escuela educa combate
al enemigo.
Si la escuela educa bien
hace huir al enemigo.
Si la escuela educa bien y
mejor no tiene enemigo.
La escuela, aún vía remota,
no debe creer que saber Ser está implícito en lo que active. Debe dedicarle
tiempo exclusivo al saber Ser. No exactamente dentro de un horario con horas pedagógicas,
sino durante toda su actividad.
Saber ser no se aprende con
el parafraseo ni sermones que comúnmente van perdiendo el sentido conforme se alargan
o extienden. Tampoco, con una lista ordenada de normas o reglas, así la
transcriban decorada en un papelote.
Si les dijera que todo
momento es oportuno para enseñar y aprender a saber Ser… ¿cuál no lo sería?
Cada profesión tiene lo
suyo. El profesor tiene lo suyo. Si entre profesores cada quien tiene lo suyo
esa es la maestría. Entonces, hagan suya la maestría para que eduquen el saber
Ser porque en la cosecha se está teniendo una fruta con demasiada cáscara y
poco o nada de pulpa y semillas.

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