martes, 25 de agosto de 2020

Educar para la vida. Pero, ¿qué vida?

En cierta ocasión una autora publicitaba su obra que había titulado “Buenos Padres, buenos hijos” porque, no sólo significaba el recojo de su experiencia, según decía ella, sino – al parecer – quería marcar diferencia con otra similar obra ya existente por ahí en el mercado. No habiendo mayor análisis ni reflexión frente a las serias problemáticas que suelen venir tanto del lado de los padres como de los hijos; sobre todo cuando – sino todos – casi todo adulto parece creer haber aparecido sobre este mundo siendo grande y maduro.

El Perú es diverso, y esa diversidad abarca de todo. Es multicultural y multiétnico al punto de parafrasearse que… “quien no tiene de inga tiene de mandinga”.

Entonces, si a conductas y aprendizajes hemos de referir, la obra cumbre sería: “¿Por qué buenos y malos padres e hijos?”

La escuela sigue pasando por alto el aprendizaje de saber Ser. Lo cree implícito. No le otorga tiempo. Y, aunque diga cualificarlo, lo cuantifica porque basta leer los típicos comentarios del profesor en el reporte de los alumnos.  

Si la escuela tradicional fue criticada por sólo hacer para cuánto Saber. La nueva escuela rasguña el Saber, hace nada o poco sobre cómo lograr Hacer y cree que por añadidura surge el saber Ser.

Tal vez, lo rígido, estricto, y en ocasiones severo, de la escuela tradicional puede haber coadyuvado a que se aprenda a saber Ser. Pero, vino por añadidura, así pueda haber incluso recuerdos imborrables en muchos quienes, en un raro o peculiar concepto o idea, agradecen a quien dice fuera malo con ellos en el pasado porque los hizo buenos en el presente.    

Mientras tanto, lo constructivo, holgado, y en ocasiones excesivamente permisivo, de la escuela actual ha extremado los resultados. Todo lo malo es de casa. Y, desde casa, se cree que todo lo malo es de la escuela. Por tanto, hoy el sistema ha puesto en un ring a padres versus profesores. Pero, preocupa que el Estado, no sólo sea quien defina las reglas, sino ose en inclinar la balanza hacia un favorito en el dicho ring. Ahí está quienes andan creyendo que al profesor sólo se lo respeta el 06 de Julio.

Es innegable haber escuelas altamente calificadas con docentes igualmente calificados. Pero, también es innegable haber lo contrario, y más si de servicio público se trata.

Es innegable haber gente buena y mala. Pero, de la buena hay que preocuparnos para sean más los buenos y menos los malos, tal como lo quiso decir el sabio chino Confucio.

Sucede que hay mucha gente mala aparentando ser buena, obnubilando a quienes, no sólo son engañados con suma facilidad, sino suelen adherirse a sus huestes.

Hay que poner atención porque la estrategia de la apariencia está dando resultados como aquel de otorgarles el poder. Entonces, se multiplican y fortalecen. No siendo nada difícil entender el porqué de tanta falacia, felonía, inoperancia, necedad, desvergüenza, desatención, desvalimiento, desgracia, malversación, encubrimiento, robo, asalto, desobediencia, ingratitud, desafuero, agravio, gollerías y cuanto demás está en exhibición en una vitrina que va quedando chica frente al stock y lo surtido de sus productos.

Aunque abatidos, no es una derrota, y la escuela es uno de los frentes que debe hacerle la lucha para no cederle el paso a tanto.

Por otro lado, el hogar – no casa – debería ser su aliado porque lo que no se sepa sobre saber Ser en una se enseña y/o aprende en la otra. Siendo esa la razón del sentido de Primer y Segundo Hogar.  

El hogar educa y será mejor si deja educar.    

Si la escuela educa combate al enemigo.

Si la escuela educa bien hace huir al enemigo.

Si la escuela educa bien y mejor no tiene enemigo.

La escuela, aún vía remota, no debe creer que saber Ser está implícito en lo que active. Debe dedicarle tiempo exclusivo al saber Ser. No exactamente dentro de un horario con horas pedagógicas, sino durante toda su actividad.

Saber ser no se aprende con el parafraseo ni sermones que comúnmente van perdiendo el sentido conforme se alargan o extienden. Tampoco, con una lista ordenada de normas o reglas, así la transcriban decorada en un papelote.

Si les dijera que todo momento es oportuno para enseñar y aprender a saber Ser… ¿cuál no lo sería?

Cada profesión tiene lo suyo. El profesor tiene lo suyo. Si entre profesores cada quien tiene lo suyo esa es la maestría. Entonces, hagan suya la maestría para que eduquen el saber Ser porque en la cosecha se está teniendo una fruta con demasiada cáscara y poco o nada de pulpa y semillas.     

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