lunes, 16 de agosto de 2021

La virtualidad de lo virtual o remoto

No ir a la escuela implicó aparentar hacerlo, y esa es la llamada educación virtual o remota. Ésta, se acompaña de la virtualidad que es la eficacia o posibilidad para que lo aparente tenga resultados evidentes o manifiestos de que la educación virtual o remota funciona como tal, y en este caso también para la educación básica escolar pública.

El estado de emergencia sanitaria por la pandemia del Coronavirus está prorrogado hasta el 01 de marzo del 2022, lo que parece hará mantener todo este tiempo a la niñez y adolescencia en ese encierro casi absoluto que vienen pasando. Entonces, si es real la preocupación de no dejarlos sin educación, adviertan las escuelas su deber de enmendar ciertos quehaceres pedagógicos porque la virtualidad de lo virtual o remoto no está sino evidenciando aparentar sobre lo aparente. Al respecto, salvo excepciones.

Dar por hecho que todo andan bien suele traducirse en una negativa a la autocrítica. Las escuelas no están siendo autocríticas. Pecan incluso de excesivo optimismo, creyendo poder hacer todo tal cual el modo presencial sólo que ahora por las vías del zoom, whatsapp, televisión o radio.

El manejo del mecanismo de las herramientas tecnológicas no lo es todo si se trata de la virtualidad, ésta implica necesariamente pedagogía, y una pedagogía que recapacite sobre las prioridades académicas frente al hecho del encierro de los niños y adolescentes, ya que hay adultos que lo están malinterpretando como “tiempo de sobra” sobre el cual les asiste derecho a disponer de ese tiempo.

Es una contradicción que la escuela llene su propaganda del valor pedagógico dado a las emociones sobre el aprendizaje, mientras parece no despertarle ninguna emoción el hecho de lo que le significa a cada quien de los aprendices el encierro en cuanto a lo que les toca vivirlo desde que empezó el mismo.

Hay escuelas abarrotando el horario escolar hasta con lo extracurricular. Otras, disparando tareas tras tareas por el whatsapp, evidenciando que lo único pareciendo importarle – ahora del modo virtual o remoto – es darle prisa, para sí o sí, cumplir con la programación obligada por el Estado. Mientras tanto, transcurre la señal televisiva de un “aprendo en casa” que, en cuanto el niño o adolescente no se ve vigilado, hace suyo el control remoto para el zapping, y no los culpo porque también lo he hecho al darle una ojeada a la programación de clases. En cuanto a prestarle oído a la radio… - ¿Qué dijo? ¡No se oye! ¡No entiendo!  

No hay duda haya algunas pocas escuelas públicas y tal vez muchas no públicas haciendo bien lo suyo, y bien por a quienes les toca ser sus aprendices. Pero, no debe ser así en un país donde la propaganda es la educación con equidad, igualdad y demás cualidades. No se crea tampoco que anterior a lo virtual o remoto todo transcurría sin novedad. Desde aquí nace justamente el gran problema de las posibles fallas de la virtualidad de lo virtual o remoto porque, hoy, las cosas las están queriendo hacer tal cual la hacían ayer.                   

Al profesorado lo he visto haciendo de las suyas – en el buen sentido de la frase – para interesarlos, a sus aprendices, a aprender para Saber, Hacer y Ser frente a los retos de la vida, y – en metáfora – en un espacio donde predominaba sólo el blanco y el negro sobre una figura plana. Hoy, donde el espacio se colma de múltiples colores sobre figuras en distintas dimensiones es lógico que haga maravillas con eso tanto de lo suyo. He ahí que la reflexión sobre el principal problema de la educación básica escolar pública deba ser mutua. Por un lado, la que se espera del docente levantando la cabeza para hacer oír su voz y presencia. Por el otro lado, la que se espera del Estado revalorando al maestro para empezar con oírlo prestando atención.

Definitivamente, para que la virtualidad evidencie la capacidad de lo virtual o remoto, antes hay que repotenciar el papel protagónico del docente. Inmediata o paralelamente dejar de someterlo a esa obligación de repetir a rajatabla lo que algunos insisten, no sólo en seguir haciendo mal pedagógicamente, sino también haciendo creer que sí funciona no importa así no eduque.                                                                   

      

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