No ir a la escuela implicó aparentar hacerlo, y esa es la llamada educación virtual o remota. Ésta, se acompaña de la virtualidad que es la eficacia o posibilidad para que lo aparente tenga resultados evidentes o manifiestos de que la educación virtual o remota funciona como tal, y en este caso también para la educación básica escolar pública.
El estado de emergencia sanitaria por la pandemia del
Coronavirus está prorrogado hasta el 01 de marzo del 2022, lo que parece hará mantener
todo este tiempo a la niñez y adolescencia en ese encierro casi absoluto que
vienen pasando. Entonces, si es real la preocupación de no dejarlos sin educación,
adviertan las escuelas su deber de enmendar ciertos quehaceres pedagógicos porque
la virtualidad de lo virtual o remoto no está sino evidenciando aparentar sobre
lo aparente. Al respecto, salvo excepciones.
Dar por hecho que todo andan bien suele traducirse en una
negativa a la autocrítica. Las escuelas no están siendo autocríticas. Pecan incluso
de excesivo optimismo, creyendo poder hacer todo tal cual el modo presencial
sólo que ahora por las vías del zoom, whatsapp, televisión o radio.
El manejo del mecanismo de las herramientas tecnológicas
no lo es todo si se trata de la virtualidad, ésta implica necesariamente pedagogía,
y una pedagogía que recapacite sobre las prioridades académicas frente al hecho
del encierro de los niños y adolescentes, ya que hay adultos que lo están malinterpretando
como “tiempo de sobra” sobre el cual les asiste derecho a disponer de ese
tiempo.
Es una contradicción que la escuela llene su propaganda
del valor pedagógico dado a las emociones sobre el aprendizaje, mientras parece
no despertarle ninguna emoción el hecho de lo que le significa a cada quien de
los aprendices el encierro en cuanto a lo que les toca vivirlo desde que empezó
el mismo.
Hay escuelas abarrotando el horario escolar hasta con
lo extracurricular. Otras, disparando tareas tras tareas por el whatsapp,
evidenciando que lo único pareciendo importarle – ahora del modo virtual o remoto
– es darle prisa, para sí o sí, cumplir con la programación obligada por el
Estado. Mientras tanto, transcurre la señal televisiva de un “aprendo en casa”
que, en cuanto el niño o adolescente no se ve vigilado, hace suyo el control
remoto para el zapping, y no los culpo porque también lo he hecho al darle una
ojeada a la programación de clases. En cuanto a prestarle oído a la radio… - ¿Qué
dijo? ¡No se oye! ¡No entiendo!
No hay duda haya algunas pocas escuelas públicas y tal
vez muchas no públicas haciendo bien lo suyo, y bien por a quienes les toca ser
sus aprendices. Pero, no debe ser así en un país donde la propaganda es la educación
con equidad, igualdad y demás cualidades. No se crea tampoco que anterior a lo virtual
o remoto todo transcurría sin novedad. Desde aquí nace justamente el gran
problema de las posibles fallas de la virtualidad de lo virtual o remoto porque,
hoy, las cosas las están queriendo hacer tal cual la hacían ayer.
Al profesorado lo he visto haciendo de las suyas – en el
buen sentido de la frase – para interesarlos, a sus aprendices, a aprender para
Saber, Hacer y Ser frente a los retos de la vida, y – en metáfora – en un espacio
donde predominaba sólo el blanco y el negro sobre una figura plana. Hoy, donde
el espacio se colma de múltiples colores sobre figuras en distintas dimensiones
es lógico que haga maravillas con eso tanto de lo suyo. He ahí que la reflexión
sobre el principal problema de la educación básica escolar pública deba ser mutua.
Por un lado, la que se espera del docente levantando la cabeza para hacer oír
su voz y presencia. Por el otro lado, la que se espera del Estado revalorando
al maestro para empezar con oírlo prestando atención.
Definitivamente, para que la virtualidad evidencie la capacidad
de lo virtual o remoto, antes hay que repotenciar el papel protagónico del
docente. Inmediata o paralelamente dejar de someterlo a esa obligación de repetir
a rajatabla lo que algunos insisten, no sólo en seguir haciendo mal
pedagógicamente, sino también haciendo creer que sí funciona no importa así no eduque.

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